Es un signo, un sacramental (los sacramentales nos ayudan a disponernos a recibir mejor los sacramentos), por el cual manifestamos nuestra fe en que Cristo nos redimió por su Cruz.
Al principio parece que era costumbre hacerla solo sobre la frente. Luego, poco a poco, se extendió a lo que hoy conocemos. Con la mano derecha vamos desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho, mientras decimos: “En el nombre del Padre (frente), del Hijo (pecho) y del Espíritu Santo (hombros).”
Es un gesto sencillo, pero lleno de significado. Esta señal de la Cruz es una verdadera confesión de nuestra fe: Dios nos ha salvado en la Cruz de Cristo. Es un signo de penitencia, de posesión. Al hacerla es como si dijéramos: “estoy bautizado, soy de Cristo, Él es mi Salvador, Él es el origen y razón de mi existencia.”
La señal de la Cruz es signo de fe auténtica, de esperanza cierta, de amor sincero y generoso.

