16 de julio.
El Carmelo era el monte donde numerosos profetas rindieron culto a Dios. Los principales fueron Elías y su discípulo Eliseo, pero existían también distintas personas que se retiraron en las cuevas de las montañas para seguir una vida eremítica.
En el siglo XII, un grupo de devotos de Tierra Santa procedentes de Occidente, decidieron instalarse en el mismo valle que sus antecesores, escogiendo como patrona a la Virgen María. Construyeron así la primera iglesia dedicada a Santa María del Monte Carmelo. Quisieron vivir bajo los aspectos marianos que salían reflejados en los textos evangélicos: maternidad divina, virginidad, inmaculada concepción y anunciación. Estos devotos fueron la cuna de la Orden de los Carmelitas y su devoción a la Virgen dio origen a la advocación de Nuestra Señora del Carmen.

Luego de la aprobación de la regla en 1226 por el Papa Honorio III, los Carmelitas pasan a Occidente. Algunos los recibieron con alegría, pero otros no, comenzando una persecución contra ellos. El general de la Orden, San Simón Stock (1165-1265) oraba sin cesar a la Santísima Virgen para que viniera en auxilio de su Orden. Fervorosamente decía estas palabras: “Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular, oh Madre dulce, de varón no conocida, a los carmelitas da privilegios, estrella del mar.” Entonces se presentó la Bienaventurada Virgen acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus manos el Escapulario de la Orden y le dirigió estas palabras:”Este será privilegio para ti y todos los carmelitas, quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará.” Desde ese momento comienza María a obrar prodigios por medio del Santo Escapulario y a propagarse entre el pueblo cristiano.
El valor principal de la devoción del Carmen no está en los prodigios obrados a través del escapulario, sino en su profundo valor espiritual. El Escapulario debe ayudarnos a vivir nuestra total consagración a Jesús por María, en su servicio y en su presencia, en su unión e imitación.
