Octubre 2019

Publicada en la Revista Compartir Nº 267 de Octubre 2019

Querida comunidad de Sta Isabel:

Como todos los años, el mes de octubre comienza con la manifestación de fe más numerosa de nuestro país, la Peregrinación Juvenil a Pie a Luján. Este año bajo el lema «Madre, ayudanos a unirnos como pueblo». Es conmovedor ser testigo de semejante acontecimiento y aún más, vivirlo como peregrino o como servidor.

Luján es el corazón de la fe de nuestra patria. Allí nos acoge siempre la Virgen, nuestra Madre. Cada uno de nosotros, como hijos, podemos llegarnos hasta la casa de la Madre a buscar refugio, consuelo, descanso… Como Madre ella también sabe ayudarnos a vivir mejor entre nosotros, como hermanos. Es legítimo y sano tener diferencias. En sí mismas enriquecen la vida, la hacen más diversa y bella. Pero tristemente, a causa de las heridas que el pecado original a dejado en nosotros, las diferencias se viven como amenazas. Lo que es distinto puede ser vivido como algo que pone en riesgo mi integridad. Una opinión, un pensamiento, una elección distintos pueden verse como un ataque. Por supuesto eso lleva a numerosos y, muchas veces, muy dolorosos enfrentamientos. Ocurre en el seno de las familias, entre amigos, entre esposos, etc. También se da a niveles más amplios entre grupos que conforman la sociedad.

La lógica amigo-enemigo es nefasta. Dejar de ver a los demás como hermanos, por las  diferencias que tenemos, no es la propuesta del Evangelio. Todos somos conscientes y sufrimos en menor o mayor medida de este mal. Sin embargo, honestamente, también todos contribuimos, en parte, a profundizarlo. Es bueno revisar y preguntarnos cómo miramos a los demás cuando no piensan o actúan como yo. ¿En qué medida mis palabras y acciones contribuyen a aumentar los enfrentamientos o a reducirlos y sanar las heridas que estos han dejado? Como cristianos no podemos eludir el compromiso por construir, como nos enseña el Papa Francisco, la cultura del encuentro.

María es artesana de encuentros. Nos acoge y nos une. Nos ayuda a sanar y nos estimula a tener actitudes maternas de acogida e integración. La Iglesia, de la cual María siempre es modelo, está llamada a ser casa que albergue a todos. Nosotros los cristianos somos responsables de que esto sea una realidad. Por eso, con todos los que peregrinan a Luján, queremos pedirle a la Virgen: Madre, ayudanos a unirnos como pueblo.

Que Dios los bendiga y la Virgen santa de Luján los cuide.

Pbro. Roberto Sosa González – Cura Párroco