El Corazón de Jesús merece adoración, como todo lo que pertenece a la persona de Cristo. Pero no se lo merecería si se lo considera como algo aislado o desvinculado a su persona. Si bien el culto se rinde al Corazón de Jesús, va mas allá del corazón de carne, para dirigirse al amor cuyo símbolo expresivo y vivo es el corazón.
No es necesario justificar la devoción. Es a la persona de Jesús a quien dirigimos nuestra devoción, y esta Persona es inseparable de su divinidad. Jesús es la manifestación viviente de la bondad de Dios y de su amor paternal; Jesús, infinitamente amable y amante, visto desde la principal manifestación de su amor, es el objeto de la devoción al Sagrado Corazón; ésta es una devoción al amor de Cristo Jesús. Amar a Jesús, que nos ama tanto; pagar amor con amor.

