2 de octubre.
Dios ha asignado a cada persona un ángel para protegerlo y facilitarle el camino de la salvación mientras está en este mundo.

La misión de los Ángeles Custodios es acompañar a cada uno de nosotros en el camino de la vida, cuidar alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el camino para llegar al cielo. No se separan de nosotros ni un momento. No se apartan ni cuando perdemos la gracia de Dios por el pecado. Prestan su auxilio durante las dificultades y las tentaciones de la vida.
Debemos confiar en nuestro Ángel de la Guarda y pedirle su ayuda, porque, además de que él nos guía y protege, está muy cerca de Dios y le puede decir lo que queremos o necesitamos. Pero debemos recordar que los Ángeles son criaturas de Dios; no se los puede igualar a Dios ni adorarlos como a Dios.
Oración
Ángel Santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.
Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado, escuchas mi oración y cuentas todos mis pasos.
En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.
Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.
Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.
En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.
