Para saber aprovechar los grandes frutos espirituales que se nos dan a través de la Santa Misa, hay que conocerla, entender sus gestos y símbolos y participar en ella con reverencia.
La Santa Misa es la celebración dentro de la cual se lleva a cabo el sacramento de la Eucaristía. Su origen se remonta a los primeros tiempos de la iglesia, en donde los apóstoles y los primeros discípulos se reunían el primer día de la semana, recordando la Resurrección de Cristo, para estudiar las Escrituras y compartir el pan de la Eucaristía.
La Santa Misa es una reunión del Pueblo de Dios y es el medio de santificación más perfecto, pues en él conocemos a Dios y nos unimos a Jesucristo y a toda la iglesia en su labor santificadora.
Durante la Misa participamos estrechamente en la vida y misterio de Jesús, por Él, con Él y en Él, ofreciendo nuestras obras, ofreciéndonos a nosotros mismos, pidiendo perdón por nuestros pecados y, con esto, alcanzamos gracias para toda la iglesia, reparamos las ofensas de otros y rendimos una alabanza de valor infinito por que los hacemos por medio de Jesucristo.
El hombre con frecuencia tiene poco tiempo para dedicarse a las cosas de Dios. Tiene poco tiempo para conocerlo y entenderlo; pero no se puede amar a quien no se conoce.
La iglesia conciente de este problema y sabiendo que si sus miembros no conocen a Dios no podrán cumplir con la misión que le ha sido encomendada, ha querido asegurar que se le dedique un tiempo a la semana a este conocimiento de las cosas de Dios y ha dado un mandamiento: participar de la misa entera los domingos y días de precepto. Con este mandamiento, la iglesia asegura que sus miembros conozcan los lineamientos enseñados por Jesús, no los olviden y puedan esforzarse por cumplir su labor personal dentro de la iglesia.
La Misa es memorial del sacrificio de Nuestro Señor. Esto quiere decir que cuando ascendió al cielo no quiso dejarnos solos, sino que quiso quedarse presente en cada Misa que celebramos.
La Misa es un banquete; del mismo modo que nuestro cuerpo necesita alimento para vivir, nuestra alma también. Ese alimento es Cristo presente en la Eucaristía.
La Misa es un sacrificio; en cada Misa se vive el sacrificio de Jesús en la Cruz. Él se ofreció por nosotros y perdona nuestros pecados.

¿Como debe ser nuestra actitud en la Misa?
Llegar puntualmente: un poco antes de que empiece. Un precepto de la iglesia (existe desde el siglo IV) es participar de la Misa completa los domingos y las fiestas de guardar; no realizar trabajos y actividades que nos impidan santificar ese día. El llegar a tiempo nos permite prepararnos espiritualmente en la oración. Incluso sería bueno empezar a preparar nuestra mente y alma antes de salir de nuestras casas.
Al entrar al templo lo primero debe ser saludar al Señor. En todas las iglesias hay una luz roja encendida que indica que, en el Sagrario, está presente el Señor. Como señal de adoración debemos hacer una genuflexión (llevar la rodilla derecha al piso). Luego buscar donde sentarnos.
Si tenemos que movernos dentro del templo hacerlo con respeto. Al pasar de lado a lado hacer una reverencia, aunque no haya empezado la Misa
Observa el silencio. Si tienes que hablar con alguien hazlo en voz baja y lo mínimo necesario. La Misa es algo sagrado, apaga el celular! Te distrae de lo importante, que es estar con el Señor.
La iglesia exige por norma un ayuno eucarístico de 1 hora de comida y bebida antes de la Comunión, a excepción de agua y los medicamentos. Esta observancia es el signo máximo de respeto, ya que muestra que reconocemos la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Participar activamente de la misa dejando de lado devociones personales. Debemos dejar de lado otro asunto o pensamiento que nos aparte del Señor.
