19 de marzo.
San José es modelo de padre y esposo. Dios le encomendó la inmensa responsabilidad y privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. José adopta a Jesús como hijo propio y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre.

Él es un escogido de Dios. No conocemos palabras expresadas por él, tan solo conocemos sus obras, sus actos de fe, de amor y de protección como padre responsable del bienestar de su familia.
José era un hombre justo, casto, honesto, humilde, trabajador; un ejemplo para todos nosotros. La fe de José fue probada con el misterio del embarazo de María. Desde el principio recibió la gracia de discernir los mandatos de Señor. Junto con María sufrió la carencia de albergue en Belén, la persecución injusta de Herodes, el desarraigo, la falta de trabajo y la pobreza en Egipto. San José aceptó todo por amor sin exigir nada.
Su devoción. Referencias a él aparecen en occidente en el siglo IX y en 1129 aparece en Bologna, Italia, la primera iglesia dedicada a él. A partir del siglo XII muchos santos comienzan a popularizar su devoción. Entre ellos podemos citar a Santa Teresa de Jesús: “tomé como abogado y Señor al glorioso San José”; “no me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer… no he conocido persona, que de veras le sea devota, que no la vea mas aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a Él se encomiendan.”
El crecimiento de su popularidad movió a Pío IX a extender a la Iglesia Universal la fiesta del patronato (1847) y en diciembre de 1870 lo declaró Santo Patriarca, patrón de la Iglesia Católica. Pío X en 1909 aprobó una letanía en honor a San José.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
Oh castísimo esposo de la Virgen María, mi amantísimo protector San José!
Todo el que implora tu protección experimenta tu consuelo. Se, pues, mi amparo y mi guía. Pide al Señor por mí; líbrame del pecado, socórreme en la tentación y apárteme del mal y del pecado. Consuélame en la enfermedad y en la aflicción. Que mis pensamientos, palabras y obras sean fiel reflejo de todo lo que pueda serte aceptable y agradable para merecer dignamente Tu amparo en la vida y en la hora de la muerte. Amén.
Oh glorioso San José! Haz que sea siempre bueno; corrige mis faltas y alcánzame el perdón de mis pecados.
