Cuaresma 2020: Lecturas-Homilías


TIEMPO DE CUARESMA
LUNES SANTO

El no levantará la voz
ni la hará resonar por las calles

Lectura del libro del profeta Isaías 42, 1-7

Así habla el Señor:
Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma.
Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.
El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles.
No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente.
Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley.
Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella.
Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 26, 1-3.13-14

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré? R.

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron. R.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza. R.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

¡Salve, Rey nuestro!
Sólo Tú te has compadecido de nuestros errores.

EVANGELIO

Déjala. Ella tenía reservado este perfume
para el día de mi sepultura

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: «¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
Jesús le respondió: «Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre.»
Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.

Palabra del Señor.


Homilía

Lunes, Martes y Miércoles Santo, la liturgia contempla los últimos días de Jesús antes de su muerte. El Señor se encuentra rodeado de sus vínculos más cercanos. Aparecen personajes que muestran amor y cercanía. Pero también, en ese nivel de intimidad se manifiesta la duda, la negación y la traición.

Estas narraciones de los evangelios son acompañadas cada día por uno de los cuatro «Cánticos del servidor sufriente» que se encuentran en el libro del profeta Isaías, reservando el último para el Viernes Santo. Estos cánticos describen a quien Dios ha elegido, como alguien totalmente justo y fiel, que será perseguido injusta y violentamente. Totalmente confiado a Dios, finalmente será enaltecido por Él.

Especialmente doloroso es el lugar que ocupa Judas, que aparece mencionado en los tres días, cada vez con más centralidad. Hoy, el evangelio nos muestra una descripción de su interioridad: mezquino, calculador, incapaz de apreciar el valor de la gratuidad. Todo esto resalta en el contraste con el gesto espontáneo, desinteresado y lleno de ternura de María, la hermana de Lázaro, a quien Jesús había resucitado. Es fácil darse cuenta del profundo agradecimiento que esta mujer siente hacia Jesús. Un amor de correspondencia. A tanto amor recibido ofrece lo más valioso que tiene. Y no calcula, no mide. Ofrece todo.

Es posible ver en este gesto un signo anticipatorio de la entrega de Jesús. Jesús va a entregar lo más valioso, su vida. Va a derramar su sangre redentora que va a alcanzar a toda la humanidad, como el perfume impregna todo con su fragancia. Y lo hará de esa manera. Sin calcular. Lo hará gratuitamente, no porque alguien lo merezca, sino porque ama.

Contemplando esta escena del Evangelio pedimos la gracia de ocupar el lugar de María y corresponder con mucho amor, a tanto amor recibido.



TIEMPO DE CUARESMA
DOMINGO DE RAMOS
Año «A»
EN LA PROCESIÓN DE RAMOS

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 21, 1-11

Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, diciéndoles: «Vayan al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontrarán un asna atada, junto con su cría. Desátenla y tráiganmelos.
Y si alguien les dice algo, respondan: «El Señor los necesita y los va a devolver en seguida»».
Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:
«Digan a la hija de Sión:
Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga».
Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba:
«¡Hosana al Hijo de David!
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Hosana en las alturas!».
Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: «¿Quién es este?».
Y la gente respondía:
«Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea.»

Palabra del Señor.

MISA

No retiré mi rostro cuando me ultrajaban,
pero sé muy bien que no seré defraudado

Lectura del libro del profeta Isaías 50, 4-7

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, Él despierta mi oído
para que yo escuche como un discípulo.
El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»
R.

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.
R.

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
R.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»
R.

Se anonadó a sí mismo. Por eso, Dios lo exaltó

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos 2, 6-11

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo,
tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres.
Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: «Jesucristo es el Señor.»

Palabra de Dios

VERSICULO ANTES DEL EVANGELIO Flp 2, 8-9

Cristo se humilló por nosotros
hasta aceptar por obediencia la muerte,
y muerte de cruz.
Por eso, Dios lo exaltó
y le dio el Nombre que está sobre todo nombre.

EVANGELIO

En los lugares en que pareciere oportuno, durante la lectura de la Pasión se pueden incorporar aclamaciones.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 26, 3-5. 14-27, 66

¿Cuánto me darán si lo entrego?

C. Unos días antes de la fiesta de Pascua, los Sumos Sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del Sumo Sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para detener a Jesús con astucia y darle muerte. Pero decían:
S. «No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo».
C. Entonces, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
S. «¿Cuánto me darán si se lo entrego?»
C. Y resolvieron darle treinta monedas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?

C. El primer día de los Ácimos, los discípulos fueron a preguntar a Jesús:
S. «¿Dónde quieres que te preparemos la comida pascual?»
C. El respondió:
+ «Vayan a la ciudad, a la casa de tal persona, y díganle: «El Maestro dice: Se acerca mi hora, voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos».»
C. Ellos hicieron como Jesús les había ordenado y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me entregará

C. Al atardecer, estaba a la mesa con los Doce y, mientras comían, Jesús les dijo:
+ «Les aseguro que uno de ustedes me entregará.»
C. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno:
S. «¿Seré yo, Señor?»
C. El respondió:
+ «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado: más le valdría no haber nacido!»
C. Judas, el que lo iba a entregar, le preguntó:
S. «¿Seré yo, Maestro?»
+ «Tú lo has dicho.»
C. Le respondió Jesús.

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre

C. Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
+ «Tomen y coman, esto es mi Cuerpo.»
C. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo:
+ «Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados. Les aseguro que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre.»
C. Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño

C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta misma noche, ustedes se van a escandalizar a causa de mí. Porque dice la Escritura: Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño. Pero después que yo resucite, iré antes que ustedes a Galilea.»
C. Pedro, tomando la palabra, le dijo:
S. «Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo no me escandalizaré jamás.»
C. Jesús le respondió:
+ «Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.»
C. Pedro le dijo:
+ «Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré.»
C. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Comenzó a entristecerse y a angustiarse

C. Cuando Jesús llegó con sus discípulos a una propiedad llamada Getsemaní, les dijo:
+ «Quédense aquí, mientras yo voy allí a orar.»
C. Y llevando con él a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse. Entonces les dijo:
+ «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí, velando conmigo.»
C. Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así:
+ «Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»
C. Después volvió junto a sus discípulos y los encontró durmiendo. Jesús dijo a Pedro:
+ «¿Es posible que no hayan podido quedarse despiertos conmigo, ni siquiera una hora? Estén prevenidos y oren para no caer en la tentación, porque el
espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»
C. Se alejó por segunda vez y suplicó:
+ «Padre mío, si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, que se haga tu voluntad.»
C. Al regresar los encontró otra vez durmiendo, porque sus ojos se cerraban de sueño. Nuevamente se alejó de ellos y oró por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Luego volvió junto a sus discípulos y les dijo:
+ «Ahora pueden dormir y descansar: ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar.»

Se abalanzaron sobre Él y lo detuvieron

C. Jesús estaba hablando todavía, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de una multitud con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta señal:
S. «Es aquel a quien voy a besar. Deténganlo.»
C. Inmediatamente se acercó a Jesús, diciéndole:
S. «Salud, Maestro.»
C. Y lo besó. Jesús le dijo:
+ «Amigo, ¡cumple tu cometido!»
C. Entonces se abalanzaron sobre él y lo detuvieron. Uno de los que estaban con Jesús sacó su espada e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja. Jesús le dijo:
+ «Guarda tu espada, porque el que a hierro mata a hierro muere. ¿O piensas que no puedo recurrir a mi Padre? El pondría inmediatamente a mi disposición más de doce legiones de ángeles. Pero entonces, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales debe suceder así?»
C. Y en ese momento dijo Jesús a la multitud:
+ «¿Soy acaso un ladrón, para que salgan a arrestarme con espadas y palos? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y ustedes no me detuvieron.»
C. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso

C. Los que habían arrestado a Jesús lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; entró y se sentó con los servidores, para ver cómo terminaba todo. Los sumos sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para poder condenarlo a muerte; pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos que declararon:
S. «Este hombre dijo: «Yo puedo destruir el Templo de Dios y reconstruirlo en tres días».»
C. El Sumo Sacerdote, poniéndose de pie, dijo a Jesús: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos declaran contra ti?»
C. Pero Jesús callaba. El Sumo Sacerdote insistió:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que me digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.»
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo.»
C. Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes acaban de oír la blasfemia. ¿Qué les parece?»
C. Ellos respondieron:
S. «Merece la muerte.»
C. Luego lo escupieron en la cara y lo abofetearon. Otros lo golpeaban, diciéndole:
S. «Tú, que eres el Mesías, profetiza, dinos quién te golpeó.»

Antes que cante el gallo, me negarás tres veces

C. Mientras tanto, Pedro estaba sentado afuera, en el patio. Una sirvienta se acercó y le dijo:
S. «Tú también estabas con Jesús, el Galileo.»
C. Pero él lo negó delante de todos, diciendo:
S. «No sé lo que quieres decir.»
C. Al retirarse hacia la puerta, lo vio otra sirvienta y dijo a los que estaban allí:
S. «Este es uno de los que acompañaban a Jesús, el Nazareno.»
C. Y nuevamente Pedro negó con juramento:
S. «Yo no conozco a ese hombre.»
C. Un poco más tarde, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:
S. «Seguro que tú también eres uno de ellos; hasta tu acento te traiciona.»
C. Entonces Pedro se puso a maldecir y a jurar que no conocía a ese hombre. En seguida cantó el gallo, y Pedro recordó las palabras que Jesús había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y saliendo, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador

C. Cuando amaneció, todos los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron.

No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre

C. Judas, el que lo entregó, viendo que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
S. «He pecado, entregando sangre inocente.»
C. Ellos respondieron:
S. «¿Qué nos importa? Es asunto tuyo.»
C. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, juntando el dinero, dijeron:
S. «No está permitido ponerlo en el tesoro, porque es precio de sangre.»
C. Después de deliberar, compraron con él un campo, llamado «del alfarero», para sepultar a los extranjeros. Por esta razón se lo llama hasta el día de hoy «Campo de sangre.» Así se cumplió lo anunciado por el profeta Jeremías: Y ellos recogieron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue tasado aquel a quien pusieron precio los israelitas. Con el dinero se compró el «Campo del alfarero», como el Señor me lo había ordenado.

¿Tú eres el rey de los judíos?

C. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:
S. «¿Tú eres el rey de los judíos?»
C. El respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo:
S. «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?»
C. Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada Fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido:
S. «¿A quién quieren que ponga en libertad, a Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías?»
C. El sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir:
S. «No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.»
C. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó:
S. «¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad?»
C. Ellos respondieron:
S. «A Barrabás.»
C. Pilato continuó:
S. «¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?»
C. Todos respondieron:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. El insistió:
S. «¿Qué mal ha hecho?»
C. Pero ellos gritaban cada vez más fuerte:
S. «¡Que sea crucificado!»
C. Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo:
S. «Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes.»
C. Y todo el pueblo respondió:
S. «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos.»
C. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.

Salud, rey de los judíos

C. Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo:
S. «Salud, rey de los judíos.»
C. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar.

Fueron crucificados con Él dos bandidos

C. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar del Cráneo», le dieron de beber vino con hiel. El lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» Al mismo tiempo, fueron crucificados con Él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda.

Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz

C. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían:
S. «Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
C. De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo:
S. «¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: «Yo soy Hijo de Dios».»
C. También lo insultaban los ladrones crucificados con Él.

Elí, Elí, ¿lemá sabactani?

C. Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región.
Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz:
+ «Elí, Elí, lemá sabactani.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron:
S. «Está llamando a Elías.» En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían:
S. «Espera, veamos si Elías viene a salvarlo.»
C. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.

Aquí todos se arrodillan, y se hace una breve pausa.

C. Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:
S. «¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!»
C. Había allí muchas mujeres que miraban de lejos: eran las mismas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María -la madre de Santiago y de José- y la madre de los hijos de Zebedeo.

José depositó el cuerpo de Jesús en un sepulcro nuevo

C. Al atardecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús, y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo entregaran. Entonces José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo que se había hecho cavar en la roca. Después hizo rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, y se fue. María Magdalena y la otra María estaban sentadas frente al sepulcro.

Ahí tienen la guardia,
vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente

C. A la mañana siguiente, es decir, después del día de la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron y se presentaron ante Pilato, diciéndole:
S. «Señor, nosotros nos hemos acordado de que ese impostor, cuando aún vivía, dijo: «A los tres días resucitaré». Ordena que el sepulcro sea custodiado hasta el tercer día, no sea que sus discípulos roben el cuerpo y luego digan al pueblo: «¡Ha resucitado!» Este último engaño sería peor que el primero.»
C. Pilato les respondió:
S. «Ahí tienen la guardia, vayan y aseguren la vigilancia como lo crean conveniente.»
C. Ellos fueron y aseguraron la vigilancia del sepulcro, sellando la piedra y dejando allí la guardia.

Palabra del Señor.


Homilía

La Semana Santa se abre con la celebración del Domingo de Ramos. En él se nos proponen para la meditación dos escenas del Evangelio. La primera, es la entrada que Jesús realiza en Jerusalén antes de su pasión y se proclama al bendecir los ramos. La otra, que ocupa el lugar habitual de la proclamación del evangelio, es el relato de la pasión y muerte del Señor, según san Mateo. Esta segunda es acompañada por un texto del profeta Isaías, conocido como «Tercer cántico del servidor sufriente», un salmo que expresa la angustia de quien atraviesa una situación límite, y un antiguo himno cristiano a la humildad de Cristo, que se encuentra en la Carta a los filipenses.

La entrada de Jesús en Jerusalén debería hacernos pensar en esas imágenes que muestran las películas y los cuadros, de poderosos reyes, emperadores y
generales que entran en una ciudad, fuertes y satisfechos después de haber logrado una importante conquista o victoria. Reciben la aclamación de la gente que deposita en ellos su seguridad y sus anhelos de triunfar. Sabemos que muchos de esos vencedores, por no decir casi todos, han sido tiranos y despiadados con aquellos mismos que los han aclamado. Lo que han logrado, lo han hecho a base de imponerse por la fuerza, dominar, someter. Muchos incluso, a lo largo de la historia humana, han utilizado el miedo como el medio más poderoso de conquista.

En contraste, Jesús entra sentado sobre un asno. No es un esbelto caballo, ligero para el combate, sino un animal rudimentario, de carga, de trabajo. Además, ni siquiera es una posesión propia sino que lo toma prestado. No es signo de poder. Sin embargo, la gente reconoce en esa diferencia, cuál es su intención. Jesús se presenta a sí mismo como rey manso y humilde, como rey de paz. Por eso lo aclaman, porque todos deseaban que se cumpliera la promesa que Dios había hecho a su Pueblo. Un tiempo de paz, que ya no se acabe. Alguien que trae la paz pero no por un tiempo y que después se aprovecha de lo que ha conseguido en beneficio propio. Que se encierra y endurece en su poder y termina haciendo daño a quienes prometió un mejor porvenir.

Cómo consigue esa paz, nos lo muestra el relato de la pasión. Oponiendo mansedumbre a la violencia, verdad a la mentira, perdón a la agresión, la traición y el abandono. Un verdadero rey de paz que ama hasta el final. Como dice un autor espiritual, tanto amor ofreció Jesús en la cruz que no sólo perdona a quienes le hacen daño, sino que hasta llega a disculparlos: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Lc. 23,34.

Cuando bendecimos nuestros ramos y los llevamos a nuestra casa, nos ponemos en el lugar de aquellas personas. Manifestamos que queremos un rey de paz. Más precisamente, decimos con nuestro gesto que Jesús es nuestro Rey de paz y que queremos ser parte de su Reino. Que queremos vivir de la corriente de amor que brota de la cruz. Que estamos dispuestos a dejarnos alcanzar por la gracia que brota de su costado abierto. La sangre de Jesús nos purifica de toda inclinación agresiva que habita en nuestro interior, para poder vivir como él, mansos y humildes, ofreciendo paz con nuestras palabras y nuestras obras.

Contemplando a Jesús que entra a Jerusalén para dar la vida y así establecer el Reino de paz, entremos también nosotros en la Semana Santa para entregar nuestra vida con Él.


QUINTA SEMANA DE CUARESMA
SÁBADO 04-04-20

Haré de ellos una sola nación

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28

Así habla el Señor:
Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo. Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.
Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor.
Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente.
Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna.
Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.

Palabra de Dios.

SALMO Jer 31, 10-12ab. 13

R. El Señor nos cuidará como un pastor.

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño.»
R.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
R.

Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,

los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 18, 31

Dice el Señor: Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías
y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo.

EVANGELIO

Para congregar en la unidad a los hijos de Dios
que estaban dispersos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 45-57

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.»
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?»
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al
desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo:
«¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

Palabra del Señor.


Homilía

Mañana comienza la celebración de la Semana Santa. El Evangelio de hoy nos ubica en el contexto exacto que precedió a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Se percibe claramente la tensión que rodea al Señor. Disputas, rechazos, adhesiones, dudas, conspiración, amenazas. La expectativa es muy grande. ¿Qué hará? Lo sabemos. Continuará firme por el camino del amor, hasta la entrega total.

Las lecturas de este día ponen de manifiesto una consecuencia esencial de la salvación: la unidad. Sabemos lo dolorosa que es la separación. El pueblo de Israel lo experimentó especialmente en el tiempo del exilio en Babilonia. Por eso la promesa de Dios a Abraham, que originalmente había sido tierra y descendencia, se transformó en re-unión. Los hijos que están dispersos serán reunidos por el amor de Dios. Podemos decir, cuando Dios ama/salva, reúne.

Las separaciones se dan también por enfrentamientos. Lo vemos tristemente muchas veces en las familias, en las comunidades, en la sociedad. Cada uno se va encerrando en lo suyo y se aleja, se distancia y hasta empieza a ver al otro como un enemigo de quien tiene que defenderse. Es muy angustioso vivir así porque hemos sido creados para el amor, es decir, para la comunión. Para compartir, dar y recibir.

Como nos recordaba recientemente el Papa Francisco, nadie se salva solo (Cfr. Momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia). Providencialmente esta Semana Santa podremos vivirla desde esa óptica. No es fácil recorrer el camino de la unidad, donde cada uno es aceptado como verdaderamente es y no como nos gustaría que fuera; donde todos tenemos que aprender a ceder, entender, pedir perdón y perdonar.

Durante estos próximos días, al contemplar a Jesús que se entrega, pidamos la gracia de poder experimentar cómo en medio de tan gran debilidad se gesta la
comunión más profunda y verdadera.


QUINTA SEMANA DE CUARESMA
VIERNES 03-04-20

El Señor está conmigo como un guerrero temible

Lectura del libro del profeta Jeremías 20, 10-13

Oía los rumores de la gente: «¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza.»
Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable.
Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa.
¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 17, 2-7

R. Invoqué al Señor y Él me escuchó.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos. R.

Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí. R.

Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Jn 6, 63c. 68c

Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida;
tú tienes palabras de Vida eterna.

EVANGELIO

Intentaron detenerlo, pero él se les escapó de las manos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 31-42

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»
Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»
Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: «Tú blasfemas», a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: «Yo soy Hijo de Dios»? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.»
Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí.
Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Homilía

El último viernes de Cuaresma termina de introducirnos en la paradoja de la desgarradora lucha que se va a dar en la Pasión de Jesús. El amor ofrecido
gratuitamente, capaz de salvar a quien lo recibe, es violentamente rechazado. Podemos percibir la soledad en la que va entrando Jesús, a causa del rechazo. Intenta por todos los medios ablandar esos corazones endurecidos. Hace un repaso de lo que ha dicho y ha hecho. Todo ha comunicado vida: sanó, consoló, perdonó, liberó. Todo expresa genuinamente el misterio de Dios. Y sin embargo, sigue encontrando resistencia.

El amor que lo mueve, en su creatividad, lo va a llevar al extremo. Para conquistar a todos, su entrega será radical. La cruz de Jesús muestra un amor que se
sigue ofreciendo, aún cuando ha sido rechazado, despreciado y abandonado. ¿Quién tiene la capacidad de seguir dándose cuando se vive tal experiencia? Sólo aquel que posee la absoluta certeza de que el amor siempre vence. Nadie sino Jesús, el Hijo de Dios, el que conoce de verdad al Padre podía permanecer allí. No es obstinación, es confianza plena.

Podemos hacer nuestras las palabras del salmo, como modo de oración, para adentrarnos en la contemplación de la cruz de Jesús, la más profunda experiencia de confianza y entrega.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
JUEVES 02-04-20

Serás el padre de una multitud de naciones

Lectura del libro del Génesis 17, 3-9

Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:
«Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios.»
Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 104, 4-9

R. El Señor se acuerda eternamente de su Alianza.

¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca! R.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos. R.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Sal 94, 8ab

No endurezcan hoy su corazón,
sino escuchen la voz del Señor.

EVANGELIO

Abraham, vuestro padre, se alegró pensando ver mi día

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 51-59

Jesús dijo a los judíos:
«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»
Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. braham murió, los profetas también, y tú dices: «El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»
¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»
Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman «nuestro Dios», y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: «No lo conozco», sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»
Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.»
Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

Palabra del Señor.


Homilía

En esta parte de la disputa que Jesús mantiene con los judíos -cabe aclara que se trata de un grupo y no de todos- nos adentramos en una realidad muy conocida por el pueblo de Israel, central en su fe. Se trata de la alianza hecha por Dios con el patriarca Abraham. La misma consistía en un vínculo de exclusividad entre ambos. Dios lo elegía a él y el aceptaba solamente a Dios. Dios se comprometía a darle descendencia y tierra, Abraham a serle fiel. La descendencia y la tierra son símbolo de lo más preciado para el ser humano. Ser alguien para otro y tener un lugar propio en este mundo.

Jesús reclama para sí la misma fidelidad que Dios pidió a Abraham, por eso los judíos se alteran y le preguntan con firmeza ¿quién pretendes ser? Jesús hace
explícito lo que en tantas oportunidades ha dejado ver. Él es quien conoce verdaderamente a Dios y por eso puede hablar en su nombre. Conocer significa en la Biblia un vínculo especial y por lo general exclusivo. Al decir que «Yo soy», Jesús termina de confirmar que su identidad se identifica con la de Dios. Para gozar de las promesas que Jesús hace es indispensable ser fiel a su palabra, como Abraham fue fiel a la de Dios. Lo que Jesús promete es: «quien sea fiel a mis palabras no morirá jamás»

Nuestro anhelo de vivir alcanza en el vínculo con Jesús su realización más plena.Vivimos, nos sentimos vivos, cuando gozamos del trabajo bien realizado, de las pruebas superadas, de los vínculos de amor en los que nos entregamos y también en aquellos en los que somos acogidos. Pero también es cierto que todas esas experiencias son parciales. Nunca terminaremos de saciar nuestra sed de vida, de ser verdaderamente alguien para otro y tener nuestra lugar en este mundo si no hacemos alianza de amor con Jesús. Pedimos en este día la gracia de ser fieles a su palabra, para gozar de sus promesas.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
MIÉRCOLES 01-04-20

Dios ha enviado a su Ángel
y ha salvado a sus servidores

Lectura de la profecía de Daniel 3, 1.4.5b.6.8.12.14-20.24-25.28

El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alto y tres de ancho, y la erigió en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia. El heraldo proclamó con fuerza: «A todos ustedes, pueblos, naciones y lenguas, se les ordena lo siguiente: ustedes deberán postrarse y adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor. El que no se postre para adorarla, será arrojado inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente».
En ese mismo momento se acercaron unos caldeos y acusaron a los judíos ante el rey: «Hay unos judíos, Sadrac, Mesac y Abed Negó, a quienes tú has encomendado la administración de la provincia de Babilonia: esos hombres no te han hecho caso, rey; ellos no sirven a tus dioses ni adoran la estatua de oro que tú has erigido».
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?»
Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido.»
Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.
El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: «¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?»
Ellos le respondieron, diciendo: «Así es, rey.»
El replicó: «Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses.»
Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que
confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios.»

Palabra de Dios.

SALMO Dn 3, 52-56

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.
R. Alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.
R. Aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.

Bendito seas en el trono de tu reino.
R. Aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.

Bendito seas tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines.
R. Alabado y exaltado eternamente por encima de todo.

Bendito seas en el firmamento del cielo.
R. Aclamado y glorificado eternamente.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15

Felices los que retienen la Palabra de Dios
con un corazón bien dispuesto
y dan fruto gracias a su constancia.

EVANGELIO

Si el Hijo los libera serán realmente libres

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 31-42

Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él:
«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»
Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: «Ustedes serán libres»?»
Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.»
Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham.»
Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre.»
Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios.»
Jesús prosiguió: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.»

Palabra del Señor.


Homilía

Seguramente no tengamos la experiencia de ser literalmente esclavos. Pero si sabemos lo que es estar sometidos a realidades que no nos dejan ser libres.
Situaciones laborales, afectivas, emocionales, sociales, etc. Estos días en que nuestra vida cotidiana se ha visto tan rotundamente trastocada, podemos sentirnos así.

Qué extraordinarias son las lecturas que la Palabra de Dios nos presenta en este día. Tanto Jesús en el Evangelio, como los tres jóvenes en el libro de la profecía de Daniel, muestran una profunda libertad, vivida en situaciones que objetivamente los tienen acorralados. Es la libertad interior. Esa que experimentaban los mártires de los primeros siglos y de distintas épocas al ser perseguidos por su fe, y que los hacía permanecer serena y confiadamente firmes.

Jesús se encamina decididamente a la pasión, no como un héroe o superhombre. Con toda la fragilidad de su condición humana, pero con toda la fortaleza también de su filiación divina. Es la confianza puesta radicalmente en Dios, que sostiene con su amor incondicional, la que posibilita vivir con libertad en medio de las situaciones más adversas. Contemplando a Jesús, pidamos la gracia, especialmente en este tiempo, de poder gozar también nosotros de ella.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
MARTES 31-03-20

Todo el que haya sido mordido,
al mirar la serpiente de bronce, quedará curado

Lectura del libro de los Números 21, 4-9

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: «¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!»
Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.
El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes.»
Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla,
quedará curado.»
Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

Palabra de Dios.

SALMO 101, 2-3. 16-21

R. ¡Señor, escucha mi oración!

Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco. R.

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria. R.

Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO

La semilla es la palabra de Dios, el sembrador es Cristo;
el que lo encuentra permanece para siempre.

EVANGELIO

Cuando hayáis levantando al Hijo del hombre,
entonces sabréis que Yo soy

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 21-30

Jesús dijo a los fariseos:
«Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.»
Los judíos se preguntaban: «¿Pensará matarse para decir: «Adonde yo voy, ustedes no pueden ir»?»
Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: «Ustedes morirán en sus pecados.» Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados.»
Los judíos le preguntaron: «¿Quién eres tú?»
Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo.»
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.
Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.»
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

Palabra del Señor.


Homilía

En estos días previos a la Semana Santa, la Palaba de Dios busca introducirnos cada vez más en el misterio de la Pascua. La vida se alcanza a través de la cruz. Especialmente el Evangelio de Juan presenta la cruz como lugar de salvación. Allí se da ya la glorificación de Cristo. Por eso mirar la cruz no es contemplar un objeto de tortura y de muerte sino de sanación.

En la primera lectura encontramos una imagen que anticipa el poder salvador de la cruz. El pueblo aquejado por una realidad hostil reniega, se deja llevar por el desaliento y se queja. Se va cerrando cada vez más en su amargura y con su actitud rompe el vínculo con Dios, se distancia de Él. La consecuencia es lógica: se enferma y muere. Quien se aleja de la fuente de la vida, se enferma y muere. Todo eso se expresa a través de las serpientes que los muerden y de las que necesitan librarse. Piden a Moisés, el hombre de Dios, que interceda ante Él, para que los salve. Dios salva a su pueblo ofreciéndole como mediación una serpiente de bronce que debe ser colocada en alto para que todo el que la contemple, sane.

Esta serpiente puesta en alto para alcanzar sanación es imagen de Jesús que, como narra el evangelio, será puesto en alto -en la cruz-, para que todo el que se una a él por la fe, encuentre salvación. Jesús dice que cuando sea puesto en alto todos sabrán que «Yo Soy». Esa afirmación es el nombre con el que Dios se había revelado a su pueblo (Yo soy – Yahveh). Paradójicamente, en la cruz, lugar de extrema fragilidad e impotencia, se manifestará todo la fuerza del poder de Jesús-Dios. Su poder es salvar y salva por el amor -nadie tiene tanto amor como ese que está en la cruz. Por eso, que cada vez que vemos la cruz encontramos tanta paz. Allí hay un poder que no se encuentra en otro lado, el poder del amor hasta el fin.

Con todo lo que estemos viviendo en este tiempo, acerquémonos también nosotros a contemplar a Jesús elevado en la cruz, para alcanzar salvación.



QUINTA SEMANA DE CUARESMA
LUNES 30-03-20

Yo voy a morir sin haber hecho nada

Lectura de la profecía de Daniel 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. El se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, porque sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos.
Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la palabra del Señor : «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y de los jueces que se tenían por guías del pueblo.» Esos ancianos frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos.
Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por el jardín de su esposo. Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla. Ellos perdieron la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios.
Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín. Allí no había nadie, fuera de los dos ancianos, condidos y al acecho.
Ella dijo a las servidoras: «Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme.» En cuanto las servidoras salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: «La puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y acuéstate con nosotros.
Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras.»
Susana gimió profundamente y dijo: «No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes. Pero prefiero caer entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor.»
Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar contra ella, y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante de Susana.
Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana. Ellos dijeron en presencia del pueblo: «Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.»
Fueron a buscarla, y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes. Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que la veían. Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza.
Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor . Los ancianos dijeron: «Mientras nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras. Entonces llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.
Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos. Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. En cuanto a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven, pero ella no quiso decirlo. De todo esto somos testigos.»
La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte.
Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!»
Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: «¿Qué has querido decir con esto?»
De pie, en medio de la asamblea, él respondió: «¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de
Israel! Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella.»
Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano.»
Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré.»
Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías
anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: «No harás morir al inocente y al justo.» Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos.»
El respondió: «Bajo una acacia.»
Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio.»
Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»
El respondió: «Bajo un ciprés.»
Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes.»
Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Ez 33, 11

Dice el Señor: Yo no deseo la muerte del malvado,
sino que se convierta y viva.

EVANGELIO

El que no tenga pecado
que arroje la primera piedra

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 8, 1-11

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.»
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.
Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó:
«Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»
Ella le respondió: «Nadie, Señor.»
«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»

Palabra del Señor.


Homilía

Una mujer puesta delante de la mirada de personas sin corazón, o peor aún, con el corazón endurecido por el pecado. Si bien los sucesos narrados son distintos, muestran la misma dinámica. La mujer es usada para satisfacer apetencias de los que la utilizan. Los que lo hacen, se han corrido de la mirada de Dios. Eso es esencialmente el pecado, salirnos de la órbita de su mirada amorosa. Quien así actúa llega incluso, como estos hombres, a usar a Dios para justificar sus acciones. Qué triste y lastimosa es la experiencia de personas que dicen ser religiosas y viven así.

Que importante es que siempre estemos delante de la mirada de Dios. Allí ambas mujeres encuentran esperanza y salvación. Hay un justo -en la primera lectura, el profeta Daniel; en el Evangelio, Jesús- que encarnan esa mirada, justa y compasiva.

Es importante que señalemos que, en el caso del Evangelio, la acusación contra la mujer es verdadera. Por eso, el mirar de Jesús es verdaderamente reflejo del mirar de Dios. No sólo sale en defensa nuestra frente a la injusticia sino que también se la juega por nosotros aún cuando no lo «merezcamos». Es la experiencia única del perdón, totalmente gratuito.

Contemplemos la palabra de Dios de este día y pidamos la gracia de permanecer siempre delante de su mirada



DOMINGO QUINTO DE CUARESMA
Año «A»

Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

Así habla el Señor:
Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.
Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 129, 1-5. 6c-8

R. En el Señor se encuentra la misericordia

Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria. R.

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido. R.

Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
Como el centinela espera la aurora,
espere Israel al Señor. R.

Porque en Él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
Él redimirá a Israel
de todos sus pecados. R.

El Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en vosotros

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 8, 8-11

Hermanos:
Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.
El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

Palabra de Dios

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 11, 25a. 26

«Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí no morirá jamás», dice el Señor.

EVANGELIO

Yo soy la resurrección y la vida

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 11, 1-45

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»
Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba.
Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»
Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?»
Jesús les respondió: «¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él.»
Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo.»
Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará.» Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.
Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo.»
Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»
Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.
Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»
Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»
Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»
Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»
Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama.» Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó a donde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo:
«Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»
Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: «¿Dónde lo pusieron?»
Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»
Y Jesús lloró.
Los judíos dijeron: «¡Cómo lo amaba!»
Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?»
Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»
Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»
Jesús le dijo: «¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»
Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»
Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!»
El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.
Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en Él.

Palabra del Señor.


Homilía

Nos encontramos ya a las puertas de celebrar el misterio central de nuestra fe, la pasión, muerte y resurrección de Jesús, en la próxima semana santa. La Palabra de Dios de este V° Domingo de Cuaresma nos mete de lleno en lo contemplación de ese misterio.

En la primera lectura se anticipa la fuerza del poder de Dios que es capaz no sólo de crear, hacer crecer, sanar. Va mucho más allá, es capaz de hacer surgir vida de la muerte. La imagen es elocuente: «voy a abrir sus tumbas y los haré salir de ellas». La segunda lectura nos recuerda nuestra caducidad: «estamos sometidos a la muerte, a causa del pecado». En el salmo, se expresa el llamado esperanzado de aquel que se sabe presa de esa fragilidad, pero a la vez confía en la promesa de Dios: «desde lo más profundo te invoco, Señor. ¡Señor, oye mi voz!». En el Evangelio, Jesús afronta directamente la realidad de la muerte haciéndose cargo de ella, al resucitar a su amigo Lázaro.

La muerte, una realidad tan obvia en nuestra vida y tan poco presente en nuestra conciencia. Nuestro mundo, nuestra sociedad (y nosotros somos parte de ella), prefiere negarla, maquillarla, ocultarla. Tal vez porque pone de manifiesto nuestra finitud, nuestra impotencia y eso lastima nuestro ego (no podemos todo). Tal vez porque nos asusta tanto lo que no controlamos, preferimos vivir distraídos, aprovechando intesamente lo que está a nuestro alcance, sin preguntarnos mucho más. Es notable, sin embargo, que los más destacados hombres y mujeres de la historia no la quitaron de su horizonte para vivir una vida a fondo. Por el contrario, hicieron de la muerte un motivo determinante para una entrega apasionada.

Podríamos traducir: «si al final, un día voy a morir, ¿en qué vale la pena gastar mis días realmente?» Un ideal, una causa.

Sin embargo, esta experiencia humana, no es sino una sombra de aquel verdadero motivo por el cual podemos mirar este límite existencial con esperanza. La fe nos da la razón más genuina para enfrenarnos a ella sin evadirnos. Jesús, el hijo de Dios, el amor hecho carne, ha sido más fuerte que la muerte y, entregándose, la ha vencido para siempre. Todo el que se une a Él por la fe puede también atravesar la muerte y alcanzar la vida.

Esta escena tan dramática del Evangelio que hoy contemplamos nos muestra al Señor en un combate directo con la muerte (adelanto de aquél que se dará en la cruz). Nos hará bien detenernos en tres puntos principales. En primer lugar, el estremecimiento que causa en Jesús la tragedia humana que significa la muerte (ver al hombre -un ser tan frágil- librado a su propia suerte). Luego, cómo se describe la relación que unía a Jesús con Lázaro que muere: «el que tú amas», «nuestro amigo», «cuánto lo amaba». Finalmente, el poder transformador que tiene su palabra.

Nuestra fe nos invita constantemente a un encuentro profundo con el Dios de la vida. Sin embargo, son muchas las realidades en las que podemos experimentar la sombra de la muerte, no sólo al final de nuestros días. Cada fracaso, ruptura, impotencia, experiencia de vacío, etc. También las situaciones que nos llenan de tristeza, dolor o miedo. En cada una de ellas Jesús vuelve a hacerse presente para revivir con nosotros la historia de Lázaro: compadecerse, mostrarnos cuantos nos ama y llenarnos de vida con su poder. Dejemos que nos llame nuevamente a la vida y aceptemos su amistad.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
SÁBADO 28-03-20

Yo era como un manso cordero, llevado al matadero

Lectura del libro del profeta Jeremías 11, 18-20

El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.
Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: «¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia,
arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!»
Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!

Palabra de Dios.

SALMO Sal 7, 2-3. 9bc-12

R. ¡Señor, Dios mío, en ti me refugio!

Señor, Dios mío, en ti me refugio:
sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme
como un león, que destroza sin remedio.
R.

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia
y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos!
Tú que sondeas las mentes y los corazones,
tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
R.

Mi escudo es el Dios Altísimo,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo
y puede irritarse en cualquier momento.
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15

Felices los que retienen la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto y dan fruto gracias a su constancia.

EVANGELIO

¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 40-53

Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: «Este es verdaderamente el Profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros preguntaban: «¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre.»
Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.»
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: «¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»
Le respondieron: «¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta.»
Y cada uno regresó a su casa.

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios de este día nos ofrece una imagen entrañable para nuestra fe, la del cordero manso llevado al matadero. Es la imagen por excelencia de Jesús que camina a la cruz. No opone resistencia, no ejerce violencia. Se entrega. Frente a esa persona que se entrega de manera absoluta hay que tomar una decisión. Es lo que aparece reflejado en el pasaje del Evangelio que hoy leemos. Algunos dudan, otros lo rechazan, otros se deciden por él.

San Ignacio de Loyola, en su libro de los Ejercicios Espirituales, lo expresa de esta manera que puede ayudarnos: “Imaginando a Cristo nuestro Señor delante y puesto en cruz, hacer un coloquio; cómo de Criador es venido a hacerse hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto, mirando a mí mismo, lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo, lo que debo hacer por Cristo…” (EE 53). » Considerar cómo todo esto padece por mis pecados… y qué debo yo hacer y padecer por él” (EE 195-197).

Nos propone, este gran maestro espiritual, situarnos con nuestra imaginación, nuestros pensamientos y sentimientos, delante de Jesús en el momento de su entrega. Y hablar con él. Tomar conciencia con todo nuestro ser que Jesús está allí por mí, por amor a mí, por salvarme de mis pecados. Y no se queja, no se resiste, se ofrece. Después de esa contemplación la consecuencia lógica (desde la dinámica del amor) es querer también ofrecerse uno mismo. Por eso la respuesta a esa triple pregunta: ¿qué hice, qué hago, que voy a hacer? para responder a tanto amor.

Pidamos la gracia de poder responder no sólo con nuestros pensamientos y sentimientos sino sobre todo con nuestra vida.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
VIERNES 27-03-20

Condenémoslo a una muerte infame

Lectura del libro de la Sabiduría 2, 1a. 12-22

Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.
Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.
Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.
Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»
Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 33, 17-21. 23

R. El Señor está cerca del que sufre.

El Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
R.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.
R.

El cuida todos sus huesos,
no se quebrará ni uno solo.

Pero el Señor rescata a sus servidores,
y los que se refugian en él no serán castigados.
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 4b

El hombre no vive solamente de pan,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

EVANGELIO

Quisieron detenerlo, pero todavía no había llegado su hora

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 7, 1-2. 10. 25-30

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.
Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.
Algunos de Jerusalén decían: «¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.»
Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:
«¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.»
Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

Palabra del Señor.


Homilía

En la tradición bimilenaria de la Iglesia, el día viernes ocupa un lugar destacado para la vida espiritual de los creyentes. No es el día sagrado por excelencia -ese lugar le corresponde al domingo, día de la resurrección de Cristo-, pero tiene una relevancia fundamental. La misma le viene de haber sido el día de la semana en que Jesús entregó su vida por amor. A lo largo del tiempo de Cuaresma, esa relevancia es aún mayor.

Así, nos adentramos cada viernes de manera profunda, en el misterio de la redención. De un lado la oscuridad del corazón humano, su miseria, su pecado. Del otro, el amor inquebrantable de Dios, que no se cansa de buscar el modo de sanar ese corazón herido. A tal punto llega su búsqueda, que va a dejarse atravesar por el pecado, literalmente va a dejarse matar por él, para que ya no tenga poder sobre el hombre.

En las lecturas de este viernes, esa lucha viene expresada por una imagen que es recurrente en la Palabra de Dios y que volveremos a encontrar en este tiempo de conversión. La figura del justo que sufre a causa de la envidia y la maldad de los que no aceptan vivir bajo la mirada de Dios.

El justo es Jesús. Aquél que se deja interpelar por su palabra y su vida, se abre a la experiencia transformadora de la conversión; encuentra en él el camino de la salvación. Quien lo rechaza se cierra en sí mismo, se endurece y se deja conducir por las inclinaciones oscuras que habitan su corazón.

Nos hará mucho bien contemplar a Jesús, humilde, sereno y firme a la vez. Sin gritar, sin ponerse nervioso ni agredir, les muestra la verdad de sí mismo y los pone cara a cara con la verdad de ellos mismos. Dejemos que también a nosotros no interpele y nos conduzca por el camino de la verdad, para alcanzar la salvación.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
JUEVES 26-03-20

Arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo

Lectura del libro del Exodo 32, 7-14

El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.
Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: «Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto.»»
Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación.»
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: «¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: «El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?» Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: «Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia.»»
Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 105, 19-23
R. ¡Acuérdate de tus promesas, Señor!

En Horeb se fabricaron un ternero,
adoraron una estatua de metal fundido:
así cambiaron su Gloria
por la imagen de un toro que come pasto. R.

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo. R.

El Señor amenazó con destruirlos,
pero Moisés, su elegido,
se mantuvo firme en la brecha
para aplacar su enojo destructor. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 3, 16

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único;
para que todo el que crea en él tenga Vida eterna.

EVANGELIO

El que os acusará será Moisés,
en el que habéis puesto vuestra esperanza

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 31-47

Jesús dijo a los judíos:
«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí.
Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.
Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?»

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios de este día puede desconcertarnos. A menudo puede ocurrirnos esto. Debemos reconocer que esa experiencia muestra nuestro escaso
contacto con ella. No debería asombrarnos que, en algunos lugares de la Biblia, Dios se muestre como alguien agresivo, celoso y vengativo. En general son imágenes  parciales que aparecen en algunos pasajes de libros del Antiguo Testamento. Es lo que se llama «antropomorfismo». Se describe a Dios como si fuese un ser humano. Se quiere poner de manifiesto con ello que Dios es trascendente, pero que no es indiferente a lo que ocurre con nosotros. Por eso es se enoja, amenaza, se arrepiente. Si no lo hiciera sería una muestra de desinterés y, por lo tanto, de falta de amor. Es la manera que los autores del Antiguo Testamento encontraron para expresar que Dios está verdaderamente presente en nuestra historia.

Cada vez que nos encontremos con estos textos debemos recordar que no son expresiones que deban tomarse literalmente. Deben ser puestas siempre en un contexto más grande que es la totalidad de la Palabra de Dios. Es decir, que estos textos se complementan con aquellos otros que generalmente tenemos presentes y que guardamos en la memoria y el corazón. Por ejemplo la imagen que brinda el profeta Oseas, cuando describe a Dios como un padre tierno: «Cuando Israel era niño, yo lo amé… era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer» (Os. 11,1ss). O aquel otro pasaje del libro del Éxodo que nos muestra que «El Señor es un Dios compasivo y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex. 34,6).

Algo similar debemos decir del Nuevo Testamento en general y de los Evangelios en particular. En muchos pasajes, como en este, vemos a Jesús duro y terminante. Ya no se trata de un «antropomorfismo» sino de la humanidad completa de Jesús, el hijo de Dios hecho hombre. Es necesario que nos acostumbremos a tomar en serio toda la vida del Señor. También sus enojos, su firmeza, son necesarios para nuestra vida. Ver en Jesús estas reacciones nos hace conocerlo mejor y darnos cuenta que él verdaderamente nos toma en serio. Porque ama, no le da lo mismo una cosa que otra.
Pidamos la gracia de contemplar estas escenas de la Palabra de Dios, que a veces nos desconciertan y aprender de ellas la profundidad y veracidad de su amor.



25 de marzo
LA ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Solemnidad

Mirad, la virgen está embarazada

Lectura del libro del profeta Isaías 7, 10-14; 8, 10c

El Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas.» Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.»
Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo.Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emanuel. Porque Dios está con nosotros.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 39, 7-11

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy.
R.

En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón.»
R.

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
tú lo sabes, Señor.
R.

No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad.
R.

Aquí estoy, yo vengo
-como está escrito de mí en el libro de la Ley para hacer, Dios, tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10

Hermanos:
Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo:
«Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad.»
El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.
Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.

Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO (o Aleluia) Jn 1, 14ab

La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria.

EVANGELIO

Concebirás y darás a luz un hijo

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»
María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún
hombre?»
El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»
María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»
Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.


Homilía

El anuncio que el ángel hace a la Virgen es la expresión exterior de lo que ocurre en lo más profundo de su ser. Con su sí (hágase -fiat, en latín), María le está dando a Dios la oportunidad de ser uno de nosotros. ¡Qué bella imagen! Dios, como pidiendo permiso, para realizar a través suyo (y a través nuestro) la obra de la salvación.

Lo que ocurre en las entrañas de la Virgen es la Encarnación. Dios se despoja de su condición divina y se hace hombre. A partir de ese momento atravesará cada una de las vicisitudes de la condición humana. Su humanidad le permitirá experimentar al mismo tiempo el frío de una noche de invierno y de la traición de un amigo. También el calor sofocante del desierto palestino, tanto como el de los brazos maternos que cobijan y sostienen.

El nombre que el niño llevará revela su identidad más profunda. Jesús quiere decir «Dios salva». Y lo hace de un modo que cumple lo profetizado al rey Ajáz.
El niño será llamado Emanuel, que significa «Dios con nosotros». En Jesús, Dios nos salva estando con nosotros. Podemos reconocer que cuando se trata de amar, seguramente sea ésta una de sus más propias cualidades: «estar». Así lo decimos, por ejemplo, de los amigos, que «están» en las buenas y en las malas. De los esposos, que «están» el uno para el otro. De los padres, que «están» para sus hijos. El que «está», permanece, se queda, comparte, acompaña.

Durante estos días tan especiales pidamos la gracia de poder contemplar a Jesús, Dios hecho hombre, y vivir la profunda y gozosa experiencia de que siempre está con nosotros.



CUARTA SEMANA DE CUARESMA
MARTES 24-03-20

He visto el agua que brotaba del templo:
y todos aquellos a quienes alcanzó esta agua
han sido salvados

Lectura de la profecía de Ezequiel 40, 1-3; 47, 1-9. 12

El año vigésimoquinto de nuestro exilio, al comienzo del año, el décimo día del mes, es, decir, catorce años después de la destrucción de la ciudad, ese mismo día la mano del Señor descendió sobre mí, y él me llevó allá. En una visión divina, me llevó a la tierra de Israel, y me posó sobre una montaña muy alta, sobre la que había algo así como las construcciones de una ciudad, al sur. Él me llevó hasta allí, y yo ví a un hombre, que por su aspecto parecía de bronce, con una cuerda de lino y una vara de medir en la mano. Estaba de pié en el pórtico.
El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.
Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.
El hombre me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?», y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.
Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente.
Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio.»
Palabra de Dios.

SALMO Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9

R. ¡El Señor está con nosotros!
El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva
y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.
El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora. R.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.
Vengan a contemplar las obras del Señor,
él hace cosas admirables en la tierra. R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Sal 50, 12a. 14a

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y devuélveme la alegría de tu salvación.

EVANGELIO

En seguida el hombre se curó

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 5, 1-3a. 5-16

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.
Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?»
El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes.»
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina.»
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar.
Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla.»
El les respondió: «El que me curó me dijo: «Toma tu camilla y camina.»»
Ellos le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te dijo: «Toma tu camilla y camina?»»
Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía.»
El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

Palabra del Señor.


Homilía

La Palabra de Dios que hoy contemplamos es muy rica en imágenes y está cargada de profundos significados que no pueden abordarse en un breve comentario.

El exilio, la ciudad santa de Jerusalén, el Templo, las puertas o pórticos -mencionados en la primera lectura y en el Evangelio. Entre todos ellos, el agua, presente en ambos textos, ocupa un lugar central.
En la primera lectura es maravillosa la imagen del torrente de agua que va empapando toda la tierra y haciendo crecer vida a su paso. Todo lo que toca florece, da fruto, sirve de alimento y remedio. El agua, en la visión del profeta brota del Santuario. Por eso se dice allí que gracias a ella «tendrán vida todos los seres vivientes».

En el Evangelio, aquel que añora ser tocado por el agua para sanar, para encontrar vida, nunca puede llegar hasta ella. Es elocuente la imagen de Jesús
mirándolo, compadeciéndose y acercándose hasta él. Es el mismo movimiento que se da en la encarnación del Hijo de Dios. Como dice san Ignacio de Loyola en su libro de los Ejercicios Espirituales (EE 102 y 107), Dios mira desde el Cielo al ser humano herido y caído y decide «hacer redención», abajarse, acercarse para salvarlo. El hombre enfermo ya no necesita acercarse a la fuente de agua que sana, porque ella se ha acercado hasta él. Es así que en el encuentro personal con Jesús (como la Samaritana en el Evangelio del domingo pasado) se encuentra el agua que da vida.

En este tiempo en el que no nos es posible ir a casi ningún lado y podemos sentirnos impotentes por no lograr alcanzar lo que anhelamos, nos puede hacer mucho bien contemplar a Jesús que se acerca constantemente a nosotros, trayéndonos el agua que nos da vida.



 

CUARTA SEMANA DE CUARESMA
LUNES 23-03-20

Nunca más se escucharán ni llantos ni alaridos

Lectura del libro del profeta Isaías 65, 17-21

Así habla el Señor:
Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva.
No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.
Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.
Palabra de Dios.

SALMO Sal 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b

R. ¡Te glorifico, Señor, porque me libraste!
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
R.
Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.
R.
«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!
R.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Cf. Am 5, 14

Busquen el bien y no el mal, para que tengan vida,
y así el Señor estará con ustedes.

EVANGELIO

Vuélvete, tu hijo vive

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 4, 43-54

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.»
El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera.»
«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús.
El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive.»
Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

Palabra del Señor.


Homilía

En los momentos difíciles (como éste) podemos perder la esperanza. Desde una mirada humana lo que ocurre es que nos volvemos pesimistas. Desde una mirada de fe, sencillamente dejamos de confiar en aquel que nos ha llamado a la vida y nos acompaña permanentemente.

Las lecturas de hoy nos renuevan en la esperanza, recordándonos que Dios es creador. Es decir, es fuente poderosa y constante de vida. En la primera lectura, las palabras del profeta Isaías son pronunciadas en el momento en que el pueblo de Israel comienza a volver a la tierra prometida, luego de haber pasado mucho tiempo en el exilio. El exilio, como el desierto (como la cuarentena) pueden ser vividos como tiempos de preparación a experimentar el poder de la fuerza creadora de Dios. Las imágenes que ofrece hablan de cosas cotidianas, sencillas, que son completamente renovadas por Dios. Esa vida rutinaria y simple de cada día es totalmente atravesada por su presencia y se llena vigor. En el evangelio se nos ofrece otra clave sobre la esperanza. Dios sabe que necesitamos ver, sentir, experimentar, para poder confiar. Por eso se habla de «signos». Jesús está en Caná, donde realizó su primer signo creador, cuando cambió el agua en vino en aquella fiesta de bodas. Aunque no lo dice explícitamente, el evangelio da a entender que el hombre que pide la curación de su hijo lo hace porque ha escuchado algo de ese signo (tal vez hasta podría haber sido testigo presencial).

Ante el pedido del hombre, Jesús dice «si no ven signos y prodigios, ustedes no creen». Podemos decir que este hombre es el prototipo de aquel que necesita experimentar algo para poder confiar, para poder tener esperanza. Muchos de nosotros podemos sentirnos identificados con este personaje del evangelio. Él hace su camino, aprende a ver los signos, está atento a ellos y finalmente cree.

Pidamos la gracia, en este tiempo, de ver los signos de la presencia creadora de Dios. Cada uno deberá buscarlos en su entorno. Por ejemplo, podemos pensar en tantas personas que en estos momentos dejan de lado su seguridad personal y se exponen a riesgos, por ponerse al servicio de los demás.

Algunos signos tal vez sean más explícitos, otros no. Pero si los encontramos nos irán disponiendo a confiarnos a Aquél que está detrás de todos ellos. Aquel que nos sigue sosteniendo en la vida y que, como dice la primera lectura, tiene el poder de «crear un cielo nuevo y una tierra nueva».



Querida parroquia, cada domingo nos encontramos para compartir la Mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Para seguir haciéndolo, aunque de manera distinta, les acerco la Palabra de Dios correspondiente a este IV Domingo de Cuaresma y la homilía.

Celebro hoy muy especialmente la Misa con el recuerdo de cada uno de ustedes, pensando sobretodo en los que más cercanía necesitan. Un fuerte abrazo y bendicion. Unidos en el Corazón de Jesús.

P. Roberto


DOMINGO CUARTO DE CUARESMA
Año «A»

David es ungido rey sobre Israel

Lectura del primer libro de Samuel 16, 1b. 5b-7. 10-13a

El Señor dijo a Samuel: «¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.»
Samuel fue, purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante Él a su ungido.»
Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque Yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.»
Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de éstos.»
Entonces Samuel preguntó a Jesé: «¿Están aquí todos los muchachos?» Él respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el
rebaño.»
Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.»
Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 22, 1-6

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el recto sendero, por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo. R.

Levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Efeso 5, 8-14

Hermanos:
Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.
Por eso se dice:
«Despiértate, tú que duermes,
levántate de entre los muertos,
y Cristo te iluminará».
Palabra de Dios.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 8, 12

«Yo soy la luz del mundo,
el que me sigue tendrá la luz de la Vida», dice el Señor.

EVANGELIO

Fue, se lavó y vio

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 9, 1-41

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron:
«Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»
«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de Aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»
Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»
El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»
Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»
El decía: «Soy realmente yo.»
Ellos le dijeron: «¿Cómo se te han abierto los ojos?»
El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y
me dijo: «Ve a lavarte a Siloé». Yo fui, me lavé y vi.»
Ellos le preguntaron: «¿Dónde está?»
El respondió: «No lo sé.»
El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.
El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»
Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?» Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»
Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»
Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.» Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él.»
Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»
«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.»
Ellos le preguntaron: «¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?»
El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»
Ellos lo injuriaron y le dijeron: «¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este.»
El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.»
Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.
Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: «¿Crees en el Hijo del hombre?»
El respondió: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»
Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.
Después Jesús agregó:
«He venido a este mundo para un juicio:
Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.»
Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «¿Acaso también nosotros somos ciegos?»
Jesús les respondió:
«Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: «Vemos», su pecado permanece.»
Palabra del Señor


Homilía

En este IV° Domingo del Tiempo de Cuaresma, la Palabra de Dios nos introduce en el contraste de dos realidades muy significativas para la vida espiritual. Luzoscuridad (tinieblas, ceguera), también expresadas como apariencia-realidad.

En la primera lectura, Dios enseña al profeta Samuel cómo mirar adecuadamente la realidad. Le dice: «Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón». En el salmo, el poder de la luz se experimenta como guía segura y firme para atravesar los momentos oscuros. Por eso canta el salmista: «Aunque cruce por oscuras quebradas no temeré ningún mal, porque Tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza». En la segunda lectura, el apóstol san Pablo utiliza este contraste para recordarle a la comunidad cristiana de Éfeso, los pasos fundamentales de crecimiento que han dado: «Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor». Por último, en el Evangelio, tinieblas y luz aparecen claramente como situaciones en las que puede vivir el hombre. El camino que lleva de la primera a la segunda es arduo, pero liberador. Lo más significativo es que la oscuridad (en este caso la ceguera) no aparece como castigo o desgracia sino como oportunidad de salvación a partir del encuentro personal con Jesús. Así dice el
Evangelio: «Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». «Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios»».

Frente a los momentos duros de la vida podemos experimentar la tentación de evadirnos. De hecho, la dificultad, el dolor que cuesta asumir, el límite que no se logra aceptar, es lo que hace que tantas veces vivamos superficialmente. En sus expresiones más comunes nos volvemos ansiosos trabajadores, compulsivos gastadores, recurrentes buscadores de entretenimiento. En sus manifestaciones más comprometidas, adictos a lo que sea: comida, bebida, redes sociales, juego, sustancias, etc. Somos parte de una sociedad adictiva, con muy poca tolerancia para el sufrimiento.

Muchas veces también pensamos que el sufrimiento es castigo. Y que algunos son castigados y otros no. Y que es injusto porque muchas veces sufren los «buenos» y no los «malos». Es la trampa de racionalizar el sufrimiento. Otra forma sutil de evasión.

Nos distanciamos de la realidad tal cual es, porque la percibimos como enemiga. No nos gusta, no queremos que sea así y, por eso, nos escapamos.

La pandemia que estamos viviendo nos ha forzado a detenernos. Ya no es posible seguir andando a toda velocidad. Muchos lo experimentarán como una gran
dificultad. Tener que parar, estar con uno mismo sin posibilidad de evadirse. Enfrentarse a las oscuridades personales que se había querido ignorar. De la misma manera, mirando el mundo, esta oscuridad que se cierne sobre toda la humanidad puede hacer que nos preguntemos, como los discípulos en el Evangelio, ¿de quién es la culpa? ¿porqué este castigo?

Sin duda la respuesta de Jesús será la misma que en la escena del Evangelio que hoy contemplamos. La oscuridad en el mundo y la vida personal de cada uno, son oportunidad para que se manifieste la gloria de Dios. Jesús no evade el sufrimiento de este hombre ciego e invita a no evadirse a sus discípulos, que preguntan si la causa del sufrimiento es algún castigo. Le enseña a sus discípulos y al hombre ciego que esa situación oscura requiere ser asumida. Es lo que hace Jesús, con el ciego y con cada uno de nosotros. Asume nuestras oscuridades. Son para él lugar de encuentro. Él es la Luz que brilla en medio de nuestras tinieblas. Su amor, su compasión, su perdón van disipando nuestras oscuridades, nos van ayudando a sanar, a aceptar, nos van abriendo los ojos. Es la experiencia de la Pascua. Paso de las tinieblas a la luz.

A partir de ese encuentro podemos ver de una manera nueva, genuina, la realidad. Ya no necesitamos escaparnos, evadirnos. No tenemos miedo a las
oscuridades propias ni a la de los demás. Nos volvemos más genuinos, pacientes comprensivos, capaces de aceptar. El encuentro con Jesús nos ayuda a despojarnos de las apariencias y superficialidades y nos enseña a mirar en lo profundo del corazón. Pidamos por intercesión de la Virgen, que cada uno de nosotros y toda la humanidad pueda vivir este tiempo difícil como camino a la luz pascual.



CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
Secretariado Nacional de Liturgia

“Celebrar y orar en tiempo de pandemia”
Celebración para el IV domingo de Cuaresma   
                                                                                                                 


CELEBRAR Y ORAR EN TIEMPO DE PANDEMIA

Celebración familiar para el IV Domingo de Cuaresma – 22 de Marzo de 2020

Preparar antes de la celebración:
– Un lugar cómodo que permita el recogimiento y la oración familiar.
– Un pequeño altar con los elementos que a la familia le son significativos: un mantel, una vela encendida, una cruz, la imagen de la Virgen María, etc.
– Una Biblia desde la cual se proclamará el evangelio.

Iniciamos la celebración
Ya reunida la familia en torno a la Palabra de Dios, el adulto que guía la celebración (G) comienza diciendo:
G: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Familia, bendigamos al Señor, que en su bondad nos invita a compartir la mesa de su Palabra.

Todos responden:
Bendito sea Dios, por los siglos.

Y continúa:
Todos nosotros queremos crecer como cristianos y vivir el evangelio, pero no siempre nuestras palabras, sentimientos, obras y pensamientos son buenos. Por eso, reconozcamos ahora la misericordia infinita que en la cruz nos perdonó.
Tú, que has cargado sobre ti nuestros sufrimientos y has llevado nuestros dolores: Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.
Tú, que en tu bondad hacia todos has pasado haciendo el bien y sanando a los enfermos: Cristo, ten
piedad.
Todos: Cristo, ten piedad.
Tú, que has dicho a tus apóstoles que impongan las manos sobre los enfermos: Señor, ten piedad.
Todos: Señor, ten piedad.

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Todos: Amén.

Escuchamos la Palabra

Habiendo marcado previamente el texto que se escuchará y puestos todos de pie, alguien toma la Biblia del altar familiar y proclama el evangelio de este domingo: Juan 9, 1-41. También se puede proclamar la versión más breve del evangelio: Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38 que transcribimos aquí abajo distribuyendo los personajes entre los distintos miembros de la familia.

Del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan
Lector 1: Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con
la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole:

Jesús: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé»,

Lector 1: que significa «Enviado.» El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los
que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban:

Lector 2: «¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Lector 1: Unos opinaban:

Lector 2: «Es el mismo.»

Lector 1: Otros respondían

Lector 2: «No, es uno que se le parece.»

Lector 1: Él decía:

Ciego curado: «Soy realmente yo.»

Lector 1: El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver. El les respondió:

Ciego curado: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Lector 1: Algunos fariseos decían:

Lector 2: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Lector 1: Otros replicaban:

Lector 2: «¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?»

Lector 1: Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego:

Lector 2: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?»

Lector 1: El hombre respondió:

Ciego curado: «Es un profeta.»

Lector 1: Ellos le respondieron:

Lector 2: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?»

Lector 1: Y lo echaron. Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó:

Jesús: «¿Crees en el Hijo del hombre?»

Lector 1: Él respondió:

Ciego curado: «¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Lector 1: Jesús le dijo:

Jesús: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Lector 1: Entonces él exclamó:

Ciego curado: Creo, Señor»,

Lector 1: y se postró ante él.

Lector 1: Palabra del Señor

Reflexionamos en familia

Se puede hacer una reconstrucción del evangelio, con preguntas para dialogar en familia.
Además, puede leerse la siguiente reflexión:

El Evangelio de este domingo es parte de las catequesis bautismales de Cuaresma (el domingo anterior Jesús nos ofrecía el “Agua Viva”). Hoy se nos presenta como la “Luz del mundo”.
Con gran maestría el evangelista Juan nos plantea una paradoja: los que aparentemente ven en realidad están ciegos y el ciego termina siendo el que “ve”.
La curación de Jesús del ciego va más allá de devolverle la visión. Lo curó dándole una luz especial: la luz de la fe.
Jesús se enfrenta al fariseísmo una vez más, aquellos atrapados en concepciones erróneas del pecado y sus consecuencias, de su manera de interpretar la Ley y los Profetas, de su ceguera que los lleva a detenerse en detalles y no ver las maravillas que Dios estaba obrando en los pequeños y débiles.
Pero en el contexto de la Cuaresma este texto tendría que servirnos para algo más que criticar a los fariseos. Hemos sido iluminados con la Luz de la fe. Podríamos reflexionar cómo está nuestra fe en estos tiempos en que la necesitamos más que nunca.
Podríamos plantearnos si nuestra fe es un mero cumplir por costumbre; algo que vivimos por tradición familiar o cultural.
O, por el contrario, plantearnos si nuestra fe:
-es un encuentro personal con Dios que venido a para hacer una alianza con cada uno de nosotros.
-es realmente una respuesta, una entrega, una adhesión al Dios de Jesucristo.
-es una opción fundamental por el Evangelio.
-es un compromiso capaz de orientar toda nuestra vida, mente, corazón y conducta al estilo de Jesús.
Si nuestra fe es así entonces será un nuevo modo de ver y entender la vida, el mundo, la humanidad, las relaciones humanas, el amor, el trabajo, el éxito y el fracaso, el sufrimiento y la muerte.
En estos tiempos tan difíciles es cuando aparecerá lo que somos o no somos; aparecerá el valor de nuestras convicciones.
Pidamos al Señor una fe grande, fuerte, valiente, para estar a la altura de lo que Dios nos pide, siendo testigos de Cristo acompañando a tantos hermanos que sufren. Que la Virgen nuestra madre nos sostenga, proteja e interceda por todos nosotros.

Confesamos nuestra fe
G: En estos momentos que vivimos frente a la pandemia, nosotros podemos sentirnos también un poco angustiados y con cierto temor. Pero Jesús se nos acerca, como hizo con aquel hombre, y «nos abre los ojos» para que la luz se encienda en nuestra vida y podamos «ver» lo que a veces se nos oculta detrás de nuestros miedos. La fe nos abre los ojos. Digámosle a Jesús como aquel hombre: «Creo, Señor»

Alguno de los presentes va proponiendo las fórmulas de fe, a las que todos responden.
Lector: En Dios Padre, creador del cielo y de la tierra…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, que padeció bajo el poder de Poncio Pilato fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos…
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En Jesucristo, que subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso, y que desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Todos: «Creo, Señor»
Lector: En el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna…
Todos: «Creo, Señor»

Presentemos nuestra oración
G: El Señor Jesús nos ha revelado al Padre como amor sin medida. Por eso, elevemos a él nuestras
oraciones, que escuchará con amor. Digamos: «Escúchanos, Señor»

Alguno de los presentes va proponiendo las intenciones para presentar al Señor.
Lector:
Para que la Iglesia sepa ser «luz del mundo», dando siempre testimonio de confianza en Dios y en
su amor. Oremos.
Para que aquellos que gobiernan las naciones sepan discernir los mejores caminos para promover la
dignidad de cada hombre, especialmente de los más pobres y necesitados, en este tiempo de
crisis en el cual la tentación del descarte se hace sentir, Oremos.
Por todos aquellos que son golpeados por el virus y por cualquier enfermedad, para que encuentren
consuelo en la Palabra del Evangelio y, en la cercanía cordial del personal médico, un signo
del amor de Dios. Oremos.
Por nosotros, para que, aunque no podamos participar por ahora de la Eucaristía, sigamos
esparciendo las semillas de la Palabra entre nosotros y entre aquellos con quienes nos
comuniquemos. Oremos.

Quien lo desee, puede agregar intenciones.

Después, quien anima la oración, dice:
Concluyamos nuestra celebración en familia, diciendo juntos la oración que Jesús enseñó a los apóstoles: Padre Nuestro…

G: Oremos.
Señor, Padre misericordioso, conduce hacia ti nuestros ojos, ojos tantas veces agobiados, incapaces de mirar con profundidad.
Envía sobre nosotros tu Espíritu Santo para que, iluminados por la luz de tu amor y consolados por sabernos cuidados por ti, contemplemos al mundo, a los enfermos y a nosotros mismos, con tu mirada llena de ternura.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Pedimos a Dios su bendición
Quien anima la oración, invocando la bendición de Dios, y santiguándose, dice:
El Señor nos bendiga,
nos defienda de todo mal
y nos lleve a la Vida eterna.

O bien:
Que nos bendiga y nos custodie
el Señor omnipotente y misericordioso,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Y todos responden:
Amén.

Una vez que se ha pedido la bendición de Dios, la familia puede realizar alguna de las siguientes oraciones, preparadas especialmente para este tiempo de pandemia.

Invocación del Papa Francisco a San José
Protege, Santo Custodio, este país nuestro. Ilumina a los responsables del bien común, para que ellos sepan – como tú – cuidar a las personas a quienes se les confía su responsabilidad.
Da la inteligencia de la ciencia a quienes buscan los medios adecuados para la salud y el bienestar físico de los hermanos.
Apoya a quienes se sacrifican por los necesitados: los voluntarios, enfermeros, médicos, que están a la vanguardia del tratamiento de los enfermos, incluso a costa de su propia seguridad.
Bendice, San José, la Iglesia: a partir de sus ministros, conviértela en un signo e instrumento de tu luz y tu bondad.
Acompaña, San José, a las familias: con tu silencio de oración, construye armonía entre padres e hijos, especialmente en los más pequeños.
Preserva a los ancianos de la soledad: asegura que ninguno sea dejado en la desesperación por el abandono y el desánimo.
Consuela a los más frágiles, alienta a los que flaquean, intercede por los pobres.
Con la Virgen Madre, suplica al Señor que libere al mundo de cualquier forma de pandemia.
Amén.

Invocación a la protección del San José Gabriel del Rosario Brochero
Señor, de quien procede todo don perfecto, Tú esclareciste a San José Gabriel del Rosario, por su celo misionero, su predicación evangélica y su vida pobre y entregada; concede con su intercesión, la gracia que te pedimos: por su entrega en la asistencia de los enfermos y moribundos de la epidemia de cólera que azotó a la ciudad de Córdoba, te pedimos por nuestra Patria y el mundo entero, líbranos de la actual pandemia y de todo mal.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén