Pascua 2020: Lecturas-Homilías


SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA
JUEVES

Tendrás que dar testimonio de mí,
también en Roma

Lectura de los Hechos de los apóstoles 22, 30; 23, 6-11

Queriendo saber con exactitud de qué lo acusaban los judíos, el tribuno le hizo sacar las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos.
Pablo, sabiendo que había dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio del Sanedrín: «Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos, y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección de los muertos.» Apenas pronunció estas palabras, surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió. Porque los saduceos niegan la resurrección y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos, por el contrario, admiten una y otra cosas.
Se produjo un griterío, y algunos escribas del partido de los fariseos se pusieron de pie y protestaron enérgicamente: «Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre. ¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel…?» Como la disputa se hacía cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo, mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y lo llevaran de nuevo a la fortaleza.
A la mañana siguiente, el Señor se apareció a Pablo y le dijo: «Animo, así como has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás que darlo en Roma.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 1-2a. 5. 7-11

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

O bien:

Aleluia.

Protégeme, Dios mío,
porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.»
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

ALELUIA Jn 17, 21

Aleluia.
Dice el Señor: Que todos sean uno,
como tú, Padre, estás en mí y yo en ti,
para que el mundo crea que tú me enviaste.
Aleluia.

EVANGELIO

Que sean perfectamente uno

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 20-26

Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo: «Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste. Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos.»

Palabra del Señor.


Homilía

En la tercera y última parte de su «oración sacerdotal», Jesús ruega por aquellos que, a lo largo de la historia, creerán en Él; entre ellos nos contamos nosotros. La gracia que pide es la de que podamos permanecer unidos unos a otros, como lo estamos a Él y Él lo está al Padre, para dar un testimonio genuino.

Jesús dice «quiero que estén conmigo donde yo esté» y «les di a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer». La comunidad cristiana es el lugar donde nos encontramos con Jesús y donde conocemos verdaderamente al Padre. Ella se conforma en torno a la experiencia del amor de Dios, manifestado en su Hijo Jesús, de diversas maneras. Tenemos conciencia de haber sido llamados gratuitamente, se nos ha tenido paciencia, se nos ha comprendido, hemos sido perdonados, han confiado en nosotros, se nos ha brindado una responsabilidad y una misión, etc.

Así, permanecer unidos no es simplemente estar juntos. Es tratarnos unos a otros como Dios nos ha tratado a nosotros. Si olvidamos todo eso, nos desconectamos de la fuente vital de la fe: la misericordia de Dios. Antes o después, con nuestro modo de pensar y actuar podemos terminar convirtiendo a la Iglesia de Jesús, de la que somos parte, en una caricatura de lo que Él quiere. Para que esto no sea así, Jesús pide que el amor con el que hemos sido amados permanezca en nosotros. Para eso, Dios envía el Espíritu Santo que continuamente nos asiste. Durante estos días nos disponemos a recibirlo para poder renovarnos y dar testimonio creíble de nuestra fe.



SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES

Os encomiendo al Señor,
que tiene poder para construir el edificio
y daros la parte de la herencia

Lectura de los Hechos de los apóstoles 20, 28-38

Pablo decía a los principales de la Iglesia de Efeso: «Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre. Yo sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos rapaces que no perdonarán al rebaño. Y aun de entre ustedes mismos, surgirán hombres que tratarán de arrastrar a los discípulos con doctrinas perniciosas. Velen, entonces, y recuerden que durante tres años, de noche y de día, no he cesado de aconsejar con lágrimas a cada uno de ustedes.
Ahora los encomiendo al Señor y a la Palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y darles la parte de la herencia que les corresponde, con todos los que han sido santificados. En cuanto a mí, no he deseado ni plata ni oro ni los bienes de nadie. Ustedes saben que con mis propias manos he atendido a mis necesidades y a las de mis compañeros.
De todas las maneras posibles, les he mostrado que así, trabajando duramente, se debe ayudar a los débiles, y que es preciso recordar las palabras del Señor Jesús: «La felicidad está más en dar que en recibir.»»
Después de decirles esto, se arrodilló y oró junto a ellos. Todos se pusieron a llorar, abrazaron a Pablo y lo besaron afectuosamente, apenados sobre todo porque les había dicho que ya no volverían a verlo. Después lo acompañaron hasta el barco.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 67, 29-30. 33-35a. 35b-36c

R. Cantad al Señor, reinos de la tierra!

O bien:

Aleluia.

Tu Dios ha desplegado tu poder:
¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!
A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,
los reyes te presentarán tributo. R.

¡Canten al Señor, reinos de la tierra,
entonen un himno al Señor,
al que cabalga por el cielo,
por el cielo antiquísimo!
El hace oír su voz poderosa,
¡reconozcan el poder del Señor! R.

Su majestad brilla sobre Israel
y su poder, sobre las nubes.
¡Bendito sea Dios! R.

ALELUIA Cf. Jn 17, 17ba

Aleluia.
Tu palabra, Señor, es verdad; conságranos en la verdad.
Aleluia.

EVANGELIO

Que sean uno, como nosotros

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 11b-19

Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: «Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros. Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo. Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.»

Palabra del Señor.


Homilía

Continuamos dentro de la llamada «oración sacerdotal» de Jesús. En esta parte, el Señor ruega por los discípulos. Manifiesta que le fueron confiados amorosamente por el Padre y que Él los cuidó y protegió. Pide, en primer lugar, que sus seguidores se mantengan unidos, como Él lo está con el Padre. De esa manera podrán experimentar el gozo perfecto, el mismo de Jesús. También, que sean preservados de las influencias que el mal pueda tener sobre ellos. Finalmente, que sean consagrados en la verdad.

Los creyentes se reúnen en una comunidad que es la Iglesia. Nadie cree solo. La fe se recibe y se trasmite por otros y se acrecienta y fortalece con los vínculos que se entablan. Al compartir la fe con otros, se experimenta el amor de Dios pero también las fragilidades de la condición humana. Hay momentos de gran entendimiento, donde se goza la comunión y otros de tensión, donde ésta peligra.

Para perseverar unidos en el camino de la fe es fundamental reconocer nuestras propias debilidades. Ellas pueden transformarse en oportunidad de crecer y salir fortalecidos o convertirse en ocasión de hacer daño a otros. Para verlas hace falta humildad. Sta. Teresa de Jesús, una gran maestra espiritual del S. XVI, decía que la humildad es «andar en la verdad». Quien no camina en la humildad se distancia de los demás por el orgullo o la soberbia y rompe la comunión.

El distintivo de los cristianos es la cruz porque en ella Dios se ofreció totalmente a sí mismo. Ser consagrados en la verdad es dejarse conducir por Dios para recorrer el mismo camino de Jesús. Renunciar a sí mismos y ofrecer la vida por amor. Eso tiende puentes y crea unidad. En medio del mundo, una comunidad da testimonio de su fe, cuando puede mostrar que se mantiene unida, porque cada uno ama al otro como lo hizo Él.



SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA
MARTES

Cumplo mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús

Lectura de los Hechos de los apóstoles 20, 17-27

Pablo, desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso. Cuando estos llegaron, Pablo les dijo:
«Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia. He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos. Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil; les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado, instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús. Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí. Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan. Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme. Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes. Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 67, 10-11. 20-21

R. ¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!

O bien:

Aleluia.

Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:
tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí es estableció tu familia,
y tú, Señor, la afianzarás
por tu bondad para con el pobre. R.

¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día;
él es el Dios que nos salva
y nos hace escapar de la muerte. R.

ALELUIA Jn 14, 16

Aleluia.
Yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito,
para que esté siempre con ustedes.
Aleluia.

EVANGELIO

Padre, glorifica a tu Hijo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 17, 1-11a.

Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
«Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra. Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti, porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado. Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti.»

Palabra del Señor.


Homilía

Durante tres días se proclamará el capítulo 17 del Evangelio según san Juan. El mismo se conoce como la «oración sacerdotal de Jesús». Allí el Señor entabla un diálogo de intercesión con el Padre. Pide por sí mismo, por sus discípulos y por todos los que creerán en su Palabra. En primer lugar se pone de manifiesto el vínculo que une a Jesús con Dios. Es el Hijo, que cumple fielmente su voluntad. De esa manera glorifica al Padre y, a su vez, es glorificado por Él. Cumplir su voluntad ha consistido en trasmitir fielmente, por sus palabras y obras, el amor de Dios por la humanidad. El deseo de que todos lo conozcan de verdad y se relacionen con Él, en el amor.

Más o menos conscientemente, a todas las personas las mueve un deseo de trascender, de destacarse o ser reconocidas por algo. Eso responde a la conciencia que tenemos de nuestra finitud. No duramos para siempre y queremos perpetuarnos en algo: un éxito, un logro, etc. La fe ilumina esa búsqueda. Si cumplimos la voluntad de Dios en nuestra vida, como Jesús, daremos gloria al Padre y seremos glorificados por Él.

San Ireneo de Lyon, Padre de la Iglesia (así se llama a los santos más importantes de los primeros siglos), decía que «la gloria de Dios es el hombre viviente» (Adversus Haereses, IV, 20, 7). Es decir, lo que Dios y el hombre desean no se oponen, sino que se implican mutuamente. Por eso, buscar, hallar y cumplir su voluntad, no limita nuestros anhelos, los realiza plenamente. Al hacerlo, alcanzamos la experiencia de la comunión profunda en el amor. De ese modo, podemos mirar a Dios y hacer nuestras las palabras de Jesús: «todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío »



SÉPTIMA SEMANA DE PASCUA
LUNES

Cuando abrazasteis la fe,
¿recibisteis el Espíritu Santo?

Lectura de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo permanecía en Corinto, Pablo atravesando la región interior, llegó a Efeso. Allí encontró a algunos discípulos y les preguntó: «Cuando ustedes abrazaron la fe, ¿recibieron el Espíritu Santo?» Ellos le dijeron: «Ni siquiera hemos oído decir que hay un Espíritu Santo.» «Entonces, ¿qué bautismo recibieron?», les preguntó Pablo. «El de Juan», respondieron. Pablo les dijo: «Juan bautizaba con el bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyera en el que vendría después de él, es decir, en Jesús.»
Al oír estas palabras, ellos se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos, y descendió sobre ellos el Espíritu Santo. Entonces comenzaron a hablar en distintas lenguas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Pablo fue luego a la sinagoga y durante tres meses predicó abiertamente, hablando sobre el Reino de Dios y tratando de persuadir a los oyentes.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 67, 2-5ac. 6-7ab

R. ¡Cantad al Señor, reinos de la tierra!

O bien:

Aleluia.

¡Se alza el Señor!
Sus enemigos se dispersan
y sus adversarios huyen delante de él.
Tú los disipas como se disipa el humo;
como se derrite la cera ante el fuego,
así desaparecen los impíos delante del Señor. R.

Los justos se regocijan,
gritan de gozo delante del Señor
y se llenan de alegría.
¡Canten al Señor,
entonen un himno a su Nombre!
Su Nombre es «el Señor.» R.

El Señor en su santa Morada
es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:
él instala en un hogar a los solitarios
y hace salir con felicidad a los cautivos. R.

ALELUIA Col 3, 1

Aleluia.
Ya que ustedes han resucitado con Cristo,
busquen los bienes del cielo
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Aleluia.

EVANGELIO

Tened valor: yo he vencido al mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 29-33

Los discípulos le dijeron a Jesús: «Por fin hablas claro y sin parábolas. Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios.»
Jesús les respondió: «¿Ahora creen? Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo.»

Palabra del Señor.


Homilía

En esta última semana del tiempo de Pascua continuaremos escuchando las palabras que Jesús les dirige a sus discípulos antes de la pasión. Es un clima de profunda intimidad y despedida. Todo el tiempo vivido junto al Señor ha sido un proceso de crecimiento en la fe y ahora lo completarán.

Para hacerlo, tendrán que palpar lo frágil e inconsistente de su amor. Ante la persecución y el peligro creciente renegarán de Jesús. A muchos les sorprenderá, seguramente, darse cuenta lo débiles que son. Creían haber comprendido todo y estar en condiciones de enseñar a otros elocuentemente, poniéndose por encima de ellos. Pero constatan que sin el Señor no son capaces de nada.

Ese fracaso podría ser causa de tristeza y desesperación, si siguieran mirándose narcisistamente, tratando de recomponer la imagen ideal que tenían de sí mismos. Como el caso de Judas, que se abrazó a su culpa sin soltarla en los brazos misericordiosos de Jesús. Tan distinta de la situación de Pedro, quien recorriendo el camino de la humildad, aprendió a buscar confiado la mirada perdonadora del Señor.

Jesús no espera que seamos perfectos sino que nos animemos a recorrer el camino, dando lo mejor de nosotros mismos. En él siempre habrá dificultades y nos veremos tentados de caer e, incluso, caeremos. Pero apoyados en su amor que ha vencido al mundo, como promete en este pasaje del evangelio, encontraremos la paz.



TIEMPO DE PASCUA
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Año «A»

Lo vieron elevarse

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se le apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: «La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días.»
Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
El les respondió: «No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra.»
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones.

O bien:

Aleluia.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.
R.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,

canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.
R.

Lo hizo sentar a su derecha en el cielo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 1, 17-23

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos, y la extraordinaria grandeza del poder con que él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza.
Este es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, elevándolo por encima de todo Principado, Potestad, Poder y Dominación, y de cualquier otra dignidad que pueda mencionarse tanto en este mundo como en el futuro. El puso todas las cosas bajo sus pies y lo constituyó, por encima de todo, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo y la Plenitud de aquel que llena completamente todas las
cosas.

Palabra de Dios.

ALELUIA Mt 28, 19a. 20b

Aleluia.
Dice el Señor:
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.»

Palabra del Señor.


Homilía

A los cuarenta días del Domingo de Pascua, la Iglesia celebra la Ascensión del Señor. Esta fiesta señala el final de las manifestaciones visibles de Jesús resucitado y la nueva etapa que comienza a transitar la comunidad cristiana. Además, se profundiza en el alcance que tiene la resurrección del Señor para la vida cotidiana de los creyentes de cualquier época y lugar.

La primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, narra la experiencia vivida por los primeros cristianos respecto de la resurrección y ascensión de Jesús. El salmo y la segunda lectura, tomada de la Carta a los efesios, resaltan el poder divino que se manifiesta en este acontecimiento. El pasaje del Evangelio según san Mateo, sintetiza su alcance histórico y trascendente.

Aquel que vino de parte de Dios y asumió la naturaleza humana para mostrar con sus palabras y obras el verdadero rostro del Padre, se expuso a cada una de las vicisitudes de nuestra condición. Atravesando la muerte, destruyó toda oscuridad. Completa su entrega de amor elevándose para siempre, asegurándonos un lugar en el corazón de Dios. Con la Ascensión del Señor, la humanidad entera, sin perder la fragilidad que le es propia, se encuentra de manera plena con el amor poderoso e indestructible de Dios. Lo que era inaccesible a nuestra capacidad, nos es ofrecido como don.

Lejos de ser un distanciamiento, se trata de una comunión definitiva, sin fisuras. Nosotros estamos para siempre en Él y Él está para siempre en nosotros. De ahí el envío a la misión: bautizar y enseñar. A todos, con el mismo anhelo que tiene Dios: que nadie se prive de conocer su amor, que todos se unan a Él. Todo lo que hagamos y digamos será encendidos por su fuerza y poder. Nuestro modo de escuchar y de hablar, nuestra capacidad de comprender y perdonar y todo nuestro trato con los demás. También lo que tengamos que enfrentar, sobrellevar y sufrir será apoyados en Él. Frente a cualquier circunstancia que tengamos que vivir, nada más consoladoras que las últimas palabras, con las que concluye el Evangelio según san Mateo: «Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo«



SEXTA SEMANA DE PASCUA
SÁBADO

Apolo demostraba por medio de las Escrituras
que Jesús es el Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 18, 23-28

Después de haber permanecido un tiempo en Antioquía, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan.
Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para quelo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 46, 2-3. 8-10

R. Dios es el Rey de toda la tierra.

O bien:

Aleluia.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente. R.

ALELUIA Jn 16, 28

Aleluia.
Salí del Padre y vine al mundo.
Ahora dejo el mundo y voy al Padre.
Aleluia.

EVANGELIO

El Padre os ama,
porque vosotros me amáis y habéis creído

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 23b-28

Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre.»

Palabra del Señor.


Homilía

Las palabras que nos trae el pasaje del Evangelio según san Juan que hoy se proclama, se ubican en el contexto de la partida de Jesús. El Señor abre de par en par su corazón a los discípulos para que puedan ser parte del vínculo de amor que Él tiene con el Padre.

Todo lo que Jesús ha dicho y hecho y también lo que se avecina, encuentran su raíz última en el corazón amante de Dios. Él lo ha enviado al mundo y sostenido en su misión y lo sostendrá en la entrega final de su vida. Al abrazar la cruz, Jesús se confiará a sus brazos amorosos. El Padre confirmará su amor en la resurrección. Los discípulos son atraídos así a una relación estrecha con Dios. Por haber recibido a su Hijo y aceptado su amistad, también ellos pueden ahora confiarle sus vidas. Como lo hizo el Señor, pedir con la certeza de que son escuchados, porque son amados.

Puede ser que todavía permanezcan en nosotros resistencias a creer: que de verdad Dios nos ama incondicionalmente; que no nos trata como siervos sino como amigos, que no nos juzga sino que no salva. Escuchando estas palabras, pedimos la gracia de que el Espíritu Santo nos ayude a conocer Verdaderamente el amor del Padre.



SEXTA SEMANA DE PASCUA
VIERNES

En esta ciudad hay un pueblo numeroso
que me está reservado

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 18, 9-18

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: «No temas. Sigue predicando y no te calles. Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado.» Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de Dios. Durante el gobierno del procónsul Galión en Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el tribunal, diciendo: «Este hombre induce a la gente a que adore a Dios de una manera contraria a la Ley.»
Pablo estaba por hablar, cuando Galión dijo a los judíos: «Si se tratara de algún crimen o de algún delito grave, sería razonable que los atendiera. Pero tratándose de discusiones sobre palabras y nombres, y sobre la Ley judía, el asunto les concierne a ustedes; yo no quiero ser juez en estas cosas.» Y los hizo salir del tribunal. Entonces todos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon ante el tribunal. Pero a Galión todo esto lo tuvo sin cuidado.
Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 46, 2-7

R. Dios es el Rey de toda la tierra.

O bien:

Aleluia.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra. R.

El puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto. R.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios,
canten, canten a nuestro Rey. R.

ALELUIA Cf. Lc 24, 46. 26

Aleluia.
El Mesías debía sufrir, y resucitar de entre los muertos,
para entrar en su gloria.
Aleluia.

EVANGELIO

Tendréis una alegría que nadie os podrá quitar

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 20-23a

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo. La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día no me harán más preguntas.»

Palabra del Señor.


Homilía

En este pasaje del Evangelio según san Juan, Jesús hace referencia a la experiencia humana por todos compartida del nacimiento. Centra la atención en lo que vive la mujer en el proceso de dar a luz. La angustia y la alegría aparecen como vivencias por las que ella atraviesa de manera sucesiva. Esa experiencia se convierte así en imagen de todo nacimiento. Jesús se refiere a lo que tienen por delante sus discípulos: despedirse de Él en su condición terrena y acogerlo resucitado. Por supuesto es una aventura maravillosa, pero hay mucho en juego y genera incertidumbre.

Cada vez que dejamos atrás algo conocido y asumimos una realidad nueva, vivimos de algún modo un nacimiento. Las experiencias vividas, los lugares alcanzados, los vínculos entablados, nos dan seguridad. Cuando, por algún motivo, los perdemos o nos vemos ante la necesidad de abandonarlos y enfrentar algo desconocido sentimos temor, angustia, ansiedad. Esto podría hacer que nos detengamos. Pero si lo hacemos y nos resistimos a dar el paso, nos quedamos sin nada, vacíos.

Vivir implica aceptar desafíos y asumir riesgos. Cada vez que lo hacemos se genera un acto de amor a nosotros mismos, a los demás y a Dios. Porque ponemos en juego nuestras capacidades y nuestra libertad. Sólo quien no renuncia jamás al camino del amor persevera más allá de las adversidades. No se trata de una tarea de súper hombres o súper mujeres sino de corazones sedientos de amor que no se aferran a lo estático y seguro de lo ya conocido sino que se animan a involucrarse en lo inestable, dinámico y cambiante de la realidad que aparece frente a ellos y que reclama ser abrazada. Esto lo hacen con la confianza de que en cada acontecimiento, aunque a primera vista no se perciba, los espera Jesús resucitado y les ofrece una alegría que ya nadie le puede quitar.



SEXTA SEMANA DE PASCUA
JUEVES

Pablo se alojó en su casa y trabajaba con ellos,
discutía en la sinagoga

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 18, 1-8

Pablo dejó Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a raíz de un edicto de Claudio que obligaba a todos los judíos a salir de Roma. Pablo fue a verlos, y como ejercía el mismo oficio, se alojó en su casa y trabajaba con ellos haciendo tiendas de campaña. Todos los sábados, Pablo discutía en la sinagoga y trataba de persuadir tanto a los judíos como a los paganos.
Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la predicación de la Palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús es el Mesías. Pero como ellos lo contradecían y lo injuriaban, sacudió su manto en señal de protesta, diciendo: «Que la sangre de ustedes caiga sobre sus cabezas. Yo soy inocente de eso; en adelante me dedicaré a los paganos.»
Entonces, alejándose de allí, fue a lo de un tal Ticio Justo, uno de los que adoraban a Dios y cuya casa lindaba con la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. También muchos habitantes de Corinto, que habían escuchado a Pablo, abrazaron la fe y se hicieron bautizar.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 97, 1-4

R. El Señor reveló su victoria a los ojos de las naciones.

O bien:

Aleluia.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

ALELUIA Cf. Jn 14, 18

Aleluia.
Dice el Señor: No los dejaré huérfanos;
me voy y volveré a ustedes,
y se alegrará su corazón.
Aleluia.

EVANGELIO

Vosotros estaréis tristes,
pero esa tristeza se convertirá en gozo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 16-20

Jesús dijo a sus discípulos: «Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver.» Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: «¿Qué significa esto que nos dice: «Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver»? ¿Y qué significa: «Yo me voy al Padre»?» Decían: «¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir.»
Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: «Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: «Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver». Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.»

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio según san Juan que hoy se proclama, nos pone frente a un paso fundamental en nuestro camino de fe. Jesús anuncia con claridad a sus discípulos que están ante un momento de cambio indispensable para madurar en el vínculo con Él. Se trata de su pasión, muerte y resurrección.

Lo han seguido con entusiasmo, han escuchado atentamente sus palabras esperanzadoras y han sido testigos admirados de sus obras poderosas. Ahora tendrán que acompañarlo en el camino del despojo, condición necesaria para alcanzar la victoria final. Los obstáculos, el rechazo, el fracaso, aparecen a primera vista como cuestiones que no deberían ocurrir. Se las concibe, ante todo, como errores. Asumiéndolas, Jesús muestra que son parte integral del camino y que no es a pesar de ellas sino a través de ellas que se llega a la vida verdadera.

Para muchos personas, también creyentes, el momento de dificultad se transforma en una barrera que no les permite seguir adelante. Rompe las ilusiones que se habían hecho respecto a una vida de fe, entendida parcialmente, como un estado de bienestar sostenido, sin fisuras. Por supuesto la cruz es un gran desafío a nuestra vida, pero también una gran oportunidad. Quien la abraza, como y con Jesús, vive plenamente su existencia. Quien se resiste y la rechaza, se priva de vivir en plenitud. Se cierra en su enojo, amargura y dolor.

A nadie le es sencillo transitar ese sendero. Por eso Jesús nos muestra que Él lo hizo primero, para ofrecernos su compañía en todo momento. El Señor habla de lamentos, tristeza y lágrimas, como invitándonos a que le demos lugar en nosotros, no lo escondamos o neguemos. Porque de esa manera, aceptándolo y compartiéndolo con Él, se transformarán en gozo, el gozo de la resurrección, que nadie nos podrá quitar.



SEXTA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES

Vengo a anunciaros eso que adoráis sin conocer

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1

Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas, y luego volvieron con la orden de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible.
Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: «Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: «Al dios desconocido». Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer.
El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: «Nosotros somos también de su raza». Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos.»
Al oír las palabras «resurrección de los muertos», unos se burlaban y otros decían: «Otro día te oiremos hablar sobre esto.» Así fue cómo Pablo se alejó de ellos.Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros. Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 148, 1-2. 11-14

R. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.

O bien:

Aleluia.

Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos. R.

Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños. R.

Alaben el nombre del Señor.
Porque sólo su Nombre es sublime;
su majestad está sobre el cielo y la tierra,
y él exalta la fuerza de su pueblo. R.

íA él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos! R.

ALELUIA Jn 14, 16

Aleluia.
Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito
para que esté siempre con ustedes.
Aleluia.

EVANGELIO

El Espíritu de la verdad
os hará conocer toda la verdad

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: «Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes».»

Palabra del Señor.


Homilía

En muchos momentos de nuestra vida podemos experimentar confusión. Estar aturdidos, desorientados, sin saber bien hacia dónde dirigirnos o qué opción tomar. Particularmente nos puede ocurrir en tiempos de dificultad, pero también frente decisiones trascendentes. Podemos fantasear con una respuesta rápida y efectiva que elimine toda duda y nos garantice seguridad y éxito.

Otra experiencia que podemos vivir es la de encontrarnos a lo largo de la vida con personas que trasmiten luz. Se las percibe habitualmente centradas y mesuradas. Sus palabras son simples, claras y profundas. Dejan traslucir que provienen de un corazón que ha vivido intensamente momentos de gozo pero también de lucha. Y ha aprendido. Con paciencia se ha vuelto sabio.

Un comentarista de la vida de san Ignacio de Loyola (Nadal), contemporáneo suyo, decía de él: «seguía siempre dócilmente al Espíritu, sin jamás adelantársele». Como dice Jesús en este pasaje del Evangelio según san Juan, hay muchas cosas que no podemos comprender, pero que dejándonos enseñar por el Espíritu de la Verdad, vamos lentamente comprendiendo y aprendiendo a vivir.

Es la gracia que pedimos para cada uno de nosotros. Aceptar los desafíos del camino confiándonos a quien nos puede conducir pacientemente hacia la verdad completa.



SEXTA SEMANA DE PASCUA
MARTES

Cree en el Señor Jesús y te salvarás,
tú y toda tu familia

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 16, 22-34

La multitud se amotinó en contra de ellos, y los magistrados les hicieron arrancar la ropa y ordenaron que los azotaran. Después de haberlos golpeado despiadadamente, los encerraron en la prisión, ordenando al carcelero que los vigilara con mucho cuidado. Habiendo recibido esta orden, el carcelero los encerró en una celda interior y les sujetó los pies en el cepo.

Cerca de la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban las alabanzas de Dios, mientras los otros prisioneros los escuchaban. De pronto, la tierra comenzó a temblar tan violentamente que se conmovieron los cimientos de la cárcel, y en un instante, todas las puertas se abrieron y las cadenas de los prisioneros se soltaron. El carcelero se despertó sobresaltado y, al ver abiertas las puertas de la prisión, desenvainó su espada con la intención de matarse, creyendo que los prisioneros se habían escapado. Pero Pablo le gritó: «No te hagas ningún mal, estamos todos aquí.»

El carcelero pidió unas antorchas, entró precipitadamente en la celda y, temblando, se echó a los pies de Pablo y de Silas. Luego los hizo salir y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para alcanzar la salvación?»

Ellos le respondieron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás, tú y toda tu familia.» En seguida le anunciaron la Palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. A esa misma hora de la noche, el carcelero los atendió y curó sus llagas. Inmediatamente después, fue bautizado junto con toda su familia. Luego los hizo subir a su casa y preparó la mesa para festejar con los suyos la alegría de haber creído en Dios.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 137, 1-3. 7c-8

R. Señor, tu derecha me salva.

O bien:

Aleluia.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo. R.

Daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos! R.

ALELUIA Cf. Jn 16, 7. 13

Aleluia.
Dice el Señor: Les enviaré el Espíritu de la Verdad;
él les hará conocer toda la verdad.
Aleluia.

EVANGELIO

Si no me voy, el Paráclito no vendrá a vosotros

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de ustedes me pregunta: «¿A dónde vas?»
Pero al decirles esto, ustedes se han entristecido. Sin embargo, les digo la verdad: les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes. Pero si me voy, se lo enviaré. Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado, dónde está la justicia y cuál es el juicio. El pecado está en no haber creído en mí. La justicia, en que yo me voy al Padre y ustedes ya no me verán. Y el juicio, en que el Príncipe de este mundo ya ha sido condenado.»

Palabra del Señor.


Homilía

El amor nos hace sentir uno con la persona amada. Todas las barreras caen y se da, finalmente, el encuentro. Si bien esto es cierto, muchas personas confunden esa experiencia con otra similar, pero de signo muy distinto, la fusión. En ella, no se da encuentro, porque cada una renuncia a lo que le es propio para desaparecer en la otra, se desintegra. El amor genuino no hace desaparece nuestra identidad, al contrario, la potencia y desarrolla. Para ello, es necesario y bueno que se mantenga una distancia interior, donde se preserva lo más propio de sí mismo, al mismo tiempo que se lo ofrece al otro.

Ese movimiento de completa donación y simultáneo distanciamiento aparece en el vínculo de Jesús con sus discípulos. Nunca nadie jamás estará tan cerca de ellos y los amará tanto como Él. Para que eso ocurra, tiene que tomar distancia. La íntima presencia de Jesús en sus vidas se dará a través del obrar del Espíritu Santo. Él iluminará su mente y su corazón ayudándolos a comprender en cada situación el modo evangélico de vivir. Quien de verdad nos ama no nos anula, nos estimula a desplegarnos. Para vivir una verdadera relación de amor con Él, cada uno debe estar dispuesto a asumir plenamente su lugar en la historia

Cuando vivimos esa dinámica del amor nos sentimos, por un lado, muy estrechamente unidos y, por otro, muy libres. Es la condición fundamental para poder dar testimonio, estar en comunión profunda con Jesús afrontando los desafíos de cada día. Sin respuestas prefabricadas, sino con la originalidad y frescura propias del evangelio. Quien está animado por el Espíritu Santo y se deja conducir por Él, no tiene todo resuelto, pero, al mismo tiempo no tiene temor de recorrer el camino.



SEXTA SEMANA DE PASCUA
LUNES

El Señor le tocó el corazón
para que aceptara las palabras de Pablo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 16, 11-15

En aquellos días, nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. De allí fuimos a Filipos, ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos algunos días en esta ciudad, y el sábado nos dirigimos a las afueras de la misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde se acostumbraba a hacer oración. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se habían reunido allí.
Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: «Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa»; y nos obligó a hacerlo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 149, 1-6a. 9b

R. El Señor tiene predilección por su pueblo.

O bien:

Aleluia.

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey. R.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes. R.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles. R.

ALELUIA Jn 15, 26b. 27a

Aleluia.
Dice el Señor: El Espíritu de la Verdad
dará testimonio de mí,
y ustedes también dan testimonio.
Aleluia.

EVANGELIO

El Espíritu de la verdad
dará testimonio de mí

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 26 — 16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho. No les dije estas cosas desde el principio, porque yo estaba con ustedes.»

Palabra del Señor.


Homilía

Las últimas dos semanas del tiempo de pascua nos van disponiendo a la celebración de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre la comunidad creyente, con la cual culmina este tiempo litúrgico. Todas las palabras de Jesús, tomadas del Evangelio según san Juan, van mostrando aspectos diferentes del obrar del Espíritu Santo en la Iglesia.

El Espíritu Santo es llamado por Jesús Paráclito, literalmente: «llamado a estar junto a». Aparece así, como aquel que es invocado para estar a nuestro lado. Se resalta su capacidad de permanecer con nosotros. Siguiendo el relato del evangelio, esa característica se vive especialmente en tiempos de dificultad. Quien permanece a nuestro lado cuando las cosas no van bien demuestra un amor desinteresado y fiel.

La Iglesia a lo largo de la historia, y cada uno de nosotros en su propia vida, goza al dar testimonio del amor del Señor. Del bien que Él ha hecho en nuestras vidas. Pero ese testimonio, tan necesario para la sanación y salvación, paradójicamente, muchas veces es rechazado. Se puede vivir incomprensión e incluso burla y desprecio. En sus manifestaciones más dramáticas, muchos cristianos llegan hasta a sufrir persecución.

Jesús dice que eso tiene que ver con que esas personas no han llegado a conocerlo a Él y al Padre. Por algún motivo que nosotros probablemente no vemos, no han podido hacer experiencia de su amor. Ser conscientes de eso nos preserva de responder agresivamente. Nos estimula a seguir queriendo dar testimonio, a través del perdón e incluso de la entrega de la propia vida, para que puedan, de algún modo, conocerlo.



DOMINGO SEXTO DE PASCUA
Año «A»

Les impusieron las manos
y recibieron el Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17

En aquellos días: Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 65, 1-3a. 4-7a. 16. 20

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

O bien:

Aleluia.

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.

Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres. R.

El convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
que gobierna eternamente con su fuerza. R.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia. R.

Entregado a la muerte en su carne,
fue vivificado en el Espíritu

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 3, 15-18

Queridos hermanos: Glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen. Pero háganlo con suavidad y respeto, y con tranquilidad de conciencia. Así se avergonzarán de sus calumnias todos aquellos que los difaman, porque ustedes se comportan como servidores de Cristo. Es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, que haciendo el mal. Cristo murió una vez por nuestros pecados -siendo justo, padeció por los injustospara llevarnos a Dios. Entregado a la muerte en su carne, fue vivificado en el Espíritu.

Palabra de Dios.

ALELUIA Jn 14, 23

Aleluia.
Dice el Señor: El que me ama será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará e iremos a él.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo rogaré al Padre,
y Él les dará otro Paráclito

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 15-21

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque yo vivo y también ustedes vivirán. Aquel día comprenderán que yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»

Palabra del Señor.


Homilía

La presencia de Jesús resucitado se extiende a lo largo de la historia. Especialmente se percibe en la vida de la comunidad cristiana. El Libro de los Hechos de los Apóstoles da cuenta de eso, como sucede con el pasaje correspondiente a este domingo, narrando los acontecimientos vividos por ellos en tiempos de la primera predicación. El amor de Dios busca abarcarlo todo, como describe bellamente el salmo. Eso pone en movimiento a los creyentes y los lleva a dar razón de su fe. Así lo señala la segunda lectura, tomada de la Primera carta del apóstol san Pedro. Jesús, en el pasaje del Evangelio según san Juan, que hoy se proclama, muestra que es el Espíritu Santo quien anima a los creyentes en esa obra.

Anunciar el evangelio no es una tarea como cualquier otra. Quien se embarca en tal aventura debe entrar en una dinámica propia. Lo que se hace no es comunicar ideas o conceptos, por verdaderos que sean, sino trasmitir una experiencia vivida. Al dar testimonio se motiva a otros a entablar vínculos de fe. En primer lugar con Jesús resucitado y, a través de Él, con el Padre, fuente de toda vida. Quien acepta el testimonio entra en relación con ellos a través de la Iglesia, que es quien le ha anunciado el mensaje.

Es la Iglesia quien, como dice Jesús en el evangelio, cumple fielmente sus mandamientos y así manifiesta su amor por Él. Es conducida a lo largo de los siglos por el «Espíritu de la Verdad» y, de ese modo, puede enseñar con autoridad y seguridad el camino de la salvación. En la Iglesia, y por ella, conocemos a Jesús. Él permanece en la Iglesia, que es su Cuerpo. En ella podemos sentir que Él realmente está siempre con nosotros.

Cuando formamos parte de la comunidad creyente experimentamos la promesa de Jesús. No nos ha dejado huérfanos. Nos reconocemos, así, hijos y hermanos. En comunión de fe y amor con otros aprendemos a descubrirlo vivo entre nosotros, en cada hombre y mujer, especialmente en los que sufren. Sirviendo y entregándonos, nos descubrimos verdaderamente vivos.

Como recientemente nos recordara el Papa Francisco, y como este momento de la humanidad parece querer enseñarnos: ¡nadie se salva solo! Quien tiene fe es el primero en reconocerlo con sinceridad y humildad. Jesús se nos ha manifestado, porque permanece en el corazón de los que creen y cumplen sus mandamientos. Hoy queremos vernos como parte del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, y ofrecer nuestro testimonio de amor agradecido.



QUINTA SEMANA DE PASCUA
SÁBADO

Ven hasta Macedonia y ayúdanos

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 16, 1-10

Pablo llegó luego a Derbe y más tarde a Listra, donde había un discípulo llamado Timoteo, hijo de una judía convertida a la fe y de padre pagano. Timoteo gozaba de buena fama entre los hermanos de Listra y de Iconio. Pablo quería llevarlo consigo, y por eso lo hizo circuncidar en consideración a los judíos que había allí, ya que todo el mundo sabía que su padre era pagano.
Por las ciudades donde pasaban, transmitían las decisiones tomadas en Jerusalén por los Apóstoles y los presbíteros, recomendando que las observaran. Así, las Iglesias se consolidaban en la fe, y su número crecía día tras día. Como el Espíritu Santo les había impedido anunciar la Palabra en la provincia de Asia, atravesaron Frigia y la región de Galacia. Cuando llegaron a los límites de Misia, trataron de entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Pasaron entonces por Misia y descendieron a Tróade. Durante la noche, Pablo tuvo una visión. Vio a un macedonio de pie, que le rogaba: «Ven hasta Macedonia y ayúdanos.» Apenas tuvo esa visión, tratamos de partir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba para que la evangelizáramos.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 99, 1b-3. 5

R. Aclame al Señor toda la tierra.

O bien:

Aleluia.

Aclame al Señor toda la tierra,
sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones. R.

ALELUIA Col 3, 1

Aleluia.
Ya que ustedes han resucitado con Cristo,
busquen los bienes del cielo
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Aleluia.

EVANGELIO

No sois del mundo,
sino que yo os elegí y os saqué de él

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 18-21

Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia. Acuérdense de lo que les dije: el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes; si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió.»

Palabra del Señor.


Homilía

Todo ser humano anhela ser amado y amar. Quien diga lo contrario es porque, tristemente, aún no conoció lo profundo de su corazón. Esto tiene que ver con nuestra dignidad: fuimos hechos por y para el amor. De ahí que tantas veces suframos a raíz de no poder experimentarlo.

En este pasaje del evangelio según san Juan, Jesús pone a sus discípulos sobre aviso: en muchas oportunidades serán víctimas del rechazo, incluso violento, el odio. El mismo que Él experimentó. Atravesar esas circunstancias afecta a cualquiera. incluso cuando lo que viva no sea tan dramático. Los obstáculos en la comunicación, la dificultad para entendernos con otros, etc., nos desalientan, porque no alcanzamos la comunión.

Cuando vivimos experiencias de desencuentro podemos vernos tentados de claudicar en nuestro ideal de una vida ofrecida, abierta, disponible, como la de Jesús. Algunos tienden a cerrarse y aislarse, otros a adaptarse superficialmente a las expectativas de los demás, renunciando a lo que palpita fuerte dentro de sí mismos. Para no caer en ninguna de esas trampas seductoras, que nos esterilizan para el amor, Jesús nos ofrece su Palabra: «Yo los elegí».

En la amistad con Jesús aprendemos que el camino de la comunión es, muchas veces, fatigoso. No es recto, diáfano y siempre ascendente. Se dan pasos importantes pero muchas veces también hay que detenerse y aceptar las limitaciones y los rechazos con paciencia y humildad, sin dar lugar al temor. Saber esperar, perdonar, volver a intentar y seguir adelante. Puesta fija nuestra mirada en Él, que recorrió primero el camino y ahora lo transita con nosotros.



QUINTA SEMANA DE PASCUA
VIERNES

El Espíritu Santo, y nosotros mismos,
hemos decidido no imponernos ninguna carga
más que las indispensables

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 15, 22-31

En aquellos días, los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta:
«Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós.»
Los delegados, después de ser despedidos, descendieron a Antioquía donde convocaron a la asamblea y le entregaron la carta. Esta fue leída y todos se alegraron por el aliento que les daba.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 56, 8-12

R. Te alabaré en medio de los pueblos, Señor.

O bien:

Aleluia.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar al son de instrumentos:
¡despierta, alma mía!
¡Despierten, arpa y cítara,
para que yo despierte a la aurora! R.

Te alabaré en medio de los pueblos, Señor,
te cantaré entre las naciones,
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra! R.

ALELUIA Jn 15, 15b

Aleluia.
Dice el Señor: Yo los llamo amigos,
porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
Aleluia.

EVANGELIO

Lo que yo os mando
es que os améis los unos a los otros

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 12-17

Jesús dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio según san Juan que hoy se proclama coincide con el de la Fiesta del apóstol san Matías, del día de ayer. Podemos detenernos hoy en otro aspecto del mismo: el mandamiento que Jesús da a sus discípulos.

Probablemente, muchos de nosotros al escuchar la palabra «mandamiento» asociamos la realidad a la que se refiere, a una obligación que debemos realizar. Algo que si dejamos de hacer o trasgredimos, acarrea una sanción. Esa perspectiva nos lleva, por supuesto, a experimentar cierta pesadez en la vida espiritual. Los «mandamientos», así entendidos, se convierten en cuestiones de esfuerzo moral. Siempre nos quedan grandes. Nunca llegamos a estar a la altura. Y, además, nos alejan de una comprensión adecuada de la misericordia de Dios. Desde esta perspectiva, que Dios sea misericordioso significaría algo así como que nos acepta aunque no seamos perfectos.

Cuando buscamos en la Palabra de Dios nos encontramos que «mandamiento» o «ley» se refiere a toda palabra que Dios ha pronunciado. Por tanto, quien lo valora y quiere vivir unido a Él (el fiel, el justo) no deja que ninguna de esas palabras caiga en el vacío. Las escucha y lee con atención, las atesora, las medita, y deja que vayan haciéndose parte de su vida, porque sabe que tienen el poder de llenarla de luz y sentido. No son algo pesado que dificulta el camino sino el alimento que vigoriza para recorrerlo. Así entendidos, los mandamientos nos acercan a una comprensión más genuina de la misericordia de Dios: no se cansa de ofrecernos sus palabras para socorrernos en nuestro peregrinar.

¿No ocurre algo semejante con las palabras de las personas que amamos? Por supuesto, en ese caso, hay algunas que son triviales, pero hay muchas que dejan huella en nosotros: aumentan nuestra confianza, nos dan seguridad, nos desafían a crecer, nos señalan un rumbo, etc. Que una madre diga, por ejemplo: «tenés que querer a tus hermanos», puede ser entendido, cuando somos niños, como una orden o un reto. Pero cuando crecemos y tomamos perspectiva, podemos comprobar que fue uno de los mejores regalos que nos hizo. Enseñarnos a amar, a respetar, a aceptar las diferencias, a perdonar, etc.

Jesús deja a sus discípulos un mandamiento: amarse unos a otros, como Él lo ha hecho. No confundamos sus palabras. No nos exige algo que para nosotros es imposible (ofrecer tanto amor como Él). Nos motiva a recorrer un camino que pondrá en juego lo mejor de nosotros mismos y nos hará gozar de lo mejor de los demás. Felices de nosotros si se nos va toda la vida en intentar hacer carne sus palabras.



14 de mayo
San Matías
apóstol
Fiesta

La elección cayó sobre Matías,
que fue agregado a los once apóstoles

Lectura de los Hechos de los apóstoles 1, 15-17. 20-26

Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo: «Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús. El
era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo.
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección.»
Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías. Y oraron así: «Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía.» Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 112, 1-8

R. El Señor lo hizo sentar entre los nobles de su pueblo.

O bien:

Aleluia.

Alaben, servidores del Señor,
alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
desde ahora y para siempre. R.

Desde la salida del sol hasta su ocaso,
sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones,
su gloria se eleva sobre el cielo. R.

¿Quién es como el Señor, nuestro Dios,
que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar
el cielo y la tierra? R.

El levanta del polvo al desvalido,
alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles,
entre los nobles de su pueblo. R.

ALELUIA Cf. Jn 15,16

Aleluia.
Dice el Señor: Yo los elegí del mundo,
para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.
Aleluia.

EVANGELIO

No sois vosotros los que me elegisteis a mí
sino yo el que os elegí a vosotros

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 9-17

Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá. Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Palabra del Señor.


Homilía

Hoy se celebra la Fiesta del apóstol san Matías. Las lecturas que se proclaman son las correspondientes a su celebración litúrgica. Matías, como narra el pasaje del Libro de los Hechos de los Apóstoles, que se lee como primera lectura, fue elegido para completar el número de los doce, luego de la traición y muerte de Judas Iscariote. Doce fueron las tribus de Israel y doce los apóstoles, símbolo de un Pueblo elegido. La elección de Dios es gratuita, no se basa en merecimientos o condiciones especiales de quien es elegido, su único fundamento es el amor. Dios elije porque ama. Todo aquel que es elegido (el Pueblo de Israel, los apóstoles, la Iglesia, cada uno de nosotros) ingresa en esa corriente de gratuidad y, por eso mismo, está llamado a dar testimonio de ese amor gratuito.

Es la clave del gozo que Jesús comparte con los suyos en el evangelio: amarse los unos a los otros como él los ha amado. ¿Y cómo los ha amado? Sin fijarse en méritos, o cualidades particulares. Sin calcular o esperar retribución. Se ha brindado a ellos aún cuando no terminan de comprenderlo y acompañarlo y hasta lo niegan y traicionan.

Jesús los llama amigos. Sabemos el grado de intimidad, que un vínculo así implica: confianza, entendimiento, aceptación, trasparencia, fidelidad. Un verdadero amigo llega, casi, a ser parte de la propia familia, como un auténtico hermano. Por eso los involucra en su relación con el Padre, fuente del amor gratuito que Él mismo vive. Conscientes de la gratuidad en el amor con la que Jesús nos llamó a ser sus amigos, viviendo como hijos incondicionalmente amados por el Padre, podemos dar frutos de vida en abundancia.



QUINTA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES 13 DE MAYO
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Se decidió que subiera a Jerusalén
para tratar esta cuestión
con los apóstoles y los presbíteros

Lectura de los Hechos de los apóstoles 15, 1-6

Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Los que habían sido enviados por la Iglesia partieron y atravesaron Fenicia y Samaría, contando detalladamente la conversión de los paganos. Esto causó una gran alegría a todos los hermanos.
Cuando llegaron a Jerusalén, fueron bien recibidos por la Iglesia, por los Apóstoles y los presbíteros, y relataron todo lo que Dios había hecho con ellos.
Pero se levantaron algunos miembros de la secta de los fariseos que habían abrazado la fe, y dijeron que era necesario circuncidar a los paganos convertidos y obligarlos a observar la Ley de Moisés. Los Apóstoles y los presbíteros se reunieron para deliberar sobre este asunto.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 121, 1-5

R. Vamos con alegría a la Casa del Señor.

O bien:

Aleluia.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén. R.

Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor. R.

Según es norma en Israel
para celebrar el nombre del Señor.
Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David. R.

ALELUIA Jn 15, 4a. 5b

Aleluia.
Dice el Señor: Permanezcan en mí,
como yo permanezco en ustedes.
El que permanece en mí da mucho fruto.
Aleluia.

EVANGELIO

El que permanece en mí, y yo en él,
da mucho fruto

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 1-8

Jesús dijo a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Palabra del Señor.


Homilía

Este pasaje del evangelio nos trae una imagen sencilla y, a la vez, muy profunda. Para referirse al vínculo que nos une a Él, Jesús habla de la vid y los sarmientos. En tierras del pueblo de Israel, la posibilidad de que una planta de frutos es escasa, ya que las condiciones climáticas y geográficas son adversas. Por eso, se pone mucho esmero en lograr que eso pueda ser así. Numerosos pasajes de la Palabra de Dios comparan la atención que un viñador u hortelano tiene con su plantación, al cuidado amoroso que Dios prodiga a su Pueblo.

Los frutos son el resultado de un proceso vital. La siembra, el riego, el desmalezamiento, la cosecha. Pero, sobretodo, lo que va ocurriendo en la misma planta: como va recibiendo los nutrientes, asimilándolos, haciéndolos propios, creciendo, floreciendo y, finalmente, fructificando. Deteniéndonos en todo esto podemos darnos cuenta que una planta que da frutos es símbolo de una vida con un profundo sentido. Una planta sin ellos carece de razón de ser, por tanto simboliza una vida vacía.

Dios nos llamó a la existencia para ser protagonistas de ella. Para poder hacerlo debemos estar unidos a Él. Permanecer conectados a la fuente del amor. Ser parte de la corriente de vida que tiene su origen en el corazón de Dios y llega hasta nosotros cuando nos vinculamos a su Hijo Jesús. Para que ello sea posible, también es necesario que sean removidos todos los obstáculos que hay en nuestro interior. Esa purificación, aunque dolorosa, nos hace más capaces de amar.

Pidamos la gracia de vivir intensamente nuestra vida unidos a Jesús, aceptar con paciencia las contrariedades que nos hacen crecer y dar frutos abundantes de amor.



QUINTA SEMANA DE PASCUA
MARTES

Contaron a la Iglesia todo lo que Dios había hecho con ellos

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 14, 19-28

Vinieron de Antioquía y de Iconio algunos judíos que lograron convencer a la multitud. Entonces apedrearon a Pablo y, creyéndolo muerto, lo arrastraron fuera de la ciudad. Pero él se levantó y, rodeado de sus discípulos, regresó a la ciudad. Al día siguiente, partió con Bernabé rumbo a Derbe. Después de haber evangelizado esta ciudad y haber hecho numerosos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía de Pisidia. Confortaron a sus discípulos y los exhortaron a perseverar en la fe, recordándoles que es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios.
En cada comunidad establecieron presbíteros, y con oración y ayuno, los encomendaron al Señor en el que habían creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Luego anunciaron la Palabra en Perge y descendieron a Atalía. Allí se embarcaron para Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para realizar la misión que acababan de cumplir. A su llegada, convocaron a los miembros de la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho con ellos y cómo había abierto la puerta de la fe a los paganos. Después permanecieron largo tiempo con los discípulos.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 144, 10-13ab. 21

R. Que tus amigos, Señor, manifiesten la gloria de tu reino.

O bien:

Aleluia.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder. R.

Así manifestarán a los hombres tu fuerza
y el glorioso esplendor de tu reino:
tu reino es un reino eterno,
y tu dominio permanece para siempre. R.

Mi boca proclamará la alabanza del Señor:
que todos los vivientes bendigan su santo Nombre,
desde ahora y para siempre. R.

ALELUIA Cf. Lc 24, 46. 26

Aleluia.
El Mesías debía sufrir,
y resucitar de entre los muertos para entrar en su gloria.
Aleluia.

EVANGELIO

Mi paz os doy

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 27-31a

Jesús dijo a sus discípulos:
«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! Me han oído decir: «Me voy y volveré a ustedes.» Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Palabra de Dios.


Homilía

Difícilmente se pueda encontrar alguien que manifieste que no desea la paz. La historia humana y la vida personal de cada uno brindan suficientes experiencias de caos, que llevan a considerarla un bien fundamental. Los enfrentamientos, las agresiones, los maltratos, la violencia, las injusticias, hacen crecer cada vez más ese anhelo. Deseamos vivir en paz, deseamos estar en paz.

Pero también es cierto que muchas veces confundimos ese anhelo legítimo con otro que puede volverse incluso contrario a aquel: queremos que nos dejen en paz. Es decir que, en la medida en que a nosotros las cosas no nos afecten, no nos interesan. El instinto natural de autopreservación se convierte en un objetivo de la vida: se invierten esfuerzos, tiempo y recursos en lograr que nadie nos perturbe. Que nada nos saque de nuestro bienestar.

Vivir sin entrar en tensiones, sin ser alcanzados por los conflictos, dificultades, dudas, luchas, desencuentros, propios de la condición humana no es el ideal del evangelio. Su enseñanza no nos propone un estado de apatía frente al mundo y su complejidad. Por el contrario, nos mueve a involucrarnos con la realidad, a tomar en serio las angustias y necesidades de los seres humanos y comprometernos en el logro de un modo de vincularnos más fraterno, justo y solidario.

Por eso, Jesús, al dejarnos la paz, nos dice que no es como la que pueden ofrecernos otras alternativas del mundo. Sabe que podemos experimentar miedo cuando sufrimos contrariedades. De ahí que insista en que no nos inquietemos. Esa paz se alcanza precisamente, no por guardar la vida, sino por entregarla.



QUINTA SEMANA DE PASCUA
LUNES

Hemos venido a anunciaros que debéis abandonar esos ídolos
para convertiros al Dios viviente

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 14, 5-18

Al producirse en Iconio un tumulto los paganos y los judíos, dirigidos por sus jefes, intentaron maltratar y apedrear a Pablo y Bernabé. Estos, al enterarse, huyeron a Listra y a Derbe, ciudades de Licaonia, y a sus alrededores; y allí anunciaron la Buena Noticia.
Había en Listra un hombre que tenía las piernas paralizadas. Como era tullido de nacimiento, nunca había podido caminar, y sentado, escuchaba hablar a Pablo. Este, mirándolo fijamente, vio que tenía la fe necesaria para ser curado, y le dijo en voz alta: «Levántate, y permanece erguido sobre tus pies.» El se levantó de un salto y comenzó a caminar.
Al ver lo que Pablo acababa de hacer, la multitud comenzó a gritar en dialecto licaonio: «Los dioses han descendido hasta nosotros en forma humana», y daban a Bernabé el nombre de Júpiter, y a Pablo el de Mercurio porque era el que llevaba la palabra. El sacerdote del templo de Júpiter que estaba a la entrada de la ciudad, trajo al atrio unos toros adornados de guirnaldas y, junto con la multitud, se disponía a sacrificarlos.
Cuando Pablo y Bernabé se enteraron de esto, rasgaron sus vestiduras y se precipitaron en medio de la muchedumbre, gritando: «Amigos, ¿qué están haciendo? Nosotros somos seres humanos como ustedes, y hemos venido a anunciarles que deben abandonar esos ídolos para convertirse al Dios viviente que hizo el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos. En los tiempos pasados, él permitió que las naciones siguieran sus propios caminos. Sin embargo, nunca dejó de dar testimonio de sí mismo, prodigando sus beneficios, enviando desde el cielo lluvias y estaciones fecundas, dando el alimento y llenando de alegría los corazones.» Pero a pesar de todo lo que dijeron, les costó mucho impedir que la multitud les ofreciera un sacrificio.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 113b, 1-4. 15-16

R. No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre.

O bien:

Aleluia.

No nos glorifiques a nosotros, Señor:
glorifica solamente a tu Nombre,
por tu amor y tu fidelidad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«¿Dónde está su dios?» R.

Nuestro Dios está en el cielo y en la tierra
él hace todo lo que quiere.
Los ídolos, en cambio, son plata y oro,
obra de las manos de los hombres. R.

Sean bendecidos por el Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
y la tierra la entregó a los hombres. R.

ALELUIA Jn 14, 26

Aleluia.
El Espíritu Santo les enseñará todo;
les recordará todo lo que yo les he dicho.
Aleluia.

EVANGELIO

El Paráclito que el Padre enviará os enseñará todo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 21-26

Jesús dijo a sus discípulos: «El que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.»
Judas -no el Iscariote- le dijo: «Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros y no al mundo?»
Jesús le respondió: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.»

Palabra del Señor.


Homilía

San Ignacio de Loyola enseña que «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras» (EE 230). Esto lo hace en el libro de los Ejercicios Espirituales. El  mismo es una guía práctica para poner la vida a tono con el evangelio. Se comienza cobrando conciencia de la infinita misericordia con la que Dios nos trata, luego se contempla toda la vida del Señor Jesús, especialmente la cruz, y frente a tanto amor recibido se toma una importante decisión: de qué modo se va a entregar la propia vida. Una respuesta que es ofrenda de amor.

San Ignacio es un maestro del discernimiento espiritual. Presta mucha atención a los distintos movimientos que se dan dentro del corazón humano, especialmente los sentimientos que mueven hacia un lado o hacia otro a la hora de decidir. Pero no les asigna mayor relevancia si no son puestos al servicio de acciones concretas, decisiones que se toman y a las que se permanece fiel cuando esos sentimientos tal vez han desaparecido.

Este pasaje del evangelio nos pone frente a un tema muy importante: ¿cuál es el contenido de nuestro amor? Muchas personas que hablan del amor, a veces hasta con lágrimas en los ojos, le asignan un contenido muy parcial: piensan que amar es hacer aquello que les da una sensación de bienestar. Por supuesto que amar nos hace bien, pero también muchas veces implica ser capaces de afrontar dolorosas renuncias y aguantar difíciles contratiempos. Salir de nosotros mismos, dejar en parte nuestros intereses o gustos de lado, aceptar despojos, mantenerse en la espera paciente, ser flexibles para perdonar ofensas, etc.

Los cristianos cuando hablamos de amor miramos inmediatamente a Jesús, como lo hace san Ignacio, y encontramos en sus palabras y en sus obras el contenido preciso del mismo. Si queremos responder con amor al Señor debemos escuchar atentamente su Palabra. Hoy lo dices con toda claridad en este pasaje del evangelio: «el que recibe mis mandamientos y los cumple, ese es el que me ama… el que me ama será fiel a mi Palabra». Necesitamos contemplar una y otra vez su vida porque fuimos hechos para el amor y no podemos conformarnos con menos que eso.



DOMINGO QUINTO DE PASCUA
Año «A»

Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7

Como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra.»
La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.
Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19

R. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.

O bien:

Aleluia.

Aclamen, justos, al Señor:
es propio de los buenos alabarlo.
Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-10

Queridos hermanos:
Al acercarse al Señor, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo.
Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido.
Por lo tanto, a ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: piedra de tropiezo y roca de escándalo. Ellos tropiezan porque no creen en la Palabra: esa es la suerte que les está reservada.
Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz.
Ustedes, que antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios; ustedes, que antes no habían obtenido misericordia, ahora la han alcanzado.

Palabra de Dios.

ALELUIA Jn 14, 6

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12

Jesús dijo a sus discípulos:
«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy.»
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre.»

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios de este V Domingo de Pascua nos presenta la vida de fe como una realidad dinámica. En la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles la primitiva comunidad cristiana, fervorosa y entusiasta, no está libre de tensiones. En su constante crecimiento se ve desafiada a resolver una situación de conflicto interno, haciéndolo según los criterios del evangelio. El Salmo nos muestra a Dios, justo y misericordioso, obrando siempre en favor del género humano. La segunda lectura, de la Primera Carta del apóstol san Pedro, utiliza la imagen de la construcción para hablarnos sobre el desarrollo de la fe. Creer es apoyarnos firmemente en Cristo y desde ese fundamento desplegar toda nuestra vida. Finalmente, en el evangelio, Jesús se presenta como el Camino, la Verdad y la Vida.

Toda persona (lo mismo puede ocurrirle a toda comunidad humana) experimenta a lo largo de su vida diversos momentos de inquietud. Hay situaciones que nos preocupan. Este tiempo particular que atravesamos, por ejemplo y otros, sociales y, sobre todo, personales. Podemos sentir ansiedad y temor, hacer cosas para distraernos y obrar compulsivamente. Actuar conducidos por semejantes consejeros difícilmente nos lleva a buenos resultados: la tensión aumenta, cada vez nos sentimos más en peligro y todo se vuelve una amenaza. Nos vamos aislando interiormente y podemos llegar a tener la sensación de que no encajamos en ningún lugar.

Justamente lo que más nos ayuda es encontrar espacios donde serenarnos y sentirnos a salvo. No para escondernos, sino para recuperar la calma y poder afrontar los desafíos que la vida nos pone delante. Jesús les dice a sus discípulos «no se inquieten». ¡Qué bien nos hacen estas palabras! No son una frase de aliento, sin consistencia. Inmediatamente les da razón de las mismas: «En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones… voy a prepararles un lugar… a fin de que donde yo esté, estén también ustedes «. La casa es el lugar donde se habita, por tanto, símbolo de lo más propio, lo más íntimo. La casa del Padre es su corazón. Allí tenemos un lugar, habitado por una presencia amorosa. Tomás expresa el deseo de todo corazón humano y al mismo tiempo la incapacidad para alcanzar esa experiencia: «no sabemos adónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?». Jesús termina de revelarse entonces como «el Camino, la Verdad y la Vida».

Para llegar a habitar en el corazón de Dios hay que dar el paso de convertirse en creyente. Lejos de ser algo estático y cerrado, circunscripto a una realidad acotada, la fe acompaña el constante movimiento de nuestra existencia y abarca todas sus dimensiones. Luchas, tensiones, desafíos, crecimiento. Todo tiene que ver con ella. Ser creyente implica vivir una estrecha relación de amor con Jesús. Él es el único con legítima autoridad para decir: «no se inquieten», o como dirá en otros pasajes del evangelio «no teman». Porque sólo Él conoce la Verdad del amor del Padre, está constantemente unido a la fuente de la Vida y ofrece su amistad haciéndose Camino para que también nosotros la alcancemos.



CUARTA SEMANA DE PASCUA
SÁBADO

Nos dirigimos ahora a los paganos

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 44-52

Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo.
Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: «A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra.»
Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio. Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4

R. Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.

O bien:

Aleluia.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria. R.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos. R.

ALELUIA Jn 8, 31b-32

Aleluia.
Dice el Señor: Si ustedes permanecen fieles a mi palabra,
serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad.
Aleluia.

EVANGELIO

El que me ha visto ha visto al Padre

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 7-14

Jesús dijo a sus discípulos: «Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras. Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

Palabra del Señor.


Homilía

La persona de Jesús es fascinante y, por eso mismo también, desconcertante.Genera atracción y adhesión. Cuando lo conocemos, experimentamos que encontramos algo que anhelábamos hace tiempo. Pero nos incomoda cuando no se adapta exactamente a nuestras expectativas o cuando nos llama a desistalarnos. Siempre nos queda grande y nos invita a dar un paso más de crecimiento, a ir más hondo.

Es lo que ocurre en esta escena del evangelio con Felipe. Él se encuentra muy a gusto con Jesús, estando cerca de Él, en su compañía. Le agradan sus palabras y las obras buenas que realiza. Se siente cómodo como parte del grupo de los más cercanos. Pero todavía no ha puesto todo de sí mismo en juego. Se relaciona con Jesús pero manteniendo cierta distancia interior. Se mantiene como observador. No termina de entregarse, de ser protagonista del vínculo.

Jesús lo llama a involucrarse. Solamente quien lo hace puede verdaderamente conocerlo. A las personas las conocemos de verdad cuando las amamos, hasta ese momento sólo sabemos algunas cosas superficiales de ellas. Es la invitación que también recibimos cada uno de nosotros. No se trata de ser seguidores o adeptos sino amigos.Pidamos la gracia de permanecer cerca de Jesús no como cómodos observadores a quienes les caen simpáticas sus palabras o gestos, sino como apasionados discípulos que están dispuestos a compartir su suerte.



8 de mayo
Nuestra Señora de Luján
Patrona de la República
Solemnidad

Dios mismo viene a salvarnos

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 12-14; 2, 1-4

Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitido recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote, y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús y de sus hermanos.
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa en que se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.

Palabra de Dios.

SALMO Lc 1, 46-55

R. El Señor hizo en mí maravillas:
¡gloria al Señor!

«Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque él miró con bondad la pequeñez de su servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz. R.

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:
¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en generación
sobre aquellos que lo temen. R.

Desplegó la fuerza de su brazo,
dispersó a los soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono
y elevó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos
y despidió a los ricos con las manos vacías. R.

Socorrió a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia,
como lo había prometido a nuestros padres,
en favor de Abraham
y de su descendencia para siempre.» R.

Dios Padre nos ha elegido en Cristo,
antes de la creación del mundo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 1, 3-14

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor.
El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido.
En él hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento.
Él nos hizo conocer el misterio de su voluntad, conforme al designio misericordioso que estableció de antemano en Cristo, para que se cumpliera en la plenitud de los tiempos: reunir todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo.
En él hemos sido constituidos herederos, y destinados de antemano -según el previo designio del que realiza todas las cosas conforme a su voluntad- a ser aquellos que han puesto su esperanza en Cristo, para alabanza de su gloria.
En él, ustedes, los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Noticia de la salvación, y creyeron en ella, también han sido marcados con un sello y por el Espíritu Santo prometido.
Ese Espíritu es el anticipo de nuestra herencia y prepara la redención del pueblo que Dios adquirió para sí, para alabanza de su gloria.

Palabra de Dios.

ALELUIA 2Cr 7, 16

Aleluia.
Dice el Señor:
Yo he elegido y consagrado esta Casa,
a fin de que mi Nombre
resida en ella para siempre.
Aleluia.

EVANGELIO

Aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu madre

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 19, 25-27

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»
Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.


Homilía

Hoy, 8 de mayo, celebramos la Solemnidad de Ntra. Sra. de Luján, patrona de la República Argentina. Las lecturas proclamadas son las de la celebración litúrgica correspondiente. En la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, se nos muestra a la primitiva comunidad cristiana reunida en oración junto a María. El Salmo es un pasaje del Evangelio según san Lucas, conocido como «Magnificat». Es el canto de alabanza que María entona después de haber recibido del ángel, la noticia de que será la madre del Hijo de Dios. La segunda lectura toma un pasaje de la Carta a los efesios, que contiene un antiguo himno cristiano. El mismo da gracias a Dios por la obra de la redención llevada a cabo en Cristo, que nos hace capaces de compartir su misma gloria. Finalmente, el evangelio vuelve a ponernos al pie de la cruz de Jesús, donde María y el discípulo amado sellan una alianza de amor

Todos esos textos buscan señalar el lugar que Dios le asignó a la Virgen en la historia de la salvación, en la vida de la Iglesia y en el camino de cada creyente. María rezando junto a los que creen, una creyente más, buscando ser dócil al Espíritu Santo. Su fe adquiere una relevancia única al dejarse conducir por los planes de Dios. Acepta su voluntad, que no es fácil, que no la privará de atravesar grandes dificultades. En fidelidad a la Palabra hecha carne y como respuesta de amor a tanto amor recibido, acoge como hijos a todos los que se acercan a su Hijo.

En la Virgen de Luján, nuestra patria experimenta desde el año 1630, esa acogida materna. Desde su primer devoto, el Negro Manuel, que consagró su vida a cuidarla, hasta los millones de peregrinos que en la actualidad se acercan a su Santuario. Todos, hijos e hijas sedientos de consuelo y esperanza, amparados bajo su manto. También nosotros nos contamos entre ellos. Con nuestros sueños y nuestras luchas diarias podemos acercarnos espiritualmente a ella y ubicarnos delante de su mirada tierna.

Hoy lo hacemos no solamente de manera personal sino, sobre todo, como Pueblo de Dios, que peregrina en Argentina. En esta circunstancia tan particular de necesidades que apremian y angustian. Confiamos a su cuidado maternal a quienes más están sufriendo en estos días: por la enfermedad, por la falta de alimentos, por la falta y la pérdida de trabajo, por los problemas económicos y habitacionales, por los que han sufrido la pérdida de un ser querido y no han podido estar a su lado y despedirlo, por quienes se sienten solos y por quienes tienen miedo. Ponemos en sus manos también a quienes más están esforzándose y luchando en esta situación adversa: a quienes siguen desarrollando su trabajo y prestando servicios a pesar de los riesgos, muy especialmente a todos los trabajadores de la salud, a quienes siguen adelante con las tareas de voluntariado y a quienes tienen que tomar las decisiones de mayor responsabilidad.

Los momentos de adversidad son difíciles pero también son una oportunidad de encontrar y ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Desde la fe son, sin duda, momentos especiales de gracia. La fragilidad, en manos de Dios, se vuelve fortaleza. Así fue la vida de María, la «pequeña servidora del Señor».

Tantos testimonios de solidaridad y ayuda en este tiempo conmueven. Son signo de que, en lo profundo, todos anhelamos vivir como hermanos. Para eso es necesario aflojar las durezas del corazón, volver a confiar, mirar al otro sin prejuicios. Nadie más capaz que la Virgen para acompañarnos en ese camino. Nos unimos en la oración y nos confiamos a su corazón de madre.

A continuación una canción del P. Raúl Canali, que podemos hacer nuestra, a modo de oración. Además de la letra, en el link se encuentra la versión original.

https://www.youtube.com/watch?v=3JQAurHZ_00

MADRECITA DE TERNURA

Madrecita de ternura, Virgencita Lujanera
Vos que sos la mensajera que anunciás la salvación
dale tu fuerza y valor al corazón peregrino,
vení a abrirnos el camino para llegar hasta Dios.

Sos en este Pueblo humilde como la luz de sus ojos,
sos amparo, sos reposo para nuestro caminar.
No nos vamos a olvidar, cuando vivamos a oscuras
que vos sos la Virgen pura, Madrecita de Luján.

Vos sos Madre de los pobres, porque pobre fue tu vida,
y el dolor marcó una herida en tu humilde corazón,
al ver a tu Hijo y Señor elevado en el madero,
lo entregaste al mundo entero para darnos salvación.

Hermosa Virgen morena, Madre del Pueblo Argentino,
apurá nuestro destino de paz y liberación;
escuchá nuestro clamor, es un grito de confianza;
sostené nuestra esperanza, María Madre de Dios.



CUARTA SEMANA DE PASCUA
JUEVES

De la descendencia de David,
Dios hizo surgir un Salvador, que es Jesús

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 13-25

Desde Pafos, donde se embarcaron, Pablo y sus compañeros llegaron a Perge de Panfilia. Juan se separó y volvió a Jerusalén, pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia.
El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Después de la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a decir: «Hermanos, si tienen que dirigir al pueblo alguna exhortación, pueden hablar.»
Entonces Pablo se levantó y, pidiendo silencio con un gesto, dijo: «Escúchenme, israelitas y todos los que temen a Dios. El Dios de este Pueblo, el Dios de Israel, eligió a nuestros padres y los convirtió en un gran Pueblo, cuando todavía vivían como extranjeros en Egipto. Luego, con el poder de su brazo, los hizo salir de allí y los cuidó durante cuarenta años en el desierto. Después, en el país de Canaán, destruyó a siete naciones y les dio en posesión sus tierras, al cabo de unos cuatrocientos cincuenta años. A continuación, les dio Jueces hasta el profeta Samuel.
Pero ellos pidieron un rey y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, por espacio de cuarenta años. Y cuando Dios desechó a Saúl, les suscitó como rey a David, de quien dio este testimonio: He encontrado en David, el hijo de Jesé, a un hombre conforme a mi corazón que cumplirá siempre mi voluntad.
De la descendencia de David, como lo había prometido, Dios hizo surgir para Israel un Salvador, que es Jesús. Como preparación a su venida, Juan había predicado un bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel. Y al final de su carrera, Juan decía: «Yo no soy el que ustedes creen, pero sepan que después de mí viene aquel a quien yo no soy digno de desatar las sandalias».»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 88, 2-3.21-22.25.27

R. Cantaré eternamente tu amor, Señor.

O bien:

Aleluia.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.» R.

«Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga poderoso.» R.

Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán,
su poder crecerá a causa de mi Nombre:
El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.» R.

ALELUIA Cf. Apoc 1, 5ab

Aleluia.
Jesucristo, eres el Testigo fiel,
el Primero que resucitó de entre los muertos,
nos amaste y nos purificaste de nuestros pecados,
por medio de tu sangre.
Aleluia.

EVANGELIO

El que reciba al que yo envíe me recibe a mí

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 16-20

Después de haber lavado los pies a los discípulos, Jesús les dijo: «Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican. No lo digo por todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla la Escritura que dice: El que comparte mi pan se volvió contra mí.
Les digo esto desde ahora, antes que suceda, para que cuando suceda, crean que Yo Soy. Les aseguro que el que reciba al que yo envíe, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me envió.»

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del evangelio que hoy se proclama nos ubica en el contexto de la última cena. Jesús acaba de realizar el gesto de lavar los pies a los discípulos. Inmediatamente vuelve a la mesa y les habla, conservando el clima de suma intimidad.

Abre su corazón de par en par y explica lo que acaba de hacer. Les comparte lo que podríamos llamar «el secreto» de su vida. ¿Qué lo ha conducido todo este tiempo y lo llevará hasta la entrega suprema de la cruz? Dar constantemente la vida. Su vida ha sido un constante brindarse, ofrecerse. Esa es su felicidad.

Jesús sabe que deseamos ardientemente ser felices y lo buscamos intensamente. También sabe que muchas veces gastamos demasiadas energías en conseguirlo donde nunca podremos hacerlo. No es el dinero, las posesiones, el confort, el poder, la diversión lo que logra saciarnos. No se trata de acumular cosas o experiencias gratificantes. Se trata de brindarnos como Él. No guardar sino ofrecer: nuestro tiempo, nuestra creatividad, nuestra ayuda, nuestra vida.

Jesús conoce, así mismo, nuestras resistencias a entregarnos por amor. Preferimos atarnos a alguna seguridad. Lo experimenta dolorosamente en uno de sus amigos, que lo va a traicionar por unas pocas monedas. A todos nos cuesta darnos de verdad. Tenemos miedo de perder, de quedarnos sin nada. Por eso aclara que quien se anima a amar, a acoger en su interior al que necesita, es a su vez acogido, amado. No se queda vacío sino que alcanza la plenitud de la comunión.

Pedimos la gracia de dejarnos lavar los pies por Jesús y estar dispuestos a hacer lo mismo por los demás.



CUARTA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES

Reservadme a Saulo y a Bernabé

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12, 24 — 13, 5a

La Palabra de Dios se difundía incesantemente. Bernabé y Saulo, una vez cumplida su misión, volvieron de Jerusalén a Antioquía, llevando consigo a Juan, llamado Marcos.
En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Cirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo.
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado.»
Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre. Al llegar a Salamina anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 66, 2-3.5.6.8

R. ¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!

O bien:

Aleluia.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra. R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra. R.

ALELUIA Jn 8, 12

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy la luz del mundo;
el que me sigue tendrá la luz de la Vida.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo soy la luz y he venido al mundo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 44-50

Jesús exclamó:
«El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió. Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo.
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó.»

Palabra del Señor.


Homilía

En el corazón de todo ser humano anida un anhelo profundo: encontrarse cara a cara con Dios, fuente de la vida y causa de nuestra existencia. San Agustín lo expresó bellamente al comienzo de su famoso libro autobiográfico llamado «Confesiones»: «Nos hiciste, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». En muchas ocasiones ese deseo es explícito y en otras aparece velado bajo otras formas: búsqueda intensa de amar y ser amado, de sentido, de verdad, de justicia, de bondad, etc.

En nuestro caminar por este mundo algunas veces intuimos algo de Él. Nos maravillamos, conmovemos, extasiamos y queremos quedarnos allí, atesorar ese momento. Pero no podemos atraparlo y encerrarlo en una sola experiencia, constantemente a disposición nuestra. Nos resulta siempre más grande, se hace cercano pero permanece, al mismo tiempo, distante. Es lo que llamamos el misterio de Dios. Se muestra pero se esconde. Lo percibimos pero no lo agotamos.

Jesús se nos ofrece en esta escena del evangelio, como aquél que nos muestra verdaderamente el rostro de Dios, el Padre. Quien se vincula a Él recibe la luz que necesita su alma. Mantener un vínculo de amor nos compromete y resulta más desafiante que simplemente realizar ciertas prácticas que nos aseguren una experiencia gratificante. Tal vez por eso, algunos no aceptan sus palabras. Quien rechaza su invitación se autoimpone el castigo de permanecer en las tinieblas. La alegría de Jesús no es juzgar sino salvar. Dejémonos alcanzar por su Palabra para experimentar el gozo del encuentro.



CUARTA SEMANA DE PASCUA
MARTES

También anunciaron a los paganos al Señor Jesús

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 11, 19-26

Los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra
únicamente a los judíos. Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron.
Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una multitud adhirió al Señor.
Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de «cristianos».

Palabra de Dios.

SALMO Sal 86, 1-7

R. Alaben al Señor, todas las naciones.

O bien:

Aleluia.

¡Esta es la ciudad que fundó el Señor
sobre las santas Montañas!
El ama las puertas de Sión
más que a todas las moradas de Jacob.
Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios. R.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre aquellos que me conocen;
filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella.»
Así se hablará de Sión:
«Este, y también aquél,
han nacido en ella,
y el Altísimo en persona la ha fundado.» R.

Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:
«Este ha nacido en ella.»
Y todos cantarán, mientras danzan:
«Todas mis fuentes de vida están en ti.» R.

ALELUIA Jn 10, 27

Aleluia.
Dice el Señor: Mis ovejas escuchan mi voz,
yo las conozco y ellas me siguen.
Aleluia.

EVANGELIO

El Padre y yo somos uno

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 22-30

Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: «¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente.»
Jesús les respondió: «Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa.»

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio según san Juan que hoy se proclama señala una última característica del Buen Pastor: las ovejas están seguras porque están constantemente en sus manos. Nada ni nadie puede hacerles verdaderamente daño.

En algunos momentos de nuestra vida podemos experimentar, por lo arduo del momento que estamos atravesando, que no encontramos un lugar en el que podamos sentirnos a salvo. Necesitamos experimentar que nuestra existencia se apoya realmente en un fundamento sólido, que es capaz de sostenernos. Las palabras de aliento o los consejos bien intencionados no siempre llegan a serenar el corazón. Pedirle semejante cosa al amor de otro ser humano, frágil y limitado como uno mismo, es sencillamente demasiado.

También puede ocurrirnos, en más de una ocasión, sentir que no encajamos del todo, que no logramos ser entendidos como necesitamos, sentirnos al margen, que no tenemos un lugar propio. Y hacer muchos esfuerzos por pertenecer a algo o a alguien, que nos haga sentir acogidos. Es muy penoso y se corre el riesgo de «poner en venta» la propia identidad, con tal de alcanzar esa experiencia.

Allí aparece Jesús, con su inconmensurable bondad y ternura, con su infinita capacidad de amor, diciéndonos que estamos en sus manos. Ese es nuestro lugar de pertenencia más genuino. Es el fundamento más profundo de nuestra vida. Por supuesto, estar en sus manos no nos preserva de pasar por las mismas contradicciones. Pero lo hacemos apoyados en Él. Quien nos sostiene, atravesó por amor a nosotros la oscuridad del sufrimiento y de la muerte y los venció. De sus manos nadie nos puede arrebatar.

Pidamos la gracia de contemplar a Jesús, Buen Pastor, que sostiene nuestra vida y encontrar en Él la paz



CUARTA SEMANA DE PASCUA
LUNES

También a los paganos ha concedido Dios el don
de la conversión que conduce a la vida

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 11, 1-18

En aquellos días:
Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la Palabra de Dios. Y cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes de origen judío lo interpelaron, diciéndole: «¿Cómo entraste en la casa de gente no judía y comiste con ellos?»
Pedro comenzó a contarles detalladamente lo que había sucedido: «Yo estaba orando en la ciudad de Jope, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Vi que bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas, que vino hasta mí. Lo miré atentamente y vi que había en él cuadrúpedos, animales salvajes, reptiles y aves.
Y oí una voz que me dijo: «Vamos, Pedro, mata y come.» «De ninguna manera, Señor, respondí, yo nunca he comido nada manchado ni impuro.» Por segunda vez, oí la voz del cielo que me dijo: «No consideres manchado lo que Dios purificó.» Esto se repitió tres veces, y luego, todo fue llevado otra vez al cielo.
En ese momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea para buscarme. El Espíritu Santo me ordenó que fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron también los seis hermanos aquí presentes y llegamos a la casa de aquel hombre.
Este nos contó en qué forma se le había aparecido un ángel, diciéndole: «Envía a alguien a Jope, a buscar a Simón, llamado Pedro. El te anunciará un mensaje de salvación para ti y para toda tu familia.»
Apenas comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como lo hizo al principio sobre nosotros. Me acordé entonces de la Palabra del Señor: «Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo.» Por lo tanto, si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?»
Después de escuchar estas palabras, se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: «También a los paganos ha concedido Dios el don de la conversión que conduce a la Vida.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 41, 2-3; Sal 42, 3. 4

R. Mi alma tiene sed de tí, Dios viviente.

O bien:

Aleluia.

Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? R.

Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.

ALELUIA Jn 10, 14

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo soy la puerta de las ovejas

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 11-18

Jesús dijo:
Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y la dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».


Homilía

Este pasaje del Evangelio según san Juan continúa al proclamado en la liturgia de ayer. Pone el acento en otras características del Buen Pastor. Lo compara con quien realiza esa función por otro interés, especifica qué naturaleza tiene su vínculo con las ovejas y destaca su interés por llegar a todas y reunirlas en armonía.

Quien permanece a nuestro lado en los momentos de dificultad, expresa con su permanencia un genuino interés por nosotros. Es capaz de dejar de lado otros asuntos e intereses personales para gastar su tiempo en nosotros. Esa gratuidad, ese desprendimiento de sí mismo, habla de lo profundo de su amor. Es lo que señala el evangelio, cuando dice que Jesús no es un asalariado, que abandona a las ovejas cuando éstas corren peligro.

Jesús, Buen Pastor, permanece siempre junto a sus ovejas. Está tan unido a ellas, dice, como a su propio Padre. El mismo amor con el que Jesús es amado por Dios es el que lo une a nosotros. El amor con el que amamos a alguien y el amor con el que somos amados, nos hace ser, de algún modo, uno solo. Por eso llamamos al encuentro más profundo con Jesús, en la Eucaristía, comunión.

Dios es comunión eterna de amor, el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. El sueño de Dios es que todos sus hijos nos sentemos a la misma mesa. Jesús busca la comunión con Él y entre nosotros. Por ella dio su vida. Dejarnos conducir por Jesús es aceptar esa invitación y comprometer nuestra vida para alcanzarla.



DOMINGO CUARTO DE PASCUA
Año «A»

Dios lo ha hecho Señor y Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa. Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

O bien:

Aleluia.

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

Ustedes han vuelto a nuestro Pastor y Guardián

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25

Queridos hermanos:
Si a pesar de hacer el bien, ustedes soportan el sufrimiento, esto sí es una gracia delante de Dios. A esto han sido llamados, porque también Cristo padeció por ustedes, y les dejó un ejemplo a fin de que sigan sus huellas. El no cometió pecado y nadie pudo encontrar una mentira en su boca. Cuando era insultado, no devolvía el insulto, y mientras padecía no profería amenazas; al contrario, confiaba su causa al que juzga rectamente. El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Gracias a sus llagas, ustedes fueron curados. Porque antes andaban como ovejas perdidas, pero ahora han vuelto al Pastor y Guardián de ustedes.

Palabra de Dios.

ALELUIA Jn 10, 14

Aleluia.
«Yo soy el buen Pastor:
conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí»,
dice el Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo soy la puerta de las ovejas

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10

Jesús dijo a los fariseos:
«Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz.»
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: «Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia.»

Palabra del Señor.


Homilía

El cuarto domingo de Pascua nos presenta a Jesús resucitado como Buen Pastor. Tanto la primera lectura, tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, como la segunda, de la Primera Carta de san Pedro, ponen de relieve que la autoridad que tiene Jesús para conducir nuestra existencia, le viene de haber sufrido y entregado su vida por nosotros. El salmo, por su parte, que describe la intervención de Dios a favor del hombre bajo la imagen del pastor, es un canto de confianza en Él. Esa imagen entrañable para el Pueblo de Israel, conocida y experimentada por su cultura pastoril y su historia, es tomada por Jesús en el evangelio, para aplicársela a sí mismo.

Se trata de una figura que inmediatamente señala una relación. Si hay pastor, hay ovejas. Lo que hace con y por ellas, define y expresa su ser. Las conduce, las reúne, las pone a resguardo, las protege, se ocupa de alimentarlas y sanarlas. Como respuesta, el rebaño acepta estar bajo su tutela. Junto a él, han experimentado el bien. Sin él, están a la deriva y en peligro.

Todo el capítulo 10 del Evangelio según san Juan está dedicado al Buen Pastor. Los versículos que la liturgia selecciona para este año señalan como complemento otras dos imágenes: la puerta y el ladrón. El pastor infunde confianza y permite el desarrollo de las ovejas. El ladrón, por el contrario, acecha, y atemoriza. Es una amenaza para el despliegue de su vida. Además, tiene la intención de aprovecharse de las ovejas. No las sirve sino que se sirve de ellas. La puerta contiene una doble significación: apertura y movilidad por un lado, límite que protege por otro. Cuando es conveniente para el bien de las ovejas se abre, cuando ese mismo bien lo requiere, se cierra.

Toda esa realidad simple y sencilla sirve de base para introducirnos en una dimensión trascendente: Dios está dispuesto a conducir nuestra vida, en la medida que aceptamos ser conducidos por Él. Jesús se presenta como pastor de las ovejas, figura de bondad, atención y cuidado, opuesta a la del ladrón, imagen de maldad y daño. Quienes siguen a Jesús son sus ovejas. Serlo implica estar atentos a su voz, para ser dóciles a ella. Este vínculo no implica posesión, utilización o sometimiento. El Buen Pastor es, al mismo tiempo, la puerta del corral: «el que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento». No restringe nuestra libertad, la potencia y plenifica: «Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia». Pedios la gracia de escuchar en lo profundo del corazón la voz de Jesús, Buen Pastor, y seguirla, para tener Vida en abundancia.



TERCERA SEMANA DE PASCUA
SÁBADO

La Iglesia crecía en número,
asistida por el Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 9, 31-42

La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo.
Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida. Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años.
Pedro le dijo: «Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama.» El se levantó en seguida, y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor.
Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir «gacela». Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas. Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba.
Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas.
Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: «Tabitá, levántate». Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida.
La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 115, 12-17

R. ¿Con qué pagaré al Señor todo el bien que me hizo?

O bien:

Aleluia.

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.

Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo.
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos! R.

Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor. R.

ALELUIA Cf. Jn 6, 63c. 68c

Aleluya
Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida:
tú tienes palabras de Vida eterna.
Aleluia.

EVANGELIO

¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 60-69

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?»
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.»
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?»
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios.»

Palabra del Señor.


Homilía

Con estos versículos concluye el discurso del Pan de Vida, que se encuentra en el capítulo 6 del Evangelio según san Juan, proclamado en la semana que hoy termina. Jesús ha saciado el hambre de la multitud con la multiplicación de los cinco panes y dos peces y ha expresado detenidamente todo la riqueza espiritual que se contiene en ese signo. Él es el pan que da Vida al mundo y se ha quedado presente en la Eucaristía para saciar el hambre de toda la humanidad.

Todos han escuchado con atención y se han sentido cautivados por las palabras de Jesús. Pero también se han visto desafiados a dar un paso. Dejar atrás formas más superficiales, mecánicas o utilitarias de relacionarse con Dios y abrirse verdaderamente a un vínculo profundo con Él. Involucrarse completamente, no a medias, dejándole ser parte de algunas dimensiones de la propia vida y excluyéndolo de otras. En definitiva, un vínculo genuino, sincero y trasparente de amor.

Como narra el evangelio, algunos prefieren mantener las puertas cerradas; se alejan, dejan de acompañarlo. Otros, con Pedro a la cabeza, manifiestan una convicción que ya caló hondo en el corazón: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna». Un gran santo chileno contemporáneo, san Alberto Hurtado SJ., expresó bellamente esta misma experiencia: «El que ha mirado profundamente una vez siquiera a los ojos de Jesús no lo olvidará jamás».

Cada uno de nosotros podemos hacer memoria del paso de Dios por nuestra vida y de las experiencias de encuentro con Él. Hemos visto a los ojos de Jesús y es imposible olvidarnos esa experiencia de consuelo. Pidamos la gracia de poder refrescarla para seguir acercándonos a Él y alimentándonos con el Pan de Vida.



1º de mayo
San José
obrero

Cualquiera que sea vuestro trabajo, hacedlo de todo corazón,
teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 14-15.
17. 23-24

Hermanos:
Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.
Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.
Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 89, 2-4. 12-14. 16

R. El Señor haga prosperar la obra de nuestras manos.

O bien:

Aleluia.

Antes que fueran engendradas las montañas,
antes que nacieran la tierra y el mundo,
desde siempre y para siempre, tú eres Dios. R.

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,
con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos.»
Porque mil años son ante tus ojos
como el día de ayer, que ya pasó,
como una vigilia de la noche. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que nuestro corazón alcance la sabiduría.
¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?
Ten compasión de tus servidores. R.

Sácianos en seguida con tu amor,
y cantaremos felices toda nuestra vida.
Que tu obra se manifieste a tus servidores,
y que tu esplendor esté sobre tus hijos. R.

ALELUIA Sal 67, 20

Aleluia.
¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!
El carga con nosotros día tras día.
Aleluia.

EVANGELIO

¿No es éste el hijo del carpintero?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 13, 54, 58

En aquel tiempo:
Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.
«¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»
Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia.»
Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

Palabra del Señor.


Homilía

Hoy, 1° de mayo, la Iglesia confía a la intercesión de san José la realidad humana tan fundamental del trabajo. Nos unimos desde nuestras necesidades y nos ponemos bajo su amparo.

En el trabajo se despliega, y a la vez se perfecciona, una dimensión esencial de la dignidad humana. Es cierto que también puede ser ocasión de situaciones de injusticia y opresión. Pero, en sí mismo, es oportunidad de poner en juego la capacidad creadora y transformadora del ser humano. Cualquier tipo de trabajo, manual, intelectual, científico, técnico, pedagógico, etc., desde el más sencillo servicio al más elaborado desarrollo, aporta algo nuevo a este mundo. Ayuda a progresar a la humanidad, la embellece y enriquece.

La primera lectura nos da una clave para entender esto. Lo que podemos hacer lo hacemos porque Dios nos da la facultad de realizarlo. Por eso, más allá de quién demande nuestro trabajo y cuál sea la finalidad concreta de lo que hacemos, lo más importante es que con nuestro trabajo podemos agradar a Dios. Siendo responsables, tomando en serio nuestra tarea, esforzándonos, aplicando nuestro ingenio y capacidades, realizamos una obra muy concreta de amor. Devolvemos, a través de esa mediación, algo del empeño que Dios puso en crearnos y redimirnos. De ahí que la Iglesia enseñe que el trabajo es un medio de santificación muy adecuado y que está al alcance de todos.

Por eso es tan dramático que las personas no tengan acceso al trabajo. Al mismo tiempo que se ven impedidos de realizar su propia vida de manera digna, se ven privados de la posibilidad de desarrollar muchas de sus capacidades. Del mismo modo, es penosa la situación de quienes viven esclavos del trabajo y entregan a él toda su vida. Para ellos, ha dejado de ser un medio y se ha transformado en un fin. Una sutil pero muy concreta idolatría, como la del dinero o la fama.

Desde la fe, en este día miramos a san José, modelo de trabajador. Dios quiso confiar la vida de su Hijo y de la Santísima Virgen a la custodia de este hombre fiel y honrado. Puso en sus manos trabajadoras lo que más amaba. También nosotros nos confiamos a su intercesión para vivir el trabajo como un camino de entrega a Dios y a los demás.



TERCERA SEMANA DE PASCUA
JUEVES

Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40

El Angel del Señor dijo a Felipe: «Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto.» El se levantó y partió.
Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías.
El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y camina junto a su carro.»
Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: «¿Comprendes lo que estás leyendo?»
El respondió: «¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?»
Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra?
El etíope preguntó a Felipe: «Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?»
Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús.
Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: «Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?» Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 65, 8-9. 16-17. 20

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

O bien:

Aleluia.

Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies. R.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo. R.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia. R.

ALELUIA Jn 6, 51

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy el pan vivo bajado del cielo.
El que coma de este pan vivirá eternamente.
Aleluia.

EVANGELIO

Yo soy el pan vivo bajado del cielo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 44-51

Jesús dijo a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»

Palabra del Señor.


Homilía

En este pasaje del discurso del Pan de Vida, Jesús señala que el vínculo de amor que podemos establecer con Él, es la respuesta al anhelo de conocer a Dios, que Él mismo ha puesto en nosotros.

Conocer, en la Palabra de Dios, no es solamente tener una idea o un concepto de una realidad. Es, fundamentalmente, involucrarse con ella. Por eso entran en juego, además de la razón, el afecto y la voluntad. El ser humano completo.

De ahí que resulta un enorme desafío conocer a Dios. No podemos atraparlo en una noción y tampoco en una experiencia. Para conocerlo de verdad debemos estar siempre abiertos a Él, a su misterio, a su novedad. Similar a lo que nos ocurre con las personas. En la medida que no les ponemos una etiqueta y las clasificamos, cuando nos dejamos sorprender por lo que no se ve a primera vista, más las conocemos. No está de más decir que para eso es necesario pasar tiempo con Él. Imposible conocer a alguien si no le brindamos nuestra atención, tampoco a Dios.

Jesús dice que es su carne la que va a dar vida al mundo. En el lenguaje bíblico esto designa a toda su persona, pero haciendo énfasis en su humanidad. En las palabras y las obras del Señor (lo que dice y lo que hace, cómo lo dice y cómo lo hace), tenemos la oportunidad de conocer verdaderamente a Dios. En Él no hay engaño, todo es trasparente y sincero.

Pedimos la gracia de contemplar con fe y amor cada escena del Evangelio, para saciar nuestro anhelo de comunión con Dios y alcanzar la Vida.



TERCERA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES

Iban por todas partes anunciando la palabra

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 8, 1b-8

Ese mismo día, se desencadenó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 65, 1-3a. 4-7a

R. ¡Aclame al Señor toda la tierra!

O bien:

Aleluia.

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!» R.

Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres. R.

El convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
que gobierna eternamente con su fuerza. R.

ALELUIA Cf. Jn 6, 40

Aleluia.
Dice el Señor: El que cree en el Hijo tiene Vida eterna
y yo lo resucitaré en el último día.
Aleluia.

EVANGELIO

Esta es la voluntad de mi Padre,
que el que ve al Hijo tenga vida eterna

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 35-40

Jesús dijo a la gente:
«Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día.»

Palabra del Señor.


Homilía

La proclamación del evangelio de estos días continúa con el capítulo 6 del Evangelio según san Juan. Allí está, al comienzo, el relato de la multiplicación de los panes y luego las palabras de Jesús, conocidas como el «discurso del Pan de Vida». En esta parte, el Señor propone a todos los que experimentan hambre y sed, ir hacia Él. Se trata de una imagen espiritual muy profunda. Salir de nosotros mismos, dejar de seguir dando vueltas en torno a nuestras necesidades insatisfechas, abandonar el lamento, la queja y la protesta y avanzar hacia Jesús.

Lo que sufrimos puede ser desagradable y hasta muy doloroso. Pero no es la última palabra en nuestra vida. Tenemos que aceptar que nos muestra nuestra condición limitada, que no sabemos ni, mucho menos, podemos todo. Lejos de ser una mala noticia, es la oportunidad de volver a vernos como criaturas, pequeñas y frágiles. Es un retorno a la humildad.

Al mismo tiempo, recobrar nuestra conciencia de criaturas, se convierte en una ocasión de experimentar nuevamente el inmenso e incondicional amor de Dios. Jesús lo dice dulcemente: «al que viene a mí yo no lo rechazaré». Y continúa explicando que se apasiona en conseguir que nadie se pierda. Tanto valemos para Él, tanto está dispuesto a hacer por nosotros.

A veces nuestra vida va sin rumbo o con uno un poco difuso; a veces, incluso, vamos hacia donde no nos hace bien ir. Hoy escuchamos la promesa compasiva de Jesús «el que viene a mí jamás tendrá hambre…», abramos los oídos del corazón y aceptemos su invitación.



TERCERA SEMANA DE PASCUA
MARTES

Señor Jesús, recibe mi espíritu

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 7, 51 — 8, 1a

Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas:
«¡Hombres rebeldes, paganos de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo y son iguales a sus padres. ¿Hubo algún profeta a quien ellos no persiguieran? Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser traicionado y asesinado por ustedes, los que recibieron la Ley por intermedio de los ángeles y no la cumplieron.»
Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él. Esteban, lleno del Espíritu Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús, que estaba de pie a la derecha de Dios. Entonces exclamó: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre; y arrastrándolo fuera de la ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos a un joven llamado Saulo.
Mientras lo apedreaban, Esteban oraba, diciendo: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Después, poniéndose de rodillas, exclamó en alta voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y al decir esto, expiró. Saulo aprobó la muerte de Esteban.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 30, 3cd-4. 6ab. 7b. 8a. 17. 21ab

R. Señor, yo pongo mi vida en tus manos.

O bien:

Aleluia.

Sé para mí una roca protectora,
un baluarte donde me encuentre a salvo,
porque tú eres mi Roca y mi baluarte:
por tu Nombre, guíame y condúceme. R.

Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel.
Confío en el Señor.
¡Tu amor será mi gozo y mi alegría! R.

Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia;
Tú los ocultas al amparo de tu rostro
de las intrigas de los hombres. R.

ALELUIA Jn 6, 35ab

Aleluia.
Dice el Señor: Yo soy el pan de Vida.
El que viene a mí jamás tendrá hambre.
Aleluia.

EVANGELIO

No es Moisés el que os dio el verdadero pan del cielo,
sino mi Padre

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 30-35

La gente dijo a Jesús:
«¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo.»
Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo.»
Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»
Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.»

Palabra de Dios.


Homilía

El pasaje del Evangelio según san Juan que hoy se proclama y los que se proclamarán los días siguientes, continúan el relato de la multiplicación de los panes, narrado el viernes pasado.

Quienes están frente a Jesús no han presenciado ese acontecimiento. Sin embargo, son personas que lo han estado buscando, porque han escuchado de Él. También, seguramente, han tenido noticias de lo que ocurrió con los panes y los peces. Llegan con necesidades y expectativas, sin embargo, no entregan fácilmente su confianza. Tal vez hayan sufrido ya muchas decepciones. Por eso piden signos. Y, de algún modo, ponen un desafío grande al Señor. ¿Es capaz de realizar algo similar a lo que experimentaron sus antepasados en la extrema necesidad del desierto, cuando Dios los alimentó?

Jesús no sólo acepta el desafío, sino que, además, promete algo superador. No sólo un pan que alimente un tiempo y que satisfaga un aspecto de la vida, sino que verdaderamente sacie todo anhelo humano. Un pan que da Vida, con mayúsculas. Inevitablemente quien escucha esa promesa, pide a gritos ser beneficiado con ese don.

Cada uno de nosotros podemos ponernos fácilmente entre esas personas necesitadas. Hambrientos, no sólo de pan sino de tantas otras experiencias que no logramos alcanzar con nuestro propio esfuerzo. Como a ellos, hoy Jesús se nos revela como el Pan de Vida, y nos promete que, si nos entregamos a un vínculo de amor con Él, jamás tendremos hambre.



27 de abril
Santo Toribio de Mogrovejo
obispo

Conserva lo que se te ha confiado,
con la ayuda del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 13-14; 2, 1-3

Querido hermano:
Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.
Tú, que eres mi hijo, fortalécete con la gracia de Cristo Jesús. Lo que oíste de mí y está corroborado por numerosos testigos, confíalo a hombres responsables que sean capaces de enseñar a otros.
Comparte mis fatigas, como buen soldado de Jesucristo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 10

R. Anuncien las maravillas del Señor entre los pueblos.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

Día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos. R.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor. R.

Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.» R.

ALELUIA Jn 10, 14

Dice el Señor: Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto.

EVANGELIO

La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 9, 35-38

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.»

Palabra del Señor.


Homilía

Hoy, 27 de abril se celebra la Fiesta de Sto. Toribio de Mogrovejo, patrono de todo el episcopado latinoamericano. Este gran santo, que nació en España en el año 1538, fue nombrado arzobispo de Lima, sede del virreinato del Perú. Desde su llegada a América se encargó con gran fervor de cuidar al rebaño que se le había confiado. Especialmente lo hizo recorriendo numerosísimos kilómetros a pie, convocando sínodos y fundando seminarios, hospitales e iglesias. Las lecturas de la Palabra de Dios que hoy se proclaman son las que corresponden a la celebración litúrgica de su Fiesta.

Como Jesús, Sto. Toribio tuvo un gran deseo de comunicar a todos el amor de Dios. Su incansable tare tenía como motivación existencial que nadie quedara privado de la vida que trae el evangelio. En el corazón de todo buen pastor late la compasión. No le es indiferente el sufrimiento y la necesidad de quienes encuentra en el camino de la vida.

En el evangelio, Jesús constata y expresa que el trabajo es mucho, pero lejos de desanimarse confía que el Padre tocará el alma de otros para que pongan en juego su vida en la tarea. Sus cualidades, su creatividad y, sobretodo, su capacidad de amar. Hoy nosotros nos contamos entre aquellos a quienes Dios ha llamado a poner manos a la obra. No nos sentimos obligados sino convocados. No es un peso sino un privilegio, compartir gratuitamente lo que gratuitamente recibimos.

Hoy rezamos especialmente por nuestros obispos, para que Dios los asista en las grandes responsabilidades que les confió y por cada uno de nosotros, para que asumamos la hermosa tarea a la que Dios nos llama.



DOMINGO TERCERO DE PASCUA
Año «A»

No era posible que la muerte
tuviera dominio sobre Él

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido. Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que
había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiriéndose a él, dijo David: Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos. Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 1-2a. 5. 7-11

R. Señor, me harás conocer el camino de la vida.

O bien:

Aleluia.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.»
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte! R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna
a tu derecha. R.

Ustedes fueron rescatados con la sangre preciosa de Cristo,
el Cordero sin mancha

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

Queridos hermanos:

Ya que ustedes llaman Padre a Aquél que, sin hacer acepción de personas, juzga a cada uno según sus obras, vivan en el temor mientras están de paso en este mundo. Ustedes saben que «fueron rescatados» de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto, predestinado antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos para bien de ustedes.
Por él, ustedes creen en Dios, que lo ha resucitado y lo ha glorificado, de manera que la fe y la esperanza de ustedes estén puestas en Dios.

Palabra de Dios.

ALELUIA Cf. Lc 24, 32

Aleluia.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras.
Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas.
Aleluia.

EVANGELIO

Lo reconocieron al partir el pan

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 13-35

El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»
«¿Qué cosa?», les preguntó.
Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él. Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día e acaba.»
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista. Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?» En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.


Homilía

En el tercer domingo del tiempo de Pascua se ofrece a nuestra contemplación el relato del encuentro de Jesús resucitado con los discípulos de Emaús. Al igual que en los domingos precedentes, se trata de meternos en la narración del evangelio para tomar contacto con algún aspecto del misterio de la presencia de Jesús resucitado en nuestra vida.

Los discípulos van de camino. Lo hacen juntos. Su caminar tiene el rasgo de la desilusión; a causa del dolor recientemente vivido, se ha transformado en penoso. Frustración, quejas, desesperanza. Jesús resucitado se hace compañero de camino. Se acerca, se involucra con interés, escucha con atención.

Ante la compañía que se les ofrece, estos hombres van descargando su aflicción. Abren el corazón y se sacan el peso que los abruma. Con el alma más liviana, son capaces ahora de acoger las palabras que escuchan. No son palabras halagadoras, por momentos son duras, pero muestran la verdad, por lo tanto, curan, devuelven la esperanza, señalan el horizonte de crecimiento. En la escucha de la palabra amorosa de Jesús, su interior se va transformando. Se vuelven capaces de reinterpretar su historia, incluido el fracaso y el sufrimiento, como historia de salvación.

El final del día los encuentra deseosos de quedarse en compañía de esta presencia que les ha devuelto la alegría. Se sientan juntos a la mesa y comparten el pan. Todo ello evoca sin duda la última cena, donde Jesús ha asegurado a los suyos su permanencia constante. Allí, en ese momento, terminan de comprender que Jesús resucitado ha pasado por su vida. Con su misericordia los ha sanado. Inmediatamente se ponen de pié y nuevamente en camino, para anunciar el gozo de lo que han vivido.El encuentro con Jesús resucitado les ha devuelto la capacidad de salir de sí mismos y brindarse con generosidad y entusiasmo a los demás.

Todo el relato es imagen de la vida humana. Nuestra vida es un peregrinar. Caminamos con otros, compartimos la vida. Vivimos momentos de frustración y dolor, como el que vivieron estos discípulos. Como a ellos, también a nosotros Jesús se nos ofrece como compañero de camino, para que le abramos el corazón y descarguemos nuestra pesar. Nos habla y enseña una y mil veces y nos devuelve la alegría y la confianza. Despierta en nosotros el deseo de conservar siempre su compañía y nos la ofrece, especialmente en la Eucaristía. Nos redime y nos hace capaces de amar con su amor; de ayudar a que otros se pongan de pie y descubran en su camino un horizonte de esperanza.

Al rezar con esta escena del evangelio, pidamos la gracia de poder experimentar en el camino de nuestra vida, como los discípulos de Emaús, la presencia consoladora de Jesús resucitado.



Segundo sábado de Pascua
Nuestra Señora del Valle
Memoria

Vi la nueva Jerusalén,
embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Lectura del libro del Apocalipsis 21. 1-5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe mas.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: El habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será con ellos su propio Dios. Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas».

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL Jdt 16, 13-15

R. ¡Alabado sea Dios, el Señor!

Cantaré a mi Dios un canto nuevo:
Señor, Tú eres grande y glorioso,
admirable por tu poder e invencible. R.

Que te sirvan todas las criaturas
porque Tú lo dijiste y fueron hechas,
enviaste tu Espíritu y El las formó. R.

Las montañas y las aguas se sacudirán desde sus cimientos.
las rocas se derretirán como cera en tu presencia,
pero Tú siempre te muestras popicio con aquéllos que te temen. R.

ALELUIA Cf. Lc 2, 19

Aleluia
¡Feliz la Virgen María,
que conservaba la Palabra de Dios
y la meditaba en su corazón!
Aleluia

EVANGELIO

Cuánto se dolía y padecía esa piadosa Madre,
contemplando las penas de su Hijo

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 19, 25—27

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien El amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como suya.

Palabra del Señor.


Homilía

El segundo sábado del tiempo de Pascua se celebra en el noroeste de nuestro país la fiesta de Nuestra Señora del Valle de Catamarca. Esta advocación de la Santísima Virgen es tan antigua como la de Luján o la de Itatí. Por haber sido, y seguir siendo, tan significativa en la fe de nuestro pueblo, adquiere una relevancia especial para toda la Iglesia que peregrina en Argentina. Este año, al cumplirse 400 años del hallazgo de la sagrada imagen, y del comienzo de la devoción, la Iglesia Argentina ha convocado a un Año Mariano Nacional. Las lecturas que hoy se proclaman pertenecen a la celebración litúrgica de la Virgen del Valle.

La invitación de este día es recorrer el camino de la Pascua de la mano de la Virgen. María ocupa un lugar especial en la Historia de la Salvación y en nuestra propia historia. Siempre con Jesús y con aquellos que lo siguen. Un rasgo distintivo es su presencia amorosa en los momentos de luchas y dificultades. Es lo que expresa particularmente el pasaje del evangelio de hoy.

Recibir a María como Madre y ser recibidos por ella como hijos. En su maternidad encontramos los rastros del amor materno de Dios. El amparo, la ternura, la delicadeza y todo lo que un corazón sediento de amor desea. En ese vínculo profundo con la Virgen podemos experimentar el poder que tiene Dios para transformar toda la realidad.

En este tiempo de tanta incertidumbre nos confiamos a los brazos maternos de la Virgen. Tan bellamente lo expresa el pasaje del Libro del Apocalipsis que leemos hoy. Allí podemos esperar confiados que Dios secará toda lagrima y no habrá más muerte ni dolor, porque el amor es capaz de hacer nuevas todas las cosas.



SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
VIERNES

Salieron dichosos, de haber sido considerados
dignos de padecer por el nombre de Jesús.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42

Un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles, dijo a los del Sanedrín:
«Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres. Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron. Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios.»
Los del Sanedrín siguieron su consejo: llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús. Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 26, 1. 4. 13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

O bien:

Aleluia.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Una sola cosa he pedido al Señor,
y esto es lo que quiero:
vivir en la Casa del Señor
todos los días de mi vida,
para gozar de la dulzura del Señor
y contemplar su Templo. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.

ALELUIA Mt 4, 4b

Aleluia.
El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Aleluia.

EVANGELIO

Distribuyó a los que estaban sentados,
dándoles todo lo que quisieron

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a él y dijo a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para darles de comer?» El decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?»
Jesús le respondió: «Háganlos sentar.»
Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran uno cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron. Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: «Este es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo.»
Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Palabra del Señor.


Homilía

El relato de la multiplicación de los panes se encuentra en los cuatro evangelios. En el Evangelio según san Juan ocupa el lugar de la última cena. Es el relato eucarístico de ese evangelio.

En esta escena se hace notar particularmente la pobreza de los recursos con los que se cuenta frente a la gran necesidad que se padece. Lo asombroso es la extraordinaria respuesta que con esos pobres medios se brinda a esa necesidad. También se mencionan los pedazos que sobran, los cuales son considerados valiosos, por eso se procura guardarlos.

Todo ello nos introduce en la lógica del amor de Dios. En su obrar, elige siempre lo más pequeño para realizar desde allí grandes cosas. Por eso asume la condición humana en su Hijo Jesús. Nace y vive pobre y muere en el último lugar. Llega hasta lo más bajo, para no dejar nada fuera del alcance de su amor. Nada sobra o es insignificante para Él. Todo cuenta y tiene su valor.

La capacidad de amar lo pequeño y frágil es la misericordia. Literalmente, es el corazón que se inclina ante la miseria, para remediarla. Dios es grande, nosotros pequeños. Se hace pequeño, para hacernos grandes.

En la Eucaristía se replica la misma dinámica. Lo simple del pan y el vino es tomado por Jesús para hacer presencia real de sí mismo. Cada vez que la celebramos se actualiza el misterio de su entrega de amor. Entramos en comunión con su persona y su destino.

Pedimos la gracia de vivir cada Eucaristía como escuela de vida. Que aprendamos el modo de Dios. Que no depreciemos lo pequeño de nosotros y de los demás sino que tengamos misericordia, que no dejemos nada fuera del alcance de nuestro amor.



SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
JUEVES

Nosotros somos testigos de estas cosas;
nosotros y el Espíritu Santo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 27-33

Los guardias hicieron comparecer a los Apóstoles ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: «Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!»
Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen.»
Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos.

Palabra de Dios.

SALMO  Sal 33, 2. 9. 17-20

R. El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

O bien:

Aleluia.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian! R.

El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias. R.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos. R.

ALELUIA Jn 20, 29

Dice el Señor: Ahora crees, Tomás, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!
Aleluia.

EVANGELIO

El Padre ama al Hijo
y ha puesto todo en sus manos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 31-36

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio que hoy se proclama nos trae el final del diálogo de Jesús con Nicodemo. El nuevo nacimiento del que se ha hablado, pone a la persona que lo vive en una situación distinta. Encara la misma vida y los mismos desafíos pero desde una experiencia espiritual completamente renovada. No cambia la realidad, lo que cambia es el corazón y la mente de la persona que la afronta.

Lo que Jesús anuncia en el Evangelio es lo que viven, por ejemplo, Pedro y los demás Apóstoles, según nos narra el Libro de los Hechos de los Apóstoles, en la primera lectura. Con profunda convicción y firmeza pueden parase frente a las autoridades religiosas y hablar con total libertad. «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» dicen.

No sólo hay que ser valiente sino también humilde y desprendido para poder expresarse así. Podríamos traducirlo en experiencias muy concretas de nuestra vida cotidiana. No importa lo que otros estén esperando de mí. No importa si me alaban o critican. No importa si me destaco o me ignoran. No importa si tengo éxito o si me rechazan. Sólo importa ser fiel a Dios. Ponerme delante de su mirada, que conoce hasta lo más profundo de mí y por eso me hace libre, y elegir. Qué hacer, qué decir, cómo vivir.

Los cristianos somos los que hemos vuelto a nacer. Místicamente ocurrió esto el día de nuestro bautismo. En el sacramento fuimos sepultados con Cristo y nacimos a la vida de la Gracia. Recibimos el Espíritu Santo que habita en nosotros y nos anima. Pedimos la gracia de dejarnos conducir por Él.

Una antigua y hermosa poesía de Sta. Teresa de Jesús puede ayudarnos a esa disposición:

Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mi?

Soberana Majestad,
eterna sabiduría,
Bondad buena al alma mía;
Dios, Alteza, un Ser, Bondad:
la gran vileza mirad,
que hoy os canta amor así:
¿qué mandáis hacer de mi?

Vuestra soy, pues me criastes,
vuestra pues me redimistes,
vuestra, pues que me sufristes,
vuestra pues que me llamastes.
vuestra, porque me esperastes,
vuestra pues no me perdí,
¿qué mandáis hacer de mi?

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,
que haga tan vil criado?
¿Cuál oficio le habéis dado
a este esclavo pecador?
veisme aquí, mi dulce amor,
amor dulce veisme aquí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma;
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí,
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad,
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme inferno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo,
pues del todo me rendí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Si queréis dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad:
sólo hallo paz aquí,
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme pues sabiduría,
o, por amor, ignorancia;
dadme años de abundancia,
o de hambre y carestía.
Dad tiniebla o claro día,
revolvedme aquí y allí,
¿qué mandáis hacer de mi?

Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar,
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando;
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce amor decid:
¿qué mandáis hacer de mi?

Dadme Calvario o Tabor,
desierto o tierra abundosa;
sea Job en el dolor,
o Juan que al pecho reposa;
sea viña fructuosa,
o estéril, si cumple así:
¿qué mandáis hacer de mi?

Sea José puesto en cadena,
o de Egipto adelantado,
o David sufriendo pena,
o ya David encumbrado.
Sea Jonás anegado,
O libertado de allí:
¿qué mandáis hacer de mi?

Haga fruto o no lo haga,
esté callando o hablando,
muéstreme la ley mi llaga,
goce de Evangelio blando;
esté penando o gozando,
sólo vos en mí vivid.
¿qué mandáis hacer de mi?
Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mi?



SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
MIÉRCOLES

Los hombres que vosotros arrestasteis
están en el templo y enseñan al pueblo

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 5, 17-26

Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública.
Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: «Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida.» Los Apóstoles, obedeciendo la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar.
Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: «Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro.»
Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: «Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo.»
El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 2-9

R. El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

O bien:

Aleluia.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren. R.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: él me respondió
y me libró de todos mis temores. R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en él se refugian! R.

ALELUIA Jn 3, 16

Aleluia.
Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único;
todo el que cree en él tiene Vida eterna.
Aleluia.

EVANGELIO

Dios envió su Hijo
para que el mundo se salve por él

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 16-21

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio que hoy se proclama continúa el diálogo de Jesús con Nicodemo. El nuevo nacimiento del que ha hablado hace referencia a una manera nueva, más profunda y verdadera de entender a Dios y su obrar.

El juicio de Dios es cierto, pero no está motivado por el deseo de condenar sino de salvar. Dios sabe que librados a nuestra propia suerte vamos errantes y hacemos, y nos hacemos, daño. El pecado es una realidad muy concreta que va enfermando el corazón humano. Como todo aquel que ama, y Él lo hace de un modo incomparable, busca preservar de la ruina a quienes ama. Utiliza toda su creatividad y se ofrece todo, hasta el punto de quedarse vacío, sin nada. Nos dio a su propio Hijo. Para que entrando en comunión con él empecemos a transitar el camino de la vida y habitemos en la luz. Nuestro destino no es oscuro, es radiante.

Quienes tienen a Jesús en su vida se vuelven luminosos e iluminan la vida de los demás. Pero también es cierto que la luz del Evangelio no siempre es acogida. A veces el corazón humano se endurece y rechaza aquello mismo que podría darle sosiego. El episodio del Libro de los Hechos de los Apóstoles que se narra en la primera lectura es un ejemplo de ello. La envidia ciega el espíritu de las autoridades religiosas y terminan constituyéndose en un obstáculo a la acción de Dios.

Pedimos la gracia de conocer profundamente a Dios y su obrar, para que nuestra vida se llene de su luz.



SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
MARTES

Un solo corazón y una sola alma

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-37

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consueloun levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 92, 1ab. 1c-2. 5

R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

O bien:

Aleluia.

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. R.

El mundo está firmemente establecido:
¡no se moverá jamás!
Tu trono está firme desde siempre,
tú existes desde la eternidad. R.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos. R.

ALELUIA Jn 3, 14-15

Aleluia.
Es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Aleluia.

EVANGELIO

Nadie ha subido al cielo,
sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 7b-15

Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»
«El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»
«¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.
Jesús le respondió: «¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»

Palabra del Señor.


Homilía

El pasaje del Evangelio que hoy se proclama es la continuación del diálogo entre Jesús y Nicodemo que comenzó en la lectura de ayer. La invitación y el desafío es un cambio tan profundo que puede asemejarse a un nuevo nacimiento.

Entendemos, por la reacción de Nicodemo, que es algo que lo cautiva, pero al mismo tiempo lo desconcierta. Mirándolo, podemos sentirnos identificados. Volver a nacer, volver a ser como niños, recuperar la inocencia, la espontaneidad, la confianza, la ternura. El pensar bien del otro, la generosidad, la capacidad de pequeñas o grandes renuncias por amor, sin esperar que nos paguen.

Crecer consiste en desplegar nuestras capacidades y asumir responsabilidades. A medida que nuestra vida avanza, vamos acumulando experiencias que nos hacen aprender pero que no necesariamente nos hacen más sabios. Muchas veces, con el paso de los años, y a causa de los golpes de la vida, nos volvemos más rígidos, calculadores y desconfiados. En lugar de ser más aptos para el amor, nos hacemos más incapaces.

Volver a nacer, es una imagen de lo que Dios puede hacer con nosotros, cuando nos entregamos a su Hijo, Jesús resucitado. Lo vemos en el pasaje del Libro de los Hechos de los Apóstoles de la primera lectura de hoy. Personas con una vida ya organizada y con costumbres y posiciones adquiridas, se vuelven flexibles y creativos para el amor, porque se han encontrado con Jesús resucitado.

Pidamos para cada uno de nosotros la gracia de volver a nacer. Que el encuentro profundo con Jesús resucitado nos transforme de tal manera que nos haga más capaces de hacer bien lo único importante: amar.



SEGUNDA SEMANA DE PASCUA
LUNES

Cuando terminaron de orar,
todos quedaron llenos del Espíritu Santo
y anunciaban decididamente la palabra de Dios

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 4, 23-31

Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oírlos, todos levantaron la voz y oraron a Dios unánimemente: «Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor:
¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos? Los reyes de la tierra se rebelaron y los príncipes se aliaron contra el Señor y contra su Ungido.
Porque realmente se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido.
Así ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de antemano. Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad: extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús.»
Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 2, 1-3.4-9

R. ¡Felices los que se refugian en ti, Señor!

O bien:

Aleluia.

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido:
«Rompamos sus ataduras,
librémonos de su yugo.» R.

El que reina en el cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor:
«Yo mismo establecí a mi Rey
en Sión, mi santa Montaña.» R.

Voy a proclamar el decreto del Señor:
El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy.
Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra.
Los quebrarás con un cetro de hierro,
los destrozarás como a un vaso de arcilla» R.

ALELUIA Col 3, 1

Aleluia.
Ya que ustedes han resucitado con Cristo,
busquen los bienes del cielo
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.
Aleluia.

EVANGELIO

El que no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el Reino de Dios

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 3, 1-8

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos. Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: «Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él.»
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios.»
Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo?
¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?»
Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»

Palabra del Señor.


Homilía

El tiempo litúrgico de la Pascua se extiende durante cincuenta días, hasta la Solemnidad de Pentecostés. A partir de hoy, todos los textos del Evangelio que se proclaman pertenecen al Evangelio según san Juan y corresponden a la vida pública de Jesús, antes de su muerte y resurrección. Pero deben leerse desde la luz de la Pascua.

El Evangelio de Juan se caracteriza por varios encuentros personales que el Señor sostiene. Éste, con Nicodemo, nos muestra a un hombre íntegro, buscador de la verdad. Es una persona religiosa, conocida y respetada, con una reputación. Jesús lo cautiva, pero no adhiere a Él abiertamente. Va a verlo de noche, sin hacerse notar. Hay una lucha en él. Quiere dar un paso, pero experimenta resistencias. Siente que tiene mucho que poner en juego.

El grupo al que pertenece (los fariseos) lo confirma en su identidad, pero al mismo tiempo lo limita en su crecimiento en la fe. Los fariseos eran gente muy religiosa y fiel en el cumplimiento de la ley de Dios. Se tomaban la fe muy en serio. Pero también eran, por lo general, personas rígidas y autosuficientes. La compasión no era una virtud frecuente entre ellos. Con sus enseñanzas y prácticas trasmitían una imagen acotada de Dios. Juez, más bien frío y distante, a quien se complace con prácticas muy específicas y señaladas.

En Jesús, Nicodemo ha encontrado otra cosa. Alguien apasionado por la ley de Dios y que la cumple cabalmente. Pero que, al mismo tiempo, trasmite libertad. Su enseñanza y su modo de vivir su vínculo con Dios, hacen ver a Dios cercano y compasivo. Exigente, pero de otra manera. A la manera del amor, que no se toma las cosas a la ligera, sino que se compromete hasta el fondo, pero que no exige más de lo posible, que tiene infinita paciencia.

Jesús le dice a Nicodemo y nos dice a cada uno de nosotros en este tiempo de Pascua, que necesitamos volver a nacer, nacer de lo alto. Dejar que el Espíritu Santo, el maestro interior, sople en nuestra alma y nos renueve. Soltar viejos esquemas, ideas e imágenes de Dios que no son reales o son muy parciales y no nos hacen bien. Volver a encontrarnos con Él tal cual es, como Jesús nos lo mostró: El Dios de la vida, el amor y la libertad, Dios misericordioso y fiel.



DOMINGO SEGUNDO DE PASCUA
De la Divina Misericordia

Todos los creyentes se mantenían unidos
y ponían lo suyo en común

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47

Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
Intimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón; ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 117, 2-4. 13-15. 22-24

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

O bien:

Aleluia.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor! R.

Me empujaron con violencia para derribarme,
pero el Señor vino en mi ayuda.
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él. R.

Nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo,
a una esperanza viva

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.

Palabra de Dios.

ALELUIA Jn 20, 29

Aleluia.
Ahora crees, Tomás, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!, dice el Señor.
Aleluia.

EVANGELIO

Ocho días más tarde, apareció Jesús

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-31

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»
El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»
Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Palabra del Señor.


Homilía

La semana de la Octava de Pascua se cierra con la celebración del Segundo Domingo de Pascua, establecido por san Juan Pablo II como Domingo de la Divina Misericordia. El Evangelio que hoy se proclama pone en el centro de la escena a Jesús resucitado, la comunidad creyente y Tomás, el incrédulo.

Los discípulos viven aún atados a la experiencia frustrante de la muerte de Jesús. La injusticia, la mentira, la maldad y la crueldad del corazón humano, la traición, la negación, el miedo, la burla, la vergüenza, la culpa, el fracaso. Todo eso sigue dando vueltas en su interior y los tiene atormentados, como esclavizados. Encerrados y atemorizados no son capaces más que de sobrevivir. Eso no es vida sino una caricatura descolorida de ella. El que fue puesto en el sepulcro es Jesús pero a quienes la existencia se les volvió un sepulcro, son sus amigos.

El único con verdadera autoridad frente a la muerte es Dios. Y así se manifiesta Jesús. Se hace presente en medio de ellos, atravesando los muros de la amargura que los tiene prisioneros. Las palabras de su saludo no son un buen augurio sino que contienen el poder de realizar lo que anuncian. La paz no la alcanzamos, la recibimos, cuando Él se hace presente en nuestra vida, perdonando, consolando, restaurando. El lugar que habitan, símbolo de la interioridad de cada uno de ellos, se llena de vida. El signo es la alegría. Cuando somos habitados por el amor, nuestra vida se vuelve radiante. Iluminamos, contagiamos vida, alegría y paz.

Jesús les da un mandato que es casi una consecuencia de lo que han vivido. Ir y comunicar la experiencia del perdón. No hay oscuridad en el corazón humano que no pueda ser disipada por la presencia del amor indestructible de Jesús. El perdón, la misericordia, es la capacidad divina de reparar lo que se ha dañado, asumiéndolo y restaurándolo. Sólo Él lo puede hacer. El testimonio lo da la comunidad de los que han sido perdonados.

Tomás no está con ellos. Está apartado. También comprensible. El dolor vivido muchas veces nos hace encerrarnos de tal modo que nos aislamos, nos cortamos solos. Pero eso tampoco es vida. Entonces, Tomás debe recorrer el mismo camino de todos los creyentes, y ese camino es como un nuevo nacimiento. Doloroso y gozoso a la vez. Tiene que dejar de lado su orgullo y reconocerse necesitado. Deponer la autosuficiencia y volver a abrirse a los demás. Sólo quien abre su corazón a los demás puede verdaderamente encontrar a Jesús. Tomás pasa así de la incredulidad a la fe, del aislamiento a la comunión.

En este tiempo difícil para toda la humanidad los cristianos tenemos la buena noticia de del Evangelio. Como nos recordaba el Papa Francisco hace muy poco: «nadie se salva solo». Contemplando esta escena del Evangelio, demos gracias de ser parte de la Iglesia, de los pecadores perdonados y demos testimonio con nuestra vida de la infinita misericordia de Dios.



SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

No podemos callar lo que hemos visto y oído

Lectura de los Hechos de los apóstoles 4, 13-21

Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús, pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.
Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar, diciendo:
«¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre.»
Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: «Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído.»
Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.

Palabra de Dios

SALMO Sal 117, 1. 14-16. 18-21

R. Te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

O bien:

Aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos. R.

«La mano del Señor hace proezas,
la mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.»
El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte. R.

«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 9-15

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban.
Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.
Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.
En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»

Palabra del Señor


Homilía

El pasaje del Evangelio según san Marcos que hoy se proclama es un resumen de las apariciones de Jesús resucitado. Una constante que se resalta es la dificultad para creer. Es un elemento central del proceso de fe.

La resistencia a dar el paso es humanamente comprensible. Porque creer no es cerrar los ojos y tirarse al vacío, un acto de puro coraje. Eso lo puede hacer también una persona desequilibrada o fanática. La imagen, más bien, es la de quien se suelta, se deja caer, porque sabe que será sostenido, como un niño, en brazos de su madre (Cfr. Sal.130). Creer es confiar radicalmente, animarse a soltar totalmente el control.

En parte, lo experimentamos cuando confiamos en alguien querido. Nos sabemos conocidos, aceptados y valorados. Podemos ser nosotros mismos sin temor, sin necesidad de estar a la defensiva. Podemos contar con quien nos ama. No nos va a dejar, va a estar. Pero también es cierto que, a veces, no sabrá responder a nuestros anhelos y también será susceptible de fallar. No podemos esperar que quien nos quiere, responda siempre a nuestras expectativas. No podemos poseerlo, dominarlo, controlarlo. Si así lo hiciéramos dejaría de ser un vínculo de amor. Confiar en los demás es bueno y necesario y, de algún modo, nos predispone a ser creyentes. Pero también nos hace dudar si verdaderamente podemos soltarnos del todo

Con Dios, el acto de confianza es definitivo. Él es el único que puede dar garantías de que nunca fallará. Que siempre, en cualquier circunstancia y frente a cualquier dificultad va a estar. Esa es la experiencia de la resurrección. Jesús está siempre. Nunca estamos solos, nunca caeremos en el vacío porque Él nos sostiene constantemente con su amor y su gracia.

Jesús reprocha a los discípulos que no creyeron el testimonio de quienes lo habían visto. Es una indicación también para nosotros. Dios va a estar siempre pero a Él tampoco lo podemos controlar o tener asido como un talismán. No se ajusta a nuestros esquemas, siempre nos sorprende. Necesitamos estar abiertos a la novedad, dejarnos maravillar. Las palabras y la forma de vida de muchas personas dan testimonio de la resurrección de Jesús. Su capacidad de amor y entrega. Si miramos detenidamente, seguramente hoy podemos mencionar a muchas de ellas. Pidamos la gracia de poder reconocer la presencia de Jesús resucitado entre nosotros



VIERNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

No existe otro Nombre por el cual podamos salvarnos

Lectura de los Hechos de los apóstoles 4, 1-12

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús.
Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?»
Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la salvación.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 117, 1-2. 4. 22-27a

R. ¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!

O bien:

Aleluia.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor! R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él. R.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y Él nos ilumina. R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 21, 1-14

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.»
Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros.» Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?»
Ellos respondieron: «No.»
El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: «¡Es el Señor!»
Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

Palabra del Señor.


Homilía

En este pasaje del Evangelio, el signo evidente de la presencia y la acción de Jesús resucitado es la abundancia. Después de una experiencia frustrante de vacío e impotencia frente a la realidad, la intervención de Jesús cambia radicalmente la situación. Los discípulos tocan el límite de sus posibilidades y, cuando ya no pueden esperar nada de sus propios esfuerzos, alcanzan lo que buscan, por confiar en la palabra de Jesús, por confiarse a Él.

No es difícil ponernos en el lugar de ellos. La mayoría de nosotros ha experimentado alguna vez el dolor de encontrarse frente a los propios límites. La alegría, la paz, la seguridad, la estabilidad, la experiencia de realización, el éxito que anhelamos, no lo conseguimos. Nos quedamos masticando bronca y haciéndonos y haciendo a los demás, reproches. Nuestro ánimo se vuelve sombrío y con él, nuestra mirada se hace corta. Dejamos de esperar. Los discípulos no pueden ver a Jesús que, llamativamente, está muy cerca. Eso ocurre, nos quedamos dando vueltas sobre nosotros mismos, nos encerramos espiritualmente.

Y Jesús resucitado está ahí. Nos habla con ternura y, al mismo tiempo, con firmeza. Nos muestra el rumbo. Nos saca de nuestro letargo. Cuando nos animamos a seguirlo -los discípulos lo hacen- experimentamos la abundancia. Nos descubrimos llenos de aquello que anhelábamos. Pero ya no como fruto de nuestras capacidades, de haber hecho mejor las cosas, sino como un don, como un regalo inesperado. La abundancia y la gratuidad son signos claros del amor de Dios, de su presencia en nuestra vida. Por eso no necesitan preguntarle quién es. Ya lo saben.

Todo termina en una comida, donde Jesús los alimenta y ellos ponen su parte. Es un encuentro. Es imagen de la Eucaristía. Jesús nos alimenta con su cuerpo y su sangre, que nos comunican su vida. Pero al mismo tiempo nos invita a ofrecer nuestra vida para alimentar a otros, que también tienen hambre de amor y necesitan experimenta la gratuidad y la abundancia .



JUEVES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Ustedes mataron al autor de la vida,
pero Dios lo resucitó de entre los muertos

Lectura de los Hechos de los apóstoles 3, 11-26

Como el paralítico que había sido curado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: «Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.
Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. El debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.
Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 8, 2a. 5-9

R. ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

O bien:

Aleluia.

Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y las estrellas que has creado:
¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies. R.

Todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

Estaba escrito: El Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 35-48

Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes.»
Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: «¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.»
Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: «¿Tienen aquí algo para comer?» Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos.
Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.»
Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.»

Palabra del Señor.


Homilía

Esta manifestación de Jesús resucitado se da cuando la comunidad creyente está reunida compartiendo la fe. Algunos dan testimonio y los otros escuchan con atención. Así es como se trasmite la fe, a partir de compartir la propia experiencia de encuentro. Así es como la hemos recibido. Conocimos a alguien en quien vimos algo distinto, alguien habitado por una presencia luminosa. Y nos sedujo comprender cuál era la fuente de su paz, de su alegría, de su capacidad de amor.

Algo tan maravilloso contrasta con las habituales vidas cansadas, desganadas, desanimadas con las que tan a menudo nos topamos. Por eso, al comienzo hay deseo, pero también resistencia. ¿No será una ilusión, un bonito sueño que pronto se acabará? Necesitamos creer, queremos hacerlo, pero también tememos ser engañados.

Es comprensible dudar, porque creer no es adherir a un sistema de creencias. Es mucho más profundo y comprometido. Es entregarse por completo a Jesús. Dejarlo entrar en la propia vida sin ponerle condiciones. Dejarse tomar por Él. No se puede creer siendo espectador, hay involucrarse y ser protagonista. La invitación de Jesús es clara: «soy yo mismo. Tóquenme y vean».

Quien lo hace, experimenta un gozo incomparable. Y puede comenzar a ver la vida de un modo totalmente nuevo. Comprende la historia humana con sus luchas y búsquedas y relee su propia historia, aún los momentos duros, desde la luz de la Pascua. Por eso, puede dar testimonio. No es mejor que nadie, no se las sabe todas, no da consejos de libro. Trasmite una experiencia: que el sufrimiento y la muerte son una realidad, que hay que pasar por ellos. Pero que la última palabra es de la vida. Que Jesús vive y continúa comunicando amor a cada corazón sediento de él.



MIÉRCOLES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Te doy lo que tengo: en el Nombre de Jesús, levántate y camina

Lectura de los Hechos de los apóstoles 3, 1-10

En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.
Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: «Míranos.»
El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina.» Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.
Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 104, 1-4. 6-9

R. Alegrénse, los que buscan al Señor.

O bien:

Aleluia.

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
hagan conocer entre los pueblos sus proezas;
canten al Señor con instrumentos musicales,
pregonen todas sus maravillas! R.

¡Gloríense en su santo Nombre,
alégrense los que buscan al Señor!
¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro. R.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.
La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.
He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.
Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

Lo reconocieron al partir el pan

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 13-35

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué
comentaban por el camino?»
Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»
«¿Qué cosa?», les preguntó.
Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos
sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»
El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.


Homilía

Esta escena del Evangelio pone de manifiesto que el encuentro con Jesús resucitado no es una experiencia estática, fija y solitaria, que se puede poseer como un talismán para enfrentar un peligro. Es, por el contario, dinámica y vincular. Él nos alcanza en el camino de nuestra vida, donde estamos y como estamos y se va revelando paulatinamente.

Entabla un diálogo de amor con nosotros. Al igual que a los discípulos de Emaús, en primer lugar nos escucha. Nos ofrece su oído y su corazón, su compañía, para que nos desahoguemos. Frustraciones, enojos, disputas, temores. Podemos compartir todo con Él. Nos comprende, se interesa por nuestra preocupación. Y, en la medida que le abrimos nuestro corazón, nos va iluminando con su palabra. Consuela, corrige, enseña. Nos ayuda a ver nuestra propia vida, con sus baches, desde los ojos de Dios.

Entonces ocurre un cambio en nuestro interior. Nos miramos a nosotros mismos, a los demás y a la realidad, de un modo nuevo, más íntegro, más verdadero. Por eso, el corazón se serena y surge el deseo de permanecer. Que esa experiencia de vida genuina permanezca. Es allí cuando los discípulos son alimentados por Jesús resucitado con el pan partido, la Eucaristía, presencia permanente de su amor. Y viven la máxima experiencia de comunión. A partir de ese momento sólo les queda el deseo de compartir lo que han vivido.

Hoy Jesús nos alcanza a cada uno en el camino de nuestra vida y nos ofrece caminar con nosotros. Si aceptemos su compañía podremos viviremos la experiencia del consuelo y la comunión más profunda.



MARTES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Conviértanse y háganse bautizar en el Nombre de Jesucristo

Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 36-41

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos:
«Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»
Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»
Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 32, 4-5. 18-20

R. La tierra está llena del amor del Señor.

O bien:

Aleluia.

La palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.
R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.
R.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.
R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

He visto al Señor y me ha dicho estas palabras

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 11-18

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron:
«Mujer, ¿por qué lloras?»
María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»
Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»
Jesús le dijo: «¡María!»
Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!» Jesús le dijo:
«No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos:
«Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes.»»
María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

Palabra del Señor.


Homilía

En este relato de la aparición de Jesús resucitado a María Magdalena ocupan un lugar destacado las lágrimas de María. Se menciona en varias oportunidades su llanto. La tristeza, la desesperación, la angustia. Todo eso y tal vez también el recuerdo emocionado de lo vivido en su compañía, que ya no se iba a poder repetir.

Cuántas cosas profundas pueden expresar nuestras lágrimas. Por supuesto, también están las que llamamos lágrimas de cocodrilo, por sensiblería. Pero cuando se llora desde lo profundo el alma se purifica. En la bimilenaria tradición de la Iglesia se aprecian especialmente aquellas que se derraman por la conciencia de los propios pecados y, al mismo tiempo y sobre todo, por la conciencia del inmenso perdón recibido. Terminan siendo lágrimas agradecidas, que expresan el gozo de saberse incondicionalmente amado. ¡Qué imprescindible llorar con Jesús!

En la primera lectura, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que las personas que escuchan a Pedro se conmueven ante sus palabras y algo se transforma radicalmente en su interior. Desean cambiar de vida, abrazar el Evangelio de Jesús. Es la experiencia, que seguramente hemos tenido en nuestra vida, de haber escuchado la voz de Dios que nos habla a través de la palabra de alguien o de sus gestos.

Pidamos en este día y en este tiempo que Dios toque nuestro corazón con sus Palabra. Que viendo y escuchado tantos testimonios de vida, amor, solidaridad,
entrega, seamos capaces de dejarnos conmover por el Evangelio de Jesús. Tal vez, también sean tiempos de derramar alguna lágrima que purifique nuestro corazón y nos haga ver al Señor resucitado. Que vive en medio de nosotros y con cariño, como a María, nos llama por nuestro nombre y nos consuela con su presencia.



LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

A este Jesús, Dios los resucitó,
y todos nosotros somos testigos

Lectura de los Hechos de los apóstoles 2, 14.22-32

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:
«Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
En efecto, refiriéndose a él, dijo David: «Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.»
Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 1-2a. 5. 7-11

R. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

O bien:

Aleluia.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Señor, tú eres mi bien.»
El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
R.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche me instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré.
R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.
R.

Me harás conocer
el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.
R.

SECUENCIA OPTATIVA

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA Sal 117, 24

Aleluia.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.
Aleluia.

EVANGELIO

Avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 8-15

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»
Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: «Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos.» Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.»
Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

Palabra del Señor.


Homilía

La gracia de la Pascua es tan grande que no alcanza un solo día para celebrarla. Al igual que con la Navidad, la Iglesia extiende durante una semana entera, llamada «La Octava», su celebración. Es como un gran domingo de fiesta, que dura toda una semana. Cada día de esta semana contemplamos una escena de la resurrección de Jesús. Distintas manifestaciones, distintos encuentros. Cada una de ellas nos revela un aspecto del misterio que celebramos.

El Evangelio que hoy se proclama es continuación del que fue proclamado en la Vigilia Pascual. Las mujeres que fueron tristes al sepulcro, se ven sorprendidas por la noticia de la resurrección. La reacción inmediata es una mezcla de temor y alegría, propio de aquello que entra en el ámbito de lo sagrado. No se puede controlar pero se anhela y se goza.

Luego, Jesús sale a su encuentro y confirma la alegría, disipando el temor. Es lo que ocurrirá en cada manifestación de Jesús. San Ignacio de Loyola, en su libro de los Ejercicios Espirituales, dice que el oficio de Jesús resucitado es consolar (Cfr. EE 224). Y pone como ejemplo lo que hace un verdadero amigo.

El encargo que reciben del Señor, luego de ser consoladas, es que convoquen a otros a esa experiencia. El encuentro, la cita, se realizará en Galilea. Galilea es el lugar de la vida cotidiana. De allí son, allí viven, trabajan, tienen sus familias. A Jesús resucitado se lo encuentra, para que nos consuele, en lo de todos los días. No hay que irse lejos o hacer cosas raras. Hay que abrir el corazón a su presencia. Está vivo en medio de nosotros. Lo verdadero, es sencillo y profundo.

El contraste es toda la elaboración mentirosa que realizan los sumos sacerdotes y los ancianos, en connivencia con los guardias. Es la ilusión del ser humano de querer controlar la vida. La buena noticia del Evangelio es que la vida es y viene de Dios y por eso siempre es más fuerte. Busquemos y pidamos la gracia de ser consolados en nuestra vida cotidiana por Jesús resucitado.