El “Detente” es un pequeño emblema con la imagen del Sagrado Corazón, que normalmente va rodeada de la cita: «Detente, el Sagrado Corazón de Jesús está conmigo», y que se puede llevar sobre el pecho, colgado al cuello o prendido en alguna prenda, lo ideal es llevarlo a la altura del corazón, como recordatorio de las palabras de San Pablo “tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Jesucristo en el suyo” (Flp.2,5).

Tiene su origen en Santa Margarita María Alacoque que dejó escrito esto:
“El Señor me hizo ver que el ardiente deseo que tenia de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a todos los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación y de salvación que contiene. A fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, y al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya Imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en él su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desarreglados; que esparciría sus Gracias y Bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su Santa Imagen para tributarle honores, y que tal bendición seria como último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombre en estos últimos siglos de la Redención amorosa”.
Pero seguramente el contenido del “¡Detente!” basta para darnos a entender qué significa y las razones que lo hacen necesario en la vida de quien tiene a Cristo por Dios mismo y, por tanto, de quien sabe que puede oponerse, con éxito, a toda asechanza del Maligno.
Y es que nos dice lo siguiente: “¡Detente!” El corazón de Jesús está conmigo”
Cuando decimos “Jesús, en Ti confío” queremos decir, exactamente, lo que decimos. No cambiamos el significado profundo de tales palabras porque queremos decir que nuestra existencia, nuestra misma realidad, la ponemos en manos del hijo de Dios. Por eso este instrumento espiritual sirve a quien de él hace uso para frenar las tentaciones del Maligno y, así, para evitar caer en ellas. Es, digamos, una especie de “muro infranqueable” para el mal. Y lo es no porque nosotros tengamos tanta fuerza espiritual sino porque nos sostenemos en Cristo, en su santo Corazón.
Llevar el ¡Detente! No podía quedar, tan sólo, en una costumbre santa sino que debía tener consecuencias para todo creyente católico. Por eso Pío IX, el 14 de julio de 1877, concedió cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria.
