Apariciones Marianas del Siglo XX

El siglo XX es pródigo en la documentación de apariciones de la Santísima Virgen, desde la más conocida, Fátima, hasta otras menos divulgadas pero igualmente poderosas. Por qué se ha estado apareciendo tan recientemente? Fray René Laurentin, mariólogo mundialmente reputado, afirma que cree que la multitud de apariciones es una llamada urgente a un mundo abocado a la autodestrucción. Aunque en cada aparición se informen de milagros, curaciones y recuperaciones acompañando a las apariciones, no son el propósito esencial. Cuando aparece la Santísima Virgen, su propósito principal es el de guiar a sus hijos hacia Jesucristo.

Montichiari, Italia (1947)

María, Rosa Mística

En la primavera de 1947, se le apareció a Pierina Gilli, una hermosísima señora que vestía túnica morada y cubría su cabeza con un velo blanco, tenía el pecho atravesado por tres espadas, su rostro estaba triste. Le corrían lágrimas hasta el suelo. Sus dulces labios se abrían para decir: «Oración, Penitencia, reparación», y guardó silencio. La segunda aparición (13 de julio), vestía de blanco y en lugar de las tres espadas, tres rosas, blanca, roja y dorada, adornaban su pecho. Pierina le preguntó: «Por favor, dígame quien es usted». Con una dulce sonrisa la señora le contestó:»Soy la Madre de Jesús y madre de todos vosotros». Después de una pausa dijo: «Nuestro Señor me envió para implantar una nueva devoción Mariana en todos los institutos así masculinos como femeninos, en las comunidades religiosas y en todos los sacerdotes. Yo les prometo que si me veneran de esta manera especial, gozarán particularmente de mi protección, habrá un florecimiento de vocaciones religiosas. Deseo que el día 13 de cada mes se me consagre como día Mariano y los doce precedentes sirvan de preparación con oraciones especiales.» Su rostro se iluminó con una inexplicable alegría y continuó: «En ese día derramaré sobreabundancia de gracias y santidad sobre quienes así me hubiesen honrado.

Deseo que el 13 de julio de cada año sea dedicado en honor de Rosa Mística». Luego le explicó el significado de las tres espadas: “La primera espada, significa la pérdida culpable de la vocación sacerdotal o religiosa. La segunda espada, la vida en pecado mortal de personas consagradas a Dios. La tercera espada, la traición de aquellas personas que al abandonar su vocación sacerdotal o religiosa, pierden también la fe y se convierten en enemigos de la iglesia”

Luego explicó el significado de las tres rosas: “La rosa blanca simboliza el espíritu de oración; la rosa roja, el espíritu de sacrificio (para reparar la ofensa); la rosa dorada o amarilla, el espíritu de penitencia.”

Los mensajes de la Virgen se centran a partir de entonces en la necesidad de ayudar a las almas consagradas, religiosas y sacerdotes, mediante la oración, el sacrificio y la penitencia, siendo estos los mensajes representados en las tres Rosas que María lleva en su imagen. El propósito de ésta misión es claro: Dios necesita a los que integran Su Cuerpo Místico con la función de ser pastores de las almas, y también a quienes con su oración sostienen espiritualmente a la Iglesia. El mundo no puede salvarse, si la iglesia no tiene en su interior almas fieles consagradas que muevan a los hombres a una conversión verdadera. ¡Ellos son las venas por los que corre la Sangre espiritual del Cuerpo Místico!

Pero sin dudas que la conocida imagen de la Rosa Mística ha sido el signo que ha caracterizado a ésta aparición: las miles de estatuas que inundaron el mundo han generado cientos de milagros, en la forma de lacrimaciones, lacrimaciones de Sangre, escarchas de colores, exudación de aceite perfumado y sanaciones de cuerpos y almas.

Todas estas Gracias han tenido un efecto maravilloso: la Rosa Mística se transforma rápidamente en una de las imágenes de María más difundidas en el mundo actual. La Reina del Cielo nos enamora profundamente, nos lleva a Su Corazón Inmaculado con la seguridad de quienes saben que tienen la protección de Dios.

¡María Rosa Mística, llena nuestro corazón de tu Gracia, mueve nuestras almas con suavidad y ternura, como lo hacías con tu Niño en Nazaret!