4 de agosto. Día del Párroco.
Nació en Dardilly, cerca de Lyon, Francia, el 8 de Mayo de 1786; falleció en Ars el 4 de Agosto de 1859.; hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze.
En 1806 ingresa a la escuela de aspirantes a eclesiásticos, aunque nadie dudaba de su vocación, tuvo muchos problemas en sus estudios siéndole muy difícil el aprendizaje. La guerra hace que deba interrumpir sus estudios que reanuda en 1812, luego de las guerras napoleónicas.

El 13 de agosto de 1815 es ordenado sacerdote y enviado a Ecully como ayudante de M. Balley, quien fue el primero en reconocer y animar su vocación y le instó a perseverar a pesar de las dificultades. Él fue su modelo tanto como su preceptor y protector. En 1818, tras la muerte de M. Balley, Vianney fue hecho párroco de Ars, una aldea no muy lejos de Lyon. Fue en el ejercicio de las funciones de párroco en esta remota aldea francesa en las que el «cura de Ars» se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano.
La principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, de todas partes de Francia, y de otros países. Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque «las almas le esperaban allí». Durante los últimos diez años de su vida, pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesionario. Su consejo era buscado por obispos, sacerdotes, religiosos, jóvenes y mujeres con dudas sobre su vocación, pecadores, personas con toda clase de dificultades y enfermos. Su dirección se caracterizaba por el sentido común, su notable perspicacia, y conocimiento sobrenatural. El mayor milagro de todos fue su vida. Practicó la mortificación desde su primera juventud, y durante cuarenta años su alimentación y su descanso fueron insuficientes, humanamente hablando, para mantener su vida. Y aun así, trabajaba incesantemente, con inagotable humildad, amabilidad, paciencia, y buen humor, hasta que tuvo más de setenta y tres años.
