Santiago Apóstol

Santiago de Zebedeo o Santiago el Mayor fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y morir por Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan Evangelista -ambos apodados Boanerges (‘Hijos del Trueno’), por sus temperamentos impulsivos- y uno de los tres discípulos más cercanos a Jesucristo. El apóstol Santiago no solo estuvo presente en dos de los momentos más importantes de la vida de Jesús -la transfiguración en el monte Tabor y la oración en el huerto de los Olivos-, sino que también formó parte del grupo restringido que fue testigo de su último milagro, su aparición ya resucitado a orillas del lago de Tiberíades.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que estos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Noticia. Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España, primero al territorio de Galicia. Allí estableció una comunidad cristiana, y luego a la ciudad romana de César Augusto, hoy conocida como Zaragoza. La leyenda Aurea cuenta que las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y que solo siete personas se convirtieron al cristianismo. Las cosas cambiaron cuando la Virgen María, que aún vivía en carne mortal, se le apareció en esa ciudad; esta advocación es conocida como la Virgen del Pilar. Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran los corazones a la evangelización de España.

Después de la Ascensión de Jesús, Santiago el Mayor se distinguió como una de las principales figuras entre el grupo de los Apóstoles. Por eso cuando el rey Herodes Agripa se propuso acabar con los seguidores de Cristo, lo primero que hizo fue mandar cortarle la cabeza a Santiago, y encarcelar a Pedro. Así el hijo de Zebedeo tuvo el honor de ser el primero de los apóstoles que derramó su sangre por proclamar la religión de Jesús Resucitado.