Carta Pastoral

Querida comunidad de Sta. Isabel de Hungría:

En el camino cuaresmal de este año 2020 nos sorprendió la propagación del coronavirus (COVID-19). Este flagelo sanitario que alcanza a toda la humanidad nos deja perplejos y en muchos casos atemorizados y desorientados. Entre las numerosas dificultades, medidas preventivas y cambios de hábitos forzosos a los que nos vemos expuestos, se encuentra también nuestro modo habitual de vivir la fe.

Reunirnos, estar cerca unos de otros, celebrar juntos, hacernos cercanos a quien más lo necesita… son elementos y modos centrales de nuestra fe. Por eso, en este tiempo, en que no nos será posible vivir muchas de estas cosas, es necesario unirnos fuertemente en la oración. Encontrarnos místicamente en el Corazón de Jesús. No hay lugar más seguro y de mayor comunión que ese. En el Corazón de Jesús están las preocupaciones y necesidades de toda la humanidad. Están los rostros y los nombres de cada persona que sufre y también los de cada uno de nosotros. A través de la oración personal, de la lectura de la Palabra de Dios, del rezo del santo rosario, y de todos los medios espirituales que estén a nuestro alcance mantengámonos en comunión de fe y amor. En este sentido, la presencia de la parroquia en las redes sociales nos será de mucha ayuda.

Por lo que hace a la caridad en su dimensión material, nuestra parroquia, como toda la Iglesia, no va a dejar de ocuparse directamente de quienes necesitan ayuda. Pero esta ayuda no podrá ser brindada por todos de la misma manera. Algunos seguirán asistiendo directamente a quienes lo necesiten y otros rezarán y ofrecerán sus privaciones por ellos.

Desde nuestra fe podemos entender este tiempo de Cuaresma, tan lleno de dificultades, incomodidades y privaciones como un tiempo especial de gracia. Como nos enseña el Apóstol san Pablo, el poder de Dios se manifiesta especialmente fuerte en nuestra debilidad (Cfr. 2Cor. 12,9). Cuando somos fuertes, exitosos, eficaces y podemos con todo, la recurrente tentación es olvidarnos de nuestra condición limitada. En tiempos de fragilidad, enfermedad, impotencia, volvemos a cobrar conciencia de nuestra pequeñez. Y, providencialmente, nos encontramos con la oportunidad de apoyar nuestra vida más sólidamente en Dios y nos sentimos más hermanados con todos.

Guardemos en nuestro corazón y meditemos lo que cada año, en este tiempo, la Iglesia nos recuerda: «Éste es el tiempo favorable, este es el día de la salvación» (2Cor. 6,2). Y unámonos todos repitiendo con profunda fe y desde nuestro lugar: «Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío»

Pbro. Roberto Sosa González
Párroco