¿Qué son los Santos Óleos?

“Cristo” viene de la palabra griega correspondiente a la hebrea “Mesías”; ambas palabras significan “Ungido”. Jesús es el ungido de Dios, el Cristo. Esto significa que Él es la encarnación perfecta del proyecto y misión de Dios. Él es el perfecto sacerdote, profeta y rey. Gracias a su bautismo, los cristianos compartimos la perfecta identidad del Cristo, el Hijo de Dios. Es por esto que la unción es muy significativa para todo cristiano. En el rito bautismal escuchamos decir: “Dios todopoderoso… te unja con el crisma de la salvación, para que incorporado a su pueblo, seas para siempre miembro de Cristo Sacerdote, de Cristo Profeta y de Cristo Rey”. El jueves de la Semana Santa, el obispo reúne a los sacerdotes y a otros miembros del pueblo de Dios para consagrar el Crisma y para bendecir los óleos. Esto se hace dentro de una liturgia propia.

Primero se bendice el Óleo de los Enfermos. Se invoca al Espíritu Santo sobre el óleo, para que todos los ungidos puedan ser curados en su cuerpo, mente y alma. Ese aceite se usa principalmente para el sacramento de la Unción de los enfermos. En segundo término, se bendice el Óleo de los catecúmenos. Son catecúmenos los que se preparan para ser bautizados. Este aceite bendito será usado en el Bautismo. Las oraciones piden que quienes sean ungidos sean fortalecidos en su fe, crezcan en su comprensión del Evangelio y vivan más plenamente el discipulado cristiano. El Santo Crisma es una mezcla de aceite de olivo con bálsamo, una fragancia de la Tierra Santa. El Crisma recibe su nombre de Cristo, igual que nosotros, que somos cristianos por haber sido ungidos con ese óleo. En la oración se pide al Padre que bendiga ese aceite para que quienes sean ungidos con él puedan portar la imagen de Cristo, sean liberados del pecado y participen de la vida eterna. Este Óleo se usa en el Bautismo, la Confirmación y al conferir el Orden sacerdotal, sacramentos que no pueden ser repetidos. Los aceites comúnmente se usan para la salud espiritual de los discípulos, de modo que puedan seguir a Cristo con una fe más comprometida, libres de pecado y viviendo en la presencia amorosa, sanadora y profética de Cristo, cuyo nombre portamos y en el cual hemos sido ungidos.