11 de julio.
Benito nació y creció en una noble familia en el pueblo de Sabino en Nurcia, en el año 480. Fue enviado a Roma por su familia para recibir una educación liberal, tenía alrededor de 13 o 15 años. El ambiente libertino de Roma hizo que Benito, temiendo contaminarse con el ejemplo de sus compañeros, decidiera abandonar la ciudad y retirarse a un pueblo a meditar su siguiente paso.
Pronto se da cuenta que no era suficiente haberse alejado de Roma; Dios lo llamaba para ser un ermitaño y abandonar el mundo. En busca de completa soledad parte una vez más hacia las colinas en Subiaco, donde se encuentra con un monje al que expresa su intención de llevar vida de ermitaño. En una desolada caverna pasa tres años apartado. Tuvo que padecer las tentaciones del demonio.

Empezaron a reunirse a su alrededor discípulos atraídos por su vida de santidad. En este momento se encuentra en posición de comenzar un gran plan, el de reunir en aquel lugar a muchos santos monjes dispersos a fin de hacer de ellos un solo rebaño, uniéndolos en una casa de Dios bajo la observancia regular y en permanente alabanza a Dios. Nace así el monasticismo occidental. Creía que el trabajo no solo dignificaba, sino que conducía a la santidad y, por lo tanto, lo hizo obligatorio para todos los que ingresaban a su comunidad. Pronto escribe una regla monástica, en la cual prescribe una vida de oración litúrgica, estudio y trabajo, llevado socialmente en una comunidad y con un padre común.
Luego de una vida de oración y trabajo y de haber realizado muchos milagros fallece el 21 de marzo del año 543.
