Espera del Señor

Con el Adviento empieza un nuevo año litúrgico. El Adviento comprende los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

Adviento viene del latín adventus, y significa venida, llegada. El sentido de este tiempo es avivar en nosotros la espera y preparar nuestros corazones para la llegada del Señor. Es por eso que el color de este tiempo es el morado que significa penitencia.

La finalidad de este tiempo es recordar el pasado (celebrar y contemplar el nacimiento de Jesús en Belén; su venida en la carne, lleno de humildad y pobreza); vivir el presente (vivir en nuestra vida diaria la presencia de Jesús en el mundo, vivir siempre vigilantes, caminando por los caminos del Señor en la justicia y el amor); preparar el futuro (prepararnos para la parusía o segunda venida de Cristo en la majestad de su gloria; entonces vendrá como Señor y Juez de todas las naciones y premiará a los que han creído en Él y vivido fieles al Padre).

El Adviento es estar atentos al Señor que viene a nosotros. No es solamente un momento del año, es el tiempo de la esperanza. Estar despiertos y vigilantes! Esta es la actitud que todo cristiano debe tener en su vida. Es mirar a Jesús que vino en la historia para enseñarnos a vivir de un modo más humano. Que viene en cada uno de nuestros hermanos y vendrá al final de los tiempos porque Él así lo prometió.

Él viene para despertarnos de nuestra apatía, nuestra indolencia, por eso debemos luchar para arrancar de raíz todo lo que desagrade al Señor. Todo los años cuando llega el Adviento oímos que es un tiempo de cambio y preparación. Pero, cambiamos algo en nuestras vidas? O todo queda en buenos propósitos? Este es nuestro desafío: cambiar el corazón, cambiar nuestra mentalidad. Esto es lo que llamamos “conversión”.

Aprovechemos este tiempo para reflexionar sobre nuestras vidas, en pensar que tan buenos hemos sido y proponernos que hacer para ser mejores que antes. Meditar acerca de nuestra vida espiritual y nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo. Acercarnos al Sacramento de la Reconciliación y confesarnos para iniciar un nuevo año con el alma ligera.