Tiempo durante el año o Tiempo ordinario: Lecturas-Homilías


TIEMPO DURANTE EL AÑO
DECIMOTERCERA SEMANA
MIÉRCOLES

Año par

Aleja de mí el bullicio de tus cantos
y que la justicia corra como un torrente inagotable

Lectura de la profecía de Amós 5, 14-15.21-24

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida, y así el Señor, Dios de los ejércitos, estará con ustedes, como ustedes dicen. Aborrezcan el mal, amen el bien, y hagan triunfar el derecho en la Puerta: tal vez el Señor, Dios de los ejércitos, tenga piedad del resto de José. Yo aborrezco, desprecio sus fiestas, y me repugnan sus asambleas. Cuando ustedes me ofrecen holocaustos, no me complazco en sus ofrendas ni miro sus sacrificios de terneros cebados.
Aleja de mí el bullicio de tus cantos, no quiero oír el sonido de tus arpas. Que el derecho corra como el agua, y la justicia como un torrente inagotable.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 49, 7-13. 16b-17

R. Al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios.

Escucha, pueblo mío, yo te hablo;
Israel, voy a alegar contra ti:
yo soy el Señor, tu Dios. R.

No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales. R.

Porque son mías todas las fieras de la selva,
y también el ganado de las montañas más altas.
Yo conozco los pájaros de los montes
y tengo ante mí todos los animales del campo. R.

Si tuviera hambre, no te lo diría,
porque es mío el mundo y todo lo que hay en él.
¿Acaso voy a comer la carne de los toros
o a beber la sangre de los cabritos? R.

¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras? R.

ALELUIA Sant 1, 18

Aleluia.
El Padre ha querido engendrarnos
por su Palabra de verdad,
para que seamos como las primicias de su creación.
Aleluia.

EVANGELIO

¿Has venido aquí para atormentar a los demonios antes de tiempo?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 28-34

Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo. Los demonios suplicaron a Jesús: «Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara.» El les dijo: «Vayan.» Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados. Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.

Palabra del Señor.


Homilía

Este pasaje del Evangelio según san Mateo puede resultarnos extraño. Está compuesto por varios elementos que son muy ajenos a nuestra cultura y sensibilidad. El cerdo era considerado por los judíos un animal impuro. Estaba prohibido alimentarse de él. Hasta el día de hoy siguen esta costumbre los más practicantes.

En este relato, la suerte de esos animales contrasta con la de los hombres endemoniados. Con este término se designa a personas que están completamente alienadas. Debemos quitar de nuestra fantasía las imágenes que nos han introducido  as películas de terror y comprender verdaderamente de qué se trata. Alienado está quien vive en constante frenesí por la búsqueda de éxito, dinero, placer, poder, etc. Todo lo que hace al ser humano esclavo lo aliena. Así entendido, el endemoniado podemos verlo mucho más cercano a nosotros, incluso darnos cuenta que podemos ser nosotros mismos.

Se dice de los endemoniados que vivían entre los sepulcros. Es una imagen muy estremecedora pero, nuevamente, no debemos dejarnos distraer por la fantasía. Vivir entre sepulcros es no encontrar vida en nada. Es habitar zonas de muerte. Para eso no hace falta ir al cementerio. Basta ver tantas realidades que existencialmente lo son. Tristemente, muchas veces el seno de la propia familia, los ámbitos de trabajo o los vínculos sociales, los lugares donde gastamos no sólo nuestro dinero y tiempo sino lo mejor de nosotros mismos, sin hallar sosiego.

Jesús obra con poder y les devuelve la vida, los libera del poder del demonio, que los tiene muertos en vida. Se trata del pecado que, aparentemente nos satisface, pero que, en realidad nos esclaviza y aliena. El demonio es arrojado al lugar que le corresponde, lo impuro, los cerdos. Y alcanza el fin que le es propio, la muerte. Los hombres recuperan su integridad y son libres.

Paradójicamente los habitantes de esa ciudad piden al Señor que se marche. Cuando Dios hace el bien, destierra el mal. Y no siempre se está dispuesto a dejarse liberar de la seducción del pecado. Pedimos al corazón de Jesús la gracia de ser alcanzados por su poder liberador.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DECIMOTERCERA SEMANA
MARTES

Año par

El Señor ha hablado, ¿quién no profetizará?

Lectura de la profecía de Amós 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchen esta palabra que el Señor pronuncia contra ustedes, israelitas, contra toda la familia que yo hice subir del país de Egipto. Sólo a ustedes los elegí entre todas las familias de la tierra; por eso les haré rendir cuenta de todas sus iniquidades.
¿Van juntos dos hombres sin haberse puesto de acuerdo? ¿Ruge el león en la selva sin tener una presa? ¿Alza la voz el cachorro desde su guarida sin haber cazado nada? ¿Cae el pájaro a tierra sobre una trampa si no hay un cebo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado nada? ¿Suena la trompeta en una ciudad sin que el pueblo se alarme? ¿Sucede una desgracia en la ciudad sin que el Señor la provoque?
Porque el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus servidores los profetas. El león ha rugido: ¿quién no temerá? El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará? Yo les envié una catástrofe como la de Sodoma y Gomorra, y ustedes fueron como un tizón salvado del incendio, ¡pero ustedes no han vuelto a mí! -oráculo del Señor- .Por eso, mira cómo voy a tratarte, Israel; y ya que te voy a tratar así, prepárate a enfrentarte con tu Dios, Israel.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 5, 5-8

R. Guíame, Señor, por tu justicia.

Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada. R.

Tu detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor! R.

Pero yo, por tu inmensa bondad,
llego hasta tu Casa,
y me postro ante tu santo Templo
con profundo temor. R.

ALELUIA Sal 129, 5

Aleluia.
Espero en el Señor y confío en su palabra.
Aleluia.

EVANGELIO

Levantándose, increpó al viento y al mar
y sobrevino una gran calma

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 23-27

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. Acercándose a él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: «¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!»
El les respondió: «¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?» Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma. Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»

Palabra del Señor.


Homilía

A esta altura del Evangelio según san Mateo, los discípulos ya han pasado un tiempo junto a Jesús. Han recibido su enseñanza y han sido testigos de obras en las que manifiesta su poder. Así, han ido estrechado el vínculo con Él. Sin embargo, todavía les permanece velado el misterio más profundo de su persona. Todo eso se percibe en este relato.

Suben a la barca con Jesús, porque Él toma la iniciativa. Esta es la imagen fundante de la Iglesia. La barca de Jesús, a donde sus discípulos se suben para atravesar el mar tempestuoso de la historia en compañía y bajo la guía del maestro. La presencia de Jesús en ella pasa muchas veces desapercibida porque no opera habitualmente de modo extraordinario. Cada vez que lo hace, como aquí, es para sostener la fe que se ha debilitado o se está por perder.

Por eso quedan maravillados. No sólo se disipa el temor que los había paralizado sino que se abre una puerta a una comprensión más honda de la persona de Jesús:»¿Quién es este?». Todos los que formamos parte de la Iglesia, los que atravesamos el mar de la historia en la barca de Jesús, debemos una y otra vez hacernos esa pregunta. Debemos aceptar con humildad que el misterio de Dios siempre nos queda grande. Por más seguridad que hayamos experimentado en nuestro vínculo con él, no podemos poseerlo como un objeto, una suerte de talismán que guardamos en nuestro bolsillo para las ocasiones desfavorables. Paradójicamente no son los momentos de más luz, a veces, sino los de más incertidumbre los que nos empujan a una fe más sólida. Es cuando mejor dispuestos estamos a que Dios nos muestre su rostro y nos salve.



29 de junio
Santos Pedro y Pablo
apóstoles
Solemnidad
Misa del día

Ahora sé que realmente el Señor me libró
de las manos de Herodes

Lectura de los Hechos de los apóstoles 12, 1-11

Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de «los panes Acimos.»
Después de arrestarlo, lo hizo encarcelar, poniéndolo bajo la custodia de cuatro relevos de guardia, de cuatro soldados cada uno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él. La noche anterior al día en que Herodes pensaba hacerlo comparecer, Pedro dormía entre los soldados, atado con dos cadenas, y los otros centinelas vigilaban la puerta de la prisión.
De pronto, apareció el Angel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Angel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!» Entonces las cadenas se le cayeron de las manos. El Angel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias» y Pedro lo hizo. Después de dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme.»
Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Angel, sino que creía tener una visión. Pasaron así el primero y el segundo puesto de guardia, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y anduvieron hasta el extremo de una calle, y en seguida el Angel se alejó de él.
Pedro, volviendo en sí, dijo: «Ahora sé que realmente el Señor envió a su Angel y me libró de las manos de Herodes y de todo cuanto esperaba el pueblo judío.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 2-9

R. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian! R.

Está preparada para mí la corona de justicia

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8.17-18

Querido hermano: Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.
Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león. El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

Palabra de Dios.

ALELUIA Mt 16, 18

Aleluia.
Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Aleluia.

EVANGELIO

Tú eres Pedro,
y te daré las llaves del Reino de los Cielos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 16, 13-19

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Palabra del Señor.


Homilía

El 29 de junio se celebra la Solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Son las dos figuras más significativas de la Iglesia naciente. A Pedro, Jesús le confió la tarea de conducir la Iglesia, a Pablo, la de llevar el Evangelio hasta el último confín de la Tierra.

La primera lectura refiere un episodio de la vida de Pedro donde se ve claramente la intervención divina a favor suyo. La segunda es una expresión de confianza profunda de Pablo en el amor de Dios, que lo sostiene en la hora de la suprema dificultad. El Evangelio narra la confesión de fe de Pedro que trae aparejada la misión que Jesús le da.

Pedro y Pablo son hombres frágiles y con inconsistencias. Llegan a ser sólidos fundamentos de la primitiva comunidad cristiana por la obra de redención que Dios realiza en ellos. Si recorremos las páginas de los evangelios podremos constatar con mucha evidencia lo común que era Pedro, uno más. Pescador, rudo, temperamental, con virtudes y defectos como cualquiera de nosotros. Aún más nos sorprenderíamos al leer el Libro de los Hechos de los Apóstoles y comprobar que Pablo, a pesar de ser un judío de profunda fe, fue un brutal perseguidor de los cristianos, al punto de aprobar la muerte de ellos, por considerarlos idólatras. Ambos terminan entregando su vida, mueren mártires, por dar testimonio con firmeza y humildad de su fe en Jesús.

Celebrar a estos gigantes de la fe es un estímulo muy grande para nuestro camino espiritual. Dios es capaz de hacer las mismas obras de transformación en nuestra vida, con nosotros. Dejar que su amor nos purifique, nos ilumine, nos perdone y dar testimonio apasionado del evangelio. Es la tarea fundamental de la Iglesia y la alegría más genuina del creyente. Que todos conozcan el amor de Jesús y lo experimenten. Es la gracia que hoy pedimos para cada uno de nosotros por intercesión de san Pedro y san Pablo.



TIEMPO DURANTE EL AÑO – «A»
DOMINGO DECIMOTERCERO

Ése es un santo hombre de Dios

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Un día, Eliseo pasó por Sunám. Había allí una mujer pudiente, que le insistió para que se quedara a comer. Desde entonces, cada vez que pasaba, él iba a comer allí. Ella dijo a su marido: «Mira, me he dado cuenta de que ese que pasa siempre por nuestra casa es un santo hombre de Dios. Vamos a construirle una pequeña habitación en la terraza; le pondremos allí una cama, una mesa, una silla y una lámpara, y así, cuando él venga, tendrá donde alojarse».
Un día Eliseo llegó por allí, se retiró a la habitación de arriba y se acostó. Pero Eliseo insistió: «Entonces, ¿qué se puede hacer por ella?» Guejazí respondió: «Lamentablemente, no tiene un hijo y su marido es viejo». «Llámala», dijo Eliseo. Cuando la llamó, ella se quedó junto a la puerta, y Eliseo le dijo: «El año próximo, para esta misma época, tendrás un hijo en tus brazos».

Palabra de Dios.

SALMO Sal 88, 2-3. 16-19

R. Cantaré eternamente el amor del Señor.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
PorqueTtú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo». R.

¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte!
Ellos caminarán a la luz de tu rostro;
se alegrarán sin cesar en tu Nombre,
serán exaltados a causa de tu justicia. R.

Porque Tú eres su gloria y su fuerza;
con tu favor, acrecientas nuestro poder.
Sí, el Señor es nuestro escudo,
el Santo de Israel es realmente nuestro rey. R.

Por el bautismo, sepultados con él
llevemos una vida nueva

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-4, 8-11

Hermanos: ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con Él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre Él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

ALELUIA 1Ped 2, 9

Aleluia.
Ustedes, son una raza elegida, un sacerdocio real,
una nación santa, un pueblo adquirido
para anunciar las maravillas de Aquél
que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.
Aleluia.

EVANGELIO

El que no toma su cruz no es digno de mí
El que los recibe a ustedes me recibe a mí

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 37-42

Dijo Jesús a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió. El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo. Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa».

Palabra del Señor.


Homilía

En este pasaje del Evangelio según san Mateo, Jesús continúa con las enseñanzas que brinda a sus apóstoles, a quienes eligió para que estén con Él y para enviarlos a predicar. Ellos actuarán en su nombre, por tanto sus palabras y obras deben reflejar con claridad el mensaje del Señor. Lo que digan y hagan tendrá como fundamento lo que esté arraigado en lo profundo de su corazón y su mente. Estas palabras se refieren a ello.

En primer lugar, pareciera haber un «conflicto de intereses» en aquellos que han sido llamados a anunciar la Buena Noticia del Reino. El amor a Jesús, en competencia con los amores humanos más legítimos: los padres, los hijos, la familia. Por supuesto, de ningún modo es así. Dios no necesita competir con nadie por nuestro amor. Al decir «amar más», el Señor se refiere a la libertad que se necesita para amar de verdad. Cuando amamos en serio, no esperamos el reconocimiento o el aplauso, ni siquiera la aprobación de nadie. Lo hacemos en conciencia, porque estamos convencidos, porque hemos decidido entregar nuestra vida, aún cuando nuestros más cercanos no nos acompañen. Quien acepta el hermoso llamado de Jesús a compartir su suerte precisa el mayor grado de libertad para el amor.

Eso queda ratificado por la frase que continúa. En el anuncio del Evangelio se comparte el gozo de Jesús porque se comparte también su cruz. Nuestra vida queda totalmente identificada con la suya. No se trata de simpatizar con Él y su actitud ante la vida, al modo como lo hacen superficialmente muchas personas, sin convertirse en verdaderos discípulos, sino de creer en Él. Esto es, aceptarlo sin condiciones en nuestra vida y entregarnos. Si lo hacemos, experimentaremos lo que dice a continuación. Seremos recibidos como se lo recibiría a Él.

Esto se vincula a la larga historia de personas a quienes Dios llamó para hablar en su nombre y que, quienes escuchaban a Jesús, conocían muy bien. En la persona de los profetas y de los hombres justos, quienes tenían depositada su confianza en Dios, percibían su visita. Es lo que cuenta, por ejemplo, la primera lectura, tomada del Segundo Libro de los Reyes, que ocurrió con el profeta Eliseo y la mujer sunamita. También los discípulos de Jesús, al hablar en su nombre y vivir de acuerdo a su palabra trasmitiremos algo mucho más profundo que palabras y obras buenas, lo haremos presente entre aquellos que lo necesitan.

Pedimos la gracia al, Corazón de Jesús, de aceptar su llamada y vivirla con fidelidad y pasión.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DUODÉCIMA SEMANA
SÁBADO

Año par

¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión!

Lectura del libro de las Lamentaciones 2, 2.10-14.18-19

El Señor devoró sin piedad todas las moradas de Jacob; derribó en su indignación las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra y profanó el reino y sus príncipes. Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión; se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal. Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén.
Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas; mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo, mientras desfallecen sus niños y pequeños en las plazas de la ciudad. Ellos preguntan a sus madres: «¿Dónde hay pan y vino?», mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las plazas de la ciudad, exhalando su espíritu en el regazo de sus madres.
¿A quién podré compararte? ¿A quién te asemejaré, hija de Jerusalén? ¿A quién te igualaré, para poder consolarte, virgen hija de Jerusalén? Porque tu desastre es inmenso como el mar: ¿quién te sanará? Tus profetas te transmitieron visiones falsas e ilusorias. No revelaron tu culpa a fin de cambiar tu suerte, sino que te hicieron vaticinios falsos y engañosos.
¡Invoca al Señor de corazón, gime, hija de Sión! ¡Deja correr tus lágrimas a raudales, de día y de noche: no te concedas descanso, que no repose la pupila de tus ojos! ¡Levántate, y grita durante la noche, cuando comienza la ronda! ¡Derrama tu corazón como agua ante el rostro del Señor ! ¡Eleva tus manos hacia él, por la vida de tus niños pequeños, que desfallecen de hambre en todas las esquinas!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 73, 1-7. 20-21

R. No te olvides para siempre de los pobres.

¿Por qué, Señor, nos rechazaste para siempre
y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de pueblo que adquiriste en otro tiempo,
de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia;
acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada. R.

Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa:
todo lo destruyó el enemigo en el Santuario.
Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea,
pusieron como señales sus propios estandartes. R.

Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva;
destrozaron de un golpe todos los adornos,
los deshicieron con martillos y machetes;
prendieron fuego a tu Santuario,
profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre. R.

Ten presente tu alianza,
porque todos los rincones del país
están repletos de violencia.
Que el débil no retroceda lleno de confusión,
que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre. R.

ALELUIA Mt 8, 17

Aleluia.
Cristo tomó nuestras debilidades
y cargó sobre sí nuestras enfermedades.
Aleluia.

EVANGELIO

Muchos vendrán de Oriente y de Occidente,
y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 5-17

Al entrar en Cafarnaún, se acercó a Jesús un centurión, rogándole: «Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente.» Jesús le dijo: «Yo mismo iré a curarlo.»
Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: «Ve», él va, y a otro: «Ven», él viene; y cuando digo a mi sirviente: «Tienes que hacer esto», él lo hace.»
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: «Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos; en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes.» Y Jesús dijo al centurión: «Ve, y que suceda como has creído.» Y el sirviente se curó en ese mismo momento.
Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

Palabra del Señor.


Homilía

Cafarnaún es una pequeña ciudad costera donde Jesús va a residir durante los tres años de su vida pública, en la casa de Pedro. Al concluir su enseñanza, bajando de la montaña, el Señor se establece allí. En el camino, luego del leproso, es interceptado por un centurión romano, un pagano que está también objetivamente fuera de la Alianza de amor entre Dios y su pueblo.

Sin embargo, en este hombre, Jesús descubrirá una fe tan profunda que quedará admirado y, mostrando su verdadera condición humana, comenzará a entender que su misión debe ir más allá de las fronteras culturales y religiosas del pueblo judío. El cumplimiento de la promesa de Dios consistirá en el alcance universal de la salvación. Como en otros pasajes de la Palabra de Dios, vemos aquí, claramente, que la revelación de Dios es pedagógicamente progresiva. Va develando su misterio en la historia, hasta alcanzar su plenitud en Jesús.

Finalmente Jesús se establece en casa de Pedro, donde sanará a la suegra de este. Lo que ocurre con ella es, de algún modo, el arquetipo de toda curación que realiza el Señor. Las curaciones son siempre signo de la corriente de vida que tiene su fuente en Dios. Quien goza de esa experiencia recupera la vitalidad y la despliega de distintas maneras, en este caso, poniéndose inmediatamente a servir. Podríamos decir. Ha sido sanado para sanar. Hemos sido amados para amar. Por eso, las curaciones serán, junto con la predicación, el modo concreto en que Jesús mostrará la llegada del Reino de Dios. Sólo puede enseñar con esa autoridad y dar vida con ese poder, aquel que viene de Dios



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DUODÉCIMA SEMANA
VIERNES

Año par

Judá fue deportado lejos de su tierra

Lectura del segundo libro de los Reyes 25, 1-12

El noveno año del reinado de Sedecías, el día diez del décimo mes, Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó con todo su ejército contra Jerusalén; acampó frente a la ciudad y la cercaron con una empalizada. La ciudad estuvo bajo el asedio hasta el año undécimo del rey Sedecías.
En el cuarto mes, el día nueve del mes, mientras apretaba el hambre en la ciudad y no había más pan para la gente del país, se abrió una brecha en la ciudad. Entonces huyeron todos los hombres de guerra, saliendo de la ciudad durante la noche, por el camino de la Puerta entre las dos murallas, que está cerca del jardín del rey; y mientras los caldeos rodeaban la ciudad, ellos tomaron por el camino de la Arabá. Las tropas de los caldeos persiguieron al rey, y lo alcanzaron en las estepas de Jericó, donde se desbandó todo su ejército. Los caldeos capturaron al rey y lo hicieron subir hasta Riblá, ante el rey de Babilonia, y este dictó sentencia contra él. Los hijos de Sedecías fueron degollados ante sus propios ojos. A Sedecías le sacó los ojos, lo ató con una doble cadena de bronce y lo llevó a Babilonia.
El día siete del quinto mes -era el decimonoveno año de Nabucodonosor, rey de Babilonia- Nebuzaradán, comandante de la guardia, que prestaba servicio ante el rey de Babilonia, entró en Jerusalén. Incendió la Casa del Señor, la casa del rey y todas las casas de Jerusalén, y prendió fuego a todas las casa de los nobles. Después, el ejército de los caldeos que estaba con el comandante de la guardia derribó las murallas que rodeaban a Jerusalén.
Nebuzaradán, el comandante de la guardia, deportó a toda la población que había quedado en la ciudad, a los desertores que se habían pasado al rey de Babilonia y al resto de los artesanos. Pero dejó una parte de la gente pobre del país como viñadores y cultivadores.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 136, 1-6

R. Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti.

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras. R.

Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
«¡Canten para nosotros un canto de Sión!» R.

¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha. R.

Que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías. R.

ALELUIA Mt 8, 17

Aleluia.
Cristo tomó nuestras debilidades
y cargó sobre sí nuestras enfermedades.
Aleluia.

EVANGELIO

Si quieres, puedes purificarme

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 8, 1-4

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: «Señor, si quieres, puedes purificarme.» Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» Y al instante quedó purificado de su lepra.
Jesús le dijo: «No se lo digas a nadie, pero ve a presentarse al sacerdote y entrega la ofrenda que ordenó Moisés para que les sirva de testimonio.»

Palabra del Señor.


Homilía

Con la enseñanza sobre construir sólidamente la vida, como una casa sobre la roca, concluyó el Sermón de la Montaña, que abarcó los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio según san Mateo. Al comenzar el capítulo 8, Jesús desciende de la montaña y comienza a ratificar con obras su enseñanza.

En este primer encuentro se halla ante un leproso, alguien que, por su condición, estaba totalmente excluido de la comunidad. No podía participar de la vida social y tampoco de la religiosa. Estaba verdaderamente solo, aislado. Como mucho, debía conformarse con compartir sus días con otros que padecían el mismo mal, pero conservando una importante distancia del resto de las personas.

No es difícil imaginar la carga de angustia y frustración que las personas con tal afección vivían. Estar hecho para la comunión y tener que permanecer irremediablemente separado. Se agregaba a esto el miedo que los demás les tenían e, incluso, el desprecio. Muchos consideraban esta enfermedad como un castigo por el mal realizado. Eran así, oficialmente, pecadores.

Por eso Jesús, al compadecerse, no sólo lo cura. Le manda que realice lo que estaba mandado en la ley ante el caso de haber sido sanado. Debía entregarse una ofrenda y el sacerdote corroboraba que la enfermedad ya no existiera. Así se recuperaba la plena comunión. Las palabras de Jesús «lo quiero», manifiestan su compasión y su poder. Tal es el amor que nos tiene que no se conforma con aliviarnos, nos restablece completamente en nuestra dignidad.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DUODÉCIMA SEMANA
JUEVES

Año par

El rey de Babilonia deportó a Babilonia a Joaquín
y a todos los guerreros del país

Lectura del segundo libro de los Reyes 24, 8-17

Joaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, y era de Jerusalén. El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, tal como lo había hecho su padre.
En aquel tiempo, los servidores de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén, y la ciudad quedó sitiada. Nabucodonosor, rey de Babilonia, llegó a la ciudad mientras sus servidores la sitiaban, y Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia junto con su madre, sus servidores, sus príncipes y sus eunucos. El rey de Babilonia los tomó prisioneros en el año octavo de su reinado. Luego retiró de allí todos los tesoros de la Casa del Señor y los tesoros de la casa del rey, y rompió todos los objetos que Salomón, rey de Judá, había hecho para la Casa del Señor, como lo había anunciado el Señor. Deportó a todo Jerusalén, a todos los jefes y a toda la gente rica -diez mil deportados- además de todos los herreros y cerrajeros: sólo quedó la gente más pobre del país. Deportó a Joaquín a Babilonia; y también llevó deportados de Jerusalén a Babilonia a la madre y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los grandes del país. A todos los guerreros -en número de siete mil- a los herreros y cerrajeros -en número de mil- todos aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó deportados a su país. El rey de Babilonia designó rey, en lugar de Joaquín, a su tío Matanías, a quien le cambió el nombre por el de Sedecías.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 78, 1-2. 3-5. 8. 9 (R.: 9b)

R. Líbranos, Señor, a causa de tu Nombre.

Señor, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra. R.

Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén,
y nadie les daba sepultura.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego? R.

No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos. R.

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre. R.

ALELUIA Jn 14, 23

Aleluia.
Dice el Señor: El que me ama será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará e iremos a él.
Aleluia.

EVANGELIO

La casa edificada sobre roca
y la casa edificada sobre arena

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7, 21-29

Jesús dijo a sus discípulos: «No son los que me dicen: «Señor, Señor», los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu Nombre? ¿No expulsamos a los demonios e hicimos muchos milagros en tu Nombre?» Entonces yo les manifestaré: «Jamás los conocí; apártense de mí, ustedes, los que hacen el mal.»
Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.
Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande.»
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, la multitud estaba asombrada de su enseñanza, porque él les enseñaba como quien tiene autoridad y no como sus escribas.

Palabra del Señor.


Homilía

Con estas palabras de Jesús nos introducimos en una realidad muy presente en nuestra vida cotidiana. La correlación entre lo que decimos y lo que hacemos; la solidez que poseen o no nuestras palabras.

Hay personas que son muy elocuentes al hablar y despiertan interés e, incluso, admiración por lo que dicen; conmueven, llegan al corazón, movilizan a su auditorio.Es estimulante para nuestro propio camino cuando comprobamos que lo que esa persona dice se ve realmente reflejado en su vida. Palabras y obras son una unidad. Por el contrario, es una gran desilusión y hasta se transforma a veces en un obstáculo cuando la vida de esa persona contradice sus palabras. Nos deja una sensación de estafa y vacío.

Necesitamos escuchar palabras que nos orienten en la vida. Dios nos ha dado a su Hijo, que es la Palabra hecha carne, lenguaje humano, para que podamos comprender su mensaje de salvación. Aceptarlo le da un rumbo seguro a nuestro peregrinar. Pero debemos ser conscientes que recibir su palabra no es solamente escucharla y dejar que nos cautive sino, sobre todo, permitir que nos transforme. Que nos lleve a ser mejores de lo que somos. Para eso tenemos que estar dispuestos a que esa palabra nos cuestione y nos haga cambiar.

Cuando hablamos de nuestra fe, del amor, del servicio, de la entrega, etc. es necesario que sean nuestras obras las que certifiquen nuestras palabras. Es la gran diferencia entre quien se toma el trabajo de cavar hondo para apoyar su casa sobre la roca firme y aquel que construye rápidamente sobre lo inestable de la superficie.



24 de junio
EL NACIMIENTO DE JUAN BAUTISTA
Solemnidad
Misa del día

Yo te destino a ser la luz de las naciones

Lectura del libro del profeta Isaías 49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos! El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba. El me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti yo me glorificaré.» Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.» Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios. Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel. Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza. El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 138, 1-3. 13-15

R. Te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares. R.

Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias porque fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras! R.

Tú conocías hasta el fondo de mi alma
y nada de mi ser se te ocultaba,
cuando yo era formado en lo secreto,
cuando era tejido en lo profundo de la tierra. R.

Juan había predicado como preparación a la venida de Cristo

Lectura de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26

Pablo decía: «Cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi oluntad. De la descendencia de David hizo surgir para Israel un Salvador, qué es Jesús. Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: «Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias». Hermanos, este mensaje de salvación está dirigido a ustedes: los descendientes de Abraham y los que temen a Dios.»

Palabra de Dios.

ALELUIA Cf. Lc 1, 76

Aleluia.
Tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo;
irás delante del Señor preparando sus caminos.
Aleluia.

EVANGELIO

Su nombre es Juan

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 57-66. 80

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan.» Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre.» Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan.»
Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.

Palabra del Señor.


Homilía

San Juan Bautista ocupa un lugar destacado en la Historia de la Salvación, por eso la Iglesia celebra, además de su martirio (29 de agosto), también su nacimiento, en el día de hoy. Su figura es central porque marca un punto de inflexión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Su vida y su predicación son, por un lado, un llamado apasionado a volver a la fidelidad a Dios, expresada en el cumplimiento de la Antigua Alianza y, por otro, una preparación a la inminente venida de Jesús, que consumará la Nueva y Definitiva Alianza.

En el Evangelio según san Lucas aparece especialmente retratada la correspondencia entre la vida de Juan y la de Jesús. Ambos son engendrados a partir de un anuncio divino y nacen de una manera fuera de lo común, con una clara intervención de Dios. Todo lo que Juan haga y diga dispondrá la mente y el corazón de quienes traten con él al encuentro con Jesús. Su misión empezará a terminar cuando el Señor entre en el agua del Jordán para ser bautizado por él. En ese momento comenzará a darse el paso de la preparación y la espera al cumplimiento. Definitivamente quedará realizada cuando sea martirizado por permanecer fiel a Dios. También allí su entrega será un anticipo de lo que vivirá Jesús.

Celebrar el nacimiento de san Juan Bautista nos hace caer en la cuenta de algo que muchas veces pasamos de largo los cristianos, a lo que no le damos la suficiente relevancia. Nuestra fe hunde profundamente sus raíces en la Antigua Alianza, hecha por Dios con el Pueblo de Israel, cuando lo liberó de la esclavitud en Egipto y le dio la Ley como guía para su vida. Todo lo que narra el Antiguo Testamento no es cosa simplemente del pasado, algo superado y que ha quedado obsoleto. Es parte constitutiva de nuestra fe.

Es muy simplista y errado decir que el Dios del Antiguo Testamento es distante y el del Nuevo, cercano. Aquél juez, éste misericordioso. A lo largo de todo ese largo tiempo Dios se ha ido revelando paulatinamente, ha ido mostrando su rostro, dejando ver su misterio. La encarnación del Hijo de Dios, su vida, su mensaje, su pasión, muerte y resurrección no son un acontecimiento disruptivo, dan cumplimiento a la promesa que Dios había hecho a su pueblo. Jesús, Dios hecho hombre, asume toda la historia de la Salvación y la lleva a su plenitud.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DUODÉCIMA SEMANA
MARTES

Año par

Yo protegeré a esta ciudad para salvarla,
por mi honor y el de David

Lectura del segundo libro de los Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36

Senaquerib envió de nuevo mensajeros a Ezequías para decirle: «Hablen así a Ezequías, rey de Judá: Que no te engañe tu Dios, en quien confías, haciéndote pensar que Jerusalén no será entregada en manos del rey de Asiria. Tú has oído, seguramente, lo que hicieron los reyes de Asiria a todos los países, al consagrarlos al exterminio total. ¿Y tú te vas a librar?
Ezequías tomó la carta de la mano de los mensajeros y la leyó. Después subió a la Casa del Señor, la desplegó delante del Señor y oró, diciendo: «Señor de los ejércitos, Dios de Israel, que tienes tu trono sobre los querubines: tú solo eres el Dios de todos los reinos de la tierra, tú has hecho el cielo y la tierra. Inclina tu oído, Señor, y escucha; abre tus ojos, Señor, y mira. Escucha las palabras que Senaquerib ha mandado decir, para insultar al Dios viviente. Es verdad, Señor, que los reyes de Asiria han arrasado todas las naciones y sus territorios. Ellos han arrojado sus dioses al fuego, porque no son dioses, sino obra de las manos del hombre, nada más que madera y piedra. Por eso los hicieron desaparecer. Pero ahora, Señor, Dios nuestro, ¡sálvanos de su mano, y que todos los reinos de la tierra reconozcan que tú solo, Señor, eres Dios!»
Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: «Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria, y yo la he escuchado. Esta es la palabra que el Señor ha pronunciado contra él: Te desprecia, se burla de ti, la virgen hija de Sión; a tus espaldas mueve la cabeza la hija de Jerusalén. Porque de Jerusalén saldrá un resto, y del monte Sión, algunos sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto. Por eso, así habla el Señor acerca del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni le lanzará una flecha; no la enfrentará con el escudo, ni le levantará contra ella un terraplén. Se volverá por el mismo camino, sin entrar en esta ciudad -oráculo del Señor-. Yo protegeré a esta ciudad para salvarla, por mi honor y el de David, mi servidor.»
Aquella misma noche, el Angel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil hombres. Entonces Senaquerib, rey de Asiria, levantó el campamento, emprendió el regreso y se quedó en Nínive.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 47, 2-3a. 3b-4. 10-11 (R.: cf. 9d)

R. Dios afianzó para siempre su Ciudad.

El Señor es grande y digno de alabanza,
en la Ciudad de nuestro Dios.
Su santa Montaña, la altura más hermosa,
es la alegría de toda la tierra. R.

La Montaña de Sión, la Morada de Dios,
es la Ciudad del gran Rey:
el Señor se manifestó como un baluarte
en medio de sus palacios. R.

Nosotros evocamos tu misericordia
en medio de tu Templo, Señor.
Tu alabanza, lo mismo que tu renombre,
llega hasta los confines de la tierra;
tu derecha está llena de justicia. R.

ALELUIA Jn 8, 12

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue tendrá la luz de la Vida.
Aleluia.

EVANGELIO

Todo lo que deseáis que los demás hagan por vosotros,
hacedlo por ellos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7, 6. 12-14

Jesús dijo a sus discípulos: No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos. Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí. Pero es angosta la puerta y
estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran.

Palabra del Señor.


Homilía

Este pasaje del Evangelio según san Mateo puede resultarnos difícil de comprender ya que reúne tres enseñanzas que, en principio, no tienen conexión entre sí. Finalmente se revelan como indicaciones precisas sobre cómo recorrer el camino de la vida.

En primer lugar se hace referencia a cosas sagradas que se dan a los perros y perlas que se arrojan a los cerdos. Perros llamaban los judíos a los paganos, es decir, a aquellos que no pertenecían al pueblo de Israel y, por lo tanto, no vivían de acuerdo a la Ley de Dios. El cerdo fue considerado siempre -y aún lo es- un animal impuro entre los judíos. Podríamos entender que, con estas palabras, Jesús advierte a sus discípulos que no confíen lo más valioso de sí mismos más que a Dios, que no pongan su esperanza más que en Él. Realidades que aparecen a primera vista atractivas y que nos entusiasman (la vida cómoda, el lujo, el dinero, el poder, la magia, etc.) muestran a la larga su falta de solidez y se nos vuelven en contra. Nos hacen daño y nos dejan vacíos.

En segundo lugar señala un modo muy sencillo y concreto para alcanzar la felicidad. Todas las necesidades o anhelos que experimentamos en nosotros (ser reconocidos, valorados, que se nos agradezca, que se nos tenga paciencia y perdone, etc.) son una orientación clara para saber cómo amar. Dejar de mirarnos el ombligo y brindar, con sinceridad, lo mejor de nosotros a los demás.

En último lugar nos brinda una imagen simple y profunda. Si la puerta por la que debemos pasar es muy amplia no necesitamos prestar demasiada atención para atravesarla; en cambio, si es estrecha, tendremos que estar atentos para poder llegar a nuestro objetivo. Vivir con sentido, no perder nuestro tiempo en vano, es algo que demanda toda nuestra energía y por lo cual vale la pena esforzarse. Los que viven distraídos y simplemente dejándose llevar se pierden, quienes toman la vida en sus manos y se hacen cargo de ella alcanzan la Vida verdadera.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DUODÉCIMA SEMANA
LUNES

Año par

El Señor arrojó a Israel lejos de su presencia

Lectura del segundo libro de los Reyes 17, 5-8.13-15a.18

Salmanasar, rey de Asiria, invadió todo el país, subió contra Samaría y la sitió durante tres años. En el noveno año de Oseas, el rey de Asiria conquistó Samaría y deportó a los israelitas a Asiria. Los estableció en Jalaj y sobre el Jabor, río de Gozán, y en las ciudades de Media.
Esto sucedió porque los israelitas pecaron contra el Señor, su Dios, que los había hecho subir del país de Egipto, librándolos del poder del Faraón, rey de Egipto, y porque habían venerado a otros dioses. Ellos imitaron las costumbres de las naciones que el Señor había desposeído delante de los israelitas, y las que habían introducido los reyes de Israel.
El Señor había advertido solemnemente a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y videntes, diciendo: «Vuelvan de su mala conducta y observen mis mandamientos y mis preceptos, conforme a toda la Ley que prescribí a sus padres y que transmití por medio de mis servidores los profetas.»
Pero ellos no escucharon, y se obstinaron como sus padres, que no creyeron en el Señor, su Dios. Rechazaron sus preceptos y la alianza que el Señor había hecho con sus padres, sin tener en cuenta sus advertencias.
El Señor se irritó tanto contra Israel, que lo arrojó lejos de su presencia. Sólo quedó la tribu de Judá.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 59, 3-5.12-14 (R.: 7a)

R. Señor, sálvanos con tu poder, respóndenos.

¡Tú nos has rechazado, Señor, nos has deshecho!
Estabas irritado: ¡vuélvete a nosotros! R.

Hiciste temblar la tierra, la agrietaste:
repara sus grietas, porque se desmorona.
Impusiste a tu pueblo una dura prueba,
nos hiciste beber un vino embriagador. R.

Tú, Señor, nos has rechazado
y ya no sales con nuestro ejército.
Danos tu ayuda contra el adversario,
porque es inútil el auxilio de los hombres.
Con Dios alcanzaremos la victoria
y él aplastará a nuestros enemigos. R.

ALELUIA Heb 4, 12

Aleluia.
La Palabra de Dios es viva y eficaz;
discierne los pensamientos
y las intenciones del corazón.
Aleluia.

EVANGELIO

Saca primero la viga de tu ojo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 7, 1-5

Jesús dijo a sus discípulos: No juzguen, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes. ¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Deja que te saque la paja de tu ojo», si hay una viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Palabra del Señor.


Homilía

A través de estas enseñanzas Jesús señala algo que está muy presente en nuestra vida cotidiana: la manera en que miramos a los demás y nos miramos a nosotros mismos. El juicio es precisamente eso, mirar una realidad sopesándola en nuestro interior, para luego tomar una decisión: es bueno, es malo, lo hago, no lo hago, etc. Cuando se trata de personas, nuestro juicio ubica a quien juzgamos de un lado o de otro. De algún modo, al juzgar, clasificamos.

Los juicios son necesarios en la vida. Es importante saber si una situación me es conveniente o no, si una persona es digna de mi confianza o no. Cuando Jesús habla aquí del juicio no nos está proponiendo una actitud pasiva y desinteresada; simplemente dejar que las cosas ocurran y que las personas hagan con nosotros lo que les parezca. No se trata de eso.

El Señor nos llama a ser conscientes y responsables de lo que decimos sobre otro. ¿Verdaderamente conocemos a esa persona? ¿Cuán certero es el conocimiento que tenemos de ella, sus circunstancias, sus motivaciones, sus condicionamientos? Con el ejemplo de la viga y la paja se nos advierte que está en nuestra naturaleza humana herida por el pecado la tendencia a descubrir afuera (en los otros) lo que no nos gusta ver adentro (en nosotros mismos).

Pedimos la gracia al Corazón de Jesús, de mirar y mirarnos como Él lo hace. Con un corazón manso, humilde y compasivo. Que la medida de nuestros juicios sea la de su inmensa misericordia.



TIEMPO DURANTE EL AÑO – «A»
DOMINGO DUODÉCIMO

Libró la vida del indigente
del poder de los malhechores

Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13

Dijo el profeta Jeremías:

Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída:
«Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza».
Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable. Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque Él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 68, 8-10.14.17.33-35

R. Respóndeme, Dios mío, por tu gran amor.

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. R.

Pero mi oración sube hasta ti, Señor,
en el momento favorable:
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor,
sálvame, por tu fidelidad.
Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor,
por tu gran compasión vuélvete a mí. R.

Que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos.
Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,
y todos los seres que se mueven en ellos. R.

No hay proporción entre el don y la falta

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 5, 12-15

Hermanos: Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.
Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos.

Palabra de Dios.

ALELUIA Jn 15, 26b. 27a

Aleluia.
«El Espíritu de la Verdad dará testimonio de mí.
Y ustedes también dan testimonio», dice el Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

No temáis a los que matan el cuerpo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 26-33

Jesús dijo a sus apóstoles: No teman a los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo al infierno. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos. No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo los reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres.

Palabra del Señor.


Homilía

A partir de este domingo (XII° Durante el Año), terminado el Tiempo Pascual y pasadas las celebraciones de la Santísima Trinidad y Corpus Christi vinculadas a él, retomamos la lectura semicontinuada del Evangelio según san Mateo. Así será a lo largo de todo el Tiempo Durante el Año, hasta el final de este año litúrgico y el comienzo del nuevo, con la llegada del Adviento.

Nos encontramos en medio de las enseñanzas que Jesús da a los apóstoles que ha elegido para que estén con él y para enviarlos a predicar. En esta oportunidad aborda un tema conocido por ellos y que es causa de un posible fracaso en su tarea: el que habla verdaderamente en nombre de Dios sufre irremediablemente a causa de ello.

Lógicamente esta perspectiva genera inquietud y temor. El mensaje del evangelio es fuente de vida, pero aceptarlo implica dejarse transformar por él. Y eso cuesta y, muchas veces, genera resistencia. Esa resistencia es el pecado que echa raíces en el corazón humano. Por eso, en algunas oportunidades, se rechaza con violencia. Lo que puede sucederle a los apóstoles es lo que vivirá Jesús y es lo que han vivido ya los profetas a quienes Dios confió su palabra y la tarea de comunicarla al pueblo.

De ahí que Jesús les proponga como camino la confianza absoluta en la providencia de Dios. Su tarea no es una aventura aislada y titánica, que precisa de la fuerza de un superhéroe para llevarla a cabo. Anunciar el evangelio es entrar en esa corriente de amor que tiene su origen en Dios y atraviesa toda la historia.

Sin duda que es entendible temer la muerte o la persecución, pero mucho más se debe temer una vida sin sentido, vacía, cómoda, carente de preocupaciones pero al mismo tiempo de compromisos reales en el amor. Fuimos hechos para amar y aquel que ama está dispuesto a sufrir por aquellos que ama. ¿O no es lo que late en el corazón de un padre, de una madre, de un enamorado, de un amigo?

Nuestra vida está en manos de Dios, por eso no tenemos nada que temer. No sobrevolamos la historia, nos hundimos en ella, con los pies bien apoyados en la tierra pero nuestro corazón elevado al cielo. Sabemos que no estamos solos, que la última palabra la tiene Jesús, quien, con amor apasionado, hablará por nosotros ante Dios. Pidamos la gracia de permanecer siempre fieles a Él y de dar testimonio con la misma pasión.



EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

Desbordo de alegría en el Señor

Lectura del libro del profeta Isaías 61, 9-11

La descendencia de mi pueblo será conocida entre las naciones, y sus vástagos, en medio de los pueblos: todos los que los vean, reconocerán que son la estirpe bendecida por el Señor.
Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios. Porque él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas. Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

Palabra de Dios.

SALMO 1Sam 2, 1. 4-5. 6-7. 8abcd (R.: cf. 1a)

R. Mi corazón se regocija en el Señor, mi salvador.

Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría. R.

El arco de los valientes se ha quebrado,
y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
y la madre de muchos hijos se marchita. R.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece. R.

El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria. R.

ALELUIA Cf. Lc 2, 19

Feliz la Virgen María,
que conservaba la Palabra de Dios
y la meditaba en su corazón.

EVANGELIO

Conservaba estas cosas en el corazón

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 41-51

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Palabra del Señor.


Homilía

El día sábado, siguiendo una antigua tradición, se venera de un modo especial a la santísima Virgen María. Hoy, especialmente, la celebramos bajo la advocación del Inmaculado Corazón de María, en clara relación a la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que celebramos ayer. Toda la belleza que la Virgen tiene, su poder de intercesión y la relevancia que le damos en nuestro camino de fe, le vienen de su íntima relación con Jesús. Porque el Corazón de Jesús es Sagrado, el de la Virgen es Inmaculado.

Al contemplar esta escena del Evangelio según san Lucas se percibe con claridad cómo es ese Corazón Inmaculado. Por un lado, vive con espontánea naturalidad lo que ocurre con su hijo. Confiada pero atenta, protectora pero sin controlar. Favoreciendo y posibilitando su crecimiento. Ante la pérdida de Jesús experimenta angustia y desconcierto y, finalmente, un profundo alivio al encontrarlo. Por otro lado, no deja que todo se reduzca a su interpretación, se abre al misterio de Dios, que se le manifiesta en aquello que no conoce de su propio hijo. Por eso, «conservaba estas cosas en su corazón». No se trata de quedarse con dudas o guardar con recelo para luego proceder con astucia ante nuevas situaciones. Conservar en el corazón es sinónimo de meditar con fe. Dejar que el conocimiento sea iluminado por la sabiduría de Dios.

En este día pedimos a María que nos introduzca en su Inmaculado Corazón. Para que, más allá de las luchas y dificultades de cada día, podamos, desde allí, mirar nuestra vida a la luz del misterio de Dios.



Viernes siguiente al segundo domingo de Pentecostés
SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
Solemnidad
Año A

1 El Señor se prendó de vosotros y os eligió

Lectura del libro del Deuteronomio 7, 6-11

Moisés habló al pueblo diciendo: «Tú eres un pueblo consagrado al Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras su pueblo y su propiedad exclusiva entre todos los pueblos de la tierra. El Señor se prendó de ustedes y los eligió, no porque sean el más numeroso de todos los pueblos. Al contrario, tú eres el más insignificante de todos. Pero por el amor que les tiene, y para cumplir el juramento que hizo a tus padres, el Señor los hizo salir de Egipto con mano poderosa, y los libró de la esclavitud y del poder del Faraón, rey de Egipto. Reconoce, entonces, que el Señor, tu Dios, es el verdadero Dios, el Dios fiel, que a lo largo de mil generaciones, mantiene su alianza y su fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos; pero que no tarda en dar su merecido a aquel que lo aborrece, a él mismo en persona, haciéndolo desaparecer. Por eso, observa los mandamientos, los preceptos y las leyes que hoy te ordeno poner
en práctica.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 102, 1-2. 3-4. 6-7. 8 y 10 (R.: cf. 17)

R. El amor del Señor a los que lo temen
permanece para siempre.

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios. R.

El perdona todas tus culpas
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura. R.

El Señor hace obras de justicia
y otorga el derecho a los oprimidos;
él mostró sus caminos a Moisés
y sus proezas al pueblo de Israel. R.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
no nos trata según nuestros pecados
ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

2 Dios nos amó primero

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan ; 4, 7-16

Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.

Palabra de Dios.

ALELUIA Mt 11, 29ab

Aleluia.
Carguen sobre ustedes mi yugo
y aprendan de mí,
porque soy paciente y humilde de corazón.
Aleluia.

EVANGELIO

Soy paciente y humilde de corazón

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30

Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.»

Palabra del Señor.


Homilía

El viernes siguiente a la Solemnidad de Corpus Christi se celebra al Sagrado Corazón de Jesús. Aquel que se quedó presente en la Eucaristía nos atrae a su corazón humano y divino para, como dice la famosa letanía, hacer nuestro corazón semejante al suyo.

El corazón designa en la cultura hebrea no sólo la fuente de los sentimientos, como en la nuestra, sino también de los pensamientos. En él se nuclea lo propiamente humano del hombre. En el caso de Jesús es, además la puerta de entrada a su naturaleza divina. Nos ama con un corazón verdaderamente humano y plenamente divino.

Se nos ofrece como lugar existencial de descanso, refugio y sanación. También como escuela para el aprendizaje del arte de amar. Jesús dice: «Vengan a mí…, aprendan de mí…». El alivio que promete no es superficial sino consecuencia de haber asumido sobre sí nuestras dolencias y haberlas redimido en la cruz. La firmeza de su amor se asienta en la realidad de que ha vencido a la muerte con la resurrección. Por eso podemos repetir con absoluta seguridad, especialmente cuando estamos afligidos y agobiados: «Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío».



TIEMPO DURANTE EL AÑO
UNDÉCIMA SEMANA
JUEVES

Año par

Cuando Elías fue llevado en un torbellino,
Eliseo quedó lleno de su espíritu

Lectura del libro del Eclesiástico 48, 1-14

Después surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha. El atrajo el hambre sobre ellos y con su celo los diezmó. Por la palabra del Señor, cerró el cielo, y también hizo caer tres veces fuego de lo alto. ¡Qué glorioso te hiciste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién puede jactarse de ser igual a ti?
Tú despertaste a un hombre de la muerte y de la morada de los muertos, por la palabra de Altísimo. Tú precipitaste a reyes en la ruina y arrojaste de su lecho a hombres insignes; tú escuchaste un reproche en el Sinaí y en el Horeb una sentencia de condenación; tú ungiste reyes para ejercer la venganza y profetas para ser tu sucesores; tú fuiste arrebatado en un torbellino de fuego por un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros aplacarás la ira antes que estalle, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos y restablecer las tribus de Jacob.
¡Felices los que te verán y los que se durmieron en el amor, porque también nosotros poseeremos la vida! Cuando Elías fue llevado en un torbellino, Eliseo quedó lleno de su espíritu. Durante su vida ningún jefe lo hizo temblar, y nadie pudo someterlo. Nada era demasiado difícil para él y hasta en la tumba profetizó su cuerpo. En su vida, hizo prodigios y en su muerte, realizó obras admirables.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 96, 1-2. 3-4. 5-6. 7 (R.: 12a)

R. Alégrense, justos, en el Señor.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Nubes y Tinieblas lo rodean,
la Justicia y el Derecho son la base de su trono. R.

Un fuego avanza ante él
y abrasa a los enemigos a su paso;
sus relámpagos iluminan el mundo;
al verlo, la tierra se estremece. R.

Las montañas se derriten como cera
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.
Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Se avergüenzan los que sirven a los ídolos,
los que se glorían en dioses falsos;
todos los dioses se postran ante él. R.

ALELUIA Rm 8, 15bc

Aleluia.
Han recibido el espíritu de hijos adoptivos,
que nos hace llamar a Dios ¡Abba!,
es decir, ¡Padre!
Aleluia.

EVANGELIO

Vosotros orad de esta manera

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 7-15

Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a stedes.

Palabra del Señor.


Homilía

«Las palabras se las lleva el viento», reza una conocidísima frase. La misma recoge la experiencia siempre actual del hastío del ser humano ante las palabras vacías, sin contenido, sin fuerza. Es decir, sin compromiso. En el fondo, quien habla mucho intenta esconder que no tiene nada para decir. Algo similar ocurre con la oración. Quien dice muchas cosas, una atrás de la otra y no se detiene a escuchar su corazón y a identificar lo que necesita realmente decirle a Dios, no llega a rezar de verdad, es decir a entablar un diálogo.

Es cierto que la oración tiene un aspecto de desahogo y se funda en la confianza, por lo tanto debe estar garantizada la espontaneidad, la no censura. Tenemos la libertad, frente a Dios, de expresar cualquier cosa que esté habitando nuestro corazón. Pero no debemos perder de vista que, en definitiva, las palabras son un vehículo para el encuentro con Él. Como tan bellamente dice Jesús en el evangelio. Él ya sabe, antes incluso que nosotros mismos, lo que vamos a contarle. No necesita una descripción de nuestra situación, sino nuestro corazón abierto y disponible para recibirlo y escucharlo.

Por eso el Señor enseña la oración del Padrenuestro. Son formulas breves y sencillas que manifiestan cómo nos ponemos ante Dios. Lo reconocemos como Padre. Le pedimos que renueve nuestra confianza en que siempre vela por nosotros, que nos dé un corazón semejante al suyo, que nos haga tener memoria de la misericordia que hemos experimentado, para que se convierta en motor de todas nuestras obras.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
UNDÉCIMA SEMANA
MIÉRCOLES

Año par

Un carro de fuego los separó y Elías subió al cielo

Lectura del segundo libro de los Reyes 2, 1. 6-14

Esto es lo que sucedió cuando el Señor arrebató a Elías y lo hizo subir al cielo en el torbellino. Elías y Eliseo partieron de Guilgal, y Elías le dijo: «Quédate aquí, porque el Señor me ha enviado al Jordán.» Pero Eliseo respondió: «Juro por la vida del Señor y por tu propia vida que no te dejaré.» Y se fueron los dos.
Cincuenta hombres de la comunidad de profetas fueron y se pararon enfrente, a una cierta distancia, mientras los dos estaban de pie a la orilla del Jordán.
Elías se quitó el manto, lo enrolló y golpeó las aguas. Estas se dividieron hacia uno y otro lado, y así pasaron los dos por el suelo seco. Cuando cruzaban, Elías dijo a Eliseo: «Pide lo que quieres que haga por ti antes de que sea separado de tu lado.» Eliseo respondió: «¡Ah, si pudiera recibir las dos terceras partes de tu espíritu!» «¡No es nada fácil lo que pides!, dijo Elías; si me ves cuando yo sea separado de tu lado, lo obtendrás; de lo contrario, no será así.»
Y mientras iban conversando por el camino, un carro de fuego, con caballos también de fuego, los separó a uno del otro, y Elías subió al cielo en el torbellino.
Al ver esto, Eliseo gritó: «¡Padre mío! ¡Padre mío! ¡Carro de Israel y su caballería!» Y cuando no lo vio más, tomó sus vestiduras y las rasgó en dos pedazos. Luego recogió el manto que se le había caído a Elías de encima, se volvió y se detuvo al borde del Jordán.
Después, con el manto que se le había caído a Elías, golpeó las aguas, pero estas no se dividieron. Entonces dijo: «¿Dónde está el Señor, el Dios de Elías?» El golpeó otra vez las aguas; estas se dividieron hacia uno y otro lado, y Eliseo cruzó.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 30, 20. 21. 24 (R.: 25)

R. Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor.

¡Qué grande es tu bondad, Señor!
Tú la reservas para tus fieles;
y la brindas a los que se refugian en ti,
en la presencia de todos. R.

Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres;
y los escondes en tu Tienda de campaña,
lejos de las lenguas pendencieras. R.

Amen al Señor, todos sus fieles,
porque él protege a los que son leales
y castiga con severidad a los soberbios. R.

ALELUIA Jn 14, 23

Aleluia.
Dice el Señor: El que me ama será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará e iremos a él.
Aleluia.

EVANGELIO

Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 6, 1-6. 16-18

Jesús dijo a sus discípulos: Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.


Homilía

Este pasaje del Sermón de la Montaña se proclama todos los años el Miércoles de Ceniza, al comenzar el tiempo de Cuaresma. Podemos comprender así que se trata de una enseñanza muy relevante para nuestro camino espiritual. El modo de vivir nuestras prácticas de fe.

Para los judíos la limosna, la oración y el ayuno eran las medios más importantes para ser fieles a la enseñanza de la Ley, junto con la observancia del descanso sabático y el culto en el Templo. La limosna hace referencia a la relación con los demás, la oración, a la relación con Dios y el ayuno, a la relación con uno mismo. No tienen una finalidad en sí mismas. Adquieren sentido en la medida en que disponen a vivir mejor una dimensión de la vida. Por eso se las vacía de contenido si se las pone al servicio de construir la propia imagen, en este caso una imagen pseudo-religiosa.

Con sus palabras Jesús desenmascara esta situación y corrige y purifica el sentido de ayunar, orar y hacer limosna. Esas tradicionales costumbres piadosas son valiosas si nos llevan a vivir trasparentemente delante de la mirada del Padre. Hacer todo eso en secreto no es esconderse sino cobrar conciencia que siempre estamos ante sus ojos. De ahí que todo lo que hagamos es valorado por Él. ¡Qué alegría y qué libertad! No se necesita el aplauso o la aprobación de nadie. Se vive en paz, con el corazón sereno, en continuo agradecimiento. Pidamos al Corazón de Jesús la gracia de vivir de ese modo nuestra fe.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
UNDÉCIMA SEMANA
MARTES

Año par

Has hecho pecar a Israel

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 17-29

Después que murió Nabot, la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso, así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí también lamerán tu sangre.»
Ajab respondió a Elías: «¡Me has sorprendido, enemigo mío!»
«Sí, repuso Elías, te he sorprendido, porque te has prestado a hacer lo que es malo a los ojos de Señor. Yo voy a atraer la desgracia sobre ti: barreré hasta tus últimos restos y extirparé a todos los varones de la familia de Ajab, esclavos o libres en Israel. Dejaré tu casa como la de Jeroboám, hijo de Nebat, y como la de Basá, hijo de Ajías, porque has provocado mi indignación y has hecho pecar a Israel. Y el Señor también ha hablado contra Jezabel, diciendo: Los perros devorarán la carne de Jezabel en la parcela de Izreel. Al de la familia de Ajab que muera en la ciudad, se lo comerán los perros, y al que muera en despoblado, se lo comerán los pájaros del cielo.»
No hubo realmente nadie que se haya prestado como Ajab para hacer lo que es malo a los ojos del Señor, instigado por su esposa Jezabel. El cometió las peores abominaciones, yendo detrás de los ídolos, como lo habían hecho los amorreos que el Señor había desposeído delante de los israelitas. Cuando Ajab oyó aquellas palabras, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal sobre su carne, y ayunó. Se acostaba con el sayal y andaba taciturno. Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «¿Has visto cómo Ajab se ha humillado delante de mí, no atraeré la desgracia mientras él viva, sino que la haré venir sobre su casa en tiempos de su hijo.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 50, 3-4. 5-6a. 11 y 16 (R.: cf. 3a)

R. Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado! R.

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos. R.

Aparta tu vista de mis pecados
y borra todas mis culpas.
¡Líbrame de la muerte, Dios, salvador mío,
y mi lengua anunciará tu justicia! R.

ALELUIA Jn 13, 34

Aleluia.
Dice el Señor: Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado.
Aleluia.

EVANGELIO

Amad a vuestros enemigos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 43-48

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos? Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.


Homilía

Las palabras de Jesús, que recoge este pasaje del Evangelio según san Mateo, son fundamentales para una correcta comprensión de la espiritualidad cristiana. La perfección a la que llama el Señor tiene un contenido muy concreto que desafía nuestra manera espontánea y tradicional de comprenderla. Cuando pensamos en ella, generalmente la asociamos a una noción más bien filosófica que religiosa, el estoicismo. Según esa corriente de pensamiento, ser perfecto sería, muy simplificadamente, carecer de errores.

Sin hacer demasiado esfuerzo notamos inmediatamente que no es eso a lo que se refiere Jesús cuando insiste en que seamos perfectos como el Padre. La perfección a la que hace referencia tiene que ver con la capacidad de amar y de hacer el bien de Dios. No solamente a quienes «se lo merecen», sino a todos. Los destinatarios de su amor y bondad no poseen méritos o cualidades particulares, tampoco se espera de ellos alguna retribución particular. La causa, el motivo y la potencia de la acción de amar y hacer el bien están en quien la realiza. Eso alcanza y sobra.

Por supuesto, estamos habitualmente muy lejos de poder vivir de esa manera, por eso necesitamos acercarnos con humildad a beber de la fuente de esa capacidad de amar: el corazón de Jesús. Pedimos la gracia de ser perfectos, como el Padre del cielo es perfecto.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
UNDÉCIMA SEMANA
LUNES

Año par

Nabot fue apedreado y murió

Lectura del primer libro de los Reyes 21, 1-19

Nabot, el izreelita, tenía una viña en Izreel, al lado del palacio de Ajab, rey de Samaría. Ajab dijo a Nabot: «Dame tu viña para hacerme una huerta, ya que está justo al lado de mi casa. Yo te daré a cambio una viña mejor o, si prefieres, te pagaré su valor en dinero.»
Pero Nabot respondió a Ajab: «¡El Señor me libre de cederte la herencia de mis padres!»
Ajab se fue a su casa malhumorado y muy irritado por lo que le había dicho Nabot, el izreelita: «No te daré la herencia de mis padres.» Se tiró en su lecho, dio vuelta la cara y no quiso probar bocado. Entonces fue a verlo su esposa Jezabel y le preguntó: «¿Por qué estás tan malhumorado y no comes nada?»
El le dijo: «Porque le hablé a Nabot, el izreelita, y le propuse: «Véndeme tu viña o, si quieres, te daré otra a cambio.» Pero él respondió: «No te daré mi viña.»»
Su esposa Jezabel le dijo: «¿Así ejerces tú la realeza sobre Israel? ¡Levántate, come y alégrate! ¡Yo te daré la viña de Nabot, el izreelita!»
En seguida escribió una carta en nombre de Ajab, la selló con el sello del rey y la envió a los ancianos y a los notables de la ciudad, conciudadanos de Nabot. En esa carta escribió: «Proclamen un ayuno y en la asamblea del pueblo hagan sentar a Nabot en primera fila. Hagan sentar enfrente a dos malvados, que atestigüen contra él, diciendo: «Tú has maldecido a Dios y al rey.» Luego sáquenlo afuera y mátenlo a pedradas.»
Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables, conciudadanos de Nabot, obraron de acuerdo con lo que les había mandado Jezabel, según lo que estaba escrito en la carta que les había enviado. Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot en primera fila. En seguida llegaron dos malvados que se le sentaron enfrente y atestiguaron contra él diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey.» Entonces lo sacaron fuera de la ciudad y lo mataron a pedradas. Y mandaron decir a Jezabel: «Nabot fue apedreado y murió.»
Cuando Jezabel se enteró de que Nabot había sido matado a pedradas, dijo a Ajab: «Ya puedes tomar posesión de la viña de Nabot, esa que él se negaba a venderte, porque Nabot ya no vive: está muerto.» Apenas oyó Ajab que Nabot estaba muerto, bajó a la viña de Nabot, el izreelita, para tomar posesión de ella.
Entonces la palabra del Señor llegó a Elías, el tisbita, en estos términos: «Baja al encuentro de Ajab, rey de Israel en Samaría. Ahora está en la viña de Nabot: ha bajado allí para tomar posesión de ella. Tú le dirás: Así habla el Señor: ¡Has cometido un homicidio, y encima te apropias de lo ajeno! Por eso así habla el Señor: En el mismo sitio donde los perros lamieron la sangre de Nabot, allí también lamerán tu sangre».

Palabra de Dios.

SALMO Sal 5, 2-3a. 5-6. 7 (R.: 2b)

R. Señor, atiende a mis gemidos.

Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos;
oye mi clamor, mi Rey y mi Dios. R.

Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada. R.

Tú detestas a los que hacen el mal
y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor! R.

ALELUIA Sal 118, 105

Aleluia.
Tu palabra es una lámpara para mis pasos
y una luz en mi camino.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo os digo que no hagáis frente al que os hace mal

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-42

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él. Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Palabra del Señor.


Homilía

La primera frase de este pasaje del Evangelio según san Mateo generalmente nos parece exagerada y hasta injusta. Pero si nos detenemos a pensarla un momento nos daremos cuenta que no es así. Es más, comprenderemos el sentido de justicia que se manifiesta en ella. «Ojo por ojo y diente por diente» era un modo de poner límite a la sed de revancha que anida en la persona que ha sido herida. ¿Hasta dónde tengo derecho a ser restituido? Hasta recibir lo mismo que se me quitó. Esa sería la correcta interpretación.

La función de la ley es, justamente, establecer parámetros objetivos de justicia, a partir de los cuales los seres humanos puedan realizar una convivencia provechosa para todos. Por eso, cuando el Señor la corrige, no debemos entender que niegue su valor sino que lo supera, como ocurre con cada parte de la Ley que comenta. En el corazón de Jesús habitan criterios que van más allá de la ley en su capacidad de crear condiciones de vida digna y feliz para la humanidad.

Con estas palabras nos propone, sencillamente, la mansedumbre. Una caricatura de esta virtud es la pasividad ante la vida y la falta de respuesta frente a los estímulos exteriores. Una especie de apatía o de falta de carácter y entusiasmo. Seguramente ese modo de entenderla es una excusa camuflada para no aceptar el desafío que implica practicarla. Por cierto, hace falta mucho coraje, fortaleza interior, profundidad y madurez en la vida espiritual. No se trata de una actitud sino de una respuesta serena, amable y, al mismo tiempo firme, frente a la injusticia sufrida. La respuesta que, con la más profunda humildad, dio Jesús frente a quienes lo lastimaron. Pidamos la gracia de poder responder como Él.



TIEMPO DURANTE EL AÑO – «A»
SOLEMNIDAD
DEL SANTÍSIMO CUERPO
Y SANGRE DE CRISTO

Te dio un alimento
que ni tú ni tus padres conocían

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo diciendo: «Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos. Te afligió y te hizo sentir hambre, pero te dio a comer el maná, ese alimento que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.
No olvides al Señor, tu Dios, que te hizo salir de Egipto, de un lugar de esclavitud, y te condujo por ese inmenso y temible desierto, entre serpientes abrasadoras y escorpiones. No olvides al Señor, tu Dios, que en esa tierra sedienta y sin agua, hizo brotar para ti agua de la roca, y en el desierto te alimentó con el maná, un alimento que no conocieron tus padres.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 147, 12-15.19-20

R. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

O bien:

Aleluia.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

Hay un solo pan.
Todos nosotros, aunque somos muchos,
formamos un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto
10, 16-18

Hermanos:
La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan. Pensemos en Israel según la carne: aquellos que comen las víctimas, ¿no están acaso en comunión con el altar?

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Esta secuencia es optativa y puede decirse íntegra desde * Este es el pan de los ángeles.

Glorifica, Sión, a tu Salvador,
aclama con himnos y cantos
a tu Jefe y tu Pastor.

Glorifícalo cuanto puedas,
porque él está sobre todo elogio
y nunca lo glorificarás bastante.

El motivo de alabanza
que hoy se nos propone
es el pan que da la vida.

El mismo pan que en la Cena
Cristo entregó a los Doce,
congregados como hermanos.

Alabemos ese pan con entusiasmo,
alabémoslo con alegría,
que resuene nuestro júbilo ferviente.

Porque hoy celebramos el día
en que se renueva la institución
de este sagrado banquete.

En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua de la nueva alianza
pone fin a la Pascua antigua.

El nuevo rito sustituye al viejo,
las sombras se disipan ante la verdad,
la luz ahuyenta las tinieblas.

Lo que Cristo hizo en la Cena,
mandó que se repitiera
en memoria de su amor.
Instruidos con su enseñanza,
consagramos el pan y el vino
para el sacrificio de la salvación.

Es verdad de fe para los cristianos
que el pan se convierte en la carne,
y el vino, en la sangre de Cristo.

Lo que no comprendes y no ves
es atestiguado por la fe,
por encima del orden natural.

Bajo la forma del pan y del vino,
que son signos solamente,
se ocultan preciosas realidades.

Su carne es comida, y su sangre, bebida,
pero bajo cada uno de estos signos,
está Cristo todo entero.

Se lo recibe íntegramente,
sin que nadie pueda dividirlo
ni quebrarlo ni partirlo.

Lo recibe uno, lo reciben mil,
tanto éstos como aquél,
sin que nadie pueda consumirlo.

Es vida para unos y muerte para otros.
Buenos y malos, todos lo reciben,
pero con diverso resultado.

Es muerte para los pecadores y vida para los justos;
mira como un mismo alimento
tiene efectos tan contrarios.

Cuando se parte la hostia, no vaciles:
recuerda que en cada fragmento
está Cristo todo entero.

La realidad permanece intacta,
sólo se parten los signos,
y Cristo no queda disminuido,
ni en su ser ni en su medida.

* Este es el pan de los ángeles,
convertido en alimento de los hombres peregrinos:
es el verdadero pan de los hijos,
que no debe tirarse a los perros.

Varios signos lo anunciaron:
el sacrificio de Isaac,
la inmolación del Cordero pascual
y el maná que comieron nuestros padres.

Jesús, buen Pastor, pan verdadero,
ten piedad de nosotros:
apaciéntanos y cuídanos;
permítenos contemplar los bienes eternos
en la tierra de los vivientes.

Tú, que lo sabes y lo puedes todo,
tú, que nos alimentas en este mundo,
conviértenos en tus comensales del cielo,
en tus coherederos y amigos,
junto con todos los santos.

ALELUIA Jn 6, 51

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente.
Aleluia.

EVANGELIO

Mi carne es la verdadera comida,
y mi sangre, la verdadera bebida

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-58

Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.»

Palabra del Señor.


Homilía

El domingo pasado, luego de concluir el tiempo pascual, celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Decíamos que el sentido de esa celebración es cobrar conciencia que la obra de la redención tiene su fuente en el misterio de Dios mismo: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy, al celebrar la Solemnidad de Corpus Christi, el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, nos damos cuenta que todo eso es accesible a nosotros por el sacramento de la Eucaristía. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado para nuestra salvación, se hace presente cuando el pan y el vino se convierten, por obra del Espíritu Santo, en su Cuerpo y su Sangre, para ofrecerse a nosotros como alimento de Vida eterna.

La primera lectura toma un pasaje del Libro del Deuteronomio que narra cómo el pueblo de Israel fue alimentado providencialmente por Dios durante su largo peregrinar por el desierto. El salmo da gloria a Dios que vela con amor por su pueblo. La segunda lectura, tomada de la Primera Carta de san Pablo a los corintios, destaca que la comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos hace formar parte de un mismo Cuerpo. El pasaje del Evangelio según san Juan pertenece al capítulo VI, conocido como el «Discurso del Pan de Vida». Allí Jesús se presenta como el pan vivo, bajado del cielo, que da Vida al mundo.

Entre las distintas imágenes que describen la vida humana se destaca la del camino. Nacer, crecer, desarrollarse, acertar, errar, triunfar, fracasar, etc. y morir. Todo eso puede ser entendido como un peregrinar: caminar con un rumbo, hacerlo por etapas, esforzarse, detenerse, descansar, recuperar fuerzas para seguir, etc., hasta, finalmente, llegar. El alimento es indispensable para quien camina. Sin él se carece de la energía necesaria para afrontar el desafío. Entre los nutrientes fundamentales se encuentra el agua. Por eso comida y bebida son los símbolos más universales de la vida y se vuelven imprescindibles para que, quien camina, alcance su meta.

En el camino de la vida nos alimentamos de enseñanzas, consejos, encuentros, etc. Todo ello refiere a personas y vivencias. Podemos decir que, de algún modo, terminan siendo parte de nosotros mismos. Jesús, al presentarse como el pan de la Vida y al manifestar lo necesario que es alimentarnos de Él, toma esa experiencia y la lleva a su expresión más honda.

Además, revela algo que desde la mirada solamente natural no podríamos comprender. Cuando comemos su Cuerpo y bebemos su Sangre no lo hacemos parte nuestra, no lo asimilamos a nosotros, como sucede con los alimentos, sino que llegamos a ser parte de Él, nos convertimos en Él. De ahí que sea, al mismo tiempo, alimento para el camino y anticipo del encuentro definitivo. Así, en la Eucaristía, se viven la pertenencia y la permanencia. Alcanzamos la comunión con Él y con todos los que se vinculan a Él por la fe y el amor. Somos hechos realmente miembros vivos del Cuerpo de Cristo, animados por un mismo Espíritu.

A pesar de las dificultades que en este tiempo tenemos para participar de la celebración de la Eucaristía y de comulgar, damos gracias en este día por el regalo inmenso que Dios nos hace en este sacramento. Pedimos la gracia de alimentarnos siempre de él en la comunión sacramental y en la adoración eucarística. Y vivir así como Cuerpo de Cristo que se sigue entregando al mundo para darle Vida.

 



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DÉCIMA SEMANA
SÁBADO

Año par

Eliseo partió y fue detrás de Elías

Lectura del primer libro de Reyes 19, 19-21

En aquellos días:
Elías partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Delante de él había doce yuntas de bueyes, y él iba con la última. Elías pasó cerca de él y le echó encima su manto.
Eliseo dejó sus bueyes, corrió detrás de Elías y dijo: «Déjame besar a mi padre y a mi madre; luego te seguiré.»
Elías le respondió: «Sí, puedes ir. ¿Qué hice yo para impedírtelo?»
Eliseo dio media vuelta, tomó la yunta de bueyes y los inmoló. Luego, con los arneses de los bueyes, asó la carne y se la dio a su gente para que comieran. Después partió, fue detrás de Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10 (R.: 5a)

R. Señor, tú eres la parte de mi herencia.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien,
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

ALELUIA Sal 118, 36a. 29b

Aleluia.
Inclina mi corazón hacia tus prescripciones
y dame la gracia de conocer tu ley.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo os digo que no juréis de ningún modo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

Palabra del Señor.


Homilía

La exigencia que plantea Jesús respecto de este aspecto de la Ley tiene que ver con la credibilidad de nuestras palabras. En el Antiguo Testamento estaba estipulado cuales eran los juramentos permitidos y cuáles los motivos que los justificaban. Todo ello al servicio de una mayor fidelidad en el cumplimiento de la palabra empeñada.

El Señor se da cuenta que, a pesar de su correcta intencionalidad, ese sistema termina provocando discusiones minuciosas que llevan a quienes intervienen en ellas a no hacerse plenamente responsables de sus acciones. De ahí que su enseñanza sea escueta, simple y, a la vez, muy profunda: «cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno».

Podemos reflexionar rápidamente y quedarnos pensando: ¡Cuántas veces hablamos de más para disimular nuestras equivocaciones o debilidades! Para que no sean tan notorias nuestras faltas de generosidad, nuestras ambiciones o segundas intenciones. ¡Qué fácil camuflamos nuestros intereses, más o menos torcidos, detrás de medias verdades! Por supuesto que no siempre es así y también hay acciones ordenadas rectamente al bien. Por eso es tan importante seguir este consejo de Jesús. No hablar de más. No ponerle dramatismo a nuestras palabras, pronunciando promesas solemnes. Por el contrario, ser muy concisos en el hablar y concretos, comprometidos y coherentes en el obrar.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DÉCIMA SEMANA
VIERNES

Año par

Quédate de pie en la montaña, delante del Señor

Lectura del primer libro de los Reyes 19, 8-9. 11-16

Elía se levantó, comió y bebió, y fortalecido con ese alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios, el Horeb. Allí entró en la gruta y pasó la noche.
Allí, le fue dirigida la palabra del Señor: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor.» Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta.
Entonces le llegó una voz, que decía: «¿Qué haces aquí, Elías?.»
El respondió: «Me consumo de celo por el Señor, el Dios de los ejércitos, porque los israelitas abandonaron tu alianza, derribaron tus altares y mataron a tus profetas con la espada. He quedado yo solo y tratan de quitarme la vida.»
El Señor le dijo: «Vuelve por el mismo camino, hacia el desierto de Damasco. Cuando llegues, ungirás a Jazael como rey de Arám. A Jehú, hijo de Nimsí, lo ungirás rey de Israel, y a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, lo ungirás profeta en lugar de ti.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 26, 7-8a. 8b-9c. 13-14 (R.: 8b)

R. Yo busco tu rostro, Señor.

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen mi rostro.» R.

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.

ALELUIA Flp 2, 15d. 16a

Aleluia.
Brillen como haces de luz en el mundo,
mostrando la Palabra de Vida.
Aleluia.

EVANGELIO

El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 27-32

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Palabra del Señor.


Homilía

Jesús continúa adelante con su enseñanza sobre la Ley. En esta oportunidad parece, a primera vista, severamente exigente en su interpretación de la misma. Las situaciones que plantea son muy drásticas y difícilmente alguien podría considerarse en condiciones de vivir plenamente tales recomendaciones.

En realidad, lo que el Señor dice es exagerado de manera intencionada. Busca llamar la atención y provocar una reacción de valoración sobre lo que se enseña. Como cuando nosotros en nuestro lenguaje decimos, por ejemplo «me quiero morir», para expresar nuestra sorpresa. Nadie tomaría literalmente nuestras palabras sino que, nuestro interlocutor, comprendería que se trata de una expresión de asombro genuino. Del mismo modo, Jesús no pretende que nos saquemos un ojo de la cara o que amputemos algún miembro de nuestro cuerpo. Busca trasmitirnos que si eso nos parece grave (y realmente lo sería), cuánto más grave son las consecuencias que el pecado deja en nosotros y en los demás.

La falta de amor (eso es en esencia el pecado) corroe nuestra dignidad. Fuimos hechos para vivir en el amor. Y un amor que se concreta en obras. Siguiendo los ejemplos propuestos por Jesús podríamos decir: cómo miramos a los demás (como objetos para nuestra satisfacción o como destinatarios de nuestro amor), cómo los tocamos o les tendemos la mano (con dureza, frialdad y actitud calculadora o con ternura, servicialidad y generosidad). Pidamos la gracia que estas expresiones llamativas despierten nuestra conciencia y nos ayuden a crecer en nuestra capacidad de vivir según el evangelio.



11 de junio
San Bernabé
apóstol
Memoria

Era un hombre bondadoso,
lleno del Espíritu Santo y de mucha fe

Lectura de los Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3

En aquellos días, muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor.
Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado».
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 97, 1-6

R. El Señor reveló su justicia a los ojos de las naciones.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey. R.

ALELUIA Mt 28, 19a. 20b

Aleluia.
«Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo»,
dice el Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

Habéis recogido gratuitamente,
dad también gratuitamente

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 7-13

Jesús envió a sus doce apóstoles, diciéndoles: Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Sanen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Palabra del Señor.


Homilía

Hoy se celebra la memoria del apóstol san Bernabé. No pertenece al grupo original de los doce sino que, al igual que san Pablo, ocupa este lugar en atención a la relevancia de su tarea misionera. El Libro de los Hechos de los Apóstoles lo muestra en estrecha colaboración con él y resalta la importancia de su misión y su testimonio evangélico en la primitiva comunidad cristiana, especialmente en la ciudad de Antioquía.

El pasaje del Evangelio según san Mateo que hoy se proclama, narra el envío de los doce apóstoles a la misión, por parte de Jesús. Lo que ellos han de hacer es lo que hace Él mismo: comunicar la vida que viene de Dios. Sin otra seguridad en la que apoyarse que la palabra de aquel que los ha enviado. Con la confianza de saber que serán sostenidos por su amor.

Particularmente la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, muestra cómo la misión a la que ha enviado Jesús a los apóstoles, continúa a lo largo de la historia. Va dando frutos en la vida de los que aceptan el evangelio, en continuidad con ese mandato del Señor. Los que acogen la palabra de sus enviados reciben la paz que viene de Dios. Pedimos para nuestra comunidad parroquial y para nuestras familias, pequeñas iglesias domésticas, la gracia de recibir con fe la Buena Noticia del Reino.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DÉCIMA SEMANA
MIÉRCOLES

Año par

Que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios,
y que le has cambiado el corazón

Lectura del primer libro de los Reyes 18, 20-39

El rey Ajab mandó buscar a todos los israelitas y reunió a los profetas sobre el monte Carmelo. Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: «¿Hasta cuándo van a andar rengueando de las dos piernas? Si el Señor es Dios, síganlo; si es Baal, síganlo a él.»
Pero el pueblo no le respondió ni una palabra. Luego Elías dijo al pueblo: «Como profeta del Señor, he quedado yo solo, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta. Traigamos dos novillos; que ellos se elijan uno, que lo despedacen y lo pongan sobre la leña, pero sin prender fuego. Yo haré lo mismo con el otro novillo: lo pondré sobre la leña y tampoco prenderé fuego. Ustedes invocarán el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor: el dios que responda enviando fuego, ese es Dios.»
Todo el pueblo respondió diciendo: «¡Está bien!.»
Elías dijo a los profetas de Baal: «Elíjanse un novillo y prepárenlo ustedes primero, ya que son los más numerosos; luego invoquen el nombre de su dios, pero no prendan fuego.» Ellos tomaron el novillo que se les había dado, lo prepararon e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: «¡Respóndenos, Baal!.» Pero no se oyó ninguna voz ni nadie que respondiera. Mientras tanto, danzaban junto al altar que habían hecho.
Al mediodía, Elías empezó a burlarse de ellos, diciendo: «¡Griten bien fuerte, porque es un dios! Pero estará ocupado, o ausente, o se habrá ido de viaje. A lo mejor está dormido y se despierta.»
Ellos gritaron a voz en cuello y, según su costumbre, se hacían incisiones con cuchillos y punzones, hasta chorrear sangre. Y una vez pasado el mediodía, se entregaron al delirio profético hasta la hora en que se ofrece la oblación. Pero no se oyó ninguna voz, ni hubo nadie que respondiera o prestara atención.
Entonces Elías dijo a todo el pueblo: «¡Acérquense a mí!.» Todo el pueblo se acercó a él, y él restauró el altar del Señor que había sido demolido: tomó doce piedras, conforme al número de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dirigido su palabra, diciéndole: «Te llamarás Israel», y con esas piedras erigió un altar al nombre del Señor. Alrededor del altar hizo una zanja, como un surco para dos medidas de semilla. Luego dispuso la leña, despedazó el novillo y lo colocó sobre la leña. Después dijo: «Llenen de agua cuatro cántaros y derrámenla sobre el holocausto y sobre la leña.»
Así lo hicieron. El añadió: «Otra vez.» Lo hicieron por segunda vez, y él insistió: «Una vez más.» Lo hicieron por tercera vez. El agua corrió alrededor del altar, y hasta la zanja se llenó de agua. A la hora en que se ofrece la oblación, el profeta Elías se adelantó y dijo: «¡Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya hice todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú el que les ha cambiado el corazón.» Entonces cayó el fuego del Señor: Abrazó el holocausto, la leña, las piedras y la tierra, y secó el agua de la zanja.
Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y dijo: «¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 1-2a. 4. 5 y 8. 11 (R.: 1)

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.» R.

Multiplican sus ídolos y corren tras ellos,
pero yo no les ofreceré libaciones de sangre,
ni mis labios pronunciarán sus nombres. R.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

ALELUIA Sal 24, 4b. 5a

Aleluia.
Señor, enséñame tus senderos,
guíame por el camino de tu fidelidad.
Aleluia.

EVANGELIO

No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 17-19

Jesús dijo a sus discípulos:
No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Palabra del Señor.


Homilía

Hay palabras que nos marcan a fuego. Algunas son capaces de orientar desde lo profundo el rumbo de nuestra vida, otras de ayudarnos a sanar, a confiar, de liberarnos de un gran peso, también de darnos claridad en medio de la confusión. Están aquellas que, sin ser particularmente solemnes, las recordamos entrañablemente, como cuando por primera vez los padres escuchan de sus hijos «mamá», «papá» o cuando un amigo nos dice en un momento especial «contá conmigo».

«La Ley y los Profetas», junto con «Los demás escritos», designan al Antiguo Testamento en su conjunto. En ellos están contenidas las palabras que Dios dirigió a su pueblo Israel. Expresan la alianza de amor entre ellos. Desde allí debemos interpretar la expresión de Jesús que nos trae este pasaje del Sermón de la Montaña, del Evangelio según san Mateo.

Cuando Jesús asegura que ni la más insignificante letra (una i) o signo de puntuación (una coma) quedarán sin cumplirse, afirma la profundidad y compromiso de Dios con su pueblo. Con Él no ocurre como tantas veces con nosotros. Cuando Dios habla, sus palabras no se las lleva el viento. Son eficaces, sólidas, estables. Su palabra es creadora, redentora y santificadora. Cumplir su palabra no es cuestión de obligación o compromiso tedioso sino de fidelidad en el amor. Pedimos al Corazón de Jesús la gracia de atesorar sus palabras, que nos dan vida, cumplirlas y trasmitirlas a los demás.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DÉCIMA SEMANA
MARTES

Año par

El tarro de harina no se agotó,
conforme a la palabra que había pronunciado el Señor
por medio de Elías

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 7-16

Al cabo de un tiempo, el torrente se secó porque no había llovido en la región. Entonces la palabra del Señor llegó a Elías en estos términos: «Ve a Sarepta, que pertenece a Sidón, y establécete allí; ahí yo he ordenado a una viuda que te provea de alimento.»
El partió y se fue a Sarepta. Al llegar a la entrada de la ciudad, vio a una viuda que estaba juntando leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme en un jarro un poco de agua para beber.» Mientras ella lo iba a buscar, la llamó y le dijo: «Tráeme también en la mano un pedazo de pan.»
Pero ella respondió: «¡Por la vida del Señor, tu Dios! No tengo pan cocido, sino sólo un puñado de harina en el tarro y un poco de aceite en el frasco. Apenas recoja un manojo de leña, entraré a preparar un pan para mí y para mi hijo; lo comeremos, y luego moriremos.»
Elías le dijo: «No temas. Ve a hacer lo que has dicho, pero antes prepárame con eso una pequeña galleta y tráemela; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así habla el Señor, el Dios de Israel: El tarro de harina no se agotará ni el frasco de aceite se vaciará, hasta el día en que el Señor haga llover sobre la superficie del suelo.»
Ella se fue e hizo lo que le había dicho Elías, y comieron ella, él y su hijo, durante un tiempo. El tarro de harina no se agotó ni se vació el frasco de aceite, conforme a la palabra que había pronunciado el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 4, 2-3. 4-5. 7-8 (R.: cf. 7)

R. Muéstranos, Señor, la luz de tu rostro.

Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor,
tú, que en la angustia me diste un desahogo:
ten piedad de mí y escucha mi oración.
Y ustedes, señores,
¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria,
amarán lo que falso y buscarán lo engañoso? R.

Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo:
él me escucha siempre que lo invoco.
Tiemblen, y no pequen más;
reflexionen en sus lechos y guarden silencio. R.

Hay muchos que preguntan:
«¿Quién nos mostrará la felicidad,
si la luz de tu rostro, Señor,
se ha alejado de nosotros?.»
Pero tú has puesto en mi corazón más alegría
que cuando abundan el trigo y el vino. R.

ALELUIA Mt 5, 16

Aleluia.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres
la luz que hay en ustedes,
a fin de que ellos vean sus buenas obras
y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Aleluia.

EVANGELIO

Vosotros sois la luz del mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos: Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.


Homilía

En nuestro modo de vivir la fe solemos sentirnos a gusto con la experiencia de ser acogidos por Dios, perdonados, amados incondicionalmente, etc. Y eso es bueno, porque verdaderamente es así. Lo que gratuitamente nos ofrece, es el fundamento de nuestra relación con Él. Quien es capaz de captar esta verdad fundamental pone los cimientos sólidos de su vida espiritual.

Sin embargo, también es necesario decir que no es lo único. Nuestra respuesta de amor es indispensable. Algunas veces esta dimensión de la fe se vive como una carga. Mandatos que cumplir, exigencias extrínsecas que no llegamos a conectar con esa realidad primera y profunda de lo que Dios nos ha dado.

Este pasaje del Sermón de la Montaña, ubicado inmediatamente después de las Bienaventuranzas, puede ayudarnos mucho. Al amarnos, Dios nos transforma. Lo que recibimos no sólo nos hace bien a nosotros; nos capacita, además, para ser colaboradores suyos. No se trata de una realidad sobreañadida, sino de vivir hasta el fondo el don recibido. Dios nos ha tomado muy en serio y por eso ha querido darnos parte en su tarea, nos ha hecho «sal de la tierra y luz del mundo».



TIEMPO DURANTE EL AÑO
DÉCIMA SEMANA
LUNES

Año par

Elías sirve al Señor, el Dios de Israel

Lectura del primer libro de los Reyes 17, 1-6

Elías el tisbita, de Tisbé en Galaad, dijo a Ajab: «¡Por la vida del Señor, el Dios de Israel, a quien yo sirvo, no habrá estos años rocío ni lluvia, a menos que yo lo diga!.»
La palabra del Señor le llegó en estos términos: «Vete de aquí; encamínate hacia el Oriente y escóndete junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. Beberás del torrente, y yo he mandado a los cuervos que te provean allí de alimento.»
El partió y obró según la palabra del Señor: fue a establecerse junto al torrente Querit, que está al este del Jordán. Los cuervos le traían pan por la mañana y carne por la tarde, y él bebía del torrente.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 120, 1-2. 3-4. 5-6. 7-8 (R.: cf. 2)

R. Nuestra ayuda nos viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R.

El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel. R.

El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche. R.

El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre. R.

ALELUIA Mt 5, 12

Aleluia.
Alégrense y regocíjense,
porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.
Aleluia.

EVANGELIO

Bienaventurados los que tienen alma de pobres

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 1-12

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:
«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Felices los afligidos, porque serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de
los Cielos.
Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a
causa de mí.
Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron.»

Palabra del Señor.


Homilía

En la décima semana del Tiempo durante el año, la liturgia cotidiana inicia la proclamación semicontinuada del Evangelio según san Mateo. Exceptuando los capítulos referidos a la infancia, a las tentaciones y bautismo del Señor, y al llamamiento de los primeros discípulos (Mt.1-4), comienza con el Sermón de la Montaña. Se llama así a los primeros capítulos de este Evangelio, donde Jesús se ubica como nuevo Moisés que, desde la montaña, en nombre de Dios, enseña al pueblo.

Las primeras palabras que el Señor dirige a los discípulos son las Bienaventuranzas. Este conjunto de frases breves, concisas y profundas que se encuentran en el pasaje del Evangelio de hoy, condensan toda la enseñanza de Jesús. Así lo ha entendido siempre la Tradición de la Iglesia. Han sido especialmente cautivadoras y decisivas en la vida de los santos. En la actualidad seguramente recordamos la constante mención que el Papa Francisco hace a ellas como guía segura y sólida de la vida cristiana. Más que un nuevo comentario a las mismas, vale la pena refrescar lo que nos enseña en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, Cap. III. Es de gran provecho leerlo completo. Aquí los N° 63-66:

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

64. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.

A contracorriente

65. Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

66. Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras.



Domingo después de Pentecostés – Año «A»
SOLEMNIDAD
DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

El Señor es un Dios compasivo y bondadoso

Lectura del libro del Éxodo 34, 4b-6. 8-9

Moisés subió a la montaña del Sinaí, como el Señor se lo había ordenado, llevando las dos tablas en sus manos. El Señor descendió en la nube, y permaneció allí, junto a él. Moisés invocó el nombre del Señor. El Señor pasó delante de él y exclamó: «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad.»
Moisés cayó de rodillas y se postró, diciendo: «Si realmente me has brindado tu amistad, dígnate, Señor, ir en medio de nosotros. Es verdad que este es un pueblo obstinado, pero perdona nuestra culpa y nuestro pecado, y conviértenos en tu herencia.»

Palabra de Dios.

SALMO Dn 3, 52-56

R. A ti, eternamente, gloria y honor.

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente. R.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente. R.

Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente. R.

La gracia de Jesucristo, el amor de Dios
y la comunión del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto
13, 11-13

Hermanos:
Alégrense, trabajen para alcanzar la perfección, anímense unos a otros, vivan en armonía y en paz. Y entonces, el Dios del amor y de la paz permanecerá con ustedes. Salúdense mutuamente con el beso santo. Todos los hermanos les envían saludos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo permanezcan con todos ustedes.

Palabra de Dios.

ALELUIA Cf. Apoc 1, 8

Aleluia.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
al Dios que es, que era y que vendrá.
Aleluia.

EVANGELIO

Dios envió a su Hijo
para que el mundo se salve por él

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-18

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Palabra del Señor.


Homilía

El tiempo de Pascua culmina con la celebración de la Solemnidad de Pentecostés. La mirada creyente de la Iglesia ha ido haciendo un repaso, durante todo ese tiempo, del misterio central de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Jesús, causa de nuestra salvación. Al domingo siguiente, éste que ahora celebramos, la atención se centra en la fuente de la que mana la obra de la redención: la Santísima Trinidad. Lo que Dios ha hecho nos muestra quién es Él.

La primera lectura, tomada del Libro del Éxodo, presenta a Dios manifestándose a Moisés. El salmo alaba a Dios que se revela en la creación, en la historia y en el culto. La segunda lectura, tomada de la Segunda Carta de san Pablo a los corintios, contiene consejos para que la comunidad permanezca unidad, apoyándose en una antigua confesión de fe en la Santísima Trinidad. El pasaje del Evangelio según san Juan sintetiza el sentido de la encarnación, muerte y resurrección de Jesús.

La historia de la humanidad está atravesada por la búsqueda de Dios. Por eso, todas las culturas y todas las religiones tienen algo para decir al respecto. Lo expresa muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica: «De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos (oraciones, sacrificios, cultos, meditaciones, etc.)» (CEC 28). «Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal» (CEC 35). Sin embargo, «existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias fuerzas, el de la Revelación divina» (CEC 50).

Al celebrar el misterio de la Santísima Trinidad reconocemos que no podríamos conocer a Dios verdaderamente si Él no se nos hubiera manifestado. Es Jesús quien, con sus palabras y su vida, nos revela el misterio de Dios. Él se reconoce a sí mismo como el Hijo Único, que lleva a cabo de manera perfecta la voluntad del Padre, animado y conducido en todo momento por el Espíritu Santo. El vínculo con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo es el núcleo fundamental de la fe que comunica a su Iglesia.

Un solo Dios verdadero y tres Personas divinas, en comunicación constante de amor, sin fisuras ni obstáculos. En ese nivel de entendimiento y comunión perfectos somos invitados gratuitamente a ingresar. El misterio de la Santísima Trinidad responde así al más profundo anhelo del corazón humano. Dios nos acoge con todas nuestras fragilidades, contradicciones y carencias. Con su misericordia nos sana y perdona. Nos enseña el camino y el modo de la comunión verdadera y nos capacita para ser artífices de ella en nuestras familias, en nuestra comunidad creyente, en nuestros grupos de pertenencia, y en los distintos ámbitos en los que se desarrolla nuestra vida.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
NOVENA SEMANA
SÁBADO

Año par

Realiza tu tarea como predicador del Evangelio.
Yo estoy a punto de ser derramado como una libación,
y el Señor me dará la corona de justicia

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8

Querido hermano: Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino,: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar. Porque llegará el tiempo en que los hombres no soportarán más la sana doctrina; por el contrario, llevados por sus inclinaciones, se procurarán una multitud de maestros que les alaguen los oídos, y se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas. Tú, en cambio, vigila atentamente, soporta todas las pruebas, realiza tu tarea como predicador del Evangelio, cumple a la perfección tu ministerio.
Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mi la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 70, 8-9.14-15ab.16-17-22

R. Mi boca contará tu auxilio, Señor.

Mi boca proclamará tu alabanza
y anuncia tu gloria todo el día.
No me rechaces en el tiempo de mi vejez,
no me abandones porque se agotan mis fuerzas. R.

Yo, por mi parte, seguiré esperando
y te alabaré cada vez más.
Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación. R.

Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es sólo tuya.
Dios mío, tu me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 38-44

Jesús enseñaba a la multitud: «Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y en los banquetes; que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad».
Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba como la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir».

Palabra del Señor.


Homilía

La enseñanza de Jesús provoca una manera nueva de mirar la realidad. No cambian las cosas sino nuestro modo de interpretarlas y de posicionarnos frente a ellas. En el caso planteado en esta escena del evangelio, se refiere a la necesidad de no dejarnos atrapar por las apariencias y vivir pendientes de ellas. Por el contrario, una verdadera actitud religiosa nos desafía a ir a lo profundo.

La parábola que narra muestra un contraste notorio entre la gran ofrenda de los ricos y la insignificante de la viuda. Quien presta una atención superficial sólo notara la cantidad, quien se detiene con la mirada transformada por el amor de Jesús, notará la calidad y la significación de cada una. Dar mucho cuando se tiene por demás no tiene tanto valor como dar algo muy pequeño cuando es todo lo que se posee. Eso es lo que, casi literalmente, dice el Señor.

Lo que está en juego, y a lo que se refiere el ejemplo, es nuestra actitud frente a Dios. En la vida de fe las ofrendas no son cosas sino símbolos de nosotros mismos. Dios no quiere nuestras cosas, nos quiere a nosotros. Y no nos obliga a entregarnos a Él. Nos invita, nos llama, nos atrae. Lo que cada uno le dé será una respuesta de amor. Para Él no tiene ninguna relevancia si es poco o si es mucho. Lo que importa es si representa lo esencial de nosotros o lo superfluo. Si lo que buscamos es responder con amor a tanto amor recibido o ganarnos el aplauso de los demás.

Pedimos al corazón de Jesús la gracia de entregarnos a Él como Él se entrega a nosotros.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
NOVENA SEMANA
VIERNES

Año par

Los que quieran ser fieles a Dios en Cristo Jesús,
tendrán que sufrir persecución

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 10-17

Querido hermano: Tu has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia, así como también las persecuciones y sufrimientos que debí soportar en Antioquía, Iconio y Listra. ¡Qué persecuciones no he tenido que padecer! Pero de todas me libró el Señor. Por lo demás, los que quieran ser fieles a Dios en Cristo Jesús, tendrán que sufrir persecución. Los pecadores y los impostores, en cambio, irán de mal en peor, y engañando a los demás, se engañarán a si mismos.
Pero tú permanece fiel a la doctrina que recibiste y de la que estás plenamente convencido: tú sabes de quiénes la has recibido. Recuerda que desde la niñez conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación, mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar y para argüir, para corregir y para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para hacer siempre el bien.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 118, 157.160-161.165-166.168

R. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor.

Muchos son los que me persiguen y me oprimen,
pero yo no me desvié de tus prescripciones.
Lo primordial de tu palabra es la verdad
y tus justos juicios permanecen para siempre. R.

Los poderosos me persiguen sin motivo
pero yo temo únicamente tu palabra.
Los que aman tu ley gozan de una gran paz,
nada los hace tropezar. R.

Yo espero tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandamientos.
Yo observo tus mandamientos y prescripciones,
y las amo intensamente. R.

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 35-37

Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: «¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.» Si el mismo David lo llama » Señor», ¿cómo puede ser hijo suyo?. La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Palabra del Señor.


Homilía

Jesús habla y enseña con libertad y autoridad. Esto sorprende a la gente y es causa de que muchos lo sigan y adhieran a Él. Su enseñanza es a la vez profunda, sólida y cercana a la realidad. Entusiasma, hace ver el misterio de Dios de un modo nuevo y muy conectado con la vida. En su frescura, no se deja condicionar por lo que los distintos grupos religiosos del momento enseñan. Tampoco por lo que a los oyentes les gustaría escuchar.

En esta escena del Evangelio según san Marcos, el Señor reinterpreta un elemento central de la esperanza del pueblo de Israel: quién es el Mesías esperado y cuál es su procedencia. Al hacerlo, cuestiona la enseñanza de los escribas. Estos, al decir que sería hijo de David, trasmitían la convicción de que la salvación que traería se refería a un cambio de mando en el poder terrenal. Así se alcanzaría un tiempo de paz y prosperidad, como en la época del rey David.

Con una sencilla referencia a la Palabra de Dios abre la mente y el corazón de sus oyentes a una esperanza mucho más grande. El que ha de venir no lo hará con la fuerza del poder humano sino de Dios. La salvación que traerá no será un mejoramiento de lo ya existente sino algo de otra naturaleza. Quienes creemos en Jesús sabemos de qué se trata. Por eso no ponemos nuestras expectativas en gobernantes, estrellas, científicos o héroes de cualquier tipo. Todos ellos pueden aportar algo maravilloso a este mundo, pero no pueden ofrecer la salvación. Ella se encuentra solamente en el corazón de Jesús. Pidamos la gracia de confiar y esperar siempre en Él.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
NOVENA SEMANA
JUEVES

Año par

La palabra de Dios no está encadenada.
Si hemos muerto con él, viviremos con él

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-15

Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, que resucitó de entre los muertos y es descendiente de David. Esta es la Buena Noticia que yo predico, por la cual sufro y estoy encadenado como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso soporto estas pruebas por amor a los elegidos, a fin de que ellos también alcancen la salvación que está en Cristo Jesús y participen de la gloria eterna.
Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con él, viviremos con él. Si somos constantes, reinaremos con él. Si renegamos de él, él también renegará de nosotros. Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo. No dejes de enseñar estas cosas, ni de exhortar delante de Dios a que se eviten las discusiones inútiles, que sólo sirven para perdición de quienes las escuchan. Esfuérzate en ser digno de la aprobación de Dios, presentándote ante él como un obrero que no tienen de qué avergonzarse y como un fiel dispensador de la Palabra de verdad.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 24, 4-5b. 8-9. 10 y 14 (R.:4a)

R. Muéstrame ,Señor, tus caminos.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi Salvador. R.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. R.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.
El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza. R.

ALELUIA Cf. 2Tim 1,10

Aleluia.
Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte,
e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia.
Aleluia.

EVANGELIO

No hay otro mandamiento más grande que éstos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28-34

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?»
Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos.»
El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.


Homilía

Los escribas eran especialistas en la Ley de Dios. Sabemos que éste era el pacto de amor que Él había sellado con su pueblo, Israel. Conocemos los diez mandamientos, pero en realidad, eran más de seiscientos los preceptos que un judío fiel tenía presentes para ser grato a Dios. Por eso los escribas eran consultados constantemente sobre la relevancia de unos y de otros. La pregunta que le es formulada a Jesús estaba en boca de todo aquel que quería vivir en fidelidad a la alianza.

Contemplando esta escena, podemos vernos rápidamente identificados. No es extraño que también nosotros por momentos nos veamos confundidos. Nos puede hacer mucho bien de tanto en tanto preguntarnos: ¿qué es lo más importante? Es decir, ¿en qué gasto mis energías? ¿en qué y en quienes invierto mi tiempo? ¿a quienes les dedico lo mejor de mí? ¿qué es lo que verdaderamente me importa? No lo que digo, sino lo que hago. Allí encontraré la respuesta.

Jesús brinda a este hombre sediento de sentido para su vida una respuesta sencilla y profunda. No es un gran discurso sino una breve puntualización: lo más importante es Dios y, después de él, los seres humanos, hechos a su imagen y semejanza. Una vida que pierde ese horizonte se malgasta, aunque pueda contar numerosos «éxitos». Quien no vive de cara a Dios y a los demás, malogra su existencia.

Es bueno detenernos ante este pasaje, cobrando conciencia que eso es lo que siempre está presente en el corazón de Jesús: Dios y nosotros. ¿Y en nuestro corazón? A veces, la adrenalina que nos provocan ciertas actividades o distracciones nos mantiene enajenados. Fuera de nosotros, viviendo con cierta automaticidad. Hoy queremos pararnos frente a Jesús y preguntarle también: ¿qué es lo más importante en mi vida? Dejar que nos responda y aceptar su palabra, para encontrarnos cerca del Reino de Dios.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
NOVENA SEMANA
MIÉRCOLES

Año par

Reaviva el don de Dios que has recibido
por la imposición de mis manos

Principio de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-3. 6-12

Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones.
Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo. Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia, de la cual he sido constituido heraldo, Apóstol y maestro.
Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido de que él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 122, 1-2a. 2bcd (R.: 1a)

R. Levanto mis ojos hacia ti, Señor.

Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor. R.

Como los ojos de la servidora están
en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros. R.

ALELUIA Jn 11, 25a. 26

Aleluia.
Dice el Señor:
Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que vive y cree en mí no morirá jamás.
Aleluia.

EVANGELIO

No es un Dios de muertos, sino de vivientes

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 18-27

Se acercaron a Jesús unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso: «Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: «Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda.»
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero; y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?»
Jesús les dijo: «¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios? Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo. Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error.»

Palabra del Señor.


Homilía

En épocas de Jesús, dentro del pueblo judío, existían distintos grupos religiosos. En el evangelio de ayer se nos hablaba, por ejemplo, de los fariseos y los herodianos. Los saduceos, que aparecen en esta escena, nuclean a los más ricos y con mayor poder. Los sacerdotes, en su mayoría, pertenecen a este grupo.

Una característica que señala el evangelio es que los saduceos negaban la posibilidad de la resurrección. Los fariseos, contrariamente, la afirmaban. Respecto de esto existían distintas posturas entre los judíos y no había un dogma universalmente aceptado. Es así que los saduceos proponen a Jesús una situación aparentemente contradictoria y ridícula. Pero los que terminan en ridículo son ellos.

La descendencia era entendida como bendición de Dios. Morir sin hijos era visto como una vida vacía. Una mujer viuda y sin hijos vivía penosamente. La tradición era que familiares directos del difunto la tomaran por esposa y completaran así el anhelo de vida, con la bendición de los hijos.

Los saduceos narran una historia ficticia, tomando elementos de la realidad, que tergiversan para afirmar su convicción: la resurrección es una posibilidad sin sentido. Lo que no dicen pero queda de manifiesto es que, entonces, lo único que cuenta es lo que podemos aprovechar en esta vida. Siendo los más ricos y poderosos, es una buena manera de afirmarse en su posición, sin poner en tela de juicio si eso es grato a Dios o no. Dicho de otra manera: negar la posibilidad de la resurrección no es algo que crean por haber encontrado fundamentos en la palabra de Dios; negar la resurrección es algo que les conviene para no cuestionar sus opciones en la vida.

Jesús responde tajantemente con algo que ellos conocen muy bien y a lo que los judíos dan la mayor reverencia: el nombre de Dios. YO SOY es el nombre sagrado. En varios pasajes de la Biblia aparece tal cual Jesús lo cita: YO SOY el Dios de Abrahám, Isaac y Jacob. Dios une su nombre inmortal al de seres humanos mortales. Si es así, es porque ellos viven en Dios.

La resurrección amplía el horizonte de nuestra mirada. Si todo no se termina con la muerte. Si nuestras obras tienen valor más allá de lo que conseguimos en este mundo, tienen un valor eterno, no es lo mismo vivir de un modo que de otro. Esta convicción movió a los apóstoles a dejar todo para ir detrás de Jesús, a los mártires a aceptar con paz la muerte por la fe, a tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia a renunciar a familia, propiedades, títulos para entregarse por amor a los demás, a tantos otros a perseverar en el amor fiel, perdonando, aceptando con paciencia y humildad las adversidades, etc. Pedimos al Corazón de Jesús que llene nuestros corazones con la certeza de la resurrección, para poder también nosotros perseverar en el amor fiel, hasta el final.



TIEMPO DURANTE EL AÑO
NOVENA SEMANA
MARTES

Año par

Lectura de la egunda arta del apóstol san Pedro 3, 11B-15A. 17-18

Hermanos: ¡Qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia. Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche. Tengan en cuenta que la paciencia del Señor es para nuestra salvación. Hermanos míos, ustedes están prevenidos.
Manténganse en guardia, no sea que, arrastrados por el extravío de los que hacen el mal, pierdan su firmeza. Crezcan en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea la gloria, ahora y en la eternidad!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 89, 2-4. 10. 14. 16

R. ¡Tú eres nuestro refugio, Señor!

Antes que fueran engendradas las montañas,
antes que nacieran la tierra y el mundo,
desde siempre y para siempre, tú eres Dios. R.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”.
Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche. R.

Nuestra vida dura apenas setenta años,
y ochenta, si tenemos más vigor:
en su mayor parte son fatiga y miseria,
porque pasan pronto, y nosotros nos vamos. R.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que tu obra se manifieste a tus servidores,
y que tu esplendor esté sobre tus hijos. R.

ALELUIA Cf. Ef 1, 17-18

Aleluya.
El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestros corazones,
para que podamos valorar la esperanza a la que hemos sido llamados.
Aleluya.

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 13-17

Le enviaron a Jesús unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?”. Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario”. Cuando se lo mostraron, preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”. Respondieron: “Del César”. Entonces Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta.

Palabra del Señor.


Homilía

El mes de junio lo dedica la Iglesia a contemplar el corazón divino y humano de Jesús, el Sagrado Corazón. La fiesta en la que se celebrará es el viernes siguiente al Domingo de Corpus Christi. Durante todo este tiempo contemplamos la Palabra de Dios desde la luz que arroja esta antigua y profunda devoción cristiana.

En este pasaje del evangelio Según san Marcos, personas influyentes en el pueblo judío, plantean a Jesús un dilema, aparentemente insoluble. Al hacerlo, no buscan esclarecer una cuestión que les resulta confusa para vivir su fe sino simplemente poner en apuros al Señor. Con esto muestran de qué va cargado su corazón: ambición, celos, envidia, odio, etc. Jesús responde de un modo que no sólo los asombra sino que pone en evidencia su falta de profundidad espiritual. Dejan ver, en definitiva, que por más que se presenten como personas religiosas, sólo lo son en apariencia.

La cuestión que le es planteada al Señor, podríamos decir para simplificar, se refiere a la relación entre la sumisión a Dios y a los gobernantes. Aparentemente la verdadera fidelidad a Dios implicaría una libertad frente al poder temporal que eximiría de rendir cuentas a él. Jesús no entra en esa disyuntiva sino que, con un ejemplo sencillo, distingue claramente los dos ámbitos. La fe es lo central, estructura nuestra vida y anima desde dentro las decisiones que en ella tomamos. Pero no nos convierte en ajenos a las realidades del mundo en el que vivimos. Al contrario, nos mueve a participar en ellas con un corazón y una mente iluminados por el evangelio.

En estos tiempos especialmente puede sernos de gran ayuda contemplar este pasaje, reflexionar en él y comprender así lo que hay en el corazón de Jesús. De allí surgen sus palabras y sus iniciativas. Pidamos la gracia de poder aprender de Él para dar respuestas semejantes a las suyas.



Lunes después de Pentecostés
María, Madre de la Iglesia
Memoria

Se dedicaban a la oración en compañía de María, la madre de Jesús

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 12-14

Después que Jesús subió al cielo, los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

Palabra de Dios.

SALMO Jdt 13, 18bcde. 19

R. ¡Tú eres el insigne honor de nuestra raza!

Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía,
más que a todas las mujeres de la tierra;
y bendito sea el Señor Dios,
creador del cielo y de la tierra. R.

Nunca olvidarán los hombres
la confianza que has demostrado
y siempre recordarán el poder de Dios. R.

ALELUIA

Eres feliz, santa Virgen María, y digna de toda alabanza;
de ti nació el sol de la justicia, Cristo, nuestro Dios.

EVANGELIO

Aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu madre

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.»
Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»
Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.


Homilía

El lunes siguiente al Domingo de Pentecostés, la Iglesia celebra a María, Madre de la Iglesia. Pone su mirada, así, en el lugar especial que ella tiene entre todos los creyentes. La más fiel discípula y dócil al Espíritu Santo se convierte, por voluntad de su hijo, en Madre de todos los que tienen fe.

Retomamos el tiempo litúrgico que se denomina «durante el año» u «ordinario», en la novena semana. A lo largo de las treinta y cuatro semanas que dura este tiempo, se proclaman casi por completo los evangelios según san Mateo, Marcos y Lucas, llamados «sinópticos», ya que son muy similares entre sí. Quedan fuera los pasajes de la infancia y de la pasión y resurrección de Jesús, que se meditan en los tiempos litúrgicos de Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.

No buscamos informarnos sobre la vida de Jesús sino conocerlo mejor. Profundizar en el misterio de su persona, para mantener un vínculo vivo con Él, que le
dé sentido a cada instante de nuestra existencia. Como enseña san Ignacio de Loyola, en el Libro de los Ejercicios Espirituales, necesitamos «pedir conocimiento interno del Señor Jesús, que por mi se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga» (EE 107).

Al ponernos en camino de contemplar al Señor en el evangelio, lo hacemos en compañía de María, como lo hacían los Apóstoles, reunidos en oración. Nadie mejor que ella para enseñarnos cómo acercarnos a Jesús. Nos confiamos a su cuidado, ayuda e intercesión.