Cuaresma 2020: Lecturas-Homilías


DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN
MISA DEL DÍA

Comimos y bebimos con Él, después de su resurrección

Lectura de los Hechos de los apóstoles 10, 34a.37-43

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.
Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén.
Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.
Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

O bien:

Aleluia, aleluia, aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.

Busquen los bienes del cielo, donde está Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Colosas 3, 1-4

Hermanos:
Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

Palabra de Dios.

SECUENCIA

Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa.

Cristianos,
ofrezcamos al Cordero pascual
nuestro sacrificio de alabanza.
El Cordero ha redimido a las ovejas:
Cristo, el inocente,
reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron
en un duelo admirable:
el Rey de la vida estuvo muerto,
y ahora vive.

Dinos, María Magdalena,
¿qué viste en el camino?
He visto el sepulcro del Cristo viviente
y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles,
testigos del milagro,
he visto el sudario y las vestiduras.
Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,
y precederá a los discípulos en Galilea.

Sabemos que Cristo resucitó realmente;
tú, Rey victorioso,
ten piedad de nosotros.

ALELUIA 1Cor 5, 7b-8a

Aleluia.
Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Celebremos, entonces, nuestra Pascua.
Aleluia.

EVANGELIO

Él debía resucitar de entre los muertos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor.


Carta Pastoral de Pascua 

Querida parroquia:

¡Muy feliz Pascua de Resurrección! Este año no nos fue posible vivir la Semana Santa como siempre. Seguramente extrañamos las celebraciones comunitarias, donde vibramos unidos en un mismo espíritu de fe. Sin embargo, el misterio de la Pascua nos alcanza en cualquier circunstancia de nuestra vida, también en esta. Es necesario pedir con insistencia a Dios, que abra nuestro corazón a la gracia sobreabundante, que en estos días nos regala. Poder gozar de su luz, alimentar la esperanza, dejarnos colmar por la alegría y el gozo que comunica Jesús resucitado.

La Palabra de Dios del primer domingo de Pascua nos regala textos preciosos que nos hará bien conservar y meditar en nuestro corazón durante todo este tiempo. Dice Pedro, en el libro de los Hechos de los Apóstoles que Jesús «pasó por este mundo haciendo el bien». Hagamos memoria. ¡Cuántas veces hemos
experimentado esto! Jesús pasó por mi vida haciendo el bien. Hoy, Jesús, el Resucitado, pasa por mi vida haciendo el bien. Nosotros podemos decir como Pedro: «comimos y bebimos con él» Él se sienta a la mesa con nosotros. Hoy, en esta situación, podemos hacerle un lugar en nuestra mesa, en nuestra casa, en nuestra vida. Podemos cantar también nosotros como el salmo: «éste es el día que hizo el Señor; alegrémonos y regocijémonos en él». Podemos dar «gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!» Todo esto ocurre hoy, ¡Jesús está vivo!

La secuencia de Pascua lo dice bellamente. «El Cordero ha redimido a las ovejas. La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable. El Rey de la vida estuvo muerto y ahora vive». No hay nada que temer. Jesús venció y está con nosotros. Tal vez, hoy más que nunca, podamos sentirnos protagonistas de la
Pascua. Dice el Evangelio que «cuando todavía estaba oscuro María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada». En todo el mundo, frente a esta situación tan delicada, parece que «todavía está oscuro». Como María Magdalena, tenemos el privilegio de haber encontrado al Resucitado, esperanza de la humanidad. También, el indispensable encargo de compartir esa alegría que transforma la vida, con los demás. Que estos días de Pascua que recién comienzan nos renueven profundamente. Que podamos gozar de la dulce y consoladora presencia de Jesús en nuestra vida.

Antes de concluir quiero contarles que, si bien no nos está permitido, por el momento, retomar las celebraciones comunitarias, la iglesia vuelve a estar abierta en los horarios habituales (8 a 12 y 14 a 19hs.). Para que puedan acercarse a hacer un momento personal de oración quienes lo necesiten. Allí pueden
también escribir sus intenciones, por las que cada día ofreceré la santa Misa.

También les cuento, con mucho agradecimiento, que hemos estamos recibiendo numerosas donaciones de alimentos no perecederos para quienes más necesitan. Les recuerdo que, además de la parroquia, los estamos recibiendo en 4 supermercados chinos que tienen un canasto en su local, para que los clientes puedan comprar y donar allí un alimento. Son los supermercados que se encuentran en: Del Barco Centenera 1242 (Lin), Av. Asamblea 874, Del Barco Centenera entre Estrada y Tejedor y José María Moreno entre Asamblea y Salas.

Que Jesús resucitado los colme de gozo y paz y que la Virgen Santísima nos contagie la alegría de la Pascua.

¡Un fuerte abrazo y bendiciones!
Pbro. Roberto Sosa González
Párroco

12 de abril de 2020



DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECIÓN
VIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTA
Año «A»

Para la Vigilia pascual se proponen nueve lecturas, es decir, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo

1

Dios miró todo lo que había hecho y vio que era muy bueno

Lectura del libro del Génesis 1, 1 — 2, 2

Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.
Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.
Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas.» Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.
Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.» Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.» Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.
Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.
Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno.
Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra.» Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.
Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.
Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.
Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno.
Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.
Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos.
El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido.

Palabra de Dios.

Salmo Sal 103, 1-2a. 5-6. 10. 12. 13-14ab. 24. 35

R. Señor, envía tu Espíritu y renueva toda la tierra.

Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
y te envuelves con un manto de luz. R.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas. R.

Haces brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas. R.

Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva. R.

¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
¡Bendice al Señor, alma mía! R.

2

El sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe

Lectura del libro del Génesis 22, 1-18

Dios puso a prueba a Abraham «¡Abraham!», le dijo.
El respondió: «Aquí estoy.»
Entonces Dios le siguió diciendo: «Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré.»
A la madrugada del día siguiente, Abraham ensilló su asno, tomó consigo a dos de sus servidores y a su hijo Isaac, y después de cortar la leña para el holocausto, se dirigió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día, alzando los ojos, divisó el lugar desde lejos, y dijo a sus servidores: «Quédense aquí con el asno, mientras yo y el muchacho seguimos adelante. Daremos culto a Dios, y después volveremos a reunirnos con ustedes.»
Abraham recogió la leña para el holocausto y la cargó sobre su hijo Isaac; él, por su parte, tomó en sus manos el fuego y el cuchillo, y siguieron caminando los dos juntos.
Isaac rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!»
El respondió: «Sí, hijo mío.»
«Tenemos el fuego y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
«Dios proveerá el cordero para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos.
Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: «¡Abraham, Abraham!»
«Aquí estoy», respondió él.
Y el Angel le dijo: «No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único.»
Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó a ese lugar: «El Señor proveerá», y de allí se origina el siguiente dicho: «En la montaña del Señor se proveerá.»
Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo:
«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 15, 5. 8-11

R. Protégeme, Dios mío, porque en ti me refugio.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡tú decides mi suerte!
Tengo siempre presente al Señor:
él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

Por eso mi corazón se alegra,
se regocijan mis entrañas
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás a la Muerte
ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha. R.

3

Los israelitas entraron a pie en el cauce del mar

Lectura del libro del Éxodo 14, 15-15, 1a

Después el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»
El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de adelante hacia atrás, interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar.
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos. Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad.
Los egipcios exclamaron: «Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto.»
El Señor dijo a Moisés: «Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros.»
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda.
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor.
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

SALMO Ex 15, 1b-6. 17-18

R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.

«Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.

El Señor es un guerrero,
su nombre es «Señor».
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.

El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.

Tú llevas a tu pueblo,
y lo plantas en la montaña de tu herencia,
en el lugar que preparaste para tu morada,
en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos.
¡El Señor reina eternamente!» R.

4

Se compadeció de ti con amor eterno tu redentor, el Señor

Lectura del libro del profeta Isaías 54, 5-14

Tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él se llama «Dios de toda la tierra.»
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: «¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?», dice el Señor. Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo; en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé no inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más. Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.
¡Oprimida, atormentada, sin consuelo! ¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas y por cimientos, zafiros; haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu contorno de piedras preciosas. Todos tus hijos serán discípulos del Señor, y será grande la paz de tus hijos. Estarás afianzada en la justicia, lejos de la opresión, porque nada temerás, lejos del temor, porque no te alcanzará.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12a 13b

R. Yo te glorifico, Señor, porque Tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.
Tú convertiste mi lamento en júbilo.
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

5

Vengan a mí y vivirán.
Yo haré con ustedes una alianza eterna

Lectura del libro del profeta Isaías 55, 1-11

Así habla el Señor:
¡Vengan a tomar agua, todos los sedientos, y el que no tenga dinero, venga también! Coman gratuitamente su ración de trigo, y sin pagar, tomen vino y leche. ¿Por qué gastan dinero en algo que no alimenta y sus ganancias, en algo que no sacia?
Háganme caso, y comerán buena comida, se deleitarán con sabrosos manjares.
Presten atención y vengan a mí, escuchen bien y vivirán. Yo haré con ustedes una alianza eterna, obra de mi inquebrantable amor a David. Yo lo he puesto como testigo para los pueblos, jefe y soberano de naciones. Tú llamarás a una nación que no conocías, y una nación que no te conocía correrá hacia ti, a causa del Señor, tu Dios, y por el Santo de Israel, que te glorifica.
¡Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca! Que el malvado abandone su camino y el hombre perverso, sus pensamientos; que vuelva al Señor, y él le tendrá compasión, a nuestro Dios, que es generoso en perdonar. Porque los pensamientos de ustedes no son los míos, ni los caminos de ustedes son mis caminos -oráculo del Señor-. Como el cielo se alza por encima de la tierra, así sobrepasan mis caminos y mis pensamientos a los caminos y a los pensamientos de ustedes.
Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Palabra de Dios.

SALMO Is 12, 2-6

R. Sacarán aguas con alegría
de las fuentes de la salvación.

Este es el Dios de mi salvación:
yo tengo confianza y no temo,
porque el Señor es mi fuerza y mi protección;
Él fue mi salvación. R.

Ustedes sacarán agua con alegría
de las fuentes de la salvación.
Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,
anuncien entre los pueblos sus proezas,
proclamen qué sublime es su Nombre. R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:
¡que sea conocido en toda la tierra!
¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,
porque es grande en medio de ti
el Santo de Israel! R.

6

Camina hacia el resplandor, atraído por su luz

Lectura del libro del profeta Baruc 3, 9-15. 32-4, 4

Escucha, Israel, los mandamientos de vida; presta atención para aprender a discernir. ¿Por qué, Israel, estás en un país de enemigos y has envejecido en una
tierra extranjera? ¿Por qué te has contaminado con los muertos, contándote entre los que bajan al Abismo? ¡Tú has abandonado la fuente de la sabiduría! Si hubieras seguido el camino de Dios, vivirías en paz para siempre.
Aprende dónde está el discernimiento, dónde está la fuerza y dónde la inteligencia, para conocer al mismo tiempo dónde está la longevidad y la vida, dónde la luz de los ojos y la paz.
¿Quién ha encontrado el lugar de la Sabiduría, quién ha penetrado en sus tesoros?
Pero el que todo lo sabe, la conoce, la penetró con su inteligencia; el que formó la tierra para siempre, y la llenó de animales cuadrúpedos; el que envía la luz, y ella sale, la llama, y ella obedece temblando. Las estrellas brillan alegres en sus puestos de guardia: él las llama, y ellas responden: «Aquí estamos», y brillan alegremente para aquel que las creó.
¡Este es nuestro Dios, ningún otro cuenta al lado de él! El penetró todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a Israel, su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió entre los hombres.
La Sabiduría es el libro de los preceptos de Dios, y la Ley que subsiste eternamente: los que la retienen, alcanzarán la vida, pero los que la abandonan, morirán.
Vuélvete, Jacob, y tómala, camina hacia el resplandor, atraído por su luz. No cedas a otro tu gloria, ni tus privilegios a un pueblo extranjero. Felices de nosotros, Israel, porque se nos dio a conocer lo que agrada a Dios.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 18, 8-11

R. Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.

Los preceptos del Señor son rectos,br> alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. R.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.

Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.

7

Yo los rociaré con agua pura
y les daré un corazón nuevo

Lectura de la profecía de Ezequiel 36, 17a. 18-28

La palabra del Señor me llegó en estos términos.
Hijo de hombre, cuando el pueblo de Israel habitaba en su propio suelo, lo contaminó con su conducta y sus acciones. Entonces derramé mi furor sobre ellos, por la sangre que habían derramado sobre el país y por los ídolos con que lo habían contaminado. Los dispersé entre las naciones y ellos se diseminaron por los países.
Los juzgué según su conducta y sus acciones. Y al llegar a las naciones adonde habían ido, profanaron mi santo Nombre, haciendo que se dijera de ellos: «Son el pueblo del Señor, pero han tenido que salir de su país.» Entonces yo tuve compasión de mi santo Nombre, que el pueblo de Israel profanaba entre las naciones adonde había ido.
Por eso, di al pueblo de Israel: Así habla el Señor : Yo no obro por consideración a ustedes, casa de Israel, sino por el honor de mi santo Nombre, que ustedes han profanado entre las naciones adonde han ido. Yo santificaré mi gran Nombre, profanado entre las naciones, profanado por ustedes. Y las naciones sabrán que yo soy el Señor -oráculo del Señor- cuando manifieste mi santidad a la vista de ellas, por medio de ustedes.
Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados.
Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.
Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres.
Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 41, 3. 5bcd; 42, 3-4

R. Mi alma tiene sed de Dios.

Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios? R.

¡Cómo iba en medio de la multitud
y la guiaba hacia la Casa de Dios,
entre cantos de alegría y alabanza,
en el júbilo de la fiesta! R.

Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas. R.

Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío. R.

EPÍSTOLA

Cristo, después de resucitar, no muere más

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 6, 3-11

Hermanos:
¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la
muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección. Comprendámoslo: nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, para que fuera destruido este cuerpo de pecado, y así dejáramos de ser esclavos del pecado. Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.
Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Sabemos que Cristo, después de resucitar, no muere más, porque la muerte ya no tiene poder sobre él. Al morir, él murió al pecado, una vez por todas; y ahora que vive, vive para Dios. Así también ustedes, considérense muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 117, 1-2. 16-17. 22-23

R. Aleluia, aleluia, aleluia.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor! R.

La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.

EVANGELIO

Ha resucitado e irá antes que ustedes a Galilea

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 28, 1-10

Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos.
El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado.
No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán». Esto es lo que tenía que decirles.»
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.
De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Palabra del Señor.


Homilía

En la Vigilia Pascual celebramos el acontecimiento trascendental de la resurrección de Jesús con cuatro momentos ricos en simbolismo: Liturgia de la Luz, de
la Palabra, del Agua y de la Eucaristía. La Luz de Jesús resucitado disipa las tinieblas del corazón humano, el Agua lo purifica y fecunda, la Eucaristía sacia su hambre y sed de vida y amor. La Palabra, penetra hasta lo más profundo del alma para dar sentido a todo lo vivido, haciéndolo ver desde los ojos de Dios.

Las lecturas de esta noche son un repaso creyente de la historia humana, que siempre se cuestiona por su origen y su destino; anhelante, cargada de expectación. Narran la Historia de la Salvación. Comenzando por el origen, la Creación. Progresiva, amorosa, todo se dispone con sumo cuidado y atención. Allí, en el centro, el ser humano. Dios contempla su obra y revela su dignidad, «todo era muy bueno».

Nos encontramos luego con Abraham, con quien Dios había sellado un pacto de amor. Le pide ahora que ese amor se exprese en la entrega de lo más valioso que tiene, su propio hijo. La decisión de Abraham es anticipo profético de lo que Dios, el Padre, estará dispuesto a hacer, por amor, por nosotros

Sigue el momento cumbre en la historia del pueblo elegido. La liberación de la esclavitud en Egipto y el cruce del Mar Rojo. En Jesús, el pueblo de Dios cruzará para siempre lo que lo separa de la vida, para no volver nunca más atrás. Será liberado del pecado y de la muerte

Las lecturas del profeta Isaías nos traen las imágenes típicas que hablan de la alianza de amor que Dios quiere sellar para siempre con su pueblo. El vínculo nupcial, que se recrea y el banquete, en el que se come y bebe abundantemente. Símbolos de felicidad y plenitud humana.

El profeta Baruc convoca apasionadamente al pueblo para un reencuentro de vida con Dios. Para eso es necesario retomar el camino de la sabiduría. Apartarse de la superficialidad y dejarse envolver por el misterio de Dios.

El profeta Ezequiel anuncia la alianza definitiva que Dios quiere sellar con su pueblo. No escrita, ya, en tablas de piedra, como los diez mandamientos, sino en el corazón. Nuevos corazones, nueva alianza.

Ya en el Nuevo Testamento, San Pablo recuerda a la comunidad creyente que han transitado místicamente el mismo camino de Jesús. Por la fe, han entablado un vínculo definitivo con él. Han muerto al pecado y han resucitado a una vida nueva.

El episodio que narra el Evangelio concluye con la expectativa de toda la humanidad. Un amor fuerte, que no se desgaste, que dure para siempre. Las mujeres -y con ellas cada creyente a lo largo de la historia- experimentan sorpresa, temor y, finalmente, profunda alegría ante el anuncio. El encuentro con Jesús resucitado certifica un acontecimiento trascendente y definitivo. En él se nos ofrece un amor más fuerte que la muerte. Vive para siempre.



TRIDUO PASCUAL
SÁBADO SANTO

oficio de lectura

HIMNO

La Palabra de Dios crucificada
es testigo fiel de su elocuencia,
es palabra de amor y, en su existencia,
en la vida y la muerte fue probada.

Por dar fe de su amor, nos dio su vida;
por dar fe de la vida, fue exaltada
sobre toda palabra pronunciada;
por el Padre a los hombres ofrecida.

La Palabra de Dios ya fue cumplida.
El silencio de Dios está a la espera
del amor de los hombres, Y él quisiera
que esa Palabra fuera recibida,
y en comunión de amor por siempre fuera
plenitud de su don que a todos diera. Amén.

SALMODIA

Ant. 1: En paz me acuesto y duermo tranquilo.

Salmo 4

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
y vosotros, ¿hasta cuándo ultrajaréis mi honor,
amaréis la falsedad y buscaréis el engaño?

Sabedlo: el Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
Temblad y no pequéis, reflexionad
en el silencio de vuestro lecho;
ofreced sacrificios legítimos
y confiad en el Señor.

Hay muchos que dicen: «¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?»
Pero tú, Señor, has puesto en mi corazón más alegría
que si abundara en trigo y en vino.

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

Ant. 1: En paz me acuesto y duermo tranquilo.

Ant. 2: Mi carne descansa. serena.

Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad Y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Ant. 2: Mi carne descansa serena.

Ant. 3: Levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

Salmo 23

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.

¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.

Ant. 3: Levantaos, puertas antiguas: va a entrar el Rey de la gloria.

V. Defiende mi causa y rescátame.
R. Con tu promesa dame vida.

PRIMERA LECTURA

Del libro del profeta Jeremías 20, 7-18

ANGUSTIA DEL PROFETA

En aquellos días, exclamó Jeremías:
«Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir. Tú eras el más fuerte y yo fui dominado. Ahora soy todo el día la irrisión y la burla de todo el mundo. Siempre que hablo tengo que proclamar: «¡Violencia! ¡Destrucción!» La palabra del Señor se ha vuelto para mí oprobio y befa todo el día. Yo me dije: «No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre»; pero su palabra era en mis entrañas como fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo intentaba contenerlo, pero no podía.
Oía las burlas de la gente: «Terror por doquier. Delatadlo, vamos a delatarlo.» Mis amigos acechaban mi traspié: «A ver si se descuida, y lo abatiremos y nos vengaremos de él»
Pero el Señor está conmigo, como fuerte guerrero; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo perpetuo que no se olvidará. Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomes de ellos, porque a ti encomendé mi causa.
Cantad al Señor, alabad al Señor, porque libra la vida del pobre de las manos de los impíos.
Maldito el día en que fui engendrado, el día en que mi madre me parió no sea bendito. Maldito el hombre que anunció a mi padre: «Te ha nacido un varón», dándole una gran alegría. Ojalá que hubiera sido ese día como las ciudades que el Señor destruyó sin compasión; que escuche gritos de alarma en la mañana y alaridos de guerra al mediodía. ¿Por qué no me mató en el vientre? Habría sido mi madre mi sepulcro, y yo eterna preñez de sus entrañas. ¿Por qué salí del vientre para pasar trabajos y fatigas y acabar mis días derrotado?»

Responsorio Cf. Mt 27, 66. 60. 62

R. Después de sepultar al Señor, hicieron rodar una gran piedra a la entrada del
sepulcro y lo sellaron. * Y pusieron guardias para custodiarlo.
V. Los jefes de los sacerdotes se presentaron ante Pilato, y le pidieron que diese orden
de vigilar el sepulcro.
R. y pusieron guardias para custodiarlo.

SEGUNDA LECTURA

De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado

(PG 43, 439. 451. 462-463)

EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGIÓN DE LOS MUERTOS

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida.
Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: «Salid», y a los que estaban en tinieblas: «Sed iluminados», Y a los que estaban adormilados: «Levantaos.»
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

Responsorio

R. ¡Se fue nuestro Pastor, la fuente de agua viva! A su paso el sol se oscureció. Hoy fue por él capturado el que tenía cautivo al primer hombre. * Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de la muerte.
V. Demolió las prisiones del abismo y destrozó el poder del enemigo.
R. Hoy nuestro Salvador rompió las puertas y cerrojos de. la muerte.

Oración

Dios todopoderoso, cuyo Unigénito descendió al lugar de los muertos y salió victorioso del sepulcro, te pedimos que concedas a todos tus fieles, sepultados con Cristo por el bautismo, resucitar también con él a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.


Homilía

El Sábado Santo nos detenemos en oración ante el sepulcro de Jesús. Allí ha sido colocado su cuerpo, después de ser bajado de la cruz, donde dio su vida por amor. Por un lado, nos desgarra la imagen desoladora del final. Ya nada se puede hacer.

Frustración, fracaso, derrota. Es la experiencia común a todo aquel que tiene que estar frente a un sepulcro. Cuando se cierra, ya nada se puede esperar. Por otro lado, el reverso, lo que no se ve. Una espera serena y confiada de aquello que por nosotros mismos no podríamos realizar. La novedad y la fuerza de la vida, que aguardan a manifestarse con toda su esplendor.

La «Antigua homilía sobre el santo y grandioso Sábado», que se lee en este día, imagina, con gran belleza, qué ocurre entre la muerte y la resurrección del Señor. Constata, al comienzo, que el universo entero se encuentra en una «gran soledad». No es difícil adherir a esa expresión. ¡Qué profunda soledad estar sin amor! Que insoportable vacío si, definitivamente, el amor se ha ido para siempre. Pero no, a continuación expresa con cierta ternura, «el Rey está durmiendo». No le quita realismo a la muerte de Jesús, la contempla desde la victoria conocida de la resurrección.

En su «sueño», Jesús va en busca de aquel a quien ama, el hombre, la mujer. ¿No es acaso el trasfondo de toda la historia humana? Dios buscándonos. En cada acontecimiento. Lo encuentra, como tantas veces nos encuentra a nosotros, caído. Se percibe la compasión y, al mismo tiempo, la fuerza de su gesto y sus palabras: «tomándolo de la mano lo levanta… Despierta… Yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos». Jesús desciende hasta la muerte para recordarnos que nuestra vocación es algo grande, nos ha hecho para vivir a fondo y no va a dejar que nos conformemos con menos que eso. Nuestra identidad, en lo profundo, se une a la suya; Nuestro lugar de pertenencia es Él: «tú en mí y yo en ti somos una sola cosa». Si morimos, Él muere, para que podamos alcanzar la vida que Él alcanza.

Por eso podemos mirar confiados y esperar lo que viene. Podemos contemplar el sepulcro e, incluso, hacerlo agradecidos, porque creemos lo que nos dice: «mi sueño te sacará del sueño de la muerte».



TRIDUO PASCUAL
VIERNES SANTO
CELEBRACIÓN DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

El fue traspasado por nuestras rebeldías

Lectura del libro del profeta Isaías 52, 13 — 53, 12

Sí, mi Servidor triunfará: será exaltado y elevado a una altura muy grande. Así como muchos quedaron horrorizados a causa de él, porque estaba tan desfigurado que su aspecto no era el de un hombre y su apariencia no era más la de un ser humano, así también él asombrará a muchas naciones, y ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán lo que nunca se les había contado y comprenderán algo que nunca habían oído.
¿Quién creyó lo que nosotros hemos oído y a quién se le reveló el brazo del Señor?
El creció como un retoño en su presencia, como una raíz que brota de una tierra árida, sin forma ni hermosura que atrajera nuestras miradas, sin un aspecto que pudiera agradarnos. Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada.
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias, y nosotros lo considerábamos golpeado, herido por Dios y humillado. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.
Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca.
Fue detenido y juzgado injustamente, y ¿quién se preocupó de su suerte? Porque fue arrancado de la tierra de los vivientes y golpeado por las rebeldías de mi pueblo.
Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca.
El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado.
Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos. Por eso le daré una parte entre los grandes y él repartirá el botín junto con los poderosos.
Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los culpables, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los culpables.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 30, 2.6.12-13.15-16.17.25

R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca me vea defraudado!
Yo pongo mi vida en tus manos:
tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

Soy la burla de todos mis enemigos
y la irrisión de mis propios vecinos;
para mis amigos soy motivo de espanto,
los que me ven por la calle huyen de mí.
Como un muerto, he caído en el olvido,
me he convertido en una cosa inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
y te digo: «Tú eres mi Dios,
mi destino está en tus manos.»
Líbrame del poder de mis enemigos
y de aquellos que me persiguen. R.

Que brille tu rostro sobre tu servidor,
sálvame por tu misericordia.
Sean fuertes y valerosos,
todos los que esperan en el Señor. R.

Aprendió qué significa obedecer
y llegó a ser causa de salvación eterna
para todos los que le obedecen

Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9

Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe. Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.
El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el nombre que está sobre todo Nombre.

EVANGELIO

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1 — 19, 42

Se apoderaron de Jesús y lo ataron

C. Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar
una huerta y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque
Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un
destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y
los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le
iba a suceder, se adelantó y les preguntó:
+ «¿A quién buscan?»
C. Le respondieron:
S.«A Jesús, el Nazareno.»
C. El les dijo:
+ «Soy yo.»
C. Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: «Soy yo», ellos
retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente:
+ «¿A quién buscan?»
C. Le dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús repitió:
+ «Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan.»
C. Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: «No he perdido a ninguno de los
que me confiaste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al
servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba
Malco. Jesús dijo a Simón Pedro:
+ «Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre ?»

Llevaron primero a Jesús ante Anás

C. El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de
Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo
Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: «Es preferible
que un solo hombre muera por el pueblo.»
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a JesúS. Este
discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del
Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era
conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La
portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. El le respondió:
S. «No lo soy.»
C. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido
porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote
interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió:
+ «He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo,
donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me
interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo
que he dicho.»
C. Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada,
diciéndole:
S. «¿Así respondes al Sumo Sacerdote?»
C. Jesús le respondió:
+ «Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me
pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás

¿No eres tú también uno de sus discípulos? No lo soy

C. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron:
S. «¿No eres tú también uno de sus discípulos?»
C. El lo negó y dijo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había
cortado la oreja, insistió:
S. «¿Acaso no te vi con él en la huerta?»
C. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

Mi realeza no es de este mundo

C. Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos
no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de
Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó:
S. «¿Qué acusación traen contra este hombre?»
C. Ellos respondieron:
S. «Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado.»
C. Pilato les dijo:
S. «Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie.»
C. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato
volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le respondió:
+ «¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?»
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en
mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?»
C. Jesús respondió:
+ «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están
a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi
realeza no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «¿Entonces tú eres rey?»
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar
testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz.»
C. Pilato le preguntó:
S. «¿Qué es la verdad?»
C. Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la
costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que
suelte al rey de los judíos?»
C. Ellos comenzaron a gritar, diciendo:
S. «¡A él no, a Barrabás!»
C. Barrabás era un bandido.

¡Salud, rey de los judíos!

C. Pilato mandó entonces azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas
y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, y acercándose, le
decían:
S. «¡Salud, rey de los judíos!», y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo:
S. «Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de
condena.»
C. Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo:
S. «¡Aquí tienen al hombre!»
C. Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron:
S. «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para
condenarlo.»
C. Los judíos respondieron:
S. «Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser
Hijo de Dios.
C. Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y
preguntó a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo:
S. «¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también
para crucificarte?»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por
eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave.»

¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!

C. Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban:
S. «Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al
César.»
C. Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar
llamado «el Empedrado», en hebreo, «Gábata.»
Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los
judíos:
S. «Aquí tienen a su rey.»
C. Ellos vociferaban:
S. «¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿Voy a crucificar a su rey?»
C. Los sumos sacerdotes respondieron:
S. «No tenemos otro rey que el César.»

Lo crucificaron, y con él a otros dos.

C. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron. Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado «del Cráneo», en hebreo «Gólgota.» Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: «Jesús el Nazareno, rey de los judíos», y la hizo poner sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No escribas: «El rey de los judíos», sino: «Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos.
C. Pilato respondió:
S. «Lo escrito, escrito está.»

Se repartieron mis vestiduras

C. Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí:
S. «No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.

Aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu madre

C. Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo:
+ «Mujer, aquí tienes a tu hijo.»
C. Luego dijo al discípulo:
+ «Aquí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Todo se ha cumplido

C. Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:
+ «Tengo sed.»
C. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:
+ «Todo se ha cumplido.»
C. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

En seguida brotó sangre y agua

C. Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.

Envolvieron con vendas el cuerpo de Jesús, agregándole la mezcla de perfumes

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús -pero secretamente, por temor a los judíos- pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo
de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.
Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús

Palabra del Señor.


Homilía

El Viernes Santo contemplamos a Jesús en su Pasión. El Evangelio nos hace recorrer con Él, el camino de la cruz. La traición, la negación, el abandono, la soledad, los juicios, las mentiras, las calumnias, las burlas, las injusticias, las crueldades, el desprecio, la muerte y el sepulcro. En el relato de esos acontecimientos, se condensa la historia de pecado de toda la humanidad. Lo de aquel tiempo, lo de antes, lo de hoy y lo que vendrá. Todo eso, es soportado por Jesús con mansedumbre, como lo expresa maravillosamente el profeta Isaías en el Cuarto Cántico del Servidor sufriente, que leemos en la primera lectura: «como cordero llevado al matadero… no abría su boca». Todo eso, por nosotros, por amor: «soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias». Miramos a Jesús herido, «traspasado por nuestras rebeldías». Y contemplándolo, nos adherimos a la exclamación gozosa: «por sus heridas fuimos sanados».

Cuánta sed de amor, de sanación, de perdón, de compasión, de comprensión, habita nuestro corazón. ¿Quién puede saciarla adecuadamente? El pasaje de la Carta a los Hebreos que leemos hoy nos hace mirar a Jesús en su Pasión y reconocer que es Él, quien puede «compadecerse de nuestras debilidades» porque «fue sometido a las mismas pruebas que nosotros». Cuando miramos con fe la cruz de Jesús y su sufrimiento, ya no nos sentimos solos en nuestro dolor. Nos sentimos entendidos, amparados. Dios ya no es alguien distante y desentendido de nuestra historia, sino quien se ha metido a fondo en ella, hasta lo más bajo y nos ha rescatado. En Jesús, Dios se ha hecho para siempre compañero de camino, especialmente de todo aquel que está golpeado, que no puede levantar la cabeza. De todos los que andamos «errantes como ovejas» y nos ha ofrecido sus brazos abiertos en la cruz para cobijarnos. Quien transita solo su camino, cargando su sufrimiento o su culpa, muere. Quien se abraza a Jesús en la cruz, encuentra la vida.

El misterio del Viernes Santo es contemplar a Jesús, tan desarmado y, al mismo tiempo, tan poderoso. Estando así, inerme, sólo con la fuerza de su amor entregado y perseverante hasta el fin, carga con nuestros pecados y los redime, asume nuestras heridas y las sana, atraviesa la muerte y la vence para siempre. En esta tarde, abramos nuestro corazón sediento y dejémonos alcanzar por la gracia que brota de su cruz.



TRIDUO PASCUAL
JUEVES SANTO
MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR

 

Prescripciones sobre la cena pascual

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8.11-14

El Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: «Este mes será para ustedes el mes inicial, el primero de los meses del año. Digan a toda la comunidad de Israel:
«El diez de este mes, consíganse cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tengan en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente.
Elijan un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. Deberán guardarlo hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. Después tomarán un poco de su sangre, y marcarán con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo coman. Y esa misma noche comerán la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas.
Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor. Esa noche yo pasaré por el país de Egipto para exterminar a todos sus primogénitos, tanto hombres como animales, y daré un justo escarmiento a los dioses
de Egipto. Yo soy el Señor.
La sangre les servirá de señal para indicar las casas donde ustedes estén. Al verla, yo pasaré de largo, y así ustedes se librarán del golpe del Exterminador, cuando yo castigue al país de Egipto.
Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.»»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 115, 12-13. 15-16bc. 17-18

R. El cáliz que bendecimos
es la comunión de la Sangre de Cristo.

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor. R.

¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!
Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.
Cumpliré mis votos al Señor,
en presencia de todo su pueblo. R.

Siempre que comáis este pan y bebáis este cáliz,
proclamaréis la muerte del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 11, 23-26

Hermanos: Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía.»
De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía.»
Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 13, 34

Dice el Señor: Les doy un mandamiento nuevo:
Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.

EVANGELIO

Los amó hasta el fin

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el fin.
Durante la Cena, cuando el demonio ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo, sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: «¿Tú, Señor, me vas a lavar los pies a mí?»
Jesús le respondió: «No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después lo comprenderás.»
«No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!»
Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte.»
«Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!»
Jesús le dijo: «El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque no todos.» El sabía quién lo iba a entregar, y por eso había dicho: «No todos ustedes están limpios.»
Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo:
«¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes.»

Palabra del Señor.


Homilía

En esta noche estamos invitados a sentarnos a la mesa con Jesús. Tenemos un lugar en ella, entre los discípulos. También a nosotros quiere darnos a comer su cuerpo y beber su sangre. Quiere ponerse de rodillas delante nuestro y lavarnos los pies. Nos mira con ternura. Sus ojos dejan entrever de fondo la tristeza del final violento que se acerca, pero no dejan de trasmitir calidez, confianza y serenidad.

Lo dice de manera conmovedora el comienzo del Evangelio: «Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin». ¿Cuál es el fin? El de su vida terrena, por supuesto; el de su amor, hasta derramar su sangre. Pero también el fin de cada uno de nosotros. Es decir, hasta lo más hondo de cada uno de nosotros, hasta nuestras zonas oscuras y contradictorias, esas que no nos animamos a mostrar ni al más cercano de nuestros seres queridos. Hasta nuestras heridas, frustraciones y temores más profundos, nuestras vergüenzas y culpas. Nos amó hasta ahí. Jesús no se guarda nada, y nos invita a hacer lo mismo.

Dejarse lavar los pies por Jesús, le cuesta a Pedro pero también a cada uno de nosotros. Es difícil amar, pero a veces es mucho más difícil dejarse amar. Dejarse lavar los pies por Jesús es dejarse abrazar por el amor de Dios. No hay que ponerse lindos para que nos abrace; es su abrazo el que nos pone lindos. Los pies son una parte muy sensible de nuestro cuerpo. Si están lastimados no podemos avanzar. Necesitan ser tratados con delicadeza. Por eso son un símbolo muy adecuado de nuestra fragilidad. Son, además, la parte de nuestro cuerpo que está en contacto directo y constante con la tierra. Por eso nos hablan de humildad, de estar conectados con nuestra condición de seres humanos, limitados y necesitados. Sin volar por los aires de nuestras imágenes erradas de nosotros mismos y de los demás. «Con los pies en la tierra», de nuestra condición humana, hermanados con todos, en nuestra fragilidad.

Sabemos que en la antigüedad se andaba descalzo o con un calzado muy rudimentario. Al llegar a casa los pies se limpiaban. En las casas de personas con más dinero, era tarea de los esclavos hacerlo. Es el lugar que Jesús decide tomar ante nosotros, el de mayor servicio. Es como si nos dijera con ese gesto: estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por vos. Debemos reconocerlo: necesitamos que Jesús toque nuestros pies, los lave con su amor y los sane, una y otra vez. Para poder volvernos a poner de pie y seguir caminando el camino de nuestra vida.

Jesús dice: «les di ejemplo, para que hagan lo mismo». ¡Qué maravilloso es encontrarse con personas que hacen lo mismo que Jesús! Que no pisan a los demás y se ponen por encima de ellos, mirándolos dese arriba, sino que se animan a despojarse (quitarse el manto) y ponerse a sus pies. Lo hacen sencillamente, con sus palabras compasivas, cariñosas, comprensivas y con sus gestos amables y sinceros. Esas personas que saben ponerse en el lugar del otro, que no atropellan sino que escuchan con paciencia y son capaces de hacer sentir al otro en casa. Personas que se llenan de creatividad en el amor y el servicio, porque se saben profundamente amadas. Aman, porque primero fueron amadas.

En cada Eucaristía que celebramos volvemos a sentarnos a la mesa con Jesús, él nos sigue alimentando con su cuerpo entregado y su sangre derramada, hasta el fin. Para que experimentándonos incondicionalmente amados hagamos lo mismo que el hizo con nosotros.



TIEMPO DE CUARESMA
MIÉRCOLES SANTO

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-9a

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían.
Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.
Está cerca el que me hace justicia: ¿quién me va a procesar? ¡Comparezcamos todos juntos! ¿Quién será mi adversario en el juicio? ¡Que se acerque hasta mí!
Sí, el Señor viene en mi ayuda: ¿quién me va a condenar?

Palabra de Dios.

SALMO Sal 68, 8-10. 21-22. 31. 33-34

R. En el momento favorable,
respóndeme, Dios mío, por tu gran amor.

Por ti he soportado afrentas
y la vergüenza cubrió mi rostro;
me convertí en un extraño para mis hermanos,
fui un extranjero para los hijos de mi madre:
porque el celo de tu Casa me devora,
y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian. R.

La vergüenza me destroza el corazón,
y no tengo remedio.
Espero compasión y no la encuentro,
en vano busco un consuelo:
pusieron veneno en mi comida,
y cuando tuve sed me dieron vinagre. R.

Así alabaré con cantos el nombre de Dios,
y proclamaré su grandeza dando gracias;
que lo vean los humildes y se alegren,
que vivan los que buscan al Señor:
porque el Señor escucha a los pobres
y no desprecia a sus cautivos. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

Salve, Rey nuestro,
sólo tú te has compadecido de nuestros errores.

O bien:

Salve, Rey nuestro, obediente al Padre,
fuiste llevado a la crucifixión,
como un manso cordero a la matanza.

EVANGELIO

El Hijo del hombre se va, como está escrito de él,
pero, ¡ay de aquel por quien será entregado!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 14-25

Uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: «¿Cuánto me darán si se lo entrego?» Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.
El primer día de los Acimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús: «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»
El respondió: «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: «El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos».»
Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.
Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo: «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: «¿Seré yo, Señor?»
El respondió: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»
Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó: «¿Seré yo, Maestro?»
«Tú lo has dicho», le respondió Jesús.

Palabra del Señor.


Homilía

El desenlace de la vida de Jesús se resume en un acción cargada de significado: la entrega. El Padre entrega su Hijo al mundo para salvarlo. Jesús, el Hijo, se entrega confiadamente al Padre y entrega su vida por amor a los hombres. Finalmente, Judas entrega a Jesús, traicionándolo.

Este último pasaje del Evangelio, que leemos antes de introducirnos en el Triduo Pascual, nos hace detener en el contraste tan profundo que se da entre el corazón humano y el corazón de Dios. Tinieblas y luz, pecado y gracia, perdición y salvación.

Solo se habla explícitamente de una entrega, la que hace Judas y que es consecuencia de la oscuridad que habita en su corazón. No es sencillo determinar cuál es el motivo exacto por el cual lo hace (dinero, celos, frustración, etc.). Lo que sí se puede apreciar rápidamente es que con esto busca salvarse a sí mismo. Esta entrega manifiesta el quiebre nefasto que se ha dado en su vínculo con el Señor. Jesús deja de ser un amigo, deja de ser alguien y se transforma en una mercancía que se intercambia, por un poco de dinero.

El núcleo de cualquier pecado es, en definitiva, el mismo. Romper una alianza de amor para salvarse a sí mismo. La entrega traicionera del pecado sólo puede ser reparada por la entrega de amor. En la entrega amorosa de sí mismo, que Jesús hace en la cruz, nos libra de nuestros pecados. Contemplemos esta escena dramática del Evangelio dejándonos envolver por la fuerza de la entrega redentora de Jesús.



TIEMPO DE CUARESMA
MARTES SANTO

Yo te destino a ser la luz de las naciones,
para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra

Lectura del libro del profeta Isaías 49, 1-6

¡Escúchenme, costas lejanas, presten atención, pueblos remotos!
El Señor me llamó desde el seno materno, desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre.
El hizo de mi boca una espada afilada, me ocultó a la sombra de su mano; hizo de mí una flecha punzante, me escondió en su aljaba.
Él me dijo: «Tú eres mi Servidor, Israel, por ti Yo me glorificaré.»
Pero yo dije: «En vano me fatigué, para nada, inútilmente, he gastado mi fuerza.»
Sin embargo, mi derecho está junto al Señor y mi retribución, junto a mi Dios.
Y ahora, ha hablado el Señor, el que me formó desde el seno materno para que yo sea su Servidor, para hacer que Jacob vuelva a él y se le reúna Israel.
Yo soy valioso a los ojos del Señor y mi Dios ha sido mi fortaleza.
El dice: «Es demasiado poco que seas mi Servidor para restaurar a las tribus de Jacob y hacer volver a los sobrevivientes de Israel; yo te destino a ser la luz de las naciones, para que llegue mi salvación hasta los confines de la tierra.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 70, 1-4a.5-6ab.15.17

R. Mi boca anunciará tu salvación, Señor.

Yo me refugio en Ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
Por tu justicia, líbrame y rescátame,

inclina tu oído hacia mí, y sálvame. R.

Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!
R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.
R.

Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

Salve, Rey nuestro, obediente al Padre;
fuiste llevado a la crucifixión,
como un manso cordero a la matanza.

EVANGELIO

Uno de ustedes me entregará…
No cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 13, 21-33.36-38

Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó caramente:
«Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de
Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: «Pregúntale a quién se refiere.» El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: «Señor, ¿quién es?»
Jesús le respondió: «Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato.»
Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: «Realiza pronto lo que tienes que hacer.»
Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle:
«Compra lo que hace falta para la fiesta», o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.Después que Judas salió, Jesús dijo:
«Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero Yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos:
«A donde Yo voy, ustedes no pueden venir».»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?»
Jesús le respondió: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás.»
Pedro le preguntó: «¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.»
Jesús le respondió: «¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Palabra del Señor.


Homilía

En el contexto íntimo de la Última Cena Jesús abre su corazón, que ya comienza a verse envuelto por la angustia de lo que se aproxima. Los que están a la mesa con Él son sus más cercanos, en quienes ha depositado de un modo especial su confianza, quienes más lo conocen.

Cercanía, intimidad y confianza se entremezclan en esta escena con la terrible experiencia de la traición y la cobardía. Tres discípulos adquieren especial relevancia en el relato. Judas, el traidor, Pedro, el que lo niega y el discípulo amado. Todos están a la mesa con Jesús, todos fueron llamados por Él, todos están en su corazón, a todos los ama, por todos va a entregar la vida.

En la primera lectura, el segundo cántico del servidor sufriente pone de manifiesto esa característica de universalidad de la entrega. No es sólo para unos pocos elegidos (como la alianza hecha por Dios con Abraham), sino para toda la humanidad (todas las naciones). Para los que responden con fidelidad a Dios y para los que se encierran en su pecado. En Jesús se ofrece universalmente la salvación, sin fronteras étnicas, morales o espirituales.

La traición de Judas, la negación de Pedro, la oscuridad que habita en nuestro corazones, nada es más fuerte que el amor de Jesús. En este día sentémonos con Él a la mesa y dejemos que su amor entregado nos alcance.



TIEMPO DE CUARESMA
LUNES SANTO

El no levantará la voz
ni la hará resonar por las calles

Lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-7

Así habla el Señor:
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma.
Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.
El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles.
No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente.
Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 26, 1-3.13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron. R.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

¡Salve, Rey nuestro!
Sólo Tú te has compadecido de nuestros errores.

EVANGELIO

Déjala. Ella tenía reservado este perfume
para el día de mi sepultura

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Palabra del Señor.


Homilía

Lunes, Martes y Miércoles Santo, la liturgia contempla los últimos días de Jesús antes de su muerte. El Señor se encuentra rodeado de sus vínculos más cercanos. Aparecen personajes que muestran amor y cercanía. Pero también, en ese nivel de intimidad se manifiesta la duda, la negación y la traición.

Estas narraciones de los evangelios son acompañadas cada día por uno de los cuatro «Cánticos del servidor sufriente» que se encuentran en el libro del profeta Isaías, reservando el último para el Viernes Santo. Estos cánticos describen a quien Dios ha elegido, como alguien totalmente justo y fiel, que será perseguido injusta y violentamente. Totalmente confiado a Dios, finalmente será enaltecido por Él.

Especialmente doloroso es el lugar que ocupa Judas, que aparece mencionado en los tres días, cada vez con más centralidad. Hoy, el evangelio nos muestra una descripción de su interioridad: mezquino, calculador, incapaz de apreciar el valor de la gratuidad. Todo esto resalta en el contraste con el gesto espontáneo, desinteresado y lleno de ternura de María, la hermana de Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Es fácil darse cuenta del profundo agradecimiento que esta mujer siente hacia Jesús. Un amor de correspondencia. A tanto amor recibido ofrece lo más valioso que tiene. Y no calcula, no mide. Ofrece todo.

Es posible ver en este gesto un signo anticipatorio de la entrega de Jesús. Jesús va a entregar lo más valioso, su vida. Va a derramar su sangre redentora que va a alcanzar a toda la humanidad, como el perfume impregna todo con su fragancia. Y lo hará de esa manera. Sin calcular. Lo hará gratuitamente, no porque alguien lo merezca, sino porque ama.

Contemplando esta escena del Evangelio pedimos la gracia de ocupar el lugar de María y corresponder con mucho amor, a tanto amor recibido.




TIEMPO DE CUARESMA
DOMINGO DE RAMOS
Año «A»
EN LA PROCESIÓN DE RAMOS

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.
Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida»».
Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
«Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga».
Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
«¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!».
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?».
Y la gente respondía:
«Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea.»

Palabra del Señor.

MISA

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban,
pero sé muy bien que no seré defraudado

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, Él despierta mi oído
para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»
R.

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.
R.

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»
R.

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.»

Palabra de Dios

VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

EVANGELIO

En los lugares en que pareciere oportuno, durante la lectura de la Pasión se pueden incorporar aclamaciones.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 3-5. 14-27, 66

¿Cuánto me darán si lo entrego?

C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían:
S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo».
C. Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S. «¿Cuánto me darán si se lo entrego?»
C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?

C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús:
S. «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»
C. El respondió:
+ «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: «El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos».»
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me entregará

C. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo:
+ «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
C. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:
S. «¿Seré yo, Señor?»
C. El respondió:
+ «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
S. «¿Seré yo, Maestro?»
+ «Tú lo has dicho.»
C. Le respondió Jesús.

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo.»
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
+ «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre.»
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea.»
C. Pedro, tomando la palabra, le dijo:
S. «Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás.»
C. Jesús le respondió:
+ «Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.»
C. Pedro le dijo:
+ «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.»
C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Comenzó a entristecerse y a angustiarse

C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo:
+ «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.»
C. Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
+ «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo.»
C. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
+ «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
C. Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro:
+ «¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»
C. Se alejó por segunda vez y suplicó:
+ «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad.»
C. Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo:
+ «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»

Se abalanzaron sobre Él y lo detuvieron

C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:
S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo.»
C. Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:
S. «Salud, Maestro.»
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
+ «Amigo, ¡cumple tu cometido!»
C. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:
+ «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?»
C. Y en ese momento dijo Jesús a la multitud:
+ «¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron.»
C. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso

C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:
S. «Este hombre dijo: «Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días».»
C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?»
C. Ellos respondieron:
S. «Merece la muerte.»
C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:
S. «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó.»

Antes que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:
S. «Tú también estabas con Jesús, el Galileo.»
C. Pero él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé lo que quieres decir.»
C. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
S. «Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno.»
C. Y nuevamente Pedro negó con juramento:
S. «Yo no conozco a ese hombre.»
C. Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:
S. «Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona.»
C. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y saliendo, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre

C. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S. «He pecado, entregando sangre inocente.»
C. Ellos respondieron:
S. «¿Qué nos importa? Es asunto tuyo.»
C. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:
S. «No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre.»
C. Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado «del alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy «Campo de sangre.» Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compró el «Campo del alfarero», como el Señor me lo había ordenado.

¿Tú eres el rey de los judíos?

C. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:
S. «¿Tú eres el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:
S. «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:
S. «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?»
C. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.»
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato continuó:
S. «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Todos respondieron:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. El insistió:
S. «¿Qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:
S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.»
C. Y todo el pueblo respondió:
S. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo:
S. «Salud, rey de los judíos.»
C. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos bandidos

C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:
S. «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios».»
C. También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactani?

C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ «Elí, Elí, lemá sabactani.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:
S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.»
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
S. «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»
C. Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.

José depositó el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo

C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.

Ahí tienen la guardia,
vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente

C. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, diciéndole:
S. «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: «A los tres días resucitaré». Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: «¡Ha resucitado!» Este último engaño sería peor que el primero.»
C. Pilato les respondió:
S. «Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente.»
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

Palabra del Señor.


Homilía

La Semana Santa se abre con la celebración del Domingo de Ramos. En él se nos proponen para la meditación dos escenas del Evangelio. La primera, es la entrada que Jesús realiza en Jerusalén antes de su pasión y se proclama al bendecir los ramos. La otra, que ocupa el lugar habitual de la proclamación del evangelio, es el relato de la pasión y muerte del Señor, según san Mateo. Esta segunda es acompañada por un texto del profeta Isaías, conocido como «Tercer cántico del servidor sufriente», un salmo que expresa la angustia de quien atraviesa una situación límite, y un antiguo himno cristiano a la humildad de Cristo, que se encuentra en la Carta a los filipenses.

La entrada de Jesús en Jerusalén debería hacernos pensar en esas imágenes que muestran las películas y los cuadros, de poderosos reyes, emperadores y
generales que entran en una ciudad, fuertes y satisfechos después de haber logrado una importante conquista o victoria. Reciben la aclamación de la gente que deposita en ellos su seguridad y sus anhelos de triunfar. Sabemos que muchos de esos vencedores, por no decir casi todos, han sido tiranos y despiadados con aquellos mismos que los han aclamado. Lo que han logrado, lo han hecho a base de imponerse por la fuerza, dominar, someter. Muchos incluso, a lo largo de la historia humana, han utilizado el miedo como el medio más poderoso de conquista.

En contraste, Jesús entra sentado sobre un asno. No es un esbelto caballo, ligero para el combate, sino un animal rudimentario, de carga, de trabajo. Además, ni siquiera es una posesión propia sino que lo toma prestado. No es signo de poder. Sin embargo, la gente reconoce en esa diferencia, cuál es su intención. Jesús se presenta a sí mismo como rey manso y humilde, como rey de paz. Por eso lo aclaman, porque todos deseaban que se cumpliera la promesa que Dios había hecho a su Pueblo. Un tiempo de paz, que ya no se acabe. Alguien que trae la paz pero no por un tiempo y que después se aprovecha de lo que ha conseguido en beneficio propio. Que se encierra y endurece en su poder y termina haciendo daño a quienes prometió un mejor porvenir.

Cómo consigue esa paz, nos lo muestra el relato de la pasión. Oponiendo mansedumbre a la violencia, verdad a la mentira, perdón a la agresión, la traición y el abandono. Un verdadero rey de paz que ama hasta el final. Como dice un autor espiritual, tanto amor ofreció Jesús en la cruz que no sólo perdona a quienes le hacen daño, sino que hasta llega a disculparlos: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Lc. 23,34.

Cuando bendecimos nuestros ramos y los llevamos a nuestra casa, nos ponemos en el lugar de aquellas personas. Manifestamos que queremos un rey de paz. Más precisamente, decimos con nuestro gesto que Jesús es nuestro Rey de paz y que queremos ser parte de su Reino. Que queremos vivir de la corriente de amor que brota de la cruz. Que estamos dispuestos a dejarnos alcanzar por la gracia que brota de su costado abierto. La sangre de Jesús nos purifica de toda inclinación agresiva que habita en nuestro interior, para poder vivir como él, mansos y humildes, ofreciendo paz con nuestras palabras y nuestras obras.

Contemplando a Jesús que entra a Jerusalén para dar la vida y así establecer el Reino de paz, entremos también nosotros en la Semana Santa para entregar nuestra vida con Él.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
SÁBADO 04-04-20

Haré de ellos una sola nación

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28

Así habla el Señor:
Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo. Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.
Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor.
Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente.
Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna.
Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.

Palabra de Dios.

SALMO Jer 31, 10-12ab. 13

R. El Señor nos cuidará como un pastor.

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»
R.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
R.

Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,

los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 18, 31

Dice el Señor: Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías
y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

EVANGELIO

Para congregar en la unidad a los hijos de Dios
que estaban dispersos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 45-57

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.»
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?»
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al
desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo:
«¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

Palabra del Señor.


Homilía

Mañana comienza la celebración de la Semana Santa. El Evangelio de hoy nos ubica en el contexto exacto que precedió a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Se percibe claramente la tensión que rodea al Señor. Disputas, rechazos, adhesiones, dudas, conspiración, amenazas. La expectativa es muy grande. ¿Qué hará? Lo sabemos. Continuará firme por el camino del amor, hasta la entrega total.

Las lecturas de este día ponen de manifiesto una consecuencia esencial de la salvación: la unidad. Sabemos lo dolorosa que es la separación. El pueblo de Israel lo experimentó especialmente en el tiempo del exilio en Babilonia. Por eso la promesa de Dios a Abraham, que originalmente había sido tierra y descendencia, se transformó en re-unión. Los hijos que están dispersos serán reunidos por el amor de Dios. Podemos decir, cuando Dios ama/salva, reúne.

Las separaciones se dan también por enfrentamientos. Lo vemos tristemente muchas veces en las familias, en las comunidades, en la sociedad. Cada uno se va encerrando en lo suyo y se aleja, se distancia y hasta empieza a ver al otro como un enemigo de quien tiene que defenderse. Es muy angustioso vivir así porque hemos sido creados para el amor, es decir, para la comunión. Para compartir, dar y recibir.

Como nos recordaba recientemente el Papa Francisco, nadie se salva solo (Cfr. Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia). Providencialmente esta Semana Santa podremos vivirla desde esa óptica. No es fácil recorrer el camino de la unidad, donde cada uno es aceptado como verdaderamente es y no como nos gustaría que fuera; donde todos tenemos que aprender a ceder, entender, pedir perdón y perdonar.

Durante estos próximos días, al contemplar a Jesús que se entrega, pidamos la gracia de poder experimentar cómo en medio de tan gran debilidad se gesta la
comunión más profunda y verdadera.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
VIERNES 03-04-20

El Señor está conmigo como un guerrero temible

Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13

Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza.»
Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 17, 2-7

R. Invoqué al Señor y Él me escuchó.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.

Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí. R.

Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jn 6, 63c. 68c

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO

Intentaron detenerlo, pero él se les escapó de las manos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: «Tú blasfemas», a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: «Yo soy Hijo de Dios»? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Homilía

El último viernes de Cuaresma termina de introducirnos en la paradoja de la desgarradora lucha que se va a dar en la Pasión de Jesús. El amor ofrecido
gratuitamente, capaz de salvar a quien lo recibe, es violentamente rechazado. Podemos percibir la soledad en la que va entrando Jesús, a causa del rechazo. Intenta por todos los medios ablandar esos corazones endurecidos. Hace un repaso de lo que ha dicho y ha hecho. Todo ha comunicado vida: sanó, consoló, perdonó, liberó. Todo expresa genuinamente el misterio de Dios. Y sin embargo, sigue encontrando resistencia.

El amor que lo mueve, en su creatividad, lo va a llevar al extremo. Para conquistar a todos, su entrega será radical. La cruz de Jesús muestra un amor que se
sigue ofreciendo, aún cuando ha sido rechazado, despreciado y abandonado. ¿Quién tiene la capacidad de seguir dándose cuando se vive tal experiencia? Sólo aquel que posee la absoluta certeza de que el amor siempre vence. Nadie sino Jesús, el Hijo de Dios, el que conoce de verdad al Padre podía permanecer allí. No es obstinación, es confianza plena.

Podemos hacer nuestras las palabras del salmo, como modo de oración, para adentrarnos en la contemplación de la cruz de Jesús, la más profunda experiencia de confianza y entrega.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
JUEVES 02-04-20

Serás el padre de una multitud de naciones

Lectura del libro del Génesis 17, 3-9

Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
«Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios.»
Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 104, 4-9

R. El Señor se acuerda eternamente de su Alianza.

¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca! R.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 94, 8ab

No endurezcan hoy su corazón,
sino escuchen la voz del Señor.

EVANGELIO

Abraham, vuestro padre, se alegró pensando ver mi día

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 51-59

Jesús dijo a los judíos:
«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»
Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. braham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»
Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman «nuestro Dios», y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: «No lo conozco», sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»
Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.»
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

Palabra del Señor.


Homilía

En esta parte de la disputa que Jesús mantiene con los judíos -cabe aclara que se trata de un grupo y no de todos- nos adentramos en una realidad muy conocida por el pueblo de Israel, central en su fe. Se trata de la alianza hecha por Dios con el patriarca Abraham. La misma consistía en un vínculo de exclusividad entre ambos. Dios lo elegía a él y el aceptaba solamente a Dios. Dios se comprometía a darle descendencia y tierra, Abraham a serle fiel. La descendencia y la tierra son símbolo de lo más preciado para el ser humano. Ser alguien para otro y tener un lugar propio en este mundo.

Jesús reclama para sí la misma fidelidad que Dios pidió a Abraham, por eso los judíos se alteran y le preguntan con firmeza ¿quién pretendes ser? Jesús hace
explícito lo que en tantas oportunidades ha dejado ver. Él es quien conoce verdaderamente a Dios y por eso puede hablar en su nombre. Conocer significa en la Biblia un vínculo especial y por lo general exclusivo. Al decir que «Yo soy», Jesús termina de confirmar que su identidad se identifica con la de Dios. Para gozar de las promesas que Jesús hace es indispensable ser fiel a su palabra, como Abraham fue fiel a la de Dios. Lo que Jesús promete es: «quien sea fiel a mis palabras no morirá jamás»

Nuestro anhelo de vivir alcanza en el vínculo con Jesús su realización más plena.Vivimos, nos sentimos vivos, cuando gozamos del trabajo bien realizado, de las pruebas superadas, de los vínculos de amor en los que nos entregamos y también en aquellos en los que somos acogidos. Pero también es cierto que todas esas experiencias son parciales. Nunca terminaremos de saciar nuestra sed de vida, de ser verdaderamente alguien para otro y tener nuestra lugar en este mundo si no hacemos alianza de amor con Jesús. Pedimos en este día la gracia de ser fieles a su palabra, para gozar de sus promesas.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
MIÉRCOLES 01-04-20

Dios ha enviado a su Ángel
y ha salvado a sus servidores

Lectura de la profecía de Daniel 3, 1.4.5b.6.8.12.14-20.24-25.28

El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. El heraldo proclamó con fuerza: «A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla, será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente».
En ese mismo momento se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos ante el rey: «Hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido».
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?»
Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido.»
Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.
El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: «¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?»
Ellos le respondieron, diciendo: «Así es, rey.»
El replicó: «Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses.»
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que
confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios.»

Palabra de Dios.

SALMO Dn 3, 52-56

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
R. Alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
R. Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.

Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.

Bendito seas tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
R. Alabado y exaltado eternamente por encima de todo.

Bendito seas en el firmamento del cielo.
R. Aclamado y glorificado eternamente.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15

Felices los que retienen la Palabra de Dios
con un corazón bien dispuesto
y dan fruto gracias a su constancia.

EVANGELIO

Si el Hijo los libera serán realmente libres

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 31-42

Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él:
«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»
Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: «Ustedes serán libres»?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.»
Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham.»
Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre.»
Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios.»
Jesús prosiguió: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.»

Palabra del Señor.


Homilía

Seguramente no tengamos la experiencia de ser literalmente esclavos. Pero si sabemos lo que es estar sometidos a realidades que no nos dejan ser libres.
Situaciones laborales, afectivas, emocionales, sociales, etc. Estos días en que nuestra vida cotidiana se ha visto tan rotundamente trastocada, podemos sentirnos así.

Qué extraordinarias son las lecturas que la Palabra de Dios nos presenta en este día. Tanto Jesús en el Evangelio, como los tres jóvenes en el libro de la profecía de Daniel, muestran una profunda libertad, vivida en situaciones que objetivamente los tienen acorralados. Es la libertad interior. Esa que experimentaban los mártires de los primeros siglos y de distintas épocas al ser perseguidos por su fe, y que los hacía permanecer serena y confiadamente firmes.

Jesús se encamina decididamente a la pasión, no como un héroe o superhombre. Con toda la fragilidad de su condición humana, pero con toda la fortaleza también de su filiación divina. Es la confianza puesta radicalmente en Dios, que sostiene con su amor incondicional, la que posibilita vivir con libertad en medio de las situaciones más adversas. Contemplando a Jesús, pidamos la gracia, especialmente en este tiempo, de poder gozar también nosotros de ella.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
MARTES 31-03-20

Todo el que haya sido mordido,
al mirar la serpiente de bronce, quedará curado

Lectura del libro de los Números 21, 4-9

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!»
Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes.»
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla,
quedará curado.»
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO 101, 2-3. 16-21

R. ¡Señor, escucha mi oración!

Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco. R.

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria. R.

Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
el que lo encuentra permanece para siempre.

EVANGELIO

Cuando hayáis levantando al Hijo del hombre,
entonces sabréis que Yo soy

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 21-30

Jesús dijo a los fariseos:
«Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.»
Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: «Adonde yo voy, ustedes no pueden ir»?»
Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: «Ustedes morirán en sus pecados.» Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados.»
Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres tú?»
Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo.»
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.»
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Homilía

En estos días previos a la Semana Santa, la Palaba de Dios busca introducirnos cada vez más en el misterio de la Pascua. La vida se alcanza a través de la cruz. Especialmente el Evangelio de Juan presenta la cruz como lugar de salvación. Allí se da ya la glorificación de Cristo. Por eso mirar la cruz no es contemplar un objeto de tortura y de muerte sino de sanación.

En la primera lectura encontramos una imagen que anticipa el poder salvador de la cruz. El pueblo aquejado por una realidad hostil reniega, se deja llevar por el desaliento y se queja. Se va cerrando cada vez más en su amargura y con su actitud rompe el vínculo con Dios, se distancia de Él. La consecuencia es lógica: se enferma y muere. Quien se aleja de la fuente de la vida, se enferma y muere. Todo eso se expresa a través de las serpientes que los muerden y de las que necesitan librarse. Piden a Moisés, el hombre de Dios, que interceda ante Él, para que los salve. Dios salva a su pueblo ofreciéndole como mediación una serpiente de bronce que debe ser colocada en alto para que todo el que la contemple, sane.

Esta serpiente puesta en alto para alcanzar sanación es imagen de Jesús que, como narra el evangelio, será puesto en alto -en la cruz-, para que todo el que se una a él por la fe, encuentre salvación. Jesús dice que cuando sea puesto en alto todos sabrán que «Yo Soy». Esa afirmación es el nombre con el que Dios se había revelado a su pueblo (Yo soy – Yahveh). Paradójicamente, en la cruz, lugar de extrema fragilidad e impotencia, se manifestará todo la fuerza del poder de Jesús-Dios. Su poder es salvar y salva por el amor -nadie tiene tanto amor como ese que está en la cruz. Por eso, que cada vez que vemos la cruz encontramos tanta paz. Allí hay un poder que no se encuentra en otro lado, el poder del amor hasta el fin.

Con todo lo que estemos viviendo en este tiempo, acerquémonos también nosotros a contemplar a Jesús elevado en la cruz, para alcanzar salvación.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
LUNES 30-03-20

Yo voy a morir sin haber hecho nada

Lectura de la profecía de Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. El se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, porque sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos.
Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la palabra del Señor : «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y de los jueces que se tenían por guías del pueblo.» Esos ancianos frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos.
Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por el jardín de su esposo. Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla. Ellos perdieron la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios.
Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín. Allí no había nadie, fuera de los dos ancianos, condidos y al acecho.
Ella dijo a las servidoras: «Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme.» En cuanto las servidoras salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: «La puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y acuéstate con nosotros.
Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras.»
Susana gimió profundamente y dijo: «No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes. Pero prefiero caer entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor.»
Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar contra ella, y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante de Susana.
Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana. Ellos dijeron en presencia del pueblo: «Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.»
Fueron a buscarla, y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes. Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que la veían. Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza.
Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor . Los ancianos dijeron: «Mientras nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras. Entonces llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. En cuanto a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven, pero ella no quiso decirlo. De todo esto somos testigos.»
La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte.
Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!»
Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: «¿Qué has querido decir con esto?»
De pie, en medio de la asamblea, él respondió: «¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de
Israel! Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella.»
Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano.»
Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré.»
Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías
anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: «No harás morir al inocente y al justo.» Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos.»
El respondió: «Bajo una acacia.»
Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio.»
Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»
El respondió: «Bajo un ciprés.»
Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes.»
Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 33, 11

Dice el Señor: Yo no deseo la muerte del malvado,
sino que se convierta y viva.

EVANGELIO

El que no tenga pecado
que arroje la primera piedra

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.»
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»
«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»

Palabra del Señor.


Homilía

Una mujer puesta delante de la mirada de personas sin corazón, o peor aún, con el corazón endurecido por el pecado. Si bien los sucesos narrados son distintos, muestran la misma dinámica. La mujer es usada para satisfacer apetencias de los que la utilizan. Los que lo hacen, se han corrido de la mirada de Dios. Eso es esencialmente el pecado, salirnos de la órbita de su mirada amorosa. Quien así actúa llega incluso, como estos hombres, a usar a Dios para justificar sus acciones. Qué triste y lastimosa es la experiencia de personas que dicen ser religiosas y viven así.

Que importante es que siempre estemos delante de la mirada de Dios. Allí ambas mujeres encuentran esperanza y salvación. Hay un justo -en la primera lectura, el profeta Daniel; en el Evangelio, Jesús- que encarnan esa mirada, justa y compasiva.

Es importante que señalemos que, en el caso del Evangelio, la acusación contra la mujer es verdadera. Por eso, el mirar de Jesús es verdaderamente reflejo del mirar de Dios. No sólo sale en defensa nuestra frente a la injusticia sino que también se la juega por nosotros aún cuando no lo «merezcamos». Es la experiencia única del perdón, totalmente gratuito.

Contemplemos la palabra de Dios de este día y pidamos la gracia de permanecer siempre delante de su mirada



DOMINGO QUINTO DE CUARESMA
Año «A»

Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así habla el Señor:
Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 129, 1-5. 6c-8

R. En el Señor se encuentra la misericordia

Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria. R.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido. R.

Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor. R.

Porque en Él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados. R.

El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en vosotros

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11

Hermanos:
Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Palabra de Dios

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26

«Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí no morirá jamás», dice el Señor.

EVANGELIO

Yo soy la resurrección y la vida

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-45

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?»
Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él.»
Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo.»
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará.» Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo.»
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama.» Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?»
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»
Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.

Palabra del Señor.


Homilía

Nos encontramos ya a las puertas de celebrar el misterio central de nuestra fe, la pasión, muerte y resurrección de Jesús, en la próxima semana santa. La Palabra de Dios de este V° Domingo de Cuaresma nos mete de lleno en lo contemplación de ese misterio.

En la primera lectura se anticipa la fuerza del poder de Dios que es capaz no sólo de crear, hacer crecer, sanar. Va mucho más allá, es capaz de hacer surgir vida de la muerte. La imagen es elocuente: «voy a abrir sus tumbas y los haré salir de ellas». La segunda lectura nos recuerda nuestra caducidad: «estamos sometidos a la muerte, a causa del pecado». En el salmo, se expresa el llamado esperanzado de aquel que se sabe presa de esa fragilidad, pero a la vez confía en la promesa de Dios: «desde lo más profundo te invoco, Señor. ¡Señor, oye mi voz!». En el Evangelio, Jesús afronta directamente la realidad de la muerte haciéndose cargo de ella, al resucitar a su amigo Lázaro.

La muerte, una realidad tan obvia en nuestra vida y tan poco presente en nuestra conciencia. Nuestro mundo, nuestra sociedad (y nosotros somos parte de ella), prefiere negarla, maquillarla, ocultarla. Tal vez porque pone de manifiesto nuestra finitud, nuestra impotencia y eso lastima nuestro ego (no podemos todo). Tal vez porque nos asusta tanto lo que no controlamos, preferimos vivir distraídos, aprovechando intesamente lo que está a nuestro alcance, sin preguntarnos mucho más. Es notable, sin embargo, que los más destacados hombres y mujeres de la historia no la quitaron de su horizonte para vivir una vida a fondo. Por el contrario, hicieron de la muerte un motivo determinante para una entrega apasionada.

Podríamos traducir: «si al final, un día voy a morir, ¿en qué vale la pena gastar mis días realmente?» Un ideal, una causa.

Sin embargo, esta experiencia humana, no es sino una sombra de aquel verdadero motivo por el cual podemos mirar este límite existencial con esperanza. La fe nos da la razón más genuina para enfrenarnos a ella sin evadirnos. Jesús, el hijo de Dios, el amor hecho carne, ha sido más fuerte que la muerte y, entregándose, la ha vencido para siempre. Todo el que se une a Él por la fe puede también atravesar la muerte y alcanzar la vida.

Esta escena tan dramática del Evangelio que hoy contemplamos nos muestra al Señor en un combate directo con la muerte (adelanto de aquél que se dará en la cruz). Nos hará bien detenernos en tres puntos principales. En primer lugar, el estremecimiento que causa en Jesús la tragedia humana que significa la muerte (ver al hombre -un ser tan frágil- librado a su propia suerte). Luego, cómo se describe la relación que unía a Jesús con Lázaro que muere: «el que tú amas», «nuestro amigo», «cuánto lo amaba». Finalmente, el poder transformador que tiene su palabra.

Nuestra fe nos invita constantemente a un encuentro profundo con el Dios de la vida. Sin embargo, son muchas las realidades en las que podemos experimentar la sombra de la muerte, no sólo al final de nuestros días. Cada fracaso, ruptura, impotencia, experiencia de vacío, etc. También las situaciones que nos llenan de tristeza, dolor o miedo. En cada una de ellas Jesús vuelve a hacerse presente para revivir con nosotros la historia de Lázaro: compadecerse, mostrarnos cuantos nos ama y llenarnos de vida con su poder. Dejemos que nos llame nuevamente a la vida y aceptemos su amistad.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
SÁBADO 28-03-20

Yo era como un manso cordero, llevado al matadero

Lectura del libro del profeta Jeremías 11, 18-20

El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.
Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: «¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia,
arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!»
Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 7, 2-3. 9bc-12

R. ¡Señor, Dios mío, en ti me refugio!

Señor, Dios mío, en ti me refugio:
sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme
como un león, que destroza sin remedio.
R.

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia
y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos!
Tú que sondeas las mentes y los corazones,
tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
R.

Mi escudo es el Dios Altísimo,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo
y puede irritarse en cualquier momento.
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15

Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia.

EVANGELIO

¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 40-53

Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: «Este es verdaderamente el Profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros preguntaban: «¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre.»
Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.»
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»
Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta.»
Y cada uno regresó a su casa.

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios de este día nos ofrece una imagen entrañable para nuestra fe, la del cordero manso llevado al matadero. Es la imagen por excelencia de Jesús que camina a la cruz. No opone resistencia, no ejerce violencia. Se entrega. Frente a esa persona que se entrega de manera absoluta hay que tomar una decisión. Es lo que aparece reflejado en el pasaje del Evangelio que hoy leemos. Algunos dudan, otros lo rechazan, otros se deciden por él.

San Ignacio de Loyola, en su libro de los Ejercicios Espirituales, lo expresa de esta manera que puede ayudarnos: “Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo…” (EE 53). » Considerar cómo todo esto padece por mis pecados… y qué debo yo hacer y padecer por él” (EE 195-197).

Nos propone, este gran maestro espiritual, situarnos con nuestra imaginación, nuestros pensamientos y sentimientos, delante de Jesús en el momento de su entrega. Y hablar con él. Tomar conciencia con todo nuestro ser que Jesús está allí por mí, por amor a mí, por salvarme de mis pecados. Y no se queja, no se resiste, se ofrece. Después de esa contemplación la consecuencia lógica (desde la dinámica del amor) es querer también ofrecerse uno mismo. Por eso la respuesta a esa triple pregunta: ¿qué hice, qué hago, que voy a hacer? para responder a tanto amor.

Pidamos la gracia de poder responder no sólo con nuestros pensamientos y sentimientos sino sobre todo con nuestra vida.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
VIERNES 27-03-20

Condenémoslo a una muerte infame

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22

Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 17-21. 23

R. El Señor está cerca del que sufre.

El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
R.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
R.

El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.

Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en él no serán castigados.
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 4b

El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

Quisieron detenerlo, pero todavía no había llegado su hora

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.»
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:
«¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.»
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.


Homilía

En la tradición bimilenaria de la Iglesia, el día viernes ocupa un lugar destacado para la vida espiritual de los creyentes. No es el día sagrado por excelencia -ese lugar le corresponde al domingo, día de la resurrección de Cristo-, pero tiene una relevancia fundamental. La misma le viene de haber sido el día de la semana en que Jesús entregó su vida por amor. A lo largo del tiempo de Cuaresma, esa relevancia es aún mayor.

Así, nos adentramos cada viernes de manera profunda, en el misterio de la redención. De un lado la oscuridad del corazón humano, su miseria, su pecado. Del otro, el amor inquebrantable de Dios, que no se cansa de buscar el modo de sanar ese corazón herido. A tal punto llega su búsqueda, que va a dejarse atravesar por el pecado, literalmente va a dejarse matar por él, para que ya no tenga poder sobre el hombre.

En las lecturas de este viernes, esa lucha viene expresada por una imagen que es recurrente en la Palabra de Dios y que volveremos a encontrar en este tiempo de conversión. La figura del justo que sufre a causa de la envidia y la maldad de los que no aceptan vivir bajo la mirada de Dios.

El justo es Jesús. Aquél que se deja interpelar por su palabra y su vida, se abre a la experiencia transformadora de la conversión; encuentra en él el camino de la salvación. Quien lo rechaza se cierra en sí mismo, se endurece y se deja conducir por las inclinaciones oscuras que habitan su corazón.

Nos hará mucho bien contemplar a Jesús, humilde, sereno y firme a la vez. Sin gritar, sin ponerse nervioso ni agredir, les muestra la verdad de sí mismo y los pone cara a cara con la verdad de ellos mismos. Dejemos que también a nosotros no interpele y nos conduzca por el camino de la verdad, para alcanzar la salvación.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
JUEVES 26-03-20

Arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo

Lectura del libro del Exodo 32, 7-14

El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.
Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto.»»
Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación.»
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: «¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: «El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?» Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia.»»
Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 105, 19-23
R. ¡Acuérdate de tus promesas, Señor!

En Horeb se fabricaron un ternero,
adoraron una estatua de metal fundido:
así cambiaron su Gloria
por la imagen de un toro que come pasto. R.

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo. R.

El Señor amenazó con destruirlos,
pero Moisés, su elegido,
se mantuvo firme en la brecha
para aplacar su enojo destructor. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3, 16

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único;
para que todo el que crea en él tenga Vida eterna.

EVANGELIO

El que os acusará será Moisés,
en el que habéis puesto vuestra esperanza

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 31-47

Jesús dijo a los judíos:
«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.
Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.
Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?»

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios de este día puede desconcertarnos. A menudo puede ocurrirnos esto. Debemos reconocer que esa experiencia muestra nuestro escaso
contacto con ella. No debería asombrarnos que, en algunos lugares de la Biblia, Dios se muestre como alguien agresivo, celoso y vengativo. En general son imágenes  parciales que aparecen en algunos pasajes de libros del Antiguo Testamento. Es lo que se llama «antropomorfismo». Se describe a Dios como si fuese un ser humano. Se quiere poner de manifiesto con ello que Dios es trascendente, pero que no es indiferente a lo que ocurre con nosotros. Por eso es se enoja, amenaza, se arrepiente. Si no lo hiciera sería una muestra de desinterés y, por lo tanto, de falta de amor. Es la manera que los autores del Antiguo Testamento encontraron para expresar que Dios está verdaderamente presente en nuestra historia.

Cada vez que nos encontremos con estos textos debemos recordar que no son expresiones que deban tomarse literalmente. Deben ser puestas siempre en un contexto más grande que es la totalidad de la Palabra de Dios. Es decir, que estos textos se complementan con aquellos otros que generalmente tenemos presentes y que guardamos en la memoria y el corazón. Por ejemplo la imagen que brinda el profeta Oseas, cuando describe a Dios como un padre tierno: «Cuando Israel era niño, yo lo amé… era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os. 11,1ss). O aquel otro pasaje del libro del Éxodo que nos muestra que «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex. 34,6).

Algo similar debemos decir del Nuevo Testamento en general y de los Evangelios en particular. En muchos pasajes, como en este, vemos a Jesús duro y terminante. Ya no se trata de un «antropomorfismo» sino de la humanidad completa de Jesús, el hijo de Dios hecho hombre. Es necesario que nos acostumbremos a tomar en serio toda la vida del Señor. También sus enojos, su firmeza, son necesarios para nuestra vida. Ver en Jesús estas reacciones nos hace conocerlo mejor y darnos cuenta que él verdaderamente nos toma en serio. Porque ama, no le da lo mismo una cosa que otra.
Pidamos la gracia de contemplar estas escenas de la Palabra de Dios, que a veces nos desconciertan y aprender de ellas la profundidad y veracidad de su amor.



25 de marzo
LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad

Mirad, la virgen está embarazada

Lectura del libro del profeta Isaías 7, 10-14; 8, 10c

El Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas.» Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.»
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo.Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel. Porque Dios está con nosotros.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 39, 7-11

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy.
R.

En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón.»
R.

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
tú lo sabes, Señor.
R.

No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad.
R.

Aquí estoy, yo vengo
-como está escrito de mí en el libro de la Ley para hacer, Dios, tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10

Hermanos:
Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo:
«Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad.»
El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.
Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO (o Aleluia) Jn 1, 14ab

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria.

EVANGELIO

Concebirás y darás a luz un hijo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún
hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»
Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.


Homilía

El anuncio que el ángel hace a la Virgen es la expresión exterior de lo que ocurre en lo más profundo de su ser. Con su sí (hágase -fiat, en latín), María le está dando a Dios la oportunidad de ser uno de nosotros. ¡Qué bella imagen! Dios, como pidiendo permiso, para realizar a través suyo (y a través nuestro) la obra de la salvación.

Lo que ocurre en las entrañas de la Virgen es la Encarnación. Dios se despoja de su condición divina y se hace hombre. A partir de ese momento atravesará cada una de las vicisitudes de la condición humana. Su humanidad le permitirá experimentar al mismo tiempo el frío de una noche de invierno y de la traición de un amigo. También el calor sofocante del desierto palestino, tanto como el de los brazos maternos que cobijan y sostienen.

El nombre que el niño llevará revela su identidad más profunda. Jesús quiere decir «Dios salva». Y lo hace de un modo que cumple lo profetizado al rey Ajáz.
El niño será llamado Emanuel, que significa «Dios con nosotros». En Jesús, Dios nos salva estando con nosotros. Podemos reconocer que cuando se trata de amar, seguramente sea ésta una de sus más propias cualidades: «estar». Así lo decimos, por ejemplo, de los amigos, que «están» en las buenas y en las malas. De los esposos, que «están» el uno para el otro. De los padres, que «están» para sus hijos. El que «está», permanece, se queda, comparte, acompaña.

Durante estos días tan especiales pidamos la gracia de poder contemplar a Jesús, Dios hecho hombre, y vivir la profunda y gozosa experiencia de que siempre está con nosotros.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
MARTES 24-03-20

He visto el agua que brotaba del templo:
y todos aquellos a quienes alcanzó esta agua
han sido salvados

Lectura de la profecía de Ezequiel 40, 1-3; 47, 1-9. 12

El año vigésimoquinto de nuestro exilio, al comienzo del año, el décimo día del mes, es, decir, catorce años después de la destrucción de la ciudad, ese mismo día la mano del Señor descendió sobre mí, y él me llevó allá. En una visión divina, me llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre una montaña muy alta, sobre la que había algo así como las construcciones de una ciudad, al sur. Él me llevó hasta allí, y yo ví a un hombre, que por su aspecto parecía de bronce, con una cuerda de lino y una vara de medir en la mano. Estaba de pié en el pórtico.
El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.
Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.
El hombre me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?», y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.
Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente.
Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio.»
Palabra de Dios.

SALMO Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9

R. ¡El Señor está con nosotros!
El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva
y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora. R.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Vengan a contemplar las obras del Señor,
él hace cosas admirables en la tierra. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 50, 12a. 14a

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y devuélveme la alegría de tu salvación.

EVANGELIO

En seguida el hombre se curó

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 1-3a. 5-16

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?»
El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes.»
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina.»
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar.
Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla.»
El les respondió: «El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y camina.»»
Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina?»»
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía.»
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios que hoy contemplamos es muy rica en imágenes y está cargada de profundos significados que no pueden abordarse en un breve comentario.

El exilio, la ciudad santa de Jerusalén, el Templo, las puertas o pórticos -mencionados en la primera lectura y en el Evangelio. Entre todos ellos, el agua, presente en ambos textos, ocupa un lugar central.
En la primera lectura es maravillosa la imagen del torrente de agua que va empapando toda la tierra y haciendo crecer vida a su paso. Todo lo que toca florece, da fruto, sirve de alimento y remedio. El agua, en la visión del profeta brota del Santuario. Por eso se dice allí que gracias a ella «tendrán vida todos los seres vivientes».

En el Evangelio, aquel que añora ser tocado por el agua para sanar, para encontrar vida, nunca puede llegar hasta ella. Es elocuente la imagen de Jesús
mirándolo, compadeciéndose y acercándose hasta él. Es el mismo movimiento que se da en la encarnación del Hijo de Dios. Como dice san Ignacio de Loyola en su libro de los Ejercicios Espirituales (EE 102 y 107), Dios mira desde el Cielo al ser humano herido y caído y decide «hacer redención», abajarse, acercarse para salvarlo. El hombre enfermo ya no necesita acercarse a la fuente de agua que sana, porque ella se ha acercado hasta él. Es así que en el encuentro personal con Jesús (como la Samaritana en el Evangelio del domingo pasado) se encuentra el agua que da vida.

En este tiempo en el que no nos es posible ir a casi ningún lado y podemos sentirnos impotentes por no lograr alcanzar lo que anhelamos, nos puede hacer mucho bien contemplar a Jesús que se acerca constantemente a nosotros, trayéndonos el agua que nos da vida.



 

CUARTA SEMANA DE CUARESMA
LUNES 23-03-20

Nunca más se escucharán ni llantos ni alaridos

Lectura del libro del profeta Isaías 65, 17-21

Así habla el Señor:
Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva.
No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.
Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

R. ¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
R.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
R.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Am 5, 14

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida,
y así el Señor estará con ustedes.

EVANGELIO

Vuélvete, tu hijo vive

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4, 43-54

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.»
El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera.»
«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús.
El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive.»
Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Palabra del Señor.


Homilía

En los momentos difíciles (como éste) podemos perder la esperanza. Desde una mirada humana lo que ocurre es que nos volvemos pesimistas. Desde una mirada de fe, sencillamente dejamos de confiar en aquel que nos ha llamado a la vida y nos acompaña permanentemente.

Las lecturas de hoy nos renuevan en la esperanza, recordándonos que Dios es creador. Es decir, es fuente poderosa y constante de vida. En la primera lectura, las palabras del profeta Isaías son pronunciadas en el momento en que el pueblo de Israel comienza a volver a la tierra prometida, luego de haber pasado mucho tiempo en el exilio. El exilio, como el desierto (como la cuarentena) pueden ser vividos como tiempos de preparación a experimentar el poder de la fuerza creadora de Dios. Las imágenes que ofrece hablan de cosas cotidianas, sencillas, que son completamente renovadas por Dios. Esa vida rutinaria y simple de cada día es totalmente atravesada por su presencia y se llena vigor. En el evangelio se nos ofrece otra clave sobre la esperanza. Dios sabe que necesitamos ver, sentir, experimentar, para poder confiar. Por eso se habla de «signos». Jesús está en Caná, donde realizó su primer signo creador, cuando cambió el agua en vino en aquella fiesta de bodas. Aunque no lo dice explícitamente, el evangelio da a entender que el hombre que pide la curación de su hijo lo hace porque ha escuchado algo de ese signo (tal vez hasta podría haber sido testigo presencial).

Ante el pedido del hombre, Jesús dice «si no ven signos y prodigios, ustedes no creen». Podemos decir que este hombre es el prototipo de aquel que necesita experimentar algo para poder confiar, para poder tener esperanza. Muchos de nosotros podemos sentirnos identificados con este personaje del evangelio. Él hace su camino, aprende a ver los signos, está atento a ellos y finalmente cree.

Pidamos la gracia, en este tiempo, de ver los signos de la presencia creadora de Dios. Cada uno deberá buscarlos en su entorno. Por ejemplo, podemos pensar en tantas personas que en estos momentos dejan de lado su seguridad personal y se exponen a riesgos, por ponerse al servicio de los demás.

Algunos signos tal vez sean más explícitos, otros no. Pero si los encontramos nos irán disponiendo a confiarnos a Aquél que está detrás de todos ellos. Aquel que nos sigue sosteniendo en la vida y que, como dice la primera lectura, tiene el poder de «crear un cielo nuevo y una tierra nueva».



Querida parroquia, cada domingo nos encontramos para compartir la Mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Para seguir haciéndolo, aunque de manera distinta, les acerco la Palabra de Dios correspondiente a este IV Domingo de Cuaresma y la homilía.

Celebro hoy muy especialmente la Misa con el recuerdo de cada uno de ustedes, pensando sobretodo en los que más cercanía necesitan. Un fuerte abrazo y bendicion. Unidos en el Corazón de Jesús.

P. Roberto


DOMINGO CUARTO DE CUARESMA
Año «A»

David es ungido rey sobre Israel

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 5b-7. 10-13a

El Señor dijo a Samuel: «¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.»
Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante Él a su ungido.»
Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque Yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.»
Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de éstos.»
Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿Están aquí todos los muchachos?» Él respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el
rebaño.»
Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.»
Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

Levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 5, 8-14

Hermanos:
Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.
Por eso se dice:
«Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos,
y Cristo te iluminará».
Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12

«Yo soy la luz del mundo,
el que me sigue tendrá la luz de la Vida», dice el Señor.

EVANGELIO

Fue, se lavó y vio

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 9, 1-41

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:
«Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»
El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»
Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»
El decía: «Soy realmente yo.»
Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?»
El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y
me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?»
El respondió: «No lo sé.»
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.
El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?» Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.» Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él.»
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.»
Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?»
El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»
Ellos lo injuriaron y le dijeron: «¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este.»
El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?»
El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»
Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.
Después Jesús agregó:
«He venido a este mundo para un juicio:
Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?»
Jesús les respondió:
«Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: «Vemos», su pecado permanece.»
Palabra del Señor


Homilía

En este IV° Domingo del Tiempo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos introduce en el contraste de dos realidades muy significativas para la vida espiritual. Luzoscuridad (tinieblas, ceguera), también expresadas como apariencia-realidad.

En la primera lectura, Dios enseña al profeta Samuel cómo mirar adecuadamente la realidad. Le dice: «Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón». En el salmo, el poder de la luz se experimenta como guía segura y firme para atravesar los momentos oscuros. Por eso canta el salmista: «Aunque cruce por oscuras quebradas no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza». En la segunda lectura, el apóstol san Pablo utiliza este contraste para recordarle a la comunidad cristiana de Éfeso, los pasos fundamentales de crecimiento que han dado: «Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor». Por último, en el Evangelio, tinieblas y luz aparecen claramente como situaciones en las que puede vivir el hombre. El camino que lleva de la primera a la segunda es arduo, pero liberador. Lo más significativo es que la oscuridad (en este caso la ceguera) no aparece como castigo o desgracia sino como oportunidad de salvación a partir del encuentro personal con Jesús. Así dice el
Evangelio: «Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios»».

Frente a los momentos duros de la vida podemos experimentar la tentación de evadirnos. De hecho, la dificultad, el dolor que cuesta asumir, el límite que no se logra aceptar, es lo que hace que tantas veces vivamos superficialmente. En sus expresiones más comunes nos volvemos ansiosos trabajadores, compulsivos gastadores, recurrentes buscadores de entretenimiento. En sus manifestaciones más comprometidas, adictos a lo que sea: comida, bebida, redes sociales, juego, sustancias, etc. Somos parte de una sociedad adictiva, con muy poca tolerancia para el sufrimiento.

Muchas veces también pensamos que el sufrimiento es castigo. Y que algunos son castigados y otros no. Y que es injusto porque muchas veces sufren los «buenos» y no los «malos». Es la trampa de racionalizar el sufrimiento. Otra forma sutil de evasión.

Nos distanciamos de la realidad tal cual es, porque la percibimos como enemiga. No nos gusta, no queremos que sea así y, por eso, nos escapamos.

La pandemia que estamos viviendo nos ha forzado a detenernos. Ya no es posible seguir andando a toda velocidad. Muchos lo experimentarán como una gran
dificultad. Tener que parar, estar con uno mismo sin posibilidad de evadirse. Enfrentarse a las oscuridades personales que se había querido ignorar. De la misma manera, mirando el mundo, esta oscuridad que se cierne sobre toda la humanidad puede hacer que nos preguntemos, como los discípulos en el Evangelio, ¿de quién es la culpa? ¿porqué este castigo?

Sin duda la respuesta de Jesús será la misma que en la escena del Evangelio que hoy contemplamos. La oscuridad en el mundo y la vida personal de cada uno, son oportunidad para que se manifieste la gloria de Dios. Jesús no evade el sufrimiento de este hombre ciego e invita a no evadirse a sus discípulos, que preguntan si la causa del sufrimiento es algún castigo. Le enseña a sus discípulos y al hombre ciego que esa situación oscura requiere ser asumida. Es lo que hace Jesús, con el ciego y con cada uno de nosotros. Asume nuestras oscuridades. Son para él lugar de encuentro. Él es la Luz que brilla en medio de nuestras tinieblas. Su amor, su compasión, su perdón van disipando nuestras oscuridades, nos van ayudando a sanar, a aceptar, nos van abriendo los ojos. Es la experiencia de la Pascua. Paso de las tinieblas a la luz.

A partir de ese encuentro podemos ver de una manera nueva, genuina, la realidad. Ya no necesitamos escaparnos, evadirnos. No tenemos miedo a las
oscuridades propias ni a la de los demás. Nos volvemos más genuinos, pacientes comprensivos, capaces de aceptar. El encuentro con Jesús nos ayuda a despojarnos de las apariencias y superficialidades y nos enseña a mirar en lo profundo del corazón. Pidamos por intercesión de la Virgen, que cada uno de nosotros y toda la humanidad pueda vivir este tiempo difícil como camino a la luz pascual.



CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Secretariado Nacional de Liturgia

“Celebrar y orar en tiempo de pandemia”
Celebración para el IV domingo de Cuaresma   
                                                                                                                 


CELEBRAR Y ORAR EN TIEMPO DE PANDEMIA

Celebración familiar para el IV Domingo de Cuaresma – 22 de Marzo de 2020

Preparar antes de la celebración:
– Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar.
– Un pequeño altar con los elementos que a la familia le son significativos: un mantel, una vela encendida, una cruz, la imagen de la Virgen María, etc.
– Una Biblia desde la cual se proclamará el evangelio.

Iniciamos la celebración
Ya reunida la familia en torno a la Palabra de Dios, el adulto que guía la celebración (G) comienza diciendo:
G: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Familia, bendigamos al Señor, que en su bondad nos invita a compartir la mesa de su Palabra.

Todos responden:
Bendito sea Dios, por los siglos.

Y continúa:
Todos nosotros queremos crecer como cristianos y vivir el evangelio, pero no siempre nuestras palabras, sentimientos, obras y pensamientos son buenos. Por eso, reconozcamos ahora la misericordia infinita que en la cruz nos perdonó.
Tú, que has cargado sobre ti nuestros sufrimientos y has llevado nuestros dolores: Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.
Tú, que en tu bondad hacia todos has pasado haciendo el bien y sanando a los enfermos: Cristo, ten
piedad.
Todos: Cristo, ten piedad.
Tú, que has dicho a tus apóstoles que impongan las manos sobre los enfermos: Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.

Escuchamos la Palabra

Habiendo marcado previamente el texto que se escuchará y puestos todos de pie, alguien toma la Biblia del altar familiar y proclama el evangelio de este domingo: Juan 9, 1-41. También se puede proclamar la versión más breve del evangelio: Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38 que transcribimos aquí abajo distribuyendo los personajes entre los distintos miembros de la familia.

Del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
Lector 1: Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con
la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole:

Jesús: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé»,

Lector 1: que significa «Enviado.» El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los
que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban:

Lector 2: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Lector 1: Unos opinaban:

Lector 2: «Es el mismo.»

Lector 1: Otros respondían

Lector 2: «No, es uno que se le parece.»

Lector 1: Él decía:

Ciego curado: «Soy realmente yo.»

Lector 1: El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió:

Ciego curado: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Lector 1: Algunos fariseos decían:

Lector 2: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Lector 1: Otros replicaban:

Lector 2: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?»

Lector 1: Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego:

Lector 2: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?»

Lector 1: El hombre respondió:

Ciego curado: «Es un profeta.»

Lector 1: Ellos le respondieron:

Lector 2: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?»

Lector 1: Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó:

Jesús: «¿Crees en el Hijo del hombre?»

Lector 1: Él respondió:

Ciego curado: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Lector 1: Jesús le dijo:

Jesús: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Lector 1: Entonces él exclamó:

Ciego curado: Creo, Señor»,

Lector 1: y se postró ante él.

Lector 1: Palabra del Señor

Reflexionamos en familia

Se puede hacer una reconstrucción del evangelio, con preguntas para dialogar en familia.
Además, puede leerse la siguiente reflexión:

El Evangelio de este domingo es parte de las catequesis bautismales de Cuaresma (el domingo anterior Jesús nos ofrecía el “Agua Viva”). Hoy se nos presenta como la “Luz del mundo”.
Con gran maestría el evangelista Juan nos plantea una paradoja: los que aparentemente ven en realidad están ciegos y el ciego termina siendo el que “ve”.
La curación de Jesús del ciego va más allá de devolverle la visión. Lo curó dándole una luz especial: la luz de la fe.
Jesús se enfrenta al fariseísmo una vez más, aquellos atrapados en concepciones erróneas del pecado y sus consecuencias, de su manera de interpretar la Ley y los Profetas, de su ceguera que los lleva a detenerse en detalles y no ver las maravillas que Dios estaba obrando en los pequeños y débiles.
Pero en el contexto de la Cuaresma este texto tendría que servirnos para algo más que criticar a los fariseos. Hemos sido iluminados con la Luz de la fe. Podríamos reflexionar cómo está nuestra fe en estos tiempos en que la necesitamos más que nunca.
Podríamos plantearnos si nuestra fe es un mero cumplir por costumbre; algo que vivimos por tradición familiar o cultural.
O, por el contrario, plantearnos si nuestra fe:
-es un encuentro personal con Dios que venido a para hacer una alianza con cada uno de nosotros.
-es realmente una respuesta, una entrega, una adhesión al Dios de Jesucristo.
-es una opción fundamental por el Evangelio.
-es un compromiso capaz de orientar toda nuestra vida, mente, corazón y conducta al estilo de Jesús.
Si nuestra fe es así entonces será un nuevo modo de ver y entender la vida, el mundo, la humanidad, las relaciones humanas, el amor, el trabajo, el éxito y el fracaso, el sufrimiento y la muerte.
En estos tiempos tan difíciles es cuando aparecerá lo que somos o no somos; aparecerá el valor de nuestras convicciones.
Pidamos al Señor una fe grande, fuerte, valiente, para estar a la altura de lo que Dios nos pide, siendo testigos de Cristo acompañando a tantos hermanos que sufren. Que la Virgen nuestra madre nos sostenga, proteja e interceda por todos nosotros.

Confesamos nuestra fe
G: En estos momentos que vivimos frente a la pandemia, nosotros podemos sentirnos también un poco angustiados y con cierto temor. Pero Jesús se nos acerca, como hizo con aquel hombre, y «nos abre los ojos» para que la luz se encienda en nuestra vida y podamos «ver» lo que a veces se nos oculta detrás de nuestros miedos. La fe nos abre los ojos. Digámosle a Jesús como aquel hombre: «Creo, Señor»

Alguno de los presentes va proponiendo las fórmulas de fe, a las que todos responden.
Lector: En Dios Padre, creador del cielo y de la tierra…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, que padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, que subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso, y que desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna…
Todos: «Creo, Señor»

Presentemos nuestra oración
G: El Señor Jesús nos ha revelado al Padre como amor sin medida. Por eso, elevemos a él nuestras
oraciones, que escuchará con amor. Digamos: «Escúchanos, Señor»

Alguno de los presentes va proponiendo las intenciones para presentar al Señor.
Lector:
Para que la Iglesia sepa ser «luz del mundo», dando siempre testimonio de confianza en Dios y en
su amor. Oremos.
Para que aquellos que gobiernan las naciones sepan discernir los mejores caminos para promover la
dignidad de cada hombre, especialmente de los más pobres y necesitados, en este tiempo de
crisis en el cual la tentación del descarte se hace sentir, Oremos.
Por todos aquellos que son golpeados por el virus y por cualquier enfermedad, para que encuentren
consuelo en la Palabra del Evangelio y, en la cercanía cordial del personal médico, un signo
del amor de Dios. Oremos.
Por nosotros, para que, aunque no podamos participar por ahora de la Eucaristía, sigamos
esparciendo las semillas de la Palabra entre nosotros y entre aquellos con quienes nos
comuniquemos. Oremos.

Quien lo desee, puede agregar intenciones.

Después, quien anima la oración, dice:
Concluyamos nuestra celebración en familia, diciendo juntos la oración que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre Nuestro…

G: Oremos.
Señor, Padre misericordioso, conduce hacia ti nuestros ojos, ojos tantas veces agobiados, incapaces de mirar con profundidad.
Envía sobre nosotros tu Espíritu Santo para que, iluminados por la luz de tu amor y consolados por sabernos cuidados por ti, contemplemos al mundo, a los enfermos y a nosotros mismos, con tu mirada llena de ternura.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Pedimos a Dios su bendición
Quien anima la oración, invocando la bendición de Dios, y santiguándose, dice:
El Señor nos bendiga,
nos defienda de todo mal
y nos lleve a la Vida eterna.

O bien:
Que nos bendiga y nos custodie
el Señor omnipotente y misericordioso,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Y todos responden:
Amén.

Una vez que se ha pedido la bendición de Dios, la familia puede realizar alguna de las siguientes oraciones, preparadas especialmente para este tiempo de pandemia.

Invocación del Papa Francisco a San José
Protege, Santo Custodio, este país nuestro. Ilumina a los responsables del bien común, para que ellos sepan – como tú – cuidar a las personas a quienes se les confía su responsabilidad.
Da la inteligencia de la ciencia a quienes buscan los medios adecuados para la salud y el bienestar físico de los hermanos.
Apoya a quienes se sacrifican por los necesitados: los voluntarios, enfermeros, médicos, que están a la vanguardia del tratamiento de los enfermos, incluso a costa de su propia seguridad.
Bendice, San José, la Iglesia: a partir de sus ministros, conviértela en un signo e instrumento de tu luz y tu bondad.
Acompaña, San José, a las familias: con tu silencio de oración, construye armonía entre padres e hijos, especialmente en los más pequeños.
Preserva a los ancianos de la soledad: asegura que ninguno sea dejado en la desesperación por el abandono y el desánimo.
Consuela a los más frágiles, alienta a los que flaquean, intercede por los pobres.
Con la Virgen Madre, suplica al Señor que libere al mundo de cualquier forma de pandemia.
Amén.

Invocación a la protección del San José Gabriel del Rosario Brochero
Señor, de quien procede todo don perfecto, Tú esclareciste a San José Gabriel del Rosario, por su celo misionero, su predicación evangélica y su vida pobre y entregada; concede con su intercesión, la gracia que te pedimos: por su entrega en la asistencia de los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba, te pedimos por nuestra Patria y el mundo entero, líbranos de la actual pandemia y de todo mal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén