A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un movimiento eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo, la Exposición y la Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de campanillas durante la elevación en la misa y la Fiesta de Corpus Christi.
Santa Juliana de Mont Cornillón, fue enviada por Dios para propiciar esta fiesta. Desde joven, Santa Juliana, tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento y siempre anheló que existiera una fiesta en su honor. Deseo que se intensificó por una visión que tuvo. Comunica esta visión al Obispo de Lieja quien la acepta favorablemente, ordenando fiestas para su diócesis (en ese tiempo los obispos tenían ese derecho)
En 1263 o 1964 se produce en Bolsena, Italia, un milagro. Un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la consagración sea real. Al momento de partir la Hostia vio salir de ella sangre. El Papa Urbano IV, movido por el prodigio, hace que se extienda la fiesta de Corpus Christi a toda la iglesia, fijándola el jueves después de la octava de Pentecostés y mandó escribir un oficio en su honor.
Finalmente, el Concilio de Trento (1545-1563) declara que se celebre este día con singular veneración y solemnidad. En esto damos testimonio de gratitud y recuerdo por tan inefable y divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la Cruz y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

