Meditación para Navidad

El Verbo se hizo carne y nació de María Virgen

Invocación. «Entre todos los pasos y misterios de la vida santísima del Salvador, uno de los más dulces y más devotos y más llenos de maravillas y doctrinas es este de su glorioso nacimiento. En este día, dice la Iglesia, los cielos están destilando gotas de miel por todo el mundo, y en este día nos amaneció el día de la redención nueva, de la reparación antigua y de la felicidad eterna.

Salid, pues, ahora, hijas de Sión, como dice la Esposa de los Cantares, y veréis al rey Salomón con la corona que lo coronó su madre en el día de su desposorio y en el día de la alegría de su corazón.

¡Oh almas devotas y amadoras de Cristo, salid ahora, con el espíritu, de todos los cuidados y negocios del mundo y, recogidos en uno todos vuestros pensamientos y sentidos, poneos a contemplar el verdadero Salomón, pacificador de los cielos y la tierra….»

Contemplación. «Almas devotas, venid a ver al Hijo de Dios, no en el seno del Padre, sino en los brazos de la Madre; no entre los coros de los ángeles, sino entre unos viles animales; no sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, sino reclinado en un pesebre de bestias; no tronando ni relampagueando en el cielo, sino llorando y temblando de frío de un portal…

Este es el día de la alegría secreta de su corazón, cuando, llorando por de fuera como niño pequeñito, se alegraba de dentro por nuestro remedio como verdadero Redentor.

Pues en este día tan glorioso y de tanta virtud… se cumplieron los días del parto de la Virgen, y llegó aquella hora tan deseada de todas las gentes, tan prometida en todos los tiempos, tan cantada y celebrada en todas las Escrituras divinas. Llegó aquella hora de la cual pendía la salud del mundo, el reparo del cielo, la victoria del demonio, el triunfo de la muerte y del pecado, por la cual lloraban y suspiraban los gemidos y destierro de todos los santos.

En la media noche, muy más clara que el mediodía, cuando todas las cosas estaban en silencio y gozaban del sosiego y reposo de la noche quieta, y en esta hora tan dichosa, sale de las entrañas virginales a este nuevo mundo el unigénito Hijo de Dios…»

Lección de Humildad. «En esta dichosa hora, la omnipotente Palabra de Dios, habiendo descendido de las sillas reales del cielo a este lugar de nuestras miserias, apareció vestido de nuestra carne y acompañado de todas nuestras bajezas y flaquezas, excepto las de ignorancia y malicia, con que nacemos los otros hombres……

Yo soy {dice Jesús} también hombre mortal, como los otros, del linaje terreno de aquel que primero que yo fue formado, y en el vientre de mi madre tomé sustancia de carne, y después de nacido recibí este aire común a todos, y caí en la misma tierra que todos, y la primera voz que di fue llorando como todos los otros niños, porque ninguno de los reyes tuvo otro origen en su nacimiento, porque todos tienen una misma manera de entrar en la vida y una manera de salir de ella….

Vedle aquí, pues, con principio, a quien era sin principio. Ved hecho al que es hacedor de todas las cosas, que sabe ya de bien y de mal, que sabe de llorar, sabe de penas, sabe de lágrimas, sabe de trabajos. De todo sabe, y no poco, sino mucho.., pues él es varón de dolores y que sabe de enfermedades»

                                         De Fray Luis de Granada, OP (1505-1588)