Al cometer un pecado existen consecuencias:
Pena eterna: si el pecado es grave
Pena temporal: un rastro que deja cualquier pecado
La indulgencia limpia ese «rastro», o sea la pena temporal.
Se consigue cumpliendo tres condiciones que marca la Iglesia:
1. Confesión sacramental
2. Comunión Eucarística
3. Orar por las intenciones del Papa
Se puede pedir para sí mismo o para un difunto.

