María la elegida del Señor

El primer dato que aparece en la vida del discípulo, de lo cual María es fiel modelo y ejemplo, es que el llamado lo hace el Maestro. Hace poco más de dos mil años todos los discípulos tenían el derecho de elegir a un maestro, sin embargo, con Jesús las cosas fueron al revés, Él fue quien personalmente eligió a cada uno de sus seguidores.

También en la Anunciación, ”Alégrate María, llena de gracia, el Señor está contigo” es, sin duda, el lugar del llamado discipular de María, el que se fue preparando a lo largo de toda su vida y que en ese momento encontró el punto justo en donde Dios, en la plenitud del tiempo, vino a llamarla para que siendo Madre del Maestro fuera igualmente discípula de Jesús, su Hijo.

A lo largo de los evangelios Jesús le muestra esto a los discípulos, quienes se van a ir sumando a la familia que Él va formando. El discípulo depende de un llamado que le hace Jesús”…Ven sígueme…”,la primera palabra que resuena el corazón de la persona llamada es la voz irresistible del Maestro que le elige para ser uno de los suyos. Así ocurre en cada camino discipular, también en el de María que al principio queda sacudida, desconcertada, y se pregunta:”¿cómo será esto si yo no convivo con ningún varón?”. A la voz del ángel, que aplaca su pregunta y reubica su desconcierto, María responde :”Hágase en mí lo que has dicho…”, y se dispone a seguir aquella voz misteriosa que, en la profundidad de la fe, le ha revelado el misterio de la redención que se le propone desde el cielo.

Cuando la llamada es clara, resuena con claridad y nuestros oídos se disponen a recibir interiormente aquella voz de Dios que nos invita a ir detrás de Él; la llamada se hace irresistible y en la profundidad de la fe podemos responderle a Dios, que nos desconcierta con sus caminos, que sí, aun cuando no entendamos, que sí, aun cuando en la oscuridad temamos, que sí, aun cuando en medio de nuestras luchas internas no terminemos de aceptar los proyectos con los que Dios nos sorprende, nos invita a construir y a hacer del mundo en el que vivimos un mundo nuevo, un mundo en Él, distinto y mejor.

Hay situaciones de la vida matrimonial o de la vida familiar que nos ponen de cara a lo nuevo que Dios nos propone, que seguramente generan sacudones interiores, temores, preguntas, las mismas que estaban instaladas en el corazón de María, la discípula.

Muchas veces nos preguntamos: ¿cómo será esto? En las situaciones simples, como en la de alguien que se va de la casa, la propuesta nueva de trabajo o el proyecto de vida de alguno de los miembros de la familia, por lo cual termina una etapa determinada de la vida. Todo esto que es familiar, sencillo y cotidiano nos pone siempre de cara a como será lo nuevo. En ese lugar María nos invita a la confianza; desde ese lugar María nos invita a no temer, como lo hizo Ella, siguiendo la voz del ángel que ha tomado su corazón, “…No temas María…”, también el Señor hoy quiere decírtelo en lo más hondo de tu corazón, “…No tengas miedo, el Señor está .contigo…”.Dios nos hace ir detrás de Él sin temores, sin reticencias, sin frenos, sin preocupaciones, alegres y confiados, desprendidos de nosotros sabiendo que Él nos abre los caminos.

Todo esto nos invita a no tener miedo, a no pensar que estamos llamados al fracaso, no nos inquieten los tiempos que vendrán, son los tiempos que Dios inaugura con Su presencia en nuestras vidas, cuando creemos que está verdaderamente con nosotros como lo estuvo con Ella en el anuncio del ángel.

María que sabe todo eso, hoy te invita a asumir ese corazón confiado en alianza con Su corazón materno, para que sientas hondamente en tu ser, y en plena alianza con Ella, que el Señor está contigo.

Fuente: revista Todo María